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VENEZIA, BOLOGNA Y EL LAGO DI GARDA: QUIERO SPAGHETTI!

VENEZIA, BOLOGNA Y EL LAGO DI GARDA: QUIERO SPAGHETTI!

Lo reconozco, creo que la primera vez que oí hablar de Venezia fue gracias a los Hombres G. Eso me delata. Hay datos en nuestra biografía tan simples como ese que dicen mucho de nosotros: nuestra edad, nuestro pais de residencia, el sistema educativo que cursamos la educación primaria, el tipo de juegos que compartíamos, las películas que veíamos o la música que escuchábamos.
La primera vez que viajé allí tenía 17 años y me fui con mi hermana y una amiga en un viaje de estudios organizado por un instituto de una ciudad cercana en el que sobraban plazas. Mi madre nos dejó: siempre nos dejaba. Mi madre era una mujer temerosa en otros aspectos de nuestra vida. Por ejemplo le costaba mucho dejarnos salir tarde por la noche, eso estaba casi prohibido. Pero viajar… hacer viajes… eso era posible siempre que la economía familiar lo permitiese. Y así hicimos un largo viaje en bus, en pleno invierno, para llegar al Lido veneciano. Humedad, brumas, frío y carnaval! Era carnaval! La ciudad tenía un aspecto misterioso y fascinante. Pasamos tres días comiendo bocatas de atún en cualquier rincón y descubrimos muchos rincones sorprendentes y mágicos.
Años después,  al acabar la carrera, regresé nuevamente a Italia para trabajar 6 meses en Cesena, cerca de Bologna. Y esa vez, no sólo descubrí Italia, también descubrí la vida, la mía. Como cualquier lugar del mundo, Italia tiene sus encantos y sus miserias pero no hay duda que es un país muy especial. Es un país que cautiva y muchos estamos enamorados de ella. Sus pueblos y sus ciudades -allí se inventaron las ciudades europeas-; su arte y su historia; de la costa a la montaña,  sus paisajes son increíbles; la gastronomía sabrosa y variada; el carácter de sus habitantes que, más allá de los estereotipos, es amable y cercano, alegre y rotundo.
Durante aquella estancia visité nuevamente Venezia y en aquella ocasión la encontré inundada por “le acque alte”. La Piazza de San Marco inundada era un espectáculo.  El Campanille y la catedral se reflejaban en las aguas que cubrían el pavimento. Aquella imagen quedó plasmada en algunas fotos de mi cámara analógica, en el negativo de esos carretes que ya han pasado a la historia y en algunas diapositivas que conservo en cajas porque no sé muy bien qué hacer con ellas…
He regresado varias veces después y la más reciente fue al poco de nacer Ernest. Fue nuestro estreno como familia viajera y entonces hice realidad uno de mis sueños: pasar unos días viviendo en el centro de Venezia, junto a un canal, para saborear el ambiente de la ciudad cuando la mayor parte de los turistas ya no están. Nos dimos el lujo de alquilar un apartamento en Ca’Foscolo por una semana y allí llegamos navegando. Tomamos un acqua-taxi en el aeropuerto que nos llevó por las marismas y el Gran Canal hasta nuestro alojamiento en una calle de Venezia. Recuerdo el primer tramo de la navegación vertiginosa, saltábamos sobre las olas y yo asustada miraba a Ernest en brazos de su padre. Sólo tenía 8 meses y parecía disfrutar del vaivén,  así que me relajé. Como las estrellas de Hollywood cuando acuden al Festival de Venezia, allí íbamos navegando los tres con nuestras mejores galas de “viajeros con mochila”. Estupendos!
Vivimos la ciudad, la vivimos de verdad. Temprano acudíamos al mercado y callejeábamos. Cada día, una zona diferente de la ciudad, o repetíamos aquello que más nos gustaba. Nuestro bebé marcaba nuestro ritmo con sus siestas y, en las horas de mucho calor, regresábamos a casa para descansar. Subimos al Campanille y visitamos San Marcos. Ernest disfrutaba deliciosamente en su mochila sonriendo a todo el que se cruzaba en nuestro camino. Siempre quería que caminásemos más: todo le encantaba!
Así pasamos los días y después continuamos nuestra ruta en tren hacia Bologna. Bologna, conocida también como La Signora, tiene una personalidad única. Es una ciudad que no suele formar parte de las principales rutas turísticas en Italia pero, no porque no valga la pena, supongo que es porque el país tiene mucho que ofrecer y los paquetes turísticos no dan para tanto. La historia de la ciudad, su universidad, sus edificios y jardines, la piadina y la pasta rellena, el buen vino….
Necesitáis más motivos para apuntarla en vuestra lista de destinos? El ambiente de la ciudad, su solera, impregnan la vida del que se detiene en ella. Bologna es una ciudad que invita a pasear. Incluso cuando llega el verano húmedo y caluroso, las estrechas calles de los barrios antiguos y los soportales de las avenidas, ayudan a disfrutar de cada rincón. Vale la pena subir a sus torres inclinadas,  poco conocidas, pero que sufren la misma enfermedad que la archiconocida torre de Pisa.
Y para acabar esta ruta por la región os recomiendo acercaros a conocer el Lago di Garda. Allí donde limita al norte la Llanura Padana o Valle del Po, brúscamente  se elevan las montañas de los Alpes meridionales. A poco más de 170 km al norte de Bologna, cerca de Verona, aparece este enorme lago de origen glaciar que mide más de 50 km de largo y tiene una anchura máxima de 17 km.
Para mi es casi un mar, un mar interior de aguas dulces. El enclave es un lugar ideal para difrutar de la naturaleza y de los deportes náuticos, para descansar y relajarse tras varias jornadas haciendo turismo. Descubrir los bellísimos pueblos como Malcesine o Sirmione. El clima es ideal y el entorno es perfecto para hacer senderimo o disfrutar de las playas que suelen estar llenas de turistas en pleno verano. Bien merece la pena buscar un alojamiento en sus alrededores y retirarse allí unos días a ser feliz.
Y muy cerca está Verona. No olvides acercarte a la ciudad en la que Shakespeare enmarcó la historia de Romeo y Julieta. Puedes acudir para disfrutar de su Festival de Ópera en la Arena o solo visitar su precioso anfiteatro romano que data del siglo I a.C. Pasear relajadamente, comprar frutas y verduras en la bella Piazza delle Erbe y subir a la Torre di Lamberti para ver las bellas panorámicas de la ciudad. Visitar la supuesta casa de Julieta y acercarse al río Adige para esperar la llegada del atardecer junto a algunos de sus bellos puentes o el Castillo Castelvecchio. Verona no deja indiferente a nadie y es un buen lugar para reforzar un pacto de amor.
Verona Opera Festival
Aquí nos despedimos y os deseamos un feliz verano y unas felices vacaciones. Porque qué otra pretensión podemos tener en la vida además de ser felices? Disfrutemos de las vacaciones que están por llegar y seamos felices, seamos conscientes del hecho de vivir, estar vivos es una oportunidad que debemos aprovechar al máximo. Viajemos pues por nuestra vida, valoremos cada instante y, si además puedes regalarte esta ruta por el noreste de Italia, seguro que no te arrepentirás. Venezia, Bologna y Verona con el Lago di Garda: otro plan perfecto para vivir conscientemente.
PASEANDO ENTRE VOLCANES

