Mira hacia lo alto y sorpréndete. A cada paso que des en la Gran Manzana te vas a sorprender. El diseño de esta ciudad es único y, aunque creas que no lo es, cuando dejes la ciudad te darás cuenta. La echarás de menos, añorarás esta ciudad. Cada barrio y cada rincón guardan sorpresas para el viajero deseoso de impregnarse con el espíritu dinámico de New York. Aparentemente nada tienen en común el Barrio Chino y Greenwich Village, el Financial District y Upper West Side, el Bronx y Brooklyn, pero todos se conectan entre sí creando un continuo de ambientes interesantes y particulares. La sensación es que siempre estás alucinando en la Gran Manzana.

Vistas de la ciudad desde Brooklyn

Para el extranjero es fácil moverse por la ciudad. Son muchas las cosas que puedes hacer en la ciudad y en el estado de New York. Comunicarse es sencillo y los que hablamos español lo tenemos muy fácil pues nuestro idioma es realmente la segunda lengua de esta ciudad. El castellano le va pisando los talones al inglés y es evidente en todos los carteles informativos que suelen aparecen en ambos idiomas. Mucha gente habla español por la calle y muchos trabajadores te atienden en su lengua materna cuando escuchan tu acento latino. La diversidad étnica de la ciudad es uno de sus mayores atractivos: gentes de todo el mundo, múltiples idiomas y culturas conviven en esta ciudad.

Observando a los newyorquinos en Central Park

Con la mochila a la espalda decidimos nuestra ruta para estos días en la ciudad. Es difícil perderse en una ciudad tan cuadriculada y ordenada. Es sencillo utilizar el metro cuya información puedes descargar en la web oficial y utilizar el mapa en tu móvil con toda comodidad.


Y ahora… ¿dónde vamos?

Pasear por Central Park puede ser la mejor manera de tomarle el pulso a esta ciudad. Alquilar una barquita o llevar a los niños a las atracciones de feria situadas junto a la calle 59 una buena manera de desconectar del ritmo intenso que Nueva York imprime al visitante y a todos los que en ella viven. Todo está preparado para pasear, circular en bicicleta o en coche de caballos, hacer deporte o dormitar. Este lugar de ambiente verde y refrescante es un oasis que te hace tomar conciencia de la importancia que la vegetación tiene en nuestro planeta.

Vistas de Central Park desde el Top of the Rock, nuestro mirador favorito

Central Park, espacio para jugar libremente, relajarse y refrescarse

En el pequeño parque de atracciones de Central Park

Para visitar la estatua más famosa de este país subimos al metro -mejor temprano por la mañana para evitar colas- y nos dirigimos a la estación de South Ferry con la linea 1 que te lleva al extremo sur de Manhattan. Tras la adquisición de los pasajes y un control rutinario de bolsas y mochilas embarcamos a uno de los ferris de Statue Cruises que llevan hasta la isla donde se ubica el monumento y, en una parada posterior, a Ellis Island. Para subir a la corona de la Sra. Libertad hay que pagar un ticket extra que se ha de adquirir previamente y además es necesario medir más de 1,20 m de altura. Nosotros nos quedamos a los pies de la señora y nos prometemos que quizá haya una nueva oportunidad cuando nuestros hijos crezcan, quien sabe si así será.

Picnic junto a la Sra. Libertad

Observando Nueva York desde el mar

Hay que buscar momentos para el descanso, para almorzar y jugar, para comentar las experiencias que estamos viviendo juntos. Junto a la Estatua de la Libertad hay un jardín fresco y agradable en el que tomar un picnic para almorzar. Comprar recuerdos puede ser una alternativa pero si decides no hacerlo, entretenerse un rato a observar los souvenirs puede ser divertido y una manera de ayudar a gestionar las ansias de comprar trastos en cada lugar visitado.

Detalle de la Estatua de la Libertad

Navegando hacia la Estatua de la Libertad

Desde la Estatua de la Libertad el recorrido te lleva a Ellis Island, el lugar de recepción de emigrantes que llegaron aquí en las primeras décadas del siglo XX. Todos los lugares tienen una historia muchas veces seria y transcendente, dura, llena de tristeza y también de esperanzas. Ahora los turistas los recorremos pisando el mismo suelo sin conciencia de lo que realmente aquí ocurría entonces. Este lugar se ha convertido en un museo para la memoria y la reflexión sobre el hecho de la emigración y, simultaneamente, en las fronteras de este país y del nuestro, en muchos lugares del mundo, se siