Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en uno de los podcasts de la primera temporada de Maternidad Viajera un proyecto que forma parte de Objetivo Aire Libre. Esta iniciativa es capitaneada por Laura, profesora que en este momento vive en Estados Unidos. Fue un placer poder hablar con ella por casi 3 horas y, de esa conversación, surgió el contenido que podéis escuchar en las diferentes plataformas. 

En su proyecto, a través de las redes sociales y de las conversaciones que mantiene con diversas madres que comparten la ilusión de viajar por el mundo con sus hijos, intenta poner el valor la importancia de fomentar una vida al aire libre en la que nosotros y nuestros hijos se desarrollen plenamente. Pero además, intenta reflexionar sobre las múltiples caras de la maternidad, de este prisma que hace de nosotras personas únicas y especiales que, en un momento de nuestra vida decidimos incluir el hecho de ser madres en nuestro proyecto vital. De una manera u otra esto nos cambió para siempre.

A partir de esa conversación, surge este artículo con la idea de recoger por escritos las ideas y temas que podéis escuchar en el podcast de Laura. Antes de esa conversación ella me pidió que contestara un formulario para preparar la charla y, a partir de ese documento, surgió la idea de escribir este artículo que finalizará este «curso académico blogger 2020/21». 

Quién soy y breve presentación de nuestro blog

Para aquellos que no conocéis nuestro blog, soy Myriam Fabregat, mamá de Ernest (12 años) y Ferran (10). Compañera de Pau. Vivimos en El Campello, Alicante. Aquí desarrollo mi vida profesional como profesora de ciencias naturales en un instituto de educación secundaria. Es difícil presentarse a una misma pero creo que soy una persona vitalista y apasionada, siempre dispuesta a aprender. 

Como profesora busco alternativas para trabajar en el aula desde una manera cercana a mi alumnado intentando que puedan desarrollar múltiples facetas de su personalidad -no solo la cognitiva- y por ello intento formarme y buscar modelos pedagógicos que me ayuden a crecer como profesora y como persona. Me interesa especialmente la pedagogía Waldorf que es el modelo que hemos elegido para nuestros hijos y que ha sido una escuela para toda la familia.

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Cuándo empecé a viajar y por qué me enganché 

Empecé mis primeras escapadas de muy niña con mi familia y después con diversas experiencias de juventud como intercambios de estudios diversos. “El virus viajero” me infectó irremediablemente en el año 1990 cuando, con 15 años, participé en el programa AVENTURA’92 de la mano de Miguel de la Quadra Salcedo y la Fundación Quinto Centenario. Viaje junto a otros 499 jóvenes de más de 20 países emulando el 4º viaje de Cristóbal Colón. Cruzamos el océano Atlántico en un ferry y navegamos el Caribe recalando en diversos países (México, Costa Rica, Panamá, Colombia, Puerto Rico) y, de regreso, Madeira. Aquella convivencia me cambió para siempre y me permitió atesorar recuerdos y amistades únicas.

Viví en Italia al acabar la carrera y viajé por muchos países en diversas ocasiones. Muchas veces aprovechando becas de estudio o de investigación. Europa occidental, China, India, Estados Unidos, Brasil, México… Sigo soñando con una vuelta al mundo. Con un viaje sin billete de vuelta.

AVENTURA90 Guanahani

Subiendo al ferrie que nos llevó a viajar emulando el cuarto viaje de Colón (1990)

Inicios de nuestra “familia viajera”

Desde que creamos nuestra familia, Pau tuvo claro que los viajes iban a ser una parte esencial de nuestra convivencia y asumió todo esto como algo propio. Nuestro primer viaje juntos fue a Italia cuando Ernest tenía 9 meses. 

Cuando nació Ferran, Pau me regaló “El diario de un naturalista alrededor del mundo” de Charles R. Darwin y así surgió el proyecto que, en 2013 – cuando nuestros hijos tenían 4 y 2 años – nos llevó “De Tierra de Fuego a las Galápagos” recorriendo durante 6 meses la costa occidental de sudamérica.

