Tras la erupción del volcán Calbuco el pasado 22 de abril he estado pensando en los volcanes que he visitado en mi vida viajera. Haciendo este repaso me he dado cuenta de que los volcanes han sido una de las excusas para visitar muchos lugares. Nunca me había parado a pensarlo pero realmente he pisoteado unos cuantos y he de reconocer que siento una cierta atracción por ellos. El volcán más grande del Sistema Solar está en Marte y se llama Monte Olimpo en recuerdo al Olimpo de nuestros dioses griegos. Es un volcán inalcanzable, por supuesto, que sólo podemos observar gracias a bellas fotografías de nuestros telescopios espaciales. Es tan grande que solo al compararlo con nuestras grandes montañas podemos imaginar cómo debe ser de enorme.

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Los volcanes generan magnetismo en los seres humanos. Nos cautivan con su simetría y belleza majestuosas. Cubiertos de nieve o de cenizas dejan ver su forma cónica a través de las nubes que muchas veces se arremolinan en sus laderas. Guardo un recuerdo especial de los últimos volcanes que vimos en nuestro viaje De Tierra del Fuego a las Galápagos. Quizá por ser todos ellos volcanes “jóvenes” y activos, quizá por los lindos recuerdos que conservo en mi mente.
Pero hay algunos otros que me vienen a la mente. Aquí os dejo “mis recuerdos más cenizos”.
1. EL TEIDE EN LA ISLA DE TENERIFE (ESPAÑA)
Fue el primer volcán que visité y lo recuerdo nítidamente. Se alza 7.500 metros desde las profundidades del océano Atlántico y emerge sobre el nivel del mar con  sus 3.718 m. Con esta embergadura desde el lecho marino es el tercer volcán  más grande del mundo y la isla de Tenerife también está entre las de mayor elevación del planeta. En el diario de su vuelta al mundo Charles Darwin explica su llegada a Tenerife: El 6 de enero llegamos a Tenerife, pero se nos prohibió desembarcar, por temor de que lleváramos el cólera; a la mañana siguiente vimos salir el Sol tras el escarpado perfil de la isla de Gran Canaria e iluminar súbitamente el pico de Tenerife, en tanto las regiones más bajas aparecían veladas en nubes aborregadas.

Fotografiando los pinos canarios entre las coladas de lava (en otra “era” de mi vida)

Aunque su intención era ascender el volcán y estudiar su flora y su fauna, no le fue posible. Hoy en día, como ya sabeis, este volcán forma parte de los Parques Nacionales de la Islas Canarias. El visitante descubre en su ascensión unos maravillosos contrastes en la vegetación a consecuencia de las variaciones climáticas provocadas por los vientos marinos que generan un espeso mar de nubes.

2. EL VESUBIO EN LA BAHÍA DE NÁPOLES (ITALIA)
La visión del Golfo de Napoli es magnífica cuando anochece. Mientras la ciudad enciende poco a poco sus luces el Vesubio es iluminado todavía por los últimos rayos del Sol que se esconde al oeste tras el mar. Al sur Sorrento y al norte, Pozzuoli, un buen lugar para conocer más cosas sobre el vulcanismo de la región.

Sulfataras de Pozzuoli

La población se apretuja en esta enorme bahía y es inevitable pensar qué ocurrirá el día que el gran volcán decida despertar. No habrá salida posible. La vida se detendrá, como ocurrió en Pompeya y Herculano. Visitar las ruínas de aquellas bellas villas romanas ayuda a reflexionar sobre nuestra manera de vivir y nuestra inconsciencia. El carácter de los napolitanos está marcado por la presencia de ese coloso: carpe diem!

Cráter del Vesubio (imagen tomada de internet)
Subir al Vesubio es una ascensión cómoda que hace posible asomarse al cráter de un volcán. Desde el aparcamiento son apenas 30 minutos de paseo por la empinada ladera. El olor a azufre y las fumarolas emergen por cada grieta irritando las fosas nasales del curioso. Pero lo mejor está allá abajo. Las vistas del golfo y Capri allá a lo lejos, entre las aguas, te anima a visitarla en una próxima jornada. Tras el ascenso hay que regresar a Nápoles y recuperar fuerzas tomando una auténtica pizza. Aunque ya se cocinaba desde mucho antes, fue allí donde se bautizó la Pizza Margherita en honor a la Reina Margarita de Saboya. Si os habéis fijado esa variedad de pizza incluye los tres colores de la bandera italiana: tomate, mozzarella y albahaca.
3. EL PUY DE DOME EN CLERMONT FERRAND (FRANCIA)
Nunca había imaginado que Francia era tierra de volcanes. Pero sí,  lo es. Volcanes extintos, pero volcanes al fin. Cerca del Macizo Central, en la región de Auvernia, se alzan varios volcanes fácilmente distinguibles y que llaman la atención a cualquiera que se traslade por carretera cerca de Clermont Ferrand. El Puy de Dome con sus 1.464 metros impresiona por los colores verdes que tiñen sus laderas con un cromatismo relajante y bello. Ascender a su cima es posible siguiendo un camino que permanece desde que los romanos trazasen la calzada original. Además existe un tren cremallera llamado Panoramique des Domes que cómodamente te traslada hasta la cúspide del cono.
puy de dome vacances auvergne 10110
www.locatour.com