PASEANDO ENTRE VOLCANES

Tras la erupción del volcán Calbuco el pasado 22 de abril he estado pensando en los volcanes que he visitado en mi vida viajera. Haciendo este repaso me he dado cuenta de que los volcanes han sido una de las excusas para visitar muchos lugares. Nunca me había parado a pensarlo pero realmente he pisoteado unos cuantos y he de reconocer que siento una cierta atracción por ellos. El volcán más grande del Sistema Solar está en Marte y se llama Monte Olimpo en recuerdo al Olimpo de nuestros dioses griegos. Es un volcán inalcanzable, por supuesto, que sólo podemos observar gracias a bellas fotografías de nuestros telescopios espaciales. Es tan grande que solo al compararlo con nuestras grandes montañas podemos imaginar cómo debe ser de enorme.

micro.cibermitanios.com.ar
Los volcanes generan magnetismo en los seres humanos. Nos cautivan con su simetría y belleza majestuosas. Cubiertos de nieve o de cenizas dejan ver su forma cónica a través de las nubes que muchas veces se arremolinan en sus laderas. Guardo un recuerdo especial de los últimos volcanes que vimos en nuestro viaje De Tierra del Fuego a las Galápagos. Quizá por ser todos ellos volcanes “jóvenes” y activos, quizá por los lindos recuerdos que conservo en mi mente.
Pero hay algunos otros que me vienen a la mente. Aquí os dejo “mis recuerdos más cenizos”.
1. EL TEIDE EN LA ISLA DE TENERIFE (ESPAÑA)
Fue el primer volcán que visité y lo recuerdo nítidamente. Se alza 7.500 metros desde las profundidades del océano Atlántico y emerge sobre el nivel del mar con  sus 3.718 m. Con esta embergadura desde el lecho marino es el tercer volcán  más grande del mundo y la isla de Tenerife también está entre las de mayor elevación del planeta. En el diario de su vuelta al mundo Charles Darwin explica su llegada a Tenerife: El 6 de enero llegamos a Tenerife, pero se nos prohibió desembarcar, por temor de que lleváramos el cólera; a la mañana siguiente vimos salir el Sol tras el escarpado perfil de la isla de Gran Canaria e iluminar súbitamente el pico de Tenerife, en tanto las regiones más bajas aparecían veladas en nubes aborregadas.

