VIAJA CON TUS HIJOS, NO LO DUDES

VIAJA CON TUS HIJOS, NO LO DUDES

VIAJA, VIVE, COMPARTE: VIVIRÁS MÁS INTENSAMENTE
Vivir o viajar? Y por qué no ambas cosas… Puede ser la vida cotidiana como nuestra vida cuando viajamos? Seguramente en muchos aspectos no, pero en otros muchos sí. Esta es la reflexión que nosotros planteamos en nuestra charla en el II Encuentro de Familias en Ruta. Hay personas que se sienten atrapadas en su vida cotidiana y que viajan para huir, otras tienen pánico a salir de su hogar -y aún más si es acompañadas de niños pequeños- por eso, cuando viajan, procuran hacerlo con todos los elementos bajo control intentando emular aquello que tienen en casa. Hay otras personas que han hecho del viaje su modo de vida o de su vida todo un viaje. Como alguien decía: ¿vivir para viajar o viajar para vivir? O mejor, ninguna de las dos cosas…
Presentando nuestro proyecto en la Trobada de Familias en Ruta

En nuestro caso, intentamos que nuestra vida sea lo más parecido a aquello que nos gusta hacer cuando viajamos. Al viajar vivimos de un modo más precario, con menos comodidades, con más dificultades logísticas, pero disponemos de más tiempo para nosotros y para nuestras familias. Aprendemos que muchas cosas son prescindibles, por ello, en nuestro día a día, intentamos quitarnos de encima aquello que no consideramos necesario y, a pesar de ello, seguimos disfrutando de un nivel de confort mucho mayor que en los viajes.

 

En el día a día, intentamos buscar ese tiempo para nosotros, eliminar elementos que nos distraen de nosotros mismos -por ejemplo, la tele- y salir a la naturaleza, donde todos nuestros sentidos se expanden libremente. Evitamos compromisos que no nos aportan nada y realizamos actividades que nos ayudan a crecer: cultivar un huerto, hablar con los amigos, visitar lugares cercanos…
II Encuentro Familias en Ruta, Vinyols Camp (2014)
Escribimos. Escribimos. Hablamos. Hablamos. Leemos. Leemos. Desde que nacieron, cada uno de nuestros hijos tiene un «diario íntimo y personal» donde anotamos nuestros comentarios y les explicamos cómo ha ido creciendo su cuerpecito y cómo van desarrollando su personalidad. No lo hacemos únicamente para que tengan un testimonio de quiénes fueron, lo hacemos, fundamentalmente, porque nos ayuda a tomar conciencia de nuestro papel como padres. Es esta una etapa única que no volverá y, detenernos a indagar en ella, nos ayuda a disfrutarla aún más.
II Encuentro Familias en Ruta, Vinyols Camp (2014)
Viajar es una oportunidad para el crecimiento personal y familiar, pero también social. Viajar te permite hacerte consciente de la verdadera medida de las cosas; viajar te permite apreciar la naturaleza en todas sus dimensiones y te ayuda a ponerte en el sitio real que ocupamos como seres humanos. Viajar es una oportunidad para confiar en la gente que encuentras a tu lado y te hace sentir cuánto nos necesitamos unos a otros. Viajar te permite conocer el verdadero valor de las cosas, que no es lo mismo que el precio que estas pueden tener. Viajar es una oportunidad para la desconexión y, simultáneamente, para conectar con uno mismo. Viajar te hace descubrir el lenguaje universal de la sonrisa.
Ahora, volvamos a leer el párrafo anterior y sustituyamos «viajar» por «vivir». ¿No es posible vivir de esta manera? Estamos convencidos de que sí. Y así intentamos que sea cada día.

Taller de materiales reciclados, Vinyols Camp (2014)

El encuentro al que hemos asistido este pasado fin de semana estaba pensado para que fuera un lugar de convivencia integral, para adultos y niños. Porque en la vida las personas no deberíamos estar separadas por grupos de edad. Como decían sus organizadores, Max y Susana, era un encuentro de «niños de 0 a 99 años». Es por ello que todas las actividades estaban pensadas para que adultos y niños las compartieran. En las charlas, en los talleres, en las mesas redondas… nadie estaba excluido. Ha tenido lugar en el Vinyols Camp (Tarragona), un camping muy agradable lleno de árboles, con un huerto ecológico, animales de granja y piscina. Un espacio ideal para correr y jugar, para pasear y compartir experiencias. Charlas sobre educación libre, especialistas en pedagogía Waldorf, talleres de creatividad, música y expresión corporal… No ha faltado de nada.

