UNA ESCUELA PARA MÍ

UNA ESCUELA PARA MÍ

Se termina este curso, nuevamente un curso intenso. Ha sido una nueva oportunidad para el crecimiento personal, para conocer nuevas personas -alumnos, familias y profesores- y un nuevo lugar. Ha habido momentos para la añoranza pero, sobre todo, para cocinar nuevos proyectos. Ha sido un curso de esfuerzos divididos y trabajo muy intenso. Intentar que el ambiente en las aulas de un instituto sea agradable y provechoso no es tarea fácil y, simultanearlo con la “construcción” del Proyecto de Primaria y Crecimiento de la Escuela Waldorf de Alicante, tampoco. Sin embargo,  en mí,  ambos proyectos se nutren conjuntamente y me ayudan a intentar trabajar cada día un poco mejor: más feliz, más relajada y más consciente.
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Y en este trasiego de una escuela a otra, de un entorno al otro, de una realidad a la otra, no puedo evitar imaginarme mi escuela.  Esa escuela a la que me gustaría asistir cada día como maestra o como alumna. Ese lugar para la convivencia y el crecimiento personal, para el desarrollo sereno de mi personalidad. ¿Cómo debería ser esa escuela que yo necesito?

DEBERÍA ESTAR EN UN ENTORNO NATURAL
Si buscase una escuela para mí,  intentaría que estuviese en un entorno natural. Me gustaría que tuviese árboles de mi tierra: carrascas, olivos, algarrobos, almendros, moreras, pinos, palmeras y limoneros. Que tuviese arbustos y plantas aromáticas como el romero, la salvia, la lavanda o el tomillo. Que en ellos hubieran pájaros nidificando y también insectos. Buscaría que tuviese, al menos, un lindo jardín; sin hormigón en el suelo. Que tuviese troncos a los que trepar o una casita en un árbol en la que esconderme a conversar, a inventar historias o a soñar.
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La Madre Tierra estaría muy presente en la escuela: en los ritmos de cada día, en el cambio de las estaciones, en los materiales que usaríamos para aprender. La escuela impregnaría cada actividad de una conciencia ecológica que es imprescindible en nuestra sociedad.

UN PUNTO DE ENCUENTRO

Me gustaría que mi escuela fuese un punto de encuentro en la que niños, padres y maestros se reuniesen periódicamente para comunicarse, para intercambiar ideas, para celebrar fiestas, para llevar adelante proyectos, para decidir cómo querrían que fuese mi escuela. Un lugar en el que compartir ilusiones, narrar y escuchar sueños. Un lugar en el que aprender juntos haciendo talleres en los que trabajar múltiples aspectos que pueden vertebrar al ser humano: escucha activa, comunicación, empatía, manualidades, cocinar, cultivar un huerto… Cualquier actividad puede generar un espacio para el encuentro.
UN ESPACIO TRANQUILO
Una escuela serena, sin timbres ni sirenas. En el que las maestras y maestros hablasen sosegadamente y sólo se escuchasen los gritos de los niños y niñas cuando juegan en el patio. Un lugar en el que a veces sonase un piano, una lira o una flauta. En el que se cantasen bellas canciones y se contasen,  periódicamente,  las mismas historias. Un espacio con rutinas que ayudan a saber qué vendrá después, a hacer previsible la mañana, con un ritmo conocido que me ayudase a escuchar mejor mi interior.
Ideas creativas en internet
QUE DESARROLLASE LA CREATIVIDAD
Un lugar en el que sintiese que mi hemisferio derecho es tan importante como mi hemisferio izquierdo y por ello hubiese tiempo para la sensibilidad, para la feminidad, para la belleza y la creación. Una escuela que creyese que el ser humano tiene inteligencias múltiples y que todas ellas tienen el mismo valor.
Taller de costura y afieltrado de la Escuela Waldorf de Alicante

Como seres humanos necesitamos crear cosas con nuestras manos, diseñar proyectos y llevarlos a cabo. Ese proceso de aprendizaje ha sido llevado a cabo por nuestra especie desde hace milenios y no podemos abandonarlo porque nos ayuda a afianzar un gran número de habilidades físicas y mentales. En esta escuela habría tiempo para la creación y el trabajo manual: para jugar, pintar, esculpir, tejer, modelar… Para escuchar leyendas y cuentos de hadas, para cantar y bailar, para el teatro y las marionetas, también para hacer pan.

QUE NECESITASE DE LA COOPERACIÓN
Sería probablemente una escuela imperfecta que necesitaría de la cooperación de toda la comunidad. Maestros, padres y alumnos tendrían que aportar su inteligencia y su fuerza para que pudiese mejorar. Gestionar una escuela no es nada fácil y menos aún si se intenta que sea de manera asamblearia pero ahí está la clave para valorar los éxitos y aprender de los fracasos. Una escuela con pocos recursos económicos necesitaría de muchos recursos humanos, de personas optimistas e incluso utópicas. Pero ya lo decía Galeano: es la utopía la que nos hace avanzar. En esta escuela todos nos sentiríamos necesarios y nuestras aportaciones se valorarían pues gracias a ellas sería cada día una mejor escuela.