Fotografiando los pinos canarios entre las coladas de lava (en otra “era” de mi vida)

Aunque su intención era ascender el volcán y estudiar su flora y su fauna, no le fue posible. Hoy en día, como ya sabeis, este volcán forma parte de los Parques Nacionales de la Islas Canarias. El visitante descubre en su ascensión unos maravillosos contrastes en la vegetación a consecuencia de las variaciones climáticas provocadas por los vientos marinos que generan un espeso mar de nubes.

2. EL VESUBIO EN LA BAHÍA DE NÁPOLES (ITALIA)
La visión del Golfo de Napoli es magnífica cuando anochece. Mientras la ciudad enciende poco a poco sus luces el Vesubio es iluminado todavía por los últimos rayos del Sol que se esconde al oeste tras el mar. Al sur Sorrento y al norte, Pozzuoli, un buen lugar para conocer más cosas sobre el vulcanismo de la región.

Sulfataras de Pozzuoli

La población se apretuja en esta enorme bahía y es inevitable pensar qué ocurrirá el día que el gran volcán decida despertar. No habrá salida posible. La vida se detendrá, como ocurrió en Pompeya y Herculano. Visitar las ruínas de aquellas bellas villas romanas ayuda a reflexionar sobre nuestra manera de vivir y nuestra inconsciencia. El carácter de los napolitanos está marcado por la presencia de ese coloso: carpe diem!

Cráter del Vesubio (imagen tomada de internet)
Subir al Vesubio es una ascensión cómoda que hace posible asomarse al cráter de un volcán. Desde el aparcamiento son apenas 30 minutos de paseo por la empinada ladera. El olor a azufre y las fumarolas emergen por cada grieta irritando las fosas nasales del curioso. Pero lo mejor está allá abajo. Las vistas del golfo y Capri allá a lo lejos, entre las aguas, te anima a visitarla en una próxima jornada. Tras el ascenso hay que regresar a Nápoles y recuperar fuerzas tomando una auténtica pizza. Aunque ya se cocinaba desde mucho antes, fue allí donde se bautizó la Pizza Margherita en honor a la Reina Margarita de Saboya. Si os habéis fijado esa variedad de pizza incluye los tres colores de la bandera italiana: tomate, mozzarella y albahaca.
3. EL PUY DE DOME EN CLERMONT FERRAND (FRANCIA)
Nunca había imaginado que Francia era tierra de volcanes. Pero sí,  lo es. Volcanes extintos, pero volcanes al fin. Cerca del Macizo Central, en la región de Auvernia, se alzan varios volcanes fácilmente distinguibles y que llaman la atención a cualquiera que se traslade por carretera cerca de Clermont Ferrand. El Puy de Dome con sus 1.464 metros impresiona por los colores verdes que tiñen sus laderas con un cromatismo relajante y bello. Ascender a su cima es posible siguiendo un camino que permanece desde que los romanos trazasen la calzada original. Además existe un tren cremallera llamado Panoramique des Domes que cómodamente te traslada hasta la cúspide del cono.
puy de dome vacances auvergne 10110
www.locatour.com

Pero lo mejor si viajas con niños o con ganas de aprender un poco de geología,  es que allí existe el único parque de atracciones dedicado a los volcanes: Vulcania. Es este un objetivo pendiente para nosotros… Aún no hemos visitado este lugar pero os aseguro que ya estamos proyectando una escapada a Francia que contará con una parada en Vulcania ya que Ernest y Ferran siente una gran atracción por todo lo que tiene que ver con estas chimeneas naturales, emisoras de gases y magma del interior de nuestro planeta.

