Cómo sería el mundo si además de relacionarnos mediante transacciones económicas intercambiasemos otro tipo de bienes? Las personas necesitamos intercambiar cosas los unos con los otros para sentirnos humanos: intercambiamos miradas, intercambiamos abrazos, intercambiamos opiniones, deseos y sentimientos… En la medida de cuan estrechas son nuestras relaciones variará el tipo de intercambio y la intensidad del mismo. En general,  es entre familiares y amigos con los que tenemos una mayor confianza y una mayor generosidad -no puedo evitar pensar en el tiempo que los abuelos dedican a cuidar de  sus nietos o la atención que muchos hijos dan a sus padres cuando se convierten en ancianos dependientes-,  sin embargo, entre desconocidos es bastante ocasional cualquier tipo de intercambio en el que no medie el dinero como moneda de cambio. Para adquirir bienes o cederlos habitualmente utilizamos el dinero como moneda de cambio.
Hay más caminos de los que imaginamos…

En la antigüedad,  eso no era así,  sobre todo en el mundo rural. En el campo, muchas veces se necesitaba la ayuda de otras personas para realizar una tarea pero las personas no disponían del dinero para pagar a la gente que les ayudaba. Para construir la casa donde viviría una pareja para formar su propia familia, para abrir un camino en medio de un bosque, para reconstruir el vallado de un terreno destinado a un rebaño…. Los vecinos, amigos y familia colaboraban sabedores de que en un futuro no muy lejano surgirían ocasiones para “cobrarse la faena”. Este sistema de intercambio hace mucho que desapareció en nuestra sociedad aunque en algunos lugares como  en la isla de Chiloé (Chile) estuvo presente hasta hace pocas décadas,  sin embargo, cuando el dinero llegó todo cambió definitivamente.

Río Aragón en primavera (Villafranca, Navarra 2015)
Siempre hay caminos aunque parezca que todo está lleno de obstáculos
Es una satisfacción comprobar que existen muchas experiencias en el mundo que mantienen o recuperan esta costumbre ancestral. En la escuela a la que llevamos a nuestros hijos la colaboración de las familias se hace imprescindible: no sólo para reducir los costes de la matrícula,  también para profundizar y fortalecer la comunidad que todos formamos. El tiempo que destinamos a limpiar las aulas, a arreglar desperfectos, a cuidar del jardín,  a la gestión de la escuela, a la divulgación del sistema pedagógico que en ella se desarrolla, a la participación en los talleres y otras muchas actividades nos ayuda a conocernos mejor y a que el aprendizaje de niños y adultos trascienda al tiempo que ellos están en las aulas. Pero, además,  no lo dudéis,  reduce los gastos que de no ser así serían mucho más elevados y haría que para muchas familias fuese inviable llevar a sus hijos a la escuela. De todos modos, lo más importante es la experiencia que se lleva el que se implica, como siempre es una recompensa inmaterial que te llena de satisfacción.
El Cerco de Artajona (Navarra, 2015)
Quizá fuese por esa experiencia que nos animamos a experimentar en otras actividades comunitarias. Es así que nos unimos al proyecto de la cooperativa Som Energia, y abrimos un perfil en la web de Home for home y, posteriormente, con IntercambioCasas (que es la que utilizamos habitualmente). Así, en estas vacacionesde Semana Santa, hemos empezado a disfrutar de una agradable experiencia que me reconforta íntimamente: viajar hospedándonos en casa de alguien que te deja su casa para pasar unos días. Yo tengo algo que tu puedes necesitar y yo no lo estoy utilizando: tómalo. Sólo te pido que los uses con cariño y con  respeto. Tu tienes algo que no estás utilizando y yo lo necesito: déjamelo. Hagamos pues un intercambio, simultáneo o no.
Tiempo para la familia en el bosque de Irati en primavera (Navarra, 2015)
Cuando abrí mi cuenta en la pagina web de trueque de casas entre particulares no puedo negar que tenía algunas reticencias pues se trataba de prestar nuestra propia casa, no una segunda residencia que a priori podría resultar más fácil. La primera vez que alguien “llamó a mi puerta” tuve cierto pudor a dar el paso… Sin embargo, cuando aquella donostiarra me telefoneó en seguida supe que resultaría un nuevo aprendizaje. Así fue que les dejamos nuestra casa para pasar unos dias el pasado verano y que ellos disfrutaron de nuestra tierra gracias a la confortabilidad de nuestro hogar, a nuestras recomendaciones y a disponer de la playa y de otros lugares cercanos en los que bañarse,  pescar y descansar.
Aprender historia en familia (Olite, Navarra 2015)
Ahora nos “hemos cobrado el favor” y hemos descubierto una parte de Navarra desde su casa en un pueblo de la ribera del Ebro situado junto a uno de sus afluentes, el precioso río Aragón. Desde allí descubrimos una parte de la compleja historia del Reino de Navarra a través de sus castillos y monasterios, paseamos por agradables ciudades como Pamplona y Tudela o paseamos entre campos de cultivos, el desierto de las Bardenas o los increíbles paisajes pirenaicos. Regresamos a casa agotados y satisfechos tras un nuevo viaje, pero esta vez además volvemos reconfortados y agradecidos a una familia que nos ha prestado su casa demostrando que la generosidad es la mejor moneda de cambio. Una semana en familia en la que hemos desconectado y hemos esbozado en muchos momentos nuestras mejores sonrisas.
Las Bardenas, felicidad en el desierto (Navarra, 2015)
Lugares visitados:
Día 1: traslado desde Alicante (unas 6 horas)
Día 2: río Aragón, Marcilla y zona norte de las Bardenas Reales
Día 3: Foz de Lumbier, castillo de Javier y Olite
Día 4: Pamplona y traslado al valle de Irati (noche en Aribe)
Día 5: bosque de Irati y regreso pasando por el Cerco de Artajona
Día 6: zona central de las Bardenas Reales y Tudela
Día 7: regreso a casa parando en Fuendetodos, Zaragoza (8 horas)
Presupuesto del viaje de 7 días a Navarra (2 adultos y dos niños):
1. Gasolina: 120 €
2. Alojamiento (habitación triple con desayuno): 85 € en el Hostal Aribe (1 noche en el Valle de Irati)
3. Restaurantes (5 comidas): 185 €
4. Compra de comida: 50 € (trajimos algunas cosas más desde nuestra casa)
5. Entradas a museos y castillos: 25 €
Total: 465 €
Pamplona y sus historia de miedo… (Navarra, 2015)

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