Solsticio de verano en Alicante
EMPAPADA DE ESPIRITUALIDAD
Una escuela que valorase al ser humano a nivel espiritual. Más allá de credos y religiones, existe el sentido de la espiritualidad. Ese saber que somos únicos y que la vida es una gran oportunidad. En nuestra vida estamos unidos con el pasado y nos proyectamos hacia el futuro con un hilo invisible que no sabemos demasiado bien dónde está. Amar la naturaleza, respetar el valor de cada vida por ser única e irrepetible, cada ser tendría un valor especial. Desarrollaría en cada uno nuestra conciencia y agradecimiento por ser hijos de la naturaleza.

UNA BUENA ALIMENTACIÓN

Una escuela que nos enseñase que “somos lo que comemos” y por ello ofreciese una dieta saludable libre de azúcares simples y alimentos procesados. Sería una dieta adecuada para el desarrollo del niño con un equilibrio adecuado de todos los nutrientes esenciales. Porque cuando comemos, no sólo nos alimentamos, nos nutrimos.
Ya lo decía H.D.Thoreau: “Todo hombre construye un templo, su propio cuerpo, para el Dios al que adora, con un estilo propio, y no puede dejar de hacerlo para martillear el mármol. Somos escultores y pintores y nuestra materia es nuestra carne y sangre y huesos. La nobleza empieza en seguida a refinar los rasgos del hombre; la mezquindad o la sensualidad los embrutece”.

QUE CULTIVASE LA SABIDURÍA
Y, por último, una escuela que estimulara mi curiosidad y mi deseo de aprender, haciendo del conocimiento no un mero instrumento ni un ornamento o una distinción de la que envanecerse, sino una sabiduría humilde con la que afrontar la vida de forma sencilla, ecuánime y juiciosa, en paz y armonía con el mundo, apreciando el valor de la humanidad, sintiendo el calor de las emociones, cultivando el sentido del asombro, degustando el placer del trabajo hecho a conciencia y con un sentido profundo de la trascendencia. Una sabduría que me permitiese vivir desde la inmensidad de la vida, ahondando en sus misterios y disfrutando, a cada instante, de todo su encanto.
UN FAROL EN LA OSCURIDAD (FANAL EN LA FOSCOR)

UN FAROL EN LA OSCURIDAD (FANAL EN LA FOSCOR)

El otro día contemplábamos por primera vez, con nuestro telescopio, las cuatro lunas de Júpiter. Fue Galileo quien descubrió, hace unos cuatrocientos años, este espectacular sistema de lunas y se suele considerar este evento, históricamente hablando, como un hito importantísimo de la revolución científica que acabaría desplazándonos del centro del universo. La luna es como un farol que nos ilumina, como nos iluminan las velas en la fiesta del farol.

Por desgracia, demasiado a menudo da la impresión que desde entonces estamos cada día más descentrados y que en lugar de comprender mejor quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el universo nos sentimos cada vez más perdidos y desorientados. A cada uno de nosotros nos corresponde volver a interpretar el universo entero desde nosotros mismos para establecer, así, nuestro propio sistema planetario. Pero la mayoría de nosotros quedamos perdidos en medio del universo, como un cometa que vaga sin saber donde o como un simple asteroide atrapado entre las innumerables y indiscernibles rocas que conforman aquella sociedad rocosa llamada cinturón de asteroides.

waldorf farol alicante

Según se cuenta, en una ocasión, Diógenes el cínico apareció en la ciudad de noche, con un farol, diciendo: “Busco un hombre honesto”. La frase era una denuncia dirigida a sus vecinos, al considerarlos a todos deshonestos -deshonestos consigo mismos, sobre todo-, pero quizás también era una confesión. Es bien difícil reconocer cómo se está perdido en la vida.

Por eso nos gusta tanto la fiesta del farol que se celebra en las escuelas Waldorf en esta época del año. Durante un par de semanas los niños y niñas fabrican parsimoniosamente, con sus propias manos, un farol de papel, al tiempo que el día va haciéndose paulatinamente más corto y la oscuridad invernal va invadiendo nuestras vidas. Quien no se siente abrumado, en ocasiones, por la intensa oscuridad que nos rodea?

Todo parece indicar que nuestras criaturas también viven -quizás más intensamente y todo- esta angustia existencial, esta soledad profunda del ser humano. Aunque sea de una forma totalmente inconsciente -pero no por ello menos intensa-, los niños tienden a sufrir -sobre todo en nuestra sociedad actual- un sentimiento profundo de abandono.

waldorf farol alicante 3

Sin nosotros, los niños y niñas son incapaces de orientarse emocionalmente a la vida. De ahí la importancia de ayudar a nuestros hijos e hijas a buscarse a sí mismos y a encontrarse. ¿Cómo encenderán y mantendrán encendido el farolillo que debe deslumbrarse los interiormente? ¿Quién debe guiarlos a sus primeros pasos en medio las tinieblas de la vida?

