Según la leyenda, cuando en su migración el pueblo mexica llegó junto al lago Texcoco, uno de sus sacerdotes les recordó el anunció del dios Huitzilopochtli por el cual habían iniciado su peregrinación por aquellas tierras, según el cual fundarían su reino allá donde encontrasen un águila devorando una serpiente sobre un nopal. La visión del águila se produjo sobre un islote en medio del lago y allí fundaron, pues, Tenochtitlán en el año 1325.

El águila sobre el nopal con la serpiente

Durante los siguientes casi doscientos años, los mexicas forjaron su civilización, basada en un ingenioso sistema de cultivos de regadío que se extendió sobre el lago: las chinampas. Expandieron un poder avasallador que les permitió forjar un admirable imperio que controlaba con mano firme tanto la región como las adyacentes.

El centro de dicho imperio no era otro que el Templo Mayor, una esbelta pirámide erigida en honor de dos dioses: Tláloc y Huitzilopochtli. En el templo en el que tenían lugar los principales rituales religiosos, como los terribles sacrificios con los que trataban, al mismo tiempo, de propiciar a sus dioses y de infundir temor en sus enemigos.

Recorriendo las ruínas del Templo Mayor

Hoy, aún pueden visitarse los restos del Templo Mayor, y reconocer las siete fases de su construcción, así como las alas adyacentes del mismo y conocer algo sobre los rituales que allá se celebraban. Se trata de una visita realmente imprescindible, en el centro de la Ciudad de México. El museo que hay allí -un museo muy recomendable, incluído en la visita a los restos del Templo Mayor- alberga una extensa colección de muestras de aquella civilización precolombina.

Los Mexicas y la muerte en el Templo Mayor

Cuando Hernán Cortés y sus huestes llegaron a la ciudad a principios del s. XVI se quedaron admirados ante la riqueza, el poderío y la fastuosidad de esta ciudad y del reino liderado por Moctezuma. Sin embargo, este sentimiento no les infundió el suficiente respeto como para no secuestrar al monarca que los había recibido con honores ni para evitar caer en la tentación de extorsionar al pueblo mexica, para satisfacer sus ansias de botín.

Museo del Templo Mayor: la vida cotidiana en Tenochtitlán

La situación de Cortés y sus hombres no era fácil, con todo, dado su reducido número, rodeados como estaban por miles de mexicas que se sentían humillados y ultrajados por aquellos extranjeros que se habían atrevido a secuestrar y a retener por la fuerza a su monarca, para obtener favores a cambio.

Maqueta y reproducción de Tenochtitlán en el Museo Nacional de Antropología

La vulnerabilidad de su posición llegó a un punto extremo cuando Cortés tuvo que abandonar la ciudad para hacer frente a una fuerza castellana que se acercaba a la ciudad para detenerle como rebelde, por haberse otorgado a si mismo poderes en el Nuevo Mundo de los que carecía formalmente. La pequeña guarnición que dejó a cargo de Moctezuma, temerosa de una rebelión de la población, lanzó un ataque preventivo en el Templo Mayor que provocó una sangrienta masacre que indignó hasta el extremo a la población, tornando en insostenible la situación de los españoles.

Detalle de las pinturas de Diego Rivera

Consciente de su debilidad, Cortés decidió abandonar Tenochtitlán en mitad de la noche. Su retirada fue descubierta, sin embargo, produciéndose una lucha desesperada en las calles de la ciudad que a punto estuvo de aniquilar a los españoles y en la que se supone que murió Moctezuma.

El final de la historia es conocida: el asedio de la ciudad por Cortés, durante meses, apoyado por otros pueblos indígenas que vieron en los españoles la oportunidad de librarse del yugo al que los tenían sometidos los mexicas, pero que fueron incapaces de vislumbrar el yugo español al que quedarían sometidos tras la caída de Tenochtitlán.

La Catedral Metropolitana se levanta sobre la antigua ciudad de Tenochtitlán

Tenochtitlán agonizó, pues, de hambre y enfermedades y, al final, Cortés, el conquistador, se apoderó de aquella ciudad, antaño insigne y majestuosa, reducida ahora a ruinas, dolor, miseria y muerte.

La actual Ciudad de México, en particular el centro, se erige sobre el suelo en el que fue derramada la sangre de aquel pueblo fiero y orgulloso que trató de frenar el avance de la conquista española. Aún hoy, los historiadores disputan sobre la interpretación de aquellos hechos.

Visitando el Museo del Templo Mayor

La antigua laguna que envolvía Tenochtitlán fue drenada y rellenada con el paso de los siglos, permitiendo el incesante crecimiento de esta inmensa urbe que es hoy Ciudad de México. Las casas y las calles, torcidas o hundidas, nos desvelan de lo poco firme que es el suelo sobre el que se extienden, no hace tanto era aún un cenagal. Podemos tener una idea de cómo debió ser aquella laguna visitando la actual Xochimilco.

Conocer Ciudad de México requiere de mucho tiempo, dedicación y capacidad de resistencia a su tráfico intenso. La que es probablemente la ciudad más extensa del planeta, tiene un legado histórico y un presente muy interesante y lleno de propuestas culturales y gastronómicas, entre otras. En nuestros 6 días en esta ciudad pudimos también visitar estos lugares que os recomendamos:

Murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional

  • Forjarse una imagen de la historia de México con los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional que se levanta junto al Templo Mayor. La visita es totalmente gratuíta y se accede por la puerta de la Calle de Moneda. Un imprescindible dada la belleza de las pinturas y su relato de la historia.
  • Otra opción muy recomendable: visitar el Museo Nacional de Antropología. Tanto el edificio como sus colecciones permiten conocer mucho mejor la historia, geografia, tradiciones y legado de las diversas etnias de este país. México es un país en el que se hablan decenas de lenguas indígenas -muchas en peligro de desaparición- y ofrece al mundo una riqueza cultural inabarcable.

    Edificio del Museo Nacional de Antropologia

  • Si os interesa el arte popular, vuestra opción es el Museo de Arte Popular en el que se muestra la artesanía y fiestas populares de esta nación.
  • Descubrir Coyoacan, uno de los barrios más especiales de esta ciudad. Aquí os sentiréis como transportados a un pueblo de otro rincón del país. Con sus plazas, sus calles empedradas y sus bellas casas de colores cubiertas de flores. Aquí está la famosa Casa Azul o Museo de Frida Kahlo y, también, la menos conocida pero bien intereante casa-museo de Leon Trotsky.

    Museo de Arte Popular

  • Disfruta de la comida de la capital: quesadillas, tacos pastor, tamales, pozole, guacamole con totopos…
  • Date un paseo por Avendida Insurgentes y el Paseo de la Reforma para conocer la ciudad más moderna con los locales «más chic» de la ciudad.
  • Por supuesto, si vienes a Ciudad de México, no puedes dejar de pasar un día en Teotihuacan. La mayor zona arqueológica de América bien merece una visita.

    Pirámide del Sol en Teotihuacan

Una semana en Ciudad de México da para esto y mucho más. Ya sabéis que nosotros íbamos con nuestro Proyecto Waldorf a visitar escuelas y también a reencontrarnos con amigos por lo que nuestro tiempo no dió para mucho más.

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