Hasta aquí también han llegado los sones del Carnaval. Es una fiesta sencilla en la que no participa mucha gente pero que sirve para descubrir, entre otras cosas, a la gente que vive en Ushuaia, sus orígenes, de dónde deben venir… Es toda una experiencia ver cómo los seres humanos adaptamos las fiestas que vienen de fuera a nuestra propia cultura, a los matices que aporta nuestra propia vida y nuestras tradiciones.

Viendo bailar a la gente se observa cuan reciente ha sido la emigración, cuan diversas son las fisonomías de las personas: fueguinos, patagones, andinos, europeos… Además se evidencia que la situación económica de la mayor parte de los residentes en Ushuaia es bastante humilde, los trajes manufacturados con cosas sencillas, la poca inversión en el montaje… Eso sí, no les falta la energía y las ganas de bailar que podemos encontrar en cualquier amante del Carnaval.

En esta ciudad viven de estar “en el fin del mundo” (por eso en Puerto Williams dicen que están “más allá”), pero también, por todas partes hay carteles que intentan darle la vuelta a esta idea: ¿el fin del mundo? ¿el comienzo de todo? Es algo para reflexionar…



Cuando en la vida nos sentimos hundidos, destrozados, agotados, abandonados… nos parece “el fin del mundo” pero, pensémoslo bien, quizá sea “el comienzo de todo”… El momento para volver a empezar, con nuestro equipaje en la espalda, claro está, pero levantándonos e iniciando una nueva etapa, buscando la ilusión y la confianza que necesitamos para seguir caminando.


Hoy dejamos Ushuaia, esta ciudad que ha supuesto una etapa en nuestro viaje, ni el principio ni el fin, una etapa más – justamente ahora que hace un mes que salimos de casa. Un lugar que nos ha sorprendido, enclavado en un lugar majestuoso en el cual, las personas, aún deben trabajar mucho para mejorar sus existencia respetando a la naturaleza. Ójala sean capaces de escuchar los ecos de los Onas y los Yaganes, que aún están por todas partes, para cuidar este lugar que tomaron de ellos…

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