Fue un viaje muy tranquilo. Desde el sur del Canal Beagle fuimos viajando hacia el norte visitando diversos lugares de Chile y Argentina. Después volamos a Ecuador para pasar un mes en las islas Galápagos. Fueron 6 meses maravillosos “en familia al aire libre”.

Origen de nuestro blog “Nosaltres4viatgem”

El blog nació como un diario para contar el viaje a nuestras familias. A nuestro regreso, decidimos continuar con él. Desde entonces hemos visitado juntos muchos países, normalmente, en periodos de más de 2 semanas: Francia, Dinamarca, Londres, Amsterdam, Italia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Islandia, Tailandia, Malasia, Singapur, Dubai, México, Guatemala y Brasil… 

CHILE Atacama

En Atacama, el «mal de altura» no fue un problema pues tomamos las precauciones oportunas (Chile, 2013)

¿Cómo nos gusta viajar en familia?

Nuestra manera de viajar ha ido cambiando a lo largo de los años. Ahora nuestros hijos tienen 10 y 12 años y somos conscientes de que estamos entrando en una nueva etapa. Cuando en septiembre de 2019 nos embarcamos en un viaje de 3 meses por América, nos los llevamos arrastras -eso no ocurría cuando eran bebés-. Habían pasado 6 semanas viajando por el sudeste asiático y en menos de 12 días ya estábamos de nuevo subidos a un avión y además con un proyecto intenso visitando escuelas y haciendo voluntariado. Ellos también se incorporaron a las aulas… 

1a etapa – viajando con bebés de menos de 2 años: apostamos por el alquiler de apartamentos en los lugares que visitábamos

2a etapa – viajando con bebés de más de 2 años: volvimos a los albergues de mochileros y empezamos a hacer couchsurfing. También nos alojábamos en pequeños hostales y apartamentos de alquiler vacacional

3a etapa – viajando con niños de más de 5 años: apostamos por el intercambio de casas y el couchsurfing. El alquiler de apartamentos y los hoteles son solo opciones para cuando no tenemos alojamientos de otros tipo. Iniciamos a nuestros hijos en la acampada.

4a etapa – viajando con niños de más de 10 años: seguimos con todo lo anterior e incluímos proyectos de voluntariado y actividades de colaboración.

5a etapa – viajando con niños de más de 12 años: primeras actividades para ellos en grupos de su misma edad sin nuestro acompañamiento (campamentos de verano, viajes de estudio de varias noches…). Primeras experiencias fuera del núcleo familiar.

CHILE Atacama

Nuestra foto de grupo en el Tatio tras el amanecer (Chile, 2013)

Viajar con adolescentes: un nuevo reto

En este momento, nuestros hijos están en plena preadolescencia. Es una etapa nueva para todos. Nosotros, como profesores, trabajamos cada curso con jóvenes a los que debemos conocer, enseñar, respetar y escuchar. Cada curso es un nuevo reto. Pero, obviamente, nada es lo mismo cuando son tus propios hijos.

Como decía Carles Capdevila – alguien a quien admiramos por su visión de la educación y gran sentido del humor – lo más importante, probablemente, ya lo hemos hecho. Lo esencial ocurre en esa etapa entre los 6 y 12 años, ahora seguiremos avanzando, pero las bases de la relación con nuestros hijos ya están establecidas y eso va a condicionar nuestro futuro aunque no tiene por qué estar todo determinado.

Es por todo esto que para nosotros ha sido muy importante tener tiempo para estar con ellos en esta etapa que está acabando. Hemos querido hacer largos viajes durante largos periodos de tiempo para disfrutar juntos y generar experiencias-recuerdos compartidos. Hemos intentado crear un espacio de convivencia estable, empática, confiable y segura con límites claros.

Ahora toca escucharles – más, si cabe – entender sus necesidades en cada momento y toca dialogar mucho más. Debemos generar espacios de comunicación real y sincera. Empezamos a aumentar su nivel de autonomía y, por tanto, de responsabilidad. Con todo ello, llega la libertad. Desde tareas domésticas a actividades fuera de casa. En cada momento del día hay oportunidades para afianzar su independencia y autonomía. 

