En cualquier viaje que realicemos siempre se nos ofrece la posibilidad de visitar algunos lugares emblemáticos. Estos lugares mundialmente conocidos suelen merecer siempre el reconocimiento que los ha hecho célebres. Sin embargo, también pueden estar sometidos a una presión turística que reduce su encanto y que dificulta poder disfrutar de ellos. Las cataratas del Niágara es uno de estos lugares, sin duda. Cualquier viaje organizado a la costa este de Estados Unidos incluye una visita hasta el lugar en el que los grandes lagos Ontario y Eire se comunican a través de estos magníficos saltos de agua que, además, constituyen la frontera entre este país y Canadá. Son muchas las personas que las visitan cada día pero no por ello hay que subestimar su valor porque son las cataratas más grandes de Norteamérica.
La altura de las cataratas alzanza los 40 m
Niagara Falls es una ciudad hecha por y para el turismo. En realidad son dos ciudades homónimas, hay un Niagara Falls en USA y, al otro lado del río, está la Niagara Falls de Canadá.  Ambas coinciden en su diseño al albergar grandes hoteles y casinos para ofrecer a los visitantes algunos “complementos” en su viaje y, sobre todo, lugares en los que gastar dinero. Para llegar hasta allí lo más cómodo es tomar un vuelo de una hora desde New York City o desde Boston. Nosotros preferimos alquilar un coche en  Boston porque queríamos recorrer relajadamente los estados de New York y Massachusetts para conocer un poco más en profundidad la región. Así que, sin prisas, disfrutamos de los extensos bosques y campos de cultivo, de esos inmensos monocultivos de maíz, soja y sorgo que yo detesto. Los detesto porque sé que implican el uso de toneladas de plaguicidas. Sin embargo, el paisaje era bonito. Bellas granjas con enormes silos y graneros de color rojo, gris y anaranjado. Bosques de robles y arces americanos atravesados por ríos y arroyos. El viaje fue delicioso. Dormimos en un par de moteles y recorrimos los más de 700 km que separan Boston de  Buffalo sin prisas.

Panel de indicaciones en los jardines de Niagara Falls
Habíamos acordado nuestro alojamiento con Yasser, un couchsurfer que nos había invitado espontáneamente. Tras nuestro largo viaje llegamos al lugar de la cita: su casa. Sin embargo, después de tocar al timbre y esperar por largo tiempo, comprobamos que allí no había nadie excepto su vecino, quien nos dio la noticia de que Yasser se había ido a pasar el fin de semana a Boston. Nos quedamos perplejos: eran casi las ocho de la tarde y deberíamos buscar un hotel para los cuatro a pesar de que el día anterior él nos había confirmado que nos esperaba. Decidimos intentar ponernos en contacto con él y lo logramos. Amablemente nos explicó la situación: había tenido la oportunidad de tomarse dos días libres en el hospital en el que trabaja como médico residente y, como unos amigos le habían invitado a viajar hasta Boston, no había querido desaprovechar esa oportunidad. Pero no se había olvidado de nosotros, nos dijo que buscásemos las llaves de su apartamento en el interior del buzón de su casa, que entrásemos y pasásemos allí el fin de semana con toda confianza. Si nos habíamos quedado sorprendidos al no encontrarle, esta muestra de generosidad aún nos dejó más boquiabiertos. Así pues, Pau localizó las llaves a oscuras mientras yo permanecía en el coche con los niños. Satisfechos y felices entramos en su apartamento donde pasamos el fin de semana como si estuviésemos en nuestra propia casa. Nuevamente, son estas las experiencias que llenan de luz un viaje. Pueden haber malos momentos, pueden surgir dificultades,  pero la gente amable y generosa nunca te deja en la estacada.
Los turistas bajan a la Cueva de los Vientos para empaparse (11$)
Buffalo es una gran ciudad de unos 280.000 habitantes aunque su área metropolitana incluye a más de un millón de personas. Está considerada como una de las mejores ciudades para vivir en Estados Unidos y es la segunda ciudad más grande del estado de New York, por detrás de New York City. Nosotros no le pudimos dedicar ni un minuto, sólo la utilizamos como punto de partida para nuestros recorridos por la zona. Visitar las cataratas del Niágara es muy sencillo: desde Buffalo una cómoda carretera llega hasta el punto en el que las aguas del río Niágara se precipitan dando lugar a las enormes cataratas de unos 40 metros de altura. El río Niágara comunica los lagos Ontario y Erie. 
Detalle de la zona visitable junto al río Niágara
Los hoteles de Niagara Falls en Canadá ofrecen las mejores vistas