Actuación musical en el II Encuentro de Familias en Ruta

En la Sala de Experiencias, algunas familias que hemos hecho «viajes especiales» hemos narrado nuestra aventura y compartido sensaciones pero, sobre todo, nos hemos estimulado a seguir con este plan de vida. Sin duda, lo mejor ha sido poder conocer gente maravillosa y llenar el alma de buenas sensaciones, ilusiones y sueños. Y aún más especial: transformar el «conocimiento virtual» en «contacto real». En nuestro blog del viaje De Tierra de Fuego a las Galápagos hacemos mención de muchas de ellas. Internet nos ha facilitado conocer gente pero el contacto visual, el abrazo y las sonrisas son realmente sobresalientes respecto a la red. Así fue con Karina y Albert de la Volta al Món, con María, Heber y Éire de La Furgoteta y Loli y Mario de Viajando en Furgo.

http://www.mundubicyclette.be

Las experiencias de estas familias fueron tantas y tan especiales todas ellas que describirlas sería eterno. A continuación os facilitamos los enlaces de sus sitios en internet por si os apetece viajar un poquito con ellos desde casa y, si aún tenéis alguna duda, esperamos animaros a poner en marcha vuestros proyectos vitales.

ROAD111: viajaron desde Barcelona a Sidney con sus dos niñas en una autocaravana, una intensa experiencia sobre cuatro ruedas.
This is not Barna: se quedaron sin trabajo pero no perdieron sus ilusiones por lo que se fueron hasta Iran con su bebé en una furgoneta.
Makuteros FamilyRun: casi un modo de vida, vivir para viajar con energía y mucha ilusión por descubrir el mundo.
Alicia y Mu: para mantener su modelo de familia y respetar su filosifía de vida, decidieron viajar hasta Nueva Zelanda para iniciar una nueva etapa vital.
Mundubicyclette: han pedaleado el mundo en bicicleta con sus pequeños hijos. Sin objetivos, sin prisas, sin retos, simplemente para vivir como ellos necesitan hacerlo.
Un gran viaje: dos viajeros enamorados de África que ahora han emprendido nuevos proyectos para ayudar a otras muchas personas a viajar.
La volta al món: energía y mucha ilusión para viajar durante 550 días en familia.
Mas la Llum: una familia que ha hecho realidad su sueños de montar una casa rural ecosostenible.
Viajar con niños: una familia muy viajera surgida de unos papás muy viajantes y cooperantes.

Todas estas experiencias nos impactaron, quizá la de Alicia y Mu, junto a la de Andoni y Alice (mundubicyclette), fueron las más especiales para nosotros. Sin duda, nos vimos reflejados en la mirada de todas estas familias y ha sido un estímulo increible para nosotros.

Dejamos ya el recuerdo de este encuentro, con el video en el que resuminos qué es para nosotros viajar, perdón, vivir….

Unas cosas llevan a otras… El río de la vida, el viaje… Estamos en continuo movimiento.
Ahora nos embarcamos en un proyecto estimulante en el que compartimos nuestra experiencia con otras familias viajeras. Queremos animar a todos aquellos que se lo están pensando a decidirse y lanzarse a vivir una linda experiencia con sus hijos. 
Con la colaboración de la web Familias en Ruta, queremos participar en un proyecto para la creación de un documental. Cada una de las familias participantes vivimos circunstancias diferentes, somos personas distintas, pero todas compartimos la ilusión por viajar con nuestros hijos y hemos hecho realidad el sueño de una larga escapada por el mundo.
¿Cómo nos lo montamos con la vivienda, el trabajo, el presupuesto?. ¿Cómo hicimos con la educación de los niños?. ¿A qué situaciones debimos enfrentarnos, por qué dificultades pasamos y cómo las superamos?. ¿Te cambia la vida un viaje así?. ¿Qué sensaciones nos ha dejado?

Aquí tenéis el documental!