No es tan diferente a lo que hacíamos cuando eran bebés, pero ahora tenemos que ponerle más conciencia, más reflexión y más comunicación en el seno familiar. No siempre es fácil pero seguimos/sigo aprendiendo a ser madre. Cada día las preguntas son más complejas y, por tanto, hay que pensar mejor las respuestas.

¿Quién se encarga de organizar los viajes?

Normalmente yo me encargo de organizar todo el viaje. Me apasiona, lo disfruto y es muy estimulante. Pero es cierto que cada día demando más colaboración y siento que nuestros hijos pueden participar mucho más en el diseño y preparación del viaje. Todos participamos, opinamos y compartimos pero ahora creo que una participación más activa es necesaria.

Como dice Pau “no somos una agencia de viaje para niños” por lo que nuestros viajes solo intentan replicar nuestra vida habitual en otros lugares del mundo contando con las necesidades de cada uno de los integrantes de nuestra familia. 

Por supuesto hemos viajado para visitar lugares emblemáticos y archiconocidos pero no son nuestro principal objetivo. Nuestro mayor deseo es estar juntos, buscar lugares en la naturaleza que nos resulten atractivos y entornos urbanos sorprendentes y multiculturales.

FRANCIA

Decidiendo rutas y actividades en nuestra casa de intercambio de París (Francia, 2014)

¿Quién se encarga de hacer el equipaje?

Aunque lo hacemos juntos, yo suelo revisar las listas y repasar todo. Solemos llevar muy pocas cosas excepto cuando vamos de camping… Nuestro equipaje para un viaje de 15 días es prácticamente igual que para un viaje de 3 meses o más. Solo hay diferencias si el país en cuestión requiere algún elemento especial como ropa de abrigo o impermeable, repelentes, etc…

CHILE Atacama

Esperando nuestro transfer para regresar a Calama desde San Pedro (Chile, 2013)

Aspectos que destacaría de viajar con niños

Viajar con hijos pequeños, especialmente menores de 8 años, es una gran ventaja porque te abre las puertas de muchos sitios. La gente confía más en ti.

Nuestros hijos son nuestro mejor salvoconducto.
La mejor tarjeta de presentación.

Algo que hemos aprendido viajando es que el mundo está lleno de niños y niñas – muchos más que en España – y que suele ser muy fácil viajar con ellos, encontrar todo lo que hemos podido necesitar y vivir con ellos con normalidad allá donde vayamos.

En los países enriquecidos hay políticas conscientes para conciliar la vida de los adultos con la de la infancia y eso facilita mucho el viaje. En los países empobrecidos, los niños forman parte de la vida del lugar donde viven, están por todas partes. Hay facilidades para muchas cosas que hacemos cotidianamente: no pagan en los transportes, son recibidos con los brazos abiertos y “no molestan” porque son parte de la vida. Las madres los llevan con ellos como un elemento más y no se cuestiona su presencia y que necesiten ser atendidos.

GUATEMALA Escuela Caracol

Ferran y sus compañeros de clase en la fiesta del farol (Guatemala, 2019)

Hemos crecido en una sociedad en la que los niños son apropiados o no en ciertos contextos. Molestan si te sientas cerca de otra mesa en un restaurante, se ha marcado un vagón del silencio en trenes, o zonas “no-kids” en los aviones… Este tipo de realidades son propias de países en la que los niños no se consideran personas con los mismos derechos que cualquier otra. Una de las grandezas de viajar es descubrir nuevas maneras de entender. 

Reflexionar sobre todo esto en el podcast de Maternidad Viajera nos sirvió también para reflexionar, romper nuestros propios esquemas y asumir que la realidad puede ser muy diversa y variable. 

¿Alojamientos? Preferencias. 

Hemos ido cambiando… Siempre hemos buscado hostales pequeños y familiares en nuestros viajes. Hemos emulado el modelo d emi propia familia ya que nunca nos han gustado los hoteles de las grandes dimensiones. Es cierto que ofrecen muy buenos servicios y mucho confort y pueden ser perfectos para unas vacaciones de desconexión ideales. Sin embargo, en ellos no sentimos que estemos viajando.