www.vulcania.com
4. MONT RAINIER EN EL ESTADO DE WASHINGTON (USA)
Me dijeron que era un volcán y me lo creí pero nunca logré ver su cúspide claramente. A pesar de ser agosto, en el Estado de Washington, en la costa oeste de Estados Unidos, las noches eran frescas, acampábamos bien abrigados y la nieve cubría la parte alta de este impresionante volcán.  Realmente no era nieve, eran sus glaciares de hielo grisáceo y azulado acumulado por decenios. Allí vi por primera vez un glaciar alpino entre las nubes que cubrían la cumbre. Con sus 4.392 m.s.n.m. es una de las montaña con la pendiente más pronunciada del país. Se le considera uno de los volcanes más peligrosos del mundo por la enorme cantidad de hielo que acumula en sus 26 glaciares. Vecino del devastador Monte Santa Helena, en la región todos temen que algún día despierte y provoque una catástrofe similar a la que este generó en el año 1980. Sin embargo, el Mont Rainier sería mucho más destructivo debido a que sus alrededores están bastante más poblados.

Paseando con amigos por las laderas del Mont Rainier

Los Parques Nacionales de Estados Unidos son un referente para cualquier amante de la naturaleza y para cualquier gestor. Al menos, desde mi punto de vista, ofrecen muy buenos servicios, información muy detallada de las rutas, de las precauciones y limitaciones que tiene el visitante. El acceso no es gratuíto pero es que bien vale la pena hacer valorar de alguna manera el coste que supone la protección y gestión de estos parajes. Desde Seattle -a menos de 100 km- el acceso al Mount Rainier National Park es cómodo y agradable, una vez allí las alternativas son diversas para el excursionista.

Los glaciares fluyen desde la cima invisible

5. EL MONTE ETNA EN SICILIA (ITALIA)

En el año 2007 visité Sicilia. Por su puesto que no falto el ascenso a una parte del Volcán Etna que con sus 3.322 m de altitud es el volcán activo más alto de Eurasia. Llamado Gibellu por los sicilianos permanentemente condiciona la vida de los residentes de las poblaciones cercanas. Sobre todo a la gran ciudad de Catania que ha sido destruida en múltiples ocasiones por la furia imparable de este coloso. Pero sus habitantes resisten y desafían a la gran montaña cada día.

Monte Etna desde Catania (Sicilia, 2007)

La carretera que sube desde Nicolosi hasta Rifugio Sapienza es espectacular. Atraviesa las grandes coladas de lava de las erupciones de 2001 y 2002. Te encuentras en un paisaje lunar, abrupto, de piedras retorcidas donde líquenes y musgos señalan las coladas más antiguas. Algunos pinares dispersos, casas abandonadas y destrozadas por la erupción. Cráteres diseminados aquí y allá. Las vistas son espectaculares y poder esquiar viendo el mar a tus pies, una experiencia única.

Cráteres auxiliares del Monte Etna (Sicilia, 2007)

6. LA CALDERA DE TABURIENTE EN LA PALMA (ESPAÑA)

Allí podemos decir que Ernest echó a andar. Ya caminaba hacia casi 6 meses pero allí se lanzó a descubrir el mundo. Quería seguir aquellas sendas entre esa maravillosa vegetación canaria. Pisando fuerte ese suelo ennegrecido y marrón. Fue fantástico descubrir aquella isla y dejarnos llevar por la brisa del océano, la humedad del aire, los colores de la vegetación y los sonidos del habla de sus habitantes. Nos dejamos llevar por la enorme caldera de ese volcán que hoy reposa. Ferran nos acompañaba en aquella aventura creciendo en mi seno y, aunque dificultaba mis caminatas, no nos impidió recorrer la isla y disfrutar de su bello paisaje agreste. Un destino ideal para visitar en cualquier momento del año.

En la cornisa de la Caldera de Taburiente (La Palma, 2010)

7. EL VOLCÁN OSORNO Y SUS HERMANOS (CHILE)

Sin duda el paisaje volcánico más hermoso que hemos pisado hasta el momento. Los andes desbordan de belleza. Bosques, ríos,  cataratas, lagos, volcanes, desiertos, salares y una vegetación y una fauna que te cautivan. Sin embargo, tienen su cara amarga: la incesante actividad volcánica de esta cordillera pone en jaque a sus habitantes y a prueba la capacidad de supervivencia de todos los seres vivos que allí habitan. Sin ir más lejos, esa playa del lago Llanquihue en Ensenada, cerca de Puerto Varas, está hoy cubierta por más de mediometro de las cenizas que hace unos días lanzó el volcán Calbuco. El de la foto es su vecino, el Osorno (2.852 m). El Calbuco nos vigilaba tranquilo aquella tarde a nuestras espaldas.
Ferrán jugando en el lago Llanquiue, junto al volcán Osorno en Ensenada (Chile, 2013)

Un poco más al norte, cerca de la turística ciudad de Pucón, está el siempre activo volcán Villarrica (2.847 m) que lanza humo y cenizas casi permanentemente. Desde cualquier punto es visible y es posible ascender una gran parte de  su cono acompañado por guías expertos. Nosotros lo disfrutamos más alejados, desde el Parque Nacional Huerqueue cuando nos fuimos a retirarnos a una cabaña junto al lago Tinquilco. Fueron días inolvidables.