Por eso es tan importante cantar juntos: “Yo con mi farol y mi farol viene conmigo, arriba brillan las estrellas y aquí abajo brillamos nosotros.” O también: “Yo llevo, yo llevo, por la oscuridad, una luz que el Sol me dio”. Canciones sencillas, pero llenas de significado, para todos los que sabemos cuán tenue y oscilante es la llama interior de nuestras emociones, de la que depende nuestro camino en la vida y nuestra felicidad.

Faroles hechos por los niños para la fiesta

Por lo tanto, cantamos … cantamos y vamos en procesión, como los astros, siguiendo nuestras órbitas. Porque a pesar de su apariencia caótica, la vida, como el universo, constituye un verdadero cosmos, una realidad ordenada y profundamente armónica. Es tarea nuestra, en cualquier caso, encender la luz que nos debe ayudar a descubrir el orden que rige el universo – la luz de la inteligencia, como en el caso de Galileo -, así como el farol que nos ha guiar en medio del marasmo emocional que hunde nuestro mundo en las tinieblas -como reclamaba Diógenes. Y una vez encendido, mantener nuestro farol encendido en medio de la oscuridad, para que la luz no se apague. Incluso más allá de la fiesta del farol.

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L’altre dia contemplàvem per primera vegada, amb el nostre telescopi, les quatre llunes de Júpiter. Fou Galileu qui descobrí, fa uns quatre cents anys, aquest espectacular sistema de llunes i se sol considerar aquest esdeveniment, històricament parlant, com una fita importantíssima de la revolució científica que acabaria desplaçant-nos del centre de l’univers.

Observació de Júpiter i les seues llunes amb un telescopi

 

Per desgràcia, massa a sovint fa la impressió que d’aleshores ençà estem cada dia més descentrats i que en compte de comprendre millor qui som i quin és el nostre lloc a l’univers ens sentim cada vegada més perduts i desorientats. A cadascun de nosaltres ens correspon tornar a interpretar l’univers sencer des de nosaltres mateixos per a establir, així, el nostre propi sistema planetari. Però la majoria de nosaltres quedem perduts enmig de l’univers, com un cometa que vaga sense saber on va o com un simple asteroide atrapat entre les innombrables i indiscernibles roques que conformen aquella societat rocosa anomenada cinturó d’asteroides.

Anotacions de Galileu indicant les posicions de les llunes


Segons es conta, en una ocasió, Diògenes el cínic va aparéixer a la ciutat de nit, amb un farol, dient: “Busque un home honest”. La frase era una denúncia dirigida als seus veïns, en considerar-los a tots deshonestos -deshonestos amb si mateixos, sobretot-, però potser també era una confessió. És ben difícil reconéixer com s’està de perdut a la vida.

Per això m’agrada tant la festa del farol que se celebra a les escoles Waldorf en aquesta època de l’any. Durant un parell de setmanes els xiquets i xiquetes fabriquen parsimoniosament, amb les seues pròpies mans, un farol de paper, al mateix temps que el dia va fent-se paulatinament més curt i la foscor hivernal va envaint les nostres vides. Qui no se sent aclaparat, en ocasions, per la intensa foscor que ens envolta?

Tot pareix indicar que les nostres criatures també viuen -potser més intensament i tot- aquesta angoixa existencial, aquesta soledat profunda de l’ésser humà. Encara que siga d’una forma totalment inconscient -però no per això menys punyent-, els infants tendeixen a patir -sobretot a la nostra societat actual- un sentiment profund d’abandonament.  

Sense nosaltres, els xiquets i xiquetes són incapaços d’orientar-se emocionalment a la vida. D’ací la importància d’ajudar els nostres fills i filles a buscar-se a si mateixos i a trobar-se. Com encendran i mantindran encés el farolet que ha d’enlluernar-los interiorment? Qui ha de guiar-los als seus primers passos enmig les tenebres de la vida?

Per això és tan important cantar junts: “Jo vaig amb el meu farol i el meu farol ve amb mi, amunt brillen les estrelles i ací baix nosaltres brillem.” O també: “Jo porte, jo porte, per l’obscuritat, una llum que em donà el Sol.” Cançons senzilles, però plenes de significat, per a tots els qui sabem com n’és, de tènue i oscil·lant, la flama interior de les nostres emocions, de la qual depèn el nostre camí a la vida i la nostra felicitat.

Per tant, cantem… cantem i anem en processó, com els astres, resseguint les nostres òrbites. Perquè malgrat la seua aparença caòtica, la vida, com l’univers, constitueix un verdader cosmos, una realitat ordenada i profundament harmònica. És tasca nostra, en qualsevol cas, encendre el llum que ens ha d’ajudar a descobrir l’ordre que regeix l’univers -el llum de la intel·ligència, com al cas de Galileu-, així com el farol que ens ha de guiar enmig del marasme emocional que enfonsa el nostre món en les tenebres -com reclamava Diògenes. I una vegada encés, mantindre el nostre farol encés enmig de la foscor, per tal que el llum no s’apague.

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