Solemos utilizar para nuestras reservas:

Al nacer Ernest y Ferran empezamos a alquilar apartamentos en diversos lugares del mundo y, desde hace ya 6 o 7 años, nos hemos hecho fieles usuarios del intercambio de casa. Nos encanta este sistema. Es maravilloso porque nos permite compartir con otras familias nuestros recursos y consejos y tener muchas comodidades al viajar. No es solo por ahorrar dinero, el intercambio de casa te ofrece un plus en comodidad y también implica un aprendizaje para compartir en familia.

Es muy fácil pedir a nuestros hijos que compartan sus juguetes con otros niños, que jueguen con ellos cuando vamos en el parque… Mientras, los adultos, estamos aferrados a “lo nuestro” y no compartimos nada de lo que consideramos propio, nuestro, mío… 

Somos conscientes de que no educamos con lo que decimos,
si no con lo que hacemos.
Puede que nuestros hijos no escuchen lo que les decimos
pero nos están observando todo el tiempo.

Por este motivo, compartir nuestra casa con todo lo que hay en su interior y con todo lo que esto implica, es una manera de enseñar la verdadera generosidad. No solo porque tú das, sino porque vas a casas donde otras familias comparten lo que es suyo. Hemos estado en casas mucho más grandes que las nuestras, de familias con muchos más recursos… Con juguetes de otros niños. Con coches. Con todo.

Otra de nuestras opciones favoritas es el couchsurfing en familia. Cuando conocí este sistema para conocer lugares y alojarte, creí que ya se me “había pasado el arroz”, porque pensaba que era solo una opción para jóvenes viajeros. Pero cuando empecé a plantearme esta alternativa, a recibir viajeros en nuestra casa, a vivenciar la experiencia desde quien abre las puertas de su casa… Tuve claro que iba a encontrar personas que nos recibirían en su casa con los brazos abiertos. Y así fue… Encontramos anfitriones en Estados Unidos, Italia, Francia, Finlandia y otros lugares del mundo.

Couchsurfing en Italia, Puglia (2017)

Que nuestros hijos participen de estas experiencias me parece una gran enseñanza para todos. Dejar tu casa, tus juguetes, tus enseres… tu cachito de vida a personas desconocidas, es una manera ideal de comprobar que lo más importante en tu vida no son esas cosas, son las personas. No olvidaremos nunca a cada una de las personas que nos abrieron las puertas de sus casas y a aquellos viajeros y viajeras que vinieron a visitarnos.

Adaptación de los niños a países y viajes

Viajar con niños es una transformación, como vivir con ellos. Tener hijos te transforma. Hay un gran paso entre tener un hijo y ser madre/padre. Ciertamente hay muchas diferencias cuando viajas solo, con adultos, con bebés o con niños mayores. No es ni mejor ni peor, es distinto.

Con bebés (hasta 3-4 años) nos parece lo más fácil y cómodo del mundo ¡y además no incrementa los gastos! (excepto en los billetes de avión, claro, a partir de los 2 años).

Siempre me gusta recordar que los seres humanos llevamos miles de años, millones, vagando por el mundo. Somos nómadas por naturaleza. Tenemos eso grabado en nuestro ADN y, nuestra vida sedentaria es algo “reciente”. Una vida sedentaria aporta muchas comodidades y mucha tranquilidad. Facilita mucho la vida diaria. Pero eso no quiere decir que vivir en movimiento sea complicado. Los bebés son nómadas por nacimiento, solo necesitan estar bien pegaditos a sus madres o a sus padres, nada más. El problema es que los adultos lo hemos olvidado.

De camino a Las Grietas en Puerto Ayora (Islas Galápagos, 2013)

Como decía Henry D. Thoreau en “Walden”, nunca fui tan sabio como el día que nací. Y así lo constatamos cuando tenemos un bebé en nuestros brazos que no hacemos más que aprender de él si conseguimos sentir y respetar nuestras necesidades. Los niños se adaptan. Si ven a sus padres felices y tranquilos, ellos sienten esa seguridad y disfrutan del viaje.

Estamos convencidos de que nuestro “hogar” está donde está las personas que queremos y, en el caso de los niños, eso está donde están su madre y su padre -o las personas que les cuidan y son su referente- si generan un entorno de amor, comprensión y seguridad. 