El lago Tinquilco y el volcán Villarrica

Los volcanes amenazan y sobrecogen con su presencia pero también ofrecen recompensas que muchas veces son grandes lujos para alguien que viaja sencillamente con sus hijos y un par de mochilas. Las Termas Geométricas supusieron un regalo único. En aquel barranco exhuberante, entre enormes helechos y talcas, los manantiales de aguas muy calientes se habían aprovechado para crear un entorno mágico, como de hadas y elfos. Era necesario mezclar las aguas calientes (80 C) con las frías aguas del arroyo y así crear piscinas de diversas temperaturas para que el bañista pudiese elegir su temperatura ideal… Cómo disfrutamos! Qué bien lo pasamos!

Termas Geométricas: un regalo junto a los volcanes

8. EL VOLCÁN LICANCABUR EN EL DESIERTO DE ATACAMA (CHILE)

Y para finalizar, el volcán más grande junto al que hemos estado: el Licancabur. Con sus 5.920 m.s.n.m. es el rey del desierto de Atacama, la montaña del país o del pueblo. Situado en la frontera entre Bolivia y Chile, su perfil sobre el horizonte atrae nuestra mirada permanentemente. Es posible ascender hasta su cima en una caminata agotadora de 12 horas donde la falta de oxígeno pone en riesgo de apunarse a cualquiera que lo intente.

Vista del volcán desde la carretera a los Géiseres del Tatio

Al atardecer, su hechizo aumenta y si además te bañas relajado en alguna de las lagunas del salar te sientos flotando en el paraíso ya que la densidad de las aguas es tan elevada que puedes relajarte en ellas sin miedo a hundirte.

Atardecer en las lagunas del Salar de Atacama (Chile, 2013)

9. EL VOLCÁN SIERRA NEGRA EN LAS ISLAS GALÁPAGOS (ECUADOR)
Es tan grande este volcán que, mientras paseábamos junto a su cráter, casi no podíamos imaginar que lo fuera. El volcán Sierra Negra se encuentra en la isla Isabela. Mide más de diez kilómetros de diámetro y sólo es superado por el magnífico volcán tanzanés Ngorongoro. Lo destacable de éste es que está activo: la última gran erupción fue en 2005 y liberó una gran cantidad de lava que cubrió la mitad de la caldera con una capa de seis metros de espesor.

Acceso a la senda con la información del Parque Nacional (Ecuador, 2013)

La temperatura es elevada y los vientos húmedos que llegan del Pacífico generan unas condiciones climáticas que permiten una vegetación exhuberante: helechos, líquenes y muchos arbustos como la guayaba, crecen sin parar. Caminar era algo sofocante por la alta humedad. Fue un día especial que recuerdo nítidamente porque además, celebrábamos el cumpleaños de Pau. Fue un gran regalo para todos!

Hay tantos volcanes y la mayoría son inalcanzables… ¿Cuáles son los volcanes que me gustaría visitar? El mundo está plagado de ellos y están muy lejos de casa pero quizá algún día podamos viajar hasta allí. Estos son los tres que yo elegiría ¿cuál elegirías tú?:

1. EL VOLCÁN KILAUEA EN HAWAII (USA)
http://es.layoutsparks.com
2. EL MONTE FUJI EN LA ISLA DE HONSHU (JAPÓN)
También llamado Fujiyama o volcán de la diosa floreciente está situado
http://www.japan-guide.com
3. EL KILIMANJARO (TANZANIA)
Es la montaña más alta de África (su cima es el pico Uhuru y supera los 5.891 m.s.n.m.) y está formada en realidad por tres volcanes inactivos: el Shira, el Mawenzi y el Kibo.
gorilas
www.taringa.net
SICILIA: CORAZÓN DEL MEDITERRANEO