El área donde se ubican las cataratas es de libre acceso y corresponde con un parque estatal (Niagara Falls State Park) en el que se pueden recorrer diversos caminos para observar las cataratas tranquilamente. Junto a la zona hay muchos aparcamientos privados en los que dejar el coche. Pero si llegas allí en domingo, cómo fue nuestro caso, puedes aprovechar los aparcamientos disponibles en las oficinas de bancos y algunos supermercados y así ahorrar unos dólares. Aunque la visita está organizada como si se tratase de un parque de atracciones, es posible pasar un día increíble sin gastar un dolar (eso es lo que hicimos nosotros) pero también puedes acceder a las diversas atracciones pasando por caja en cada una de ellas o comprar el Niagara Falls Discovery Pass con el que ahorrarás bastantes dólares.  Realmente hace falta más de un día para visitar toda la zona y además es posible hacer varias excursiones junto al río, algo que merece mucho la pena.

Es fácil remojarse con las salpicaduras

Un barco se acerca a la gran catarata

Pasamos todo el día caminando sin parar, disfrutando de la magia del agua, de los arcoíris y del vapor que ascendía como si lloviese hacia arriba. Cruzamos a pie la frontera con Canadá paseando sobre el Rainbow Bridge y nos mezclamos con los centenares de turistas que visitaban el famoso lugar. Cruzar desde Estados Unidos a Canadá fue fácil y rápido pero, a nuestro regreso, antes de abandonar Canadá tuvimos que pagar 50 ridículos centavos para poder dejar el país.

Pisar el límite entre países siempre resulta emocionante
¡Antes de salir de Canadá para pasar a USA hay que pagar 50 centavos!

Era divertido observar a los barcos llenos de turistas que se aproximaban a las zonas de caída de las cataratas: alternativamente los barcos “azules”, procedentes de Estados Unidos, y los “rojos” de Canadá iban llevando a los visitantes que subían a los ferrys protegidos por los impermeables con el color representativo de cada país. Nos estasiamos con los arcoíris y las láminas de agua, con las azules aguas del río jugamos a imaginar el lugar por el que debía pasar la línea fronteriza que separa ambos países. Y es que, las fronteras naturales son las únicas que son bellas.

Los barcos con turistas de Canadá llevan impermeables rojos…
… mientras que los de USA visten de azul (17$/adulto y 9.90 los niños)

El nombre «Niágara» es originario de una palabra utilizada por lo nativos que significaba «trueno de agua». Los habitantes originarios de la región eran los ongiara. El origen geológico de este lugar se remonta a la última gran glaciación -hace unos 10.000 años-, cuando enormes masas de hielo descendían por la zona oriental de Norteamérica excavando extensas superficies, triturando grandes masas de roca y perforando el terreno hasta crear los espacios que hoy ocupan los Grandes Lagos.

Las cataratas tienen su origen en la última glaciación
Los lagos y canales artificiales constituyen un entorno increible en la región

Aunque las cataratas del Niágara se llevan toda la fama, realmente toda la región merece una visita mucho más detallada. Son infinidad los lagos alargados y paralelos que dan testimonio de la antigua glaciación.  Estos lagos estrechos y alargados, recorren la zona de norte a sur creando lo que se llaman los “finger lakes”. Junto a uno de esos lagos se sitúa la ciudad de Séneca Falls, un lugar único y especial al que prácticamente no acude ningún turista y que, sin embargo, suposo un hito en nuestro viaje en familia. Pero esta es una historia que ha de esperar a nuestro próximo “post”.

Las mejores vistas se tienen desde Canadá, pero en Estados Unidos
disfrutas más directamente del contacto con las cataratas

Esperamos que os haya gustado esta entrada recuerdo de nuestra visita a las “Cataratas Niágara-fos”, como dice Ferran 😉

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