BALANCE DE NUESTRA EXPERIENCIA VIAJANDO CON NIÑOS

BALANCE DE NUESTRA EXPERIENCIA VIAJANDO CON NIÑOS

Realmente es difícil expresar todo lo que ha supuesto este viaje para nosotros en unas pocas líneas. Cuando tan solo era un proyecto y tratábamos de imaginar lo que nos aportaría esta experiencia apenas vislumbrábamos ligeramente lo que ha llegado a enriquecernos en realidad. Después de viajar con niños miles de kilómetros para recorrer la costa pacífica de Sudamérica, desde su extremo más meridional, en Tierra del Fuego, hasta el apartado e insólito archipiélago de las islas Galápagos, podemos decir que nuestra visión de la vida se ha ampliado significativamente y que nos hemos visto obligados a desechar bastantes ideas y pensamientos que parecía que iban a estar arraigados en nuestra mente de por vida. 

En Atacama, el «mal de altura» no fue un problema pues tomamos las precauciones oportunas (Chile, 2013)

Una experiencia así te cambia, necesariamente. O por lo menos hace que un cambio que tal vez ya estaba en marcha se consolide y se torne definitivamente irreversible. Porque esta experiencia no se reduce a todos aquellos aspectos que pueden ser fácilmente cuantificados. El momento del regreso marca un punto de inflexión. (más…)

VISIONES DE UN ESCRITOR AVENTURERO

VISIONES DE UN ESCRITOR AVENTURERO

La isla de San Cristóbal o isla de Chatham fue la primera en la que puso el pie Charles Darwin cuando el H.M.S. Beagle llegó a las por entonces llamadas Islas Encantadas. Por su mayor cercanía al continente, esta isla estaba llamada a ser uno de los lugares del archipiélago en donde primero se iba a dar un asentamiento humano estable. Y así fue, ya que, cuando el gobierno del Ecuador se planteó colonizar las islas para mantenerlas sujetas bajo su soberanía, ésta fue una de las que designó para ser ocupada por las primeras familias de colonos. Aquella, no obstante, fue una tentativa relativamente incierta y precaria. Por ello, el gobierno ecuatoriano varió su proyecto inicial y aprovechó este alejado emplazamiento para instalar una penitenciaría, como haría también en otras islas.


Es entonces cuando aparece en esta historia Manuel Julián Cobos, un hombre emprendedor y sin escrúpulos que funda un hacienda azucarera en la isla y convence a las autoridades ecuatorianas para que le transfieran la tutela de los presos. Instaura en su finca un régimen de trabajo durísimo, sometiendo a aquellos hombres como esclavos. Hace traer a sus esposas e hijos desde el continente y los somete igualmente. Después empieza a abusar de las mujeres, silenciando cualquier protesta con la fuerza del látigo. Hasta que tropieza con un preso colombiano que lo degüella. Su cuerpo sin vida es arrastrado hasta el exterior de la finca por una turba enardecida de reclusos que se levantan en rebelión hasta hacer desaparecer todo vestigio de aquella ignominiosa prisión.

Esta historia recuerda a aquella otra que relataba Herman Melville sobre un Rey Perro en Las Encantadas, las inquietantes y sugerentes memorias en las que el escritor norteamericano evocaba su paso por estas islas en un viaje a bordo de un ballenero que inspiraría, asímismo, Moby Dick, su extraordinaria obra maestra. El genio literario de Melville veía en aquella historia del Rey Perro una imagen ilustrativa sobre la dificultad de colonizar islas remotas cuando solo se cuenta con hombres sin principios. Pero lo cierto es que, a lo largo de toda la historia de la humanidad, el «Progreso» -así se llamaba la hacienda de Manuel Julián Cobos- ha sido protagonizada por hombres sin principios. Hombres desalmados, ávaros, pendencieros, traidores, delincuentes o sinvergüenzas, simplemente. Ésta es la calaña que agita el mundo y la hace «avanzar» hacia el abismo. Ante esta locura de mundo, cualquier navegante prudente haría como el capitán del que nos habla Melville, pues no se dejaría tentar por sus luces vacilantes en medio de la oscuridad y se alejaría dejando atrás aquel destello de mal agüero.

Frente a la miseria moral de los hombres, Melville, en Las Encantadas, nos relata fascinado su encuentro con las tortugas:
«Parecían las mismísimas tortugas sobre cuyos lomos pone el hindú esta esfera entera. Con una linterna las examiné detenidamente…Ese verdor mohoso que cubría las toscas hendiduras y curaba las fisuras de sus golpeados caparazones. Ya no veía tres tortugas… Me pareció ver tres coliseos romanos en su espléndida decadencia”.