Nunca hemos sentido que nuestros hijos necesitarán adaptarse especialmente en sus viajes más allá de los cambios horarios o algunos aspectos de la comida, por ejemplo. Exactamente igual que nosotros, pero con mucha más facilidad y espontaneidad que la mayor parte de los adultos que conocemos.

Estoy convencida de que los niños son un ejemplo

por su capacidad de adaptación para los adultos.

Al menos así nos lo han demostrado nuestros peques.

Es cierto que a medida que se hacen mayores, cada vez ven el mundo desde nuevas perspectivas, observan, comparan, reflexionan… Pasan a ser más racionales y menos emocionales, actúan como hacemos los adultos pero si sus referentes son amplios y empáticos, aprovecharán todas las oportunidades que les ofrezcamos.

Al final de la infancia y con la adolescencia, disfrutan del viaje de una manera similar a la nuestra pero con una experiencia y un bagaje personal que les hace “unos trotamundos auténticos” pues es algo innato a ellos ya que los han vivido desde niños.

¿Qué opina la familia del estilo de vida?

Les asustó un poco cuando les dijimos que nos íbamos con los peques a viajar 6 meses por Sudamérica pero no les sorprendió pues sabían que esto forma parte “de mi ADN”… Lo aceptaron, asumieron y disfrutaron y… se alegraron mucho cuando regresamos ¡eso sí!

Con cada uno de nuestros viajes han disfrutado y se han alegrado y, cuando en 2019 volvimos a marcharnos 3 meses, se entregaron a nuestro nuevo proyecto viajero visitando escuelas Waldorf en América. Nos animaron y decididamente apostaron por esta experiencia que iba a ser muy enriquecedora para todos nosotros.

SUIZA

La ruta de los glaciares del Matterhorn es una de las más impresionantes que hemos hecho en familia (Suiza, 2018)

¿Viaje favorito con niños?

Es muy difícil elegir… Les encantó Singapur y nuestra semana en Bahía (Brasil). Recuerdan sus momentos en Dubai y en Nueva York, nuestro paso por Río de Janeiro. A mis hijos les encantan sus vivencias en Estados Unidos. Pero sin duda, nuestras escapadas en las montañas están en el Top 10: Islandia, las montañas de California, de Maine y de New Hampshire, Pirineos o los bosques de Malasia. Elegimos un sendero en cualquier lugar del mundo: lejos o cerca de casa. Un entorno natural y bien preservado. Ese es nuestro destino favorito.

¿Experiencia no tan positiva que quieras compartir?

La verdad es que apenas hemos tenido momentos difíciles en nuestros viajes y los 2 o 3 que ahora recordamos con una sonrisa también supusieron un aprendizaje. Tuvimos que poner “al mal tiempo buena cara” cuando llegamos a nuestro “apestoso” alojamiento en isla Navarino en Chile junto al canal Beagle (2013) y fue muy duro el cruce de la frontera entre Chiapas y Guatemala por el abuso de los funcionarios y los conductores kamikazes (2019).

Chile Canal Beagle

Planificar la ruta y tener en cuenta nuestras limitaciones (Isla Navarino, Chile, 2013)

Estas experiencias sacaron lo mejor de nosotros y, como madre, sentí cómo esa fuerza interior te lleva a luchar para buscar una alternativa digna para tus hijos y para superarte. Además nos sorprendió la sensibilidad de nuestros hijos y su capacidad para percibir qué personas no son de fiar y cuáles sí lo son. 

Algunas curiosidades viajeras 

Antes-durante-después del viaje: ¿con qué disfrutas más?

¡Con todo! Difícil elegir… Siempre me imponen las mariposas en el estómago en el momento de salir de casa con la mochila a cuestas. Me encanta la sensación de sentirme fluir cuando ya todo rueda, cuando la máquina está engrasada, cuando estamos en pleno viaje y me siento feliz descubriendo con mi familia y viviendo sin otra obligación que estar juntos. Por eso me gustan los viajes largos en los que, al menos por unas semanas, no veo el horizonte del regreso cercano.

Con lo que más disfruto es con la reacción de los niños en esas tres fases del viaje porque me sorprenden. Recuerdo cuando volvimos a casa en 2013 y no se acordaban de ella… Y tras 2 semanas, Ernest vino y nos preguntó: “¿Cuándo nos vamos de esta casa?”.