SICILIA: CORAZÓN DEL MEDITERRANEO

Empecé a despertar aquella mañana tras un delicioso desayuno con “una meravigliosa spremuta di arance rosse, le sanguinelle”. En aquella casa se sentía la alegría de aquella madre que recibía a su hijo tras muchos meses. Sonaba el piano en el salón iluminado por el sol. Casi podría haberme ido a la cama a dormir nuevamente porque aquel ratito ya justificaba haber vivido aquel día.  Pero no fue así,  obviamente, aquella isla estaba esperándome para descubrirla y yo quería exprimir cada hora al máximo. 
Diana cazadora (Siracusa 2007)

El viaje desde Augusta a Siracusa es bonito pero, a la vez, deprimente, ya que has de pasar por 18 km de costa invadidos por refinerías de petróleo y otras industrias químicas. Decenas de chimeneas, tubos y tuberías, bastante envejecidos, hacen de la costa un escenario fantasmal que no encaja entre aquel maravilloso mar azul y las verdes colinas de la costa oriental de la isla. El progreso renuncia a la autoexigencia en aspectos medioambientales y, como en otros muchos lugares del mundo, ofrece empleos a cambio del deterioro del entorno. Kilómetros de costa contaminada pero alejada de las grandes urbes de modo que la mayor parte de los italianos desconocen los efectos del refinado de esos productos petroquímicos que ellos utilizan cada día.
Bodegón de verduras (Sicilia, 2007)
Siracusa fue la primera parada de nuestro recorrido por la costa oeste de la isla. Esta ciudad bien merece un “post” pues sus avatares son fuente de inspiración para historias y leyendas. Su teatro y anfiteatro griegos, la Oreja de Dionisio -una increíble formación geológica-, su catedral y sus palacios. Todos ellos son testimonios de la grandeza de esta ciudad, de la importancia de esta isla situada en el corazón del Mediterráneo. La zona más antigua de la urbe recibe el nombre de Ortigia, en recuerdo a la diosa Diana a la que fue consagrada la ciudad por los griegos. Es en realidad una pequeña isla que entre ruinas de viejos templos invita a pasear y a relajarse disfrutando del sonido y del aroma a mar.
Oreja de Dionisio (Siracusa, 2007)
Es imposible salir de allí sin haber aprendido muchas cosas, entre ellas, recordar para siempre a su más insigne residente: Arquímedes. Aquel matemático, astrónomo, físico, ingeniero y filósofo, en definitiva, aquel sabio que vivió en el siglo III a.C. Conocido por su famoso principio que le sirvió para determinar si la densidad de la nueva corona de Hierón II había sido fabricada totalmente con oro, además nos dejó muchos inventos y anécdotas que se difuminan entre la leyenda y la realidad. Murió en la Segunda Guerra Púnica en la que participó creando ingeniosas armas para defender su ciudad.
Ragusa (Sicilia, 2007)

Cerca de Siracusa están las ciudades de Noto y Ragusa. La belleza arquitectónica de sus edificios, el conjunto urbanístico refleja el trabajo y la exquisitez de su población. Pasear por sus calles es como hacerlo en un museo al aire libre. Descubrir la historia de estas ciudades milenarias no deja de asombrar al visitante. La tarde fue cayendo y junto a algunos amigos disfrutamos de una encantadora velada en aquel rincón del Mediterráneo.

Detalle de un balcón en Noto (Sicilia, 2007)

Nuestra siguiente parada fue Taormina. Llegamos hasta allí conduciendo nuestro coche alquilado con la valentía suficiente para lanzarnos por aquellas carreteras donde los sicilianos “guidano come pazzi” (conducen como locos). Situada sobre el monte Tauro, el emplazamiento de esta ciudad y su famoso teatro greco-romano hacen que sea uno de los puntos más visitados en Sicilia. La belleza del mar, sus playas y la vista de la ladera norte del volcán Etna bien merecen un paseo por sus calles a pesar de las aglomeraciones de turistas que nos reuníamos allí. 

Taormina (Sicilia, 2007)

El mar Jónico lucía inmenso, azul, claro, el pueblo precioso, el sol magnífico pero incapaz de disipar las brumas que cubrían el volcán Etna. Nos sentamos bajo un árbol en la plaza Vittorio Emanuele a comernos una “schiacciata di spinaci” y un helado. Después descendimos caminando y recorrimos, junto al Corso Umberto, las famosas Naumachie. Aquellas grandes cisternas obra maestra de los ingenieros romanos. Poco después abandonamos Taormina de camino a Randazzo. Todo allí estaba construido en piedra volcánica, desde la Puerta Aragonesa, al Ayuntamiento o la Chiesa di Santa Maria. Fue un atardecer inolvidable en las faldas del volcán. 