Para él son el símbolo de una sabiduría inconmovible. Una sabiduría que no pertenece a los hombres, sino al ser mismo del universo. Ahora bien, una sabiduría a la cual pueden acceder los seres humanos, si están dispuestos a seguir los pasos de estas solemnes criaturas:
«…me imaginé la misma madriguera de donde salían: una isla de cañadas metálicas y quebradas, hundida insondablemente en el corazón de montañas resquebrajadas y cubiertas a lo largo de muchas millas por intrincados matorrales. Después imaginé aquellos tres monstruos enderezándose, tan lenta y pesadamente que no solo crecían hongos bajo sus patas sino que también brotaba sobre sus lomos un musgo fuliginoso. Con ellos me extravié en volcánicas maravillas, desbrocé innúmeras ramas de maleza podrida; hasta que como en sueños, me encontré sentado, con las piernas cruzadas sobre el delantero, con un brahmán sentado del mismo modo a cada lado, formando un trípode de frentes que sostenía la cúpula universal.»

Monumento a Darwin en el Cerro Tijeretas

Es difícil saber si también nosotros hemos aprendido algo de todo esto, durante nuestra estancia en la tierra en la que habitan estos formidables galápagos. En cualquier caso, como viajeros que sienten el anhelo de vivir libres y la sed insaciable de experimentar nuevas aventuras, nos quedamos, al menos, con el recuerdo de aquel epitafio que Melville situaba precisamente en la isla Chatman o San Cristobal. Es un grito -o quizá una plegaria- de un alma que supo, en su día, lo que es la vida y cómo hay que vivirla, al tiempo que es un llamado a vivirla en plenitud en este mismo instante:
«Oh, Hermano Jack, que vas de paso, como eres ahora, así fui yo una vez. Tan animoso y tan jovial, pero ahora, qué pena, han dejado de pagarme. Ya no puedo atisbar con mis ojos entornados, y aquí me tienes… ¡Cubierto de escoria!»
Aprovechemos, pues, el momento… el tiempo vuela y pronto, muy pronto, deberemos regresar al lugar del que vinimos.

 

EL HECHIZO DE LAS ISLAS ENCANTADAS

EL HECHIZO DE LAS ISLAS ENCANTADAS

Estas islas te hacen un regalo cuando menos te lo esperas. Como sabéis, estamos concluyendo este viaje de casi seis meses y tenemos más la mente en casa que aquí. Es inevitable pensar en el reencuentro, hacer planes para el verano… Pero, simultáneamente, seguimos aferrándonos a estas islas como quien no quiere ser arrancado del paraíso. Cuando nos descuidamos y nuestra mente se aleja, la Pachamama nos manda un mensajito, como si quisiera ayudarnos a seguir disfrutando del tiempo que nos queda por vivir en este recóndito lugar.
La luna creciente en la noche, la puesta de sol, las aves, el viento, la espesa humedad en la montaña, los lobos marinos, una cala donde bucear, una playa donde descansar…  

Hoy hemos ido a la Playa de la Lobería, cerca del pequeño aeropuerto de la ciudad. Hemos tomado un taxi que nos ha dejado al principio del sendero y, cuando íbamos a empezar a caminar, una suave lluvia nos ha amedrentado. El océano se escuchaba bravío, el viento soplaba fuertemente. Nos hemos cobijado bajo un mangle botón y poco después hemos iniciado nuevamente el paseo.  
En menos de diez minutos estábamos en la playa. La marea subía, casi llegaba a su nivel máximo. Unos cuantos lobos dormían en la arena. Algunos grupos habían ocupado las pocas sombras existentes ¡Tienen buen criterio para elegir! Aún no nos habíamos situado cuando hemos visto varios lobos saltando en el agua, cazando y jugando agilmente y, de pronto, una enorme tortuga marina buceando junto a la orilla, y otra más allí y otra un poco más allá. El mar estaba agitado pero nadaban plácidamente y salían a respirar cada dos por tres.  