Pero lo mejor si viajas con niños o con ganas de aprender un poco de geología,  es que allí existe el único parque de atracciones dedicado a los volcanes: Vulcania. Es este un objetivo pendiente para nosotros… Aún no hemos visitado este lugar pero os aseguro que ya estamos proyectando una escapada a Francia que contará con una parada en Vulcania ya que Ernest y Ferran siente una gran atracción por todo lo que tiene que ver con estas chimeneas naturales, emisoras de gases y magma del interior de nuestro planeta.

www.vulcania.com
4. MONT RAINIER EN EL ESTADO DE WASHINGTON (USA)
Me dijeron que era un volcán y me lo creí pero nunca logré ver su cúspide claramente. A pesar de ser agosto, en el Estado de Washington, en la costa oeste de Estados Unidos, las noches eran frescas, acampábamos bien abrigados y la nieve cubría la parte alta de este impresionante volcán.  Realmente no era nieve, eran sus glaciares de hielo grisáceo y azulado acumulado por decenios. Allí vi por primera vez un glaciar alpino entre las nubes que cubrían la cumbre. Con sus 4.392 m.s.n.m. es una de las montaña con la pendiente más pronunciada del país. Se le considera uno de los volcanes más peligrosos del mundo por la enorme cantidad de hielo que acumula en sus 26 glaciares. Vecino del devastador Monte Santa Helena, en la región todos temen que algún día despierte y provoque una catástrofe similar a la que este generó en el año 1980. Sin embargo, el Mont Rainier sería mucho más destructivo debido a que sus alrededores están bastante más poblados.

Paseando con amigos por las laderas del Mont Rainier

Los Parques Nacionales de Estados Unidos son un referente para cualquier amante de la naturaleza y para cualquier gestor. Al menos, desde mi punto de vista, ofrecen muy buenos servicios, información muy detallada de las rutas, de las precauciones y limitaciones que tiene el visitante. El acceso no es gratuíto pero es que bien vale la pena hacer valorar de alguna manera el coste que supone la protección y gestión de estos parajes. Desde Seattle -a menos de 100 km- el acceso al Mount Rainier National Park es cómodo y agradable, una vez allí las alternativas son diversas para el excursionista.

Los glaciares fluyen desde la cima invisible

5. EL MONTE ETNA EN SICILIA (ITALIA)

En el año 2007 visité Sicilia. Por su puesto que no falto el ascenso a una parte del Volcán Etna que con sus 3.322 m de altitud es el volcán activo más alto de Eurasia. Llamado Gibellu por los sicilianos permanentemente condiciona la vida de los residentes de las poblaciones cercanas. Sobre todo a la gran ciudad de Catania que ha sido destruida en múltiples ocasiones por la furia imparable de este coloso. Pero sus habitantes resisten y desafían a la gran montaña cada día.

Monte Etna desde Catania (Sicilia, 2007)

La carretera que sube desde Nicolosi hasta Rifugio Sapienza es espectacular. Atraviesa las grandes coladas de lava de las erupciones de 2001 y 2002. Te encuentras en un paisaje lunar, abrupto, de piedras retorcidas donde líquenes y musgos señalan las coladas más antiguas. Algunos pinares dispersos, casas abandonadas y destrozadas por la erupción. Cráteres diseminados aquí y allá. Las vistas son espectaculares y poder esquiar viendo el mar a tus pies, una experiencia única.

Cráteres auxiliares del Monte Etna (Sicilia, 2007)

6. LA CALDERA DE TABURIENTE EN LA PALMA (ESPAÑA)

Allí podemos decir que Ernest echó a andar. Ya caminaba hacia casi 6 meses pero allí se lanzó a descubrir el mundo. Quería seguir aquellas sendas entre esa maravillosa vegetación canaria. Pisando fuerte ese suelo ennegrecido y marrón. Fue fantástico descubrir aquella isla y dejarnos llevar por la brisa del océano, la humedad del aire, los colores de la vegetación y los sonidos del habla de sus habitantes. Nos dejamos llevar por la enorme caldera de ese volcán que hoy reposa. Ferran nos acompañaba en aquella aventura creciendo en mi seno y, aunque dificultaba mis caminatas, no nos impidió recorrer la isla y disfrutar de su bello paisaje agreste. Un destino ideal para visitar en cualquier momento del año.

