ASCENSO AL CERRO BANDERA

ASCENSO AL CERRO BANDERA

Ayer hicimos una pequeña excursión por el río Ukika, en las cercanías de las casas dónde viven los descendientes de los antiguos yaganes. Hoy, como hacía un día tan espectacular, nos hemos planteado subir al Cerro Bandera. El Cerro Bandera se encuentra situado en la Isla Navarino y es visible desde Puerto Williams, el pueblecito en el que nos encontramos. Se eleva 610 m.s.n.m. Aunque no es muy alto, debido a la latitud en la que nos encontramos (54º 57′ Sur), el paisaje es alpino.

Iván y Nury -los dueños del Hostal Miramar– nos han acercado en coche hasta el inicio de la senda a unos 2,5 km del pueblo y hemos quedado que cuatro horas más tarde vendrían a recogernos. Son encantadores y nos han acogido en su casa como si fueramos familia.

La excursión ha sido perfecta. La señalización ideal y el ascenso agotador pero precioso. A través del bosque de lengas hemos disfrutado de la vegetación: árboles diversos, orquídeas, musgos, líquenes y hongos. Y las vistas del canal de Beagle eran maravillosas. Hoy el mar estaba sereno como un espejo, el cielo y las montañas de Argentina completaban la imagen. El Cerro Bandera permite disfrutar de preciosas vistas de Ushuaia y su bahía, también.

Hemos cruzado riachuelos y superado troncos de árboles caídos. Ernest ha hecho el ascenso sin problemas. Ferran, en la mochila, ha dormido una buena parte. Finalmente, a unos 550 m de altitud, hemos llegado al piso alpino, un fuerte viento azotaba el lugar y la vegetación desaparecía. Sin embargo, caminar no era sencillo pues un sinfín de líquenes preciosos cubrían el suelo. Finalmente hemos coronado la cima de tan sólo 590 m donde una enorme bandera recuerda a los vecinos del norte del canal que este territorio es chileno… Desde el Cerro Bandera hemos admirado todo el territorio de Tierra de Fuego y, en familia, hemos sentido la fuerza de la vitalidad y de la energía que nos recorre estando juntos.
La bandera de Chile marca el fin de esta excursión
DESEMBARCO EN PUERTO WILLIAMS

DESEMBARCO EN PUERTO WILLIAMS

Poco a poco vamos haciendo nuestro este lugar. La llegada, la noche que desembarcamos, fue deprimente. Habíamos apalabrado un alojamiento que resultó un asco. En mis anteriores viajes he tenido pocas ocasiones como ésta, recuerdo una casucha en la Ilha do Mel y un cuartucho en la India. Pero esta vez fue mucho peor porque íbamos con nuestros niños y, evidentemente, el plan de estar allí metidos con ellos 12 días era inviable. Ernest, con su inteligencia diáfana y sin tapujos, nos dejó claro que él era totalmente consciente de nuestro desconcierto.  


– Mamá, ¿por qué está todo tan viejo y sucio? Esta casa es un desastre, ¿verdad? Yo creo que mañana nos vamos a tener que ir de aquí…   

Nos acomodados como pudimos. Ellos se durmieron rápidamente, estaban agotados. Nosotros dormimos superficialmente mientras el viento con sus soplidos nos recordaba que debíamos salir de esa “casa” cuanto antes.   


A la mañana siguiente, mientras Pau entretenía a los niños, me fui a buscar un nuevo alojamiento. Lucía un buen sol, eran las ocho de la mañana y soplaba el viento. En la calle no había nadie. Se levantaba la tierra del pavimento sin asfaltar. La visión era deprimente. Casas de chapa con un aspecto decadente, perros en la calle, unos caballos pastando en la plaza… Fui localizando los hostales en mi plano y, a pesar de mis habituales vergüenzas que en ese momento eran superadas por mi instinto maternal, consulté otras opciones para hospedarnos. La mayor parte de las casas estaban abiertas pero no habia nadie en su interior. Los huéspedes aún dormían. El aspecto era mejor pero, en general, seguía siendo poco adecuadas pensando en los niños.   