Valle de los Templos, Agrigento (Sicilia, 2007)
Otras jornadas las dedicamos a visitar la Villa Imperiale del Casale en Piazza Armerina, una villa patricia en la que se puede conocer de primera mano las características de las mansiones romanas en las que sus propietarios disfrutaban de todo tipo de lujos y comodidades. Desde allí no hay que dejar de visitar Agrigento que fue una de las regiones más ricas de la Magna Grecia. Griegos, romanos, cartagineses, árabes, ostrogodos, bizantinos… Tantos pueblos han pasado por Sicilia y han dejado en ella su huella.

Valle de los Templos, Agrigento (Sicilia, 2007)

En Agrigento quedan testimonios de todos ellos pero es sin duda, el Valle de los Templos, construido durante los siglos VI y V a.C. su principal atracción. Pasamos la soleada mañana vagando por aquellas construcciones imponentes mientras escuchábamos en una audioguía los detalles de cada uno de aquellos templos. Entre campos de almendros en flor, olivos y algarrobos, los templos de Hércules, de la Concordia, de Hera, de Zeus y otros muchos, lucen magníficos a pesar de que el tiempo va dejando huella en ellos. Desde aquella planicie uno puede imaginar perfectamente los enfrentamientos bélicos que se llevaron a cabo en sus costas hace siglos y uno se pregunta cómo los seres humanos somos capaces de hacernos daño y pasar por encima de tanta belleza.

Cráteres auxiliares del Monte Etna (Sicilia, 2007)
Nos despedimos de la isla ascendiendo una parte del Volcán Etna que con sus 3.322 m de altitud es el volcán activo más alto de Eurasia. Llamado Gibellu por los sicilianos permanentemente condiciona la vida de los residentes de las poblaciones cercanas. Sobre todo a la gran ciudad de Catania que ha sido destruida en múltiples ocasiones por la furia imparable de este coloso. Pero sus habitantes resisten y desafían a la gran montaña cada día. La carretera que sube desde Nicolosi hasta Rifugio Sapienza es espectacular. Atraviesa las grandes coladas de lava de las erupciones de 2001 y 2002. Te encuentras en un paisaje lunar, abrupto, de piedras retorcidas donde líquenes y musgos señalan las coladas más antiguas. Algunos pinares dispersos, casas abandonadas y destrozadas por la erupción. Cráteres diseminados aquí y allá.
Monte Etna desde Catania (Sicilia, 2007)
A partir de los 1.900 m.s.n.m. aparecía la nieve y por ello nos atrevimos a llamar “Monte Cebra” a aquel lugar debido a la combinación de la lava negra y las bandas de nieve que cubrían gran parte de los materiales volcánicos. Subir aquellos cráteres de piroclastos es tarea bien difícil pues su pendiente es muy pronunciada y retrocedes un buen trecho a cada paso. Pero bien merecía la pena el esfuerzo porque la combinación de colores y texturas cambiaba por momentos. “La funivia” te permite llegar hasta los 2.500 m. Allí,  flanqueados por enormes bloques de nieve y el vapor del agua que se evaporaba permanentemente ante la elevada temperatura del suelo, nos sentimos transportados a un paisaje tenebroso e irreal. Allá abajo estaba Catania y el mar, la vida seguía ante la mirada de esta majestad geológica.
Granita di Gelso
Cualquier momento puede ser bueno para visitar Sicilia pero sin duda, la primavera, es el momento perfecto. Sus campos llenos de flores, los cereales creciendo, la luz azulada… Pero además, si uno acude en Pascua, se tiene la oportunidad de vivir momentos importantes de las tradiciones religiosas de sus habitantes. Además, es el momento de encuentro de las familias que celebran la resurrección de Jesús, el momento más importante en la tradición cristiana. Y como siempre, todas estas celebraciones son momento para la comida, la degustación de platos tradicionales en cantidades que superan con creces nuestras expectativas. Vienen a mi mente todos aquellos platos que sirvieron en la mesa familiares y amigos en las numerosas “tavolata” que compartimos.
Dulces de Pasqua (Sicilia, 2007)