En la cornisa de la Caldera de Taburiente (La Palma, 2010)

7. EL VOLCÁN OSORNO Y SUS HERMANOS (CHILE)

Sin duda el paisaje volcánico más hermoso que hemos pisado hasta el momento. Los andes desbordan de belleza. Bosques, ríos,  cataratas, lagos, volcanes, desiertos, salares y una vegetación y una fauna que te cautivan. Sin embargo, tienen su cara amarga: la incesante actividad volcánica de esta cordillera pone en jaque a sus habitantes y a prueba la capacidad de supervivencia de todos los seres vivos que allí habitan. Sin ir más lejos, esa playa del lago Llanquihue en Ensenada, cerca de Puerto Varas, está hoy cubierta por más de mediometro de las cenizas que hace unos días lanzó el volcán Calbuco. El de la foto es su vecino, el Osorno (2.852 m). El Calbuco nos vigilaba tranquilo aquella tarde a nuestras espaldas.
Ferrán jugando en el lago Llanquiue, junto al volcán Osorno en Ensenada (Chile, 2013)

Un poco más al norte, cerca de la turística ciudad de Pucón, está el siempre activo volcán Villarrica (2.847 m) que lanza humo y cenizas casi permanentemente. Desde cualquier punto es visible y es posible ascender una gran parte de  su cono acompañado por guías expertos. Nosotros lo disfrutamos más alejados, desde el Parque Nacional Huerqueue cuando nos fuimos a retirarnos a una cabaña junto al lago Tinquilco. Fueron días inolvidables.

El lago Tinquilco y el volcán Villarrica

Los volcanes amenazan y sobrecogen con su presencia pero también ofrecen recompensas que muchas veces son grandes lujos para alguien que viaja sencillamente con sus hijos y un par de mochilas. Las Termas Geométricas supusieron un regalo único. En aquel barranco exhuberante, entre enormes helechos y talcas, los manantiales de aguas muy calientes se habían aprovechado para crear un entorno mágico, como de hadas y elfos. Era necesario mezclar las aguas calientes (80 C) con las frías aguas del arroyo y así crear piscinas de diversas temperaturas para que el bañista pudiese elegir su temperatura ideal… Cómo disfrutamos! Qué bien lo pasamos!

Termas Geométricas: un regalo junto a los volcanes

8. EL VOLCÁN LICANCABUR EN EL DESIERTO DE ATACAMA (CHILE)

Y para finalizar, el volcán más grande junto al que hemos estado: el Licancabur. Con sus 5.920 m.s.n.m. es el rey del desierto de Atacama, la montaña del país o del pueblo. Situado en la frontera entre Bolivia y Chile, su perfil sobre el horizonte atrae nuestra mirada permanentemente. Es posible ascender hasta su cima en una caminata agotadora de 12 horas donde la falta de oxígeno pone en riesgo de apunarse a cualquiera que lo intente.

Vista del volcán desde la carretera a los Géiseres del Tatio

Al atardecer, su hechizo aumenta y si además te bañas relajado en alguna de las lagunas del salar te sientos flotando en el paraíso ya que la densidad de las aguas es tan elevada que puedes relajarte en ellas sin miedo a hundirte.

Atardecer en las lagunas del Salar de Atacama (Chile, 2013)

9. EL VOLCÁN SIERRA NEGRA EN LAS ISLAS GALÁPAGOS (ECUADOR)
Es tan grande este volcán que, mientras paseábamos junto a su cráter, casi no podíamos imaginar que lo fuera. El volcán Sierra Negra se encuentra en la isla Isabela. Mide más de diez kilómetros de diámetro y sólo es superado por el magnífico volcán tanzanés Ngorongoro. Lo destacable de éste es que está activo: la última gran erupción fue en 2005 y liberó una gran cantidad de lava que cubrió la mitad de la caldera con una capa de seis metros de espesor.

Acceso a la senda con la información del Parque Nacional (Ecuador, 2013)

La temperatura es elevada y los vientos húmedos que llegan del Pacífico generan unas condiciones climáticas que permiten una vegetación exhuberante: helechos, líquenes y muchos arbustos como la guayaba, crecen sin parar. Caminar era algo sofocante por la alta humedad. Fue un día especial que recuerdo nítidamente porque además, celebrábamos el cumpleaños de Pau. Fue un gran regalo para todos!

Hay tantos volcanes y la mayoría son inalcanzables… ¿Cuáles son los volcanes que me gustaría visitar? El mundo está plagado de ellos y están muy lejos de casa pero quizá algún día podamos viajar hasta allí. Estos son los tres que yo elegiría ¿cuál elegirías tú?:

1. EL VOLCÁN KILAUEA EN HAWAII (USA)
http://es.layoutsparks.com
2. EL MONTE FUJI EN LA ISLA DE HONSHU (JAPÓN)
También llamado Fujiyama o volcán de la diosa floreciente está situado
http://www.japan-guide.com
3. EL KILIMANJARO (TANZANIA)
Es la montaña más alta de África (su cima es el pico Uhuru y supera los 5.891 m.s.n.m.) y está formada en realidad por tres volcanes inactivos: el Shira, el Mawenzi y el Kibo.
gorilas
www.taringa.net

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