Parece mentira, llevamos casi un mes en este archipiélago pero seguimos sin habituarnos: la vida te sorprende a cada paso. Junto a nosotros, una loba marina dormía mientras su bebé se amamantaba. Es por ello que esta playa recibe el nombre de Lobería, aquí acuden las mamás lobas con sus crías para cuidarlas tranquilas, sin que las molesten. Nosotros no parecíamos ser una molestia.  
Las fragatas han aparecido sobrevolando nuestras cabezas y también los piqueros de patas azules que se lanzaban a pescar en el mar como torpedos. Pau buceaba junto a una enorme tortuga verde, junto a ella literalmente, pues le ha acariciado su recio caparazón cuando una ola se la ha tirado casi encima. Entonces, he visto una joven tortuga que pasaba junto a ellos y se dirigía a la orilla. Las olas la han empujado fuera del mar y ella ha salido impulsándose penosamente con sus aletas. Allí hemos acudido curiosos y, junto a nosotros, los jóvenes lobos marinos que se acercaban a olisquearla.  

Es difícil describir mi sentimiento de alborozo. Estaba embriagada ante la visión de este animal y de todo aquello que he intentado describiros. Estoy segura de que regresaré  a este lugar en el que las experiencias de proximidad con la naturaleza son inagotables. Me siento hechizada por estas islas que ciertamente están encantadas, y es por ello que sé, con absoluta certeza, que no desaparecerá la luz de mis ojos sin que vuelva a contemplarlas.

NUESTRO MUNDO EN UN CUBO DE BASURA

NUESTRO MUNDO EN UN CUBO DE BASURA

Reciclar es un hábito que cuando lo adquieres, como cualquier otro, es difícil desprenderse de él. Hace muchos años que nosotros asumimos esta constumbre como algo normal en nuestra vida y, ahora, mezclar la basura nos parece casi un sacrilegio.
Hace unos años nos regalamos un estupendo contenedor con varios compartimientos para nuestros residuos y fue una adquisición que sentimos como una recompensa después de muchos años usando bolsas, bolsitas, cajas y cajitas que colgábamos donde podíamos en la cocina. Ahora todo está bien organizado. A nuestro regreso a casa, dentro de menos de una semana, queremos dar un paso más: gestionar nuestros residuos orgánicos originados al cocinar.

Cuando llegamos a Chile al principio de este viaje, una de las cosas que más nos costó fue deshabituarnos a separar la basura. Allí no se recicla nada. El reciclaje es una cuestión personal y privada. En Santiago, por ejemplo, si una familia quiere reciclar debe contactar, a nivel particular, con una empresa que quincenalmente recogerá sus residuos. Por este servicio paga unos 20 euros al mes y se compromete a separar y almacenar en casa todo lo que se puede reciclar: metales, pilas, plásticos, papel y cartón, latas, etc. Todo debe estar limpio, sin residuos orgánicos. Este ejercicio diario de conciencia con nuestro entorno es admirable, desde nuestro punto de vista. Implica un compromiso enorme con el medio ambiente y con nuestros descendientes. No existen contenedores para reciclaje en la calle, no hay servicio público recogida de estos residuos.  

El modelo de gestión de residuos utilizado en nuestro país es interesante porque ha permitido mejorar nuestros índices de reciclaje en los últimos años. Sin embargo, aún queda mucho por hacer y, sobre todo, nos falta dar el paso decisivo: antes de reciclar hay que reutilizar y, aún más, debemos hacernos conscientes de que lo importante es reducir.
Imagina que desde mañana te dijesen que se acabó el servicio de recogida de basuras y que, desde ese momento, tú mismo debes encargarte de gestionar tus residuos en tu propia casa… ¿Dónde meterías el montón de desechos que generas cada día? Cualquier persona inteligente lo que haría en tu lugar es reducir el volumen de desechos al máximo. Hay infinidad de maneras de hacerlo. Tenemos que reducir. Éste es el único horizonte sostenible para un planeta superpoblado .

Tras más de cuatro meses en Chile, aterrizamos en las islas Galápagos. Otro mundo es posible. Aquí es una obligación porque cuando la basura sale de tu casa deja de ser sólo tuya y pasa a ser de todos. Las campañas de información y la gestión pública han permitido a los galapagueños tomar conciencia del problema ecológico que suponen los residuos que generamos los humanos y, ante esta evidencia, implicarse directamente. Cada familia tiene tres contenedores cada uno para un tipo de desecho. Un camión, siempre el mismo, pasa cada día por cada casa, pero recoge la basura únicamente de uno de los contenedores. Por ejemplo, el lunes orgánico, el martes materiales reciclables y los miércoles lo que no es reciclable. De este modo, el mismo servicio se hace cargo de todos los residuos que han sido separados previamente y los lleva, cada día, a un lugar diferente para ser gestionados adecuadamente. Aún queda mucho por hacer, pero sin duda, aquí hay una participación activa de los ciudadanos en el cuidado de sus islas.  