Rotolo di tonno, impanate di spinaci e salsicce, melanzane ripiene, insalata di polpo, parmigiana, pizzolo, salsicce di Palazzolo, pane con pomodorini secchi e mozzarella, pasta al forno, pesce spada, involtini con patatine, agnello, calamari ripieni, formaggi con pistacchi, fungi diversi, sfoglia di mozzarella, trofiette al pistacchio di Bronte, spaghetti con acciughe, arancini, caponata, spaghetti al nero di seppia, maccheroni alle sarde… Y los dulces: cioccolato di Pasqua, colomba pasquale, mandarini, granita di gelso, cassate, cannoli di ricotta y caffé. A pesar de ser una isla, Sicilia es infinita, inacabable, como su gastronomía…

 
IL MERCATO DEL PESCE E D’ELLE ERBERIE

IL MERCATO DEL PESCE E D’ELLE ERBERIE

Es curioso cómo funciona nuestro cerebro, cómo hace asociaciones y nos trae pensamientos que llenan el aparente vacío de nuestra mente. Esta mañana iba en coche al trabajo y he pasado junto al mercadillo de El Campello donde semanalmente aprovisionamos nuestra despensa de excelentes productos frescos -y muchas veces ecológicos- en el maravilloso puesto del Sr. Eladio. Simultáneamente escuchaba en la radio comentarios sobre el Festival de Cine de Venezia y, así ha sido como, de pronto, he creído encontrarme dando un paseo por el mercado situado junto al gran puente de Rialto.

Mercato del Pesce (Venezia, 2009) 

Desde Bologna a Napoli, de Roma a Catania, en los pequeños pueblos y en muchos barrios, los mercados italianos siempre me han llenado con su energía y colorido, con el buen gusto del diseño de sus puestos y el jolgorio ruidoso de los vendedores. Las influencias centroeuropeas al norte y el mediterráneo más al sur, el mundo árabe y el americano, todo se encuentra en estos mercados.  El mercado de Rialto en Venezia conserva además la magia de la ruta de la seda cuando hasta aquí se traían los productos del lejano Oriente.

Había estado muchas veces en la ciudad de la Laguna: en Navidad cuando está casi desierta y el frío de los Alpes se extiende por sus calles y la humedad te cala hasta los huesos; en otoño, cuando le acque alte inundan la Piazza San Marco y la ciudad muestra su rostro más decadente; en primavera, cuando los días alargan y los campos del Venetto se llenan de árboles frutales en flor, las brumas se retiran y dejan paso al calor; en el Carnaval y en verano, cuando son los turistas los que llenan las calles hasta tal punto que es necesario regular “el tráfico humano”. Pero como suele ocurrir, los grandes lugares siempre dejan asuntos pendientes y éste era uno para mí: madrugar, recorrer la ciudad temprano cuando los residentes acuden al trabajo y los forasteros aún no han llegado. Conocer la ciudad así es un privilegio y hacer la compra en Rialto una oportunidad para desarrollar los sentidos y conversar con los mercaderes.

Esa vez nos habíamos hospedado en Ca’Foscolo, en pleno centro de la ciudad, en una antigua casona restaurada en pequeños apartamentos. Todo un lujo para nuestras cortas vacaciones. Habíamos llegado hasta allí en acquataxi acompañados por nuestro hijo de menos de nueve meses. Era su primer gran viaje y buscábamos la comodidad y la independencia que sólo este tipo de alojamientos puede ofrecer a los que viajamos con niños pequeños. El objetivo de nuestra visita era simple y llanamente “vivir en Venezia”, o sentirnos como si así fuese. Es por ello que nos dedicamos a descubrir los lugares a los que no habíamos alcanzado en otras ocasiones, tomar buen vino en algunos barecillos para lugareños, comprar en el mercado y dormir buenas siestas cuando el calor y las avalanchas humanas limitaban nuestros movimientos.

Il Campo della Pescaria, le Fabbriche Vecchie, le Fabbriche Nuove o il Palazzo dei dieci Savi son sólo algunos de los lugares cercanos a este mercado que ya debía existir en el siglo XI.  El puente de Rialto actual sustituye a uno anterior de madera que se incendió en el 1514 y recibe su nombre por estar situado en esta zona de la ciudad de “tierra firme”, que no sufre las inundaciones periódicas por estar en el “Rivo Alto“.

Con esta pincelada concluye la fugaz visita a Venezia que he realizado esta mañana, cual Peter Pan, cuando en realidad iba en coche a Xixona a cumplir con la delicada y difícil tarea de evaluar a mis alumnos. Y así se inicia esta serie de “paisatges en la memòria” en la que rememorar aquellas experiencias que se van diluyendo como una acquarella en la mente pero que conservan sensaciones únicas e irrepetibles.

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