Dibujos efímeros en las costras de sal en el desierto de Atacama (Chile, 2013)

Cuando Ernest tenía 4 años aprendió a dibujar durante el viaje. Dibujaba cosas que veíamos: volcanes, bosques, cóndores… Y un día dibujó una bicicleta. “¿Y eso?” -le pregunté- “es mi bicicleta, lo que no puedo tener, la dibujo y me la imagino”… Nos dan tantas lecciones, hacen propuestas tan maravillosas… Es una gran oportunidad vital viajar con niños.

Y, obviamente, escribiendo un blog y disfrutando de escribir diarios, también me encanta el regreso. Recordar, organizar, recopilar, compartir con los amigos, la familia y los lectores… Lo que sí es cierto, es que cada vez dedico menos tiempo a la preparación… Nuestra vida diaria está demasiado llena de compromisos. Así que, cada vez más, nos dejamos llevar y decidimos en el momento de empezar a viajar. 

Al mal tiempo, buena cara: cosas que no te gustan pero a las que te has llegado a  acostumbrar con el tiempo

Algo que me cuesta mucho es la situación de la mujer en el mundo… Hay tanto por hacer…. Las he visto trabajar hasta la extenuación en los campos, en las calles, en los mercados… Llevando a sus criaturas a la espalda. Se repite esta imagen y no me gusta… Y no me acostumbro.

Descubrir en los viajes que en el mundo hay muchas injusticias sociales, muchas personas que viven por debajo de los límites de la dignidad y que tenemos la obligación de contribuir a tener un mundo mejor, más justo, solidario y respetuoso con las personas y la naturaleza. Constatar que hay mucha gente sufriendo, viviendo situaciones injustas y muy duras que merecen las mismas oportunidades que nosotros es también algo que debemos aprender juntos.  

Juegos en la Escuela Caracol donde hicimos voluntariado (Guatemala, 2019)

Esto también lo han vivido mis hijos y, cada día crecen y son más conscientes. Creo que es importante aún que conozcan diversos países para ver cuánto hay por mejorar aún aquí y allá donde vayamos. Y cuánto tenemos aquí que no apreciamos. 

Resolver los problemas del mundo no está en nuestra mano pero, al menos, podemos contribuir con nuestras acciones y, lo que es más importante, aprender a no quejarnos por los pequeños o grandes disgustos que nos van aconteciendo. 

Si lo sé, no vengo: algo que no volverías a hacer

Creo que cruzar la frontera de México-Guatemala por carretera… Es absurdo porque nada se repite y cada circunstancia puede ser nueva… Puede que la próxima vez, no sea igual, Pero no me arriesgaría a repetir con mis hijos. Sola, quizá.

Más vale tarde que nunca: algo que has aprendido recientemente que te hubiera gustado saber antes, y recomiendas

No es un aprendizaje reciente, pero es el mejor aprendizaje. Tengo claro que hay que perseguir nuestros sueños. El mundo está lleno de gente normal, haciendo cosas que para ellos son normales, y que al resto nos parecen extraordinarias. 

Trabajar para poder hacer reales nuestros sueños y ser conscientes que lo más valioso de nuestra vida es el tiempo. Mis hijos me han enseñado que todo es más fácil en la crianza de lo que esperaba… Pensé que me costaría dejar de darles de mamar tras 15 meses y fue sencillo, pensaba que sería difícil dejar de usar pañal y no lo fue, creía que las noches sin dormir no pasarían nunca… y pasaron… Ahora puedo paralizarme ante la adolescencia pero qué sentido tiene. Sigo teniendo incertidumbre en el futuro respecto a la crianza pero espero que las experiencias anteriores me sirvan para vivirlo con serenidad.

Admirando Antigua y uno de sus volcanes (Guatemala, 2019)

Donde fueras, haz lo que vieras: alguna anécdota de situaciones culturales que te han gustado y has incorporado en tu vida

Nos gustaría incorporar los horarios del mundo a nuestra vida en España. En cualquier país del mundo nos parece que los horarios son más acordes a nuestras necesidades personales y a la conciliación. 

