Hoy nos hemos acercado a las montañas que rodean Ushuaia. Si hay algo destacable en esta ciudad es, sin duda, su emplazamiento. Situada al nivel del mar y en menos de 5 km, la cordillera ofrece espacios alucinantes, glaciares, pistas de esquí, bosques de lengas, lagos color turquesa… 

Esta noche ha llovido pero el día ha amanecido con un sol y un cielo increíbles. Hemos pedido un poco de información porque en la guía no quedaba muy claro cómo se hace el acceso al glaciar Martial y hemos llamado a un taxi para llegar a la base del telesilla. Una vez allí Ernest se ha negado a subir en esas “sillas voladoras”. No ha habido manera de convecerle así que nos hemos decidido por subir a pie. 


El camino era cómodo y ha resultado más corto de lo esperado pero, nuevamente, por un error en la información que nos habían dado, no llevábamos la mochila para Ferran. Aunque ha caminado un buen trecho al final Pau ha debido llevarlo a caballito. 

Hemos almorzado junto a la caseta del telesilla justo cuando ha empezado a nevar y a hacer un viento increíble. A pesar de eso, hemos seguido subiendo para alcanzar las primeras nieves. De nuevo ha salido el sol pero el viento era tremendo. Ya de regreso Ferran se ha dormido y Pau ha accedido a bajar con el telesilla mientras yo regresaba a pie porque Ernest seguía negándose a experimentar este nuevo medio de transporte… 

A pesar de los pequeños contratiempos, la escapada ha resultado estupenda. Las montañas siempre ofrecen buenas recompensas… Ya en el hostel, mientras os escribo, alucino viendo jugar a Ferran con una niña holandesa de 4 años a la que explica cómo hacer su puzzle. Y cada uno hablando en su idioma!

Pin It on Pinterest

Share This