Nos preguntamos si estas personas son más inteligentes o más clarividentes que nosotros, o que sus compatriotas del continente… Evidentemente, no. Pero tienen a su favor que viven en islas, pequeños territorios con escasez de agua y de espacio, con escasez de muchos recursos. Además, el entorno es magnífico. No podían esperar más. Gestionar bien es importante. El futuro depende de ello.

 ¿Cuándo nos daremos cuenta todos los demás de que vivimos también en un pequeño mundo? Vivimos en un pequeño planeta de límites finitos invadido por 6.000 millones de humanos, muchos de los cuales seguimos consumiendo recursos desaforadamente y produciendo residuos de manera imparable. Probablemente este sea uno de los grandes problemas de la humanidad pero, como muchos otros grandes problemas, raramente son cabecera de un telediario o portada en la prensa. A pesar de ello, está en nuestra mano, cada vez que destapamos el cubo de basura para tirar un desecho podemos elegir qué vamos a hacer son él y, probablemente, hay un opción mejor que ese cubo de basura.

LA SABIDURÍA DE LOS PINZONES

LA SABIDURÍA DE LOS PINZONES

Sentados junto a la puerta de nuestra habitación del hostal esperamos a que cese de llover para salir a dar un paseo. Mientras, nos entretenemos observando cómo unos pocos pinzones dan saltitos por el patio buscando restos de nuestro desayuno.

Es curioso pensar que debemos a estos inocentes pajarillos la mayor revolución científica de los últimos doscientos años y el cambio más fundamental que se ha dado jamás, en toda la historia de la humanidad, respecto a nuestra visión de la naturaleza y de nosotros mismos, los seres humanos.  

Durante las últimas semanas hemos entrado en contacto con estas aves en muchas ocasiones, especialmente a la hora del almuerzo, cuando acudían a pedirnos comida como auténticos pedigüenos. Desde el principio nos ha sorprendido su cercanía y el escaso temor que les inspirábamos. Se posaban en nuesta mochila, curioseaban entre los juguetes de los niños, incluso saltaban para comer de nuestra mano.  

No es extraño que el joven Darwin pudiese observarlos a su antojo hasta descubrir, con su incomparable ojo de taxonomista, las sutiles diferencias que existen entre las diferentes especies de pinzones que habitan en estas islas, que hacen que estén mejor adaptadas al medio que se da en cada una de ellas. Pero lo genial de Darwin no es esto. Observando el origen geológico de este archipiélago, el naturalista comprendió que estas islas se habían formado en un período reciente, y que cada una databa de un momento diferente. Esto le hizo pensar que tal vez aquellos pinzones tan diversos no habían sido creados por Dios en un mismo golpe de gracia creativo y caprichoso, sino que habían surgido en momentos diferentes a partir de un antepasado común, a consecuencia de las diferentes condiciones ecológicas que se daban en cada una de estas islas.  

Esta revolucionaria intuición, captada por primera vez en las islas Galápagos, fue atesorada por el joven Darwin en su mente y, durante más de veinticinco años, fue madurándola y fundamentándola gracias a un prolijo estudio científico. Todo ello desembocó en la publicación de El origen de las especies , una obra que marcó un hito y cambió definitivamente nuestra manera de ver nuestra relación con los demás seres vivos.  

Desde nuestra perspectiva, la intuición de aquel prodigioso naturalista no es sólo valiosa en su ampliación estrictamente científica, dentro de los cauces establecidos para los estudios biológicos. En realidad es una intuición extrapolable a nuestra visión sobre la extraordinaria diversidad que se da en la humanidad. Si somos lo suficiente sensibles para valorar las sutiles diferencias que se dan entre las personas, atendiendo a cada una según su personalidad específica, y nos mostramos abiertos a comprender las circunstancias que han hecho que cada cuál sea como es, alcanzaremos una sabiduría que no es nada despreciable. Pues con ello aprendemos a amar a los demás por lo que son, al tiempo que descubriremos cómo cada persona vive inmersa en un proceso de transformación único que es, por igual, sublime y apasionante.

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