Nos gustaría que los horarios en España respetaran más las horas de descanso. Que los horarios laborales fueran distintos… Desde Guatemala a Singapur, creemos que los horarios del resto de países del mundo es lo que más nos gusta pero cuesta mucho replicar aquí.

Más vale prevenir que curar: se puede viajar con niños pero, ¿es lo mismo? ¿qué tienes tú en cuenta antes de salir de viaje?

Lo más importante que he aprendido es a ser flexible. Cuando tuve a mi bebé las primeras semanas en brazos me di cuenta de que mis planes fijos y perfectos podían ser modificables y debía ser flexible. Que no por correr más iba a disfrutar más y que me dejarme llevar por mi instinto mi iba a ayudar en la maternidad.

Está bien escuchar consejos de los demás pero haz lo que tú sientes íntimamente que es mejor para ti y tus hijos. Lactancia, ropa, comida, sueños, carros, porteo… Estamos tan saturadas de instrucciones que olvidamos escuchar a nuestro instinto maternal. Muchos pensamos que no lo tenemos, pero está ahí. Para poder escucharlo tenemos que sentirnos seguras, respetadas y no juzgadas.

ITALIA Paestum

En Paestum, «viaje de novios con niños» (Italia, 2017)

En un sentido práctico: siempre hay que llevar agua y algo de comida. Un buen libro o un ebook ahora que son grandes y algunos juegos de cartas o similar. Y… las historias y relatos… Pau es un gran contador de cuentos que se inventa. Hemos subido a la cima muchas montañas contando un buen cuento, hemos soportado colas y esperas y hemos llegado al fin del mundo gracias a sus grandes historias.

Lo que no mata, engorda: comida con los peques

Tenemos dos polos opuestos en mis hijos respecto a la comida: uno lo prueba todo y el otro se lo piensa una y mil veces y casi nunca arriesga… En cualquier lugar del mundo me ha salvado el arroz, el pollo y la fruta fresca en los mercados. Creo que no hay recetas infalibles, cada persona es un mundo pero la experiencia de ver y conocer otras realidades culinarias les ha abierto mucho la mente. Sin duda, el picante, es uno de los principales problemas con la comida… Nos ha dado muchas sorpresas! Pero no por eso vamos a dejar de experimentar.

Pizza… rica, rica! (Italia, 2017)

Recursos que te han ayudado en tu camino de mami viajera que quieres recomendar a padres o futuros padres 

En nuestra web tenemos una sección con enlaces a muchos blogs de familias que nos gustan y, que por cierto, tengo que actualizar.

A la vuelta de nuestro viaje por Sudamérica pudimos conocer a la familia de cicloviajeros de El Mundo en Bicicleta y nuestro mundo como familia amantes de viajar se amplió inmensamente. Su testimonio es superlativo. Para nosotros son inalcanzables en su manera de viajar pero nos parecen muy inspiradores.

Además seguimos a muchos referentes que todos conocéis pero nos gusta especialmente Carles Capdevila. Periodista y un referente de la crianza con humor y con mucha ironía sobre tantos momentos cotidianos que a veces nos desbordan. No dejéis de escuchar sus conferencias y leer sus artículos. 

¿Qué mensaje le mandarías a familias que no se atreven a dar el paso a viajar o salir con más frecuencia?

Nunca pensé en ser madre hasta unos meses antes de ponerme con ello. Mi instinto maternal era cero y fui educada en el “sé independiente”. Pero tampoco pensé nunca que no se pudiese viajar con niños cuando los tuve. Si algo vi en mis viajes desde jovencita es que el mundo está lleno de niños y de familias viajando.

Por tanto, mi mensaje sería: primero que no lo duden si lo necesitan y lo desean. El mundo está lleno de gente normal haciendo cosas normales que a otros nos parecen excepcionales. El mundo recibe a los niños con una naturalidad sorprendente y no hay mejor tarjeta de presentación que un niño pequeño porque los peques conectan con nuestra alma sin limitaciones de idiomas, fronteras, colores de piel, situación económica…

Primer viaje con nuestro bebé (Lago di Garda, Italia, 2009)

Y, para aquellos que no sienten la necesidad, plantearles que quizá son víctimas de sus propias costumbres y rutinas. Hay que despertar a nuestro ser interior más natural y llenar nuestro espíritu de esas sensaciones. No hace falta ir muy lejos. Cerca de casa hay muchas opciones. Siempre. Pero es bueno salir de nuestra burbuja, observar nuestra vida desde fuera y analizar qué cosas necesitamos cambiar para vivir más plenamente.