Continúe mi camino hacia la parte alta del pueblo, la vista era espectacular. Las montañas fueguinas al otro lado del canal eran mi aliciente para seguir buscando, para permanecer aquí el tiempo planeado. En la última calle del pueblo encontré el Hostal Miramar. Casi lo paso por alto, por fuera había bastantes trastos, leña, material de construcción… Bajé las escaleritas, la puerta estaba abierta y observé el interior de la casa. Luminosa, muebles de madera algo desgastados, se veían las montañas a través de los ventanales… Entré.   Un señor preparaba el desayuno en la cocina. El espacio era diáfano, ordenado y limpio. Le comenté que estaba buscando alojamiento para mi familia. Consultó con su mujer y en seguida llegamos a un acuerdo. Aquel era el lugar. Paseé un poco más pero regresé, no quería arriesgarme a perder esa oportunidad. Confirmé la reserva y le pregunté si podía bajar a recogernos.   

Caminaba… Más bien volaba de alegría, sobre todo de tranquilidad. De pronto sentí que tenía hambre, no había desayunado… Hasta ese momento no me había percatado. Regresé junto a Pau y los niños, les informé de todo. Me despedí de la inadecuada casera y pagué las cuentas pendientes mientras ellos salían a la calle con nuestros bártulos.   


Ya hace dos días que estamos alojados aquí. Iván y Nury nos ofrecen una atención familiar y agradable. Ernest y Ferran juegan con su nieta y ya están como en casa. Ernest se siente cómodo aquí. Por el momento nos hemos limitado a recuperar el sueño perdido y a pasear por el pueblo. Hemos hecho la compra y hemos visitado el parque de bomberos. Ya estamos empezando a hacer planes para conocer la isla. Ya hemos brindado por “el gran sur”.  

 – Mamá -me decía hoy esbozando una sonrisa- esta casa si me gusta, no es como la otra que era “apestosa”.


A BORDO DEL FERRY YAGHAN

A BORDO DEL FERRY YAGHAN

Iniciamos la navegación que nos llevará a Puerto Williams desde Punta Arenas al atardecer. Recorremos los canales de la Región Antártica Chilena a bordo del Ferry Yaghan. Aquí os dejamos las notas que hemos ido tomando a lo largo de este recorrido de casi dos días por el extremo sur del continente americano.

22:15 h: La noche es gris. Navegamos hacia el sur en un mar rizado. Se nota que estamos en el estrecho porque el movimiento es estable, aunque de vez en cuando se siente el envite de alguna ola. Hemos recorrido unos 60 km desde que salimos de Punta Arenas hace cuatro horas. A nuestra derecha, a babor, el monte Tarn conserva algunos neveros, se muestra oscuro y coronado por una densa capa de grises nubarrones.

(más…)

NAVEGANDO HACIA EL PARALELO 55ºS

NAVEGANDO HACIA EL PARALELO 55ºS

Esta tarde nos embarcamos en el Ferry Yaghan de camino a Puerto Williams. Navegaremos hacia el sur por el Estrecho de Magallanes, dejaremos el Cabo Froward a babor, el Faro de San Isidro -al cual no pudimos llegar el otro día- y tomaremos el Seno Magdalena bordeando la Isla Dawson hacia el Sur. Ya será de noche cuando salgamos al Pacífico habiendo superado el paralelo 54ºS. Por la mañana entraremos en el Canal Ballenero navegando al sur de la Cordillera Darwin para, finalmente, entrar en el Canal del Beagle. Próximos al paralelo 55ºS pero sin superarlo, llegaremos a la Isla Navarino y atracaremos, tras treinta horas de navegación, en Puerto Williams.


Puerto Williams es un pequeño municipio con unos 2.500 habitantes. Es el pueblo más austral del mundo compitiendo en su posición con la ciudad argentina de Ushuaia que se sitúa al norte enfrente del canal. Mientras Ushuaia es una poderosa ciudad con un desarrollado potencial turístico e industrial, este pueblo está formado por dos calles sin asfaltar.

Pocos turistas llegan hasta aquí por el tiempo necesario en el trayecto pero si que hay algunos fanáticos del trecking que vienen para recorrer estas grandiosas montañas dominadas por las agujas rocosas de los Dientes de Navarino. Estas montañas compiten con Torres del Paine en belleza y espectacularidad pero aquí casi no hay agencias ni facilidades para visitar los senderos. Los chilenos consideran a este territorio parte de su región Antártica y es, desde aquí, de donde parten los científicos y aventureros que se dirigente al continente blanco.

Uno de los atractivos es conocer el poblado Villa Ukika, donde aún residen algunos descendientes de los indios Yaganes.

Cuando empezamos a organizar el viaje, llegar hasta Tierra de Fuego y a este lugar, nos parecía una odisea. Un exceso…quizá, pero la ilusión de Pau por visitar estas tierras nos hizo tomar la decisión. Vamos a pasar aquí casi 15 días haciendo “nada”. Ya os contaremos…

Pin It on Pinterest