Cuando viajamos por Chile con Ernest y Ferran, en los albergues juveniles “para mochileros” que nos alojábamos, eramos la única familia – o una de las pocas y la única de habla hispana – que estábamos allí. 

Más de una vez mujeres jóvenes veinteañeras o parejas de treintañeros se nos acercaron… Primero se sentaban a nuestro lado. Sonreían a los peques… Charlábamos un poco sobre nuestro viaje y finalmente nos lanzaban la pregunta:¿Es difícil viajar con niños? Tan fácil o tan difícil como vivir con ellos, contestábamos. No depende de los niños, depende de las personas.  

Algunas de esas parejas nos dijeron que “¡estaban haciendo su último viaje porque querían tener un hijo!” pero tras hablar con nosotros parecía que el cielo se había abierto y que nada impedía seguir disfrutando de sus pasiones junto a sus futuros hijos. Es más, tus hijos quieren verte feliz y son felices junto a ti. Además… dicen que los bebés nos eligen, saben la familia que necesitan… 😉

QUERER ES PODER: planes futuros

Estamos viviendo un momento de mucha calma y serenidad – además de bastante dolor por diversas pérdidas que hemos padecido en los últimos meses – y todo esto nos ha llevado a no hacer planes, o a intentar no hacerlos…

Lo cierto es que cuando regresamos a casa en la navidad de 2019 decidimos que queríamos descansar en el 2020 porque aquel año estuvimos viajando 5 meses, tomamos más de 20 vuelos y visitamos 8 países diferentes… Nada nos hacía pensar que la pandemia estaba por llegar y que el parón no sólo sería una opción personal. 

Ahora, ya en el 2021, sí tenemos planes, muy flexibles. Nos gustaría hacer una ruta en bicicleta junto al Danubio. Queremos viajar en el Transiberiano. Tenemos pendiente viajar a Japón por varios meses. Y, además, creemos que estaría bien pasar un año fuera trabajando y estudiando en otro lugar del mundo. Quien sabe… Sólo son sueños. Soñar es el primer paso para hacerlos reales.

Desde Glacier Point, las vistas del valle de Yosemite son increíbles (USA, 2019)

Qué le dirías a los padres que no se atreven a dar el salto a viajar, salir al aire libre, descubrir la naturaleza, y cuidar el medio ambiente.

Que es nuestro entorno natural, donde cargamos la mente y el cuerpo de endorfinas positivas y donde nos sentimos en paz con nosotros mismos. Siempre decimos que los juegos y gritos de los niños en un piso pequeño, en un cuarto o en el corredor de una casa, ponen nervioso a cualquiera. Pero esos mismos juegos en el campo, en la playa, en el parque o en la plaza, nos transmiten vitalidad, salud y alegría. No es el niño, es el entorno en que tiene que estar.

Además, cuando estamos en espacios abiertos nos enfermamos menos porque es menos posible la transmisión de gérmenes y el contacto con la naturaleza refuerza nuestro sistema inmune. Cuando hicimos nuestro viaje a Sudamérica con los peques nuestra familia tenía miedo de que enfermasen y ¡nunca estuvieron malos! Estar en la naturaleza es fuente de salud y por eso repetimos siempre estas experiencias en nuestro día a día o en nuestros viajes.

Aquí acaban nuestras reflexiones en un diálogo con Laura reconfortante e ilusionante. Tras un curso tan condicionado por la pandemia del COVID-19, encontrar el momento para poder hablar – aunque fuera por videoconferencia – con Laura, fue todo un regalo. Laura es una mamá ilusionada con su proyecto de maternidad viajera que quiere conectar a madres apasionadas por vivir, viajar y disfrutar del viaje de la vida.

La vida es una aventura en sí misma 

y merece la pena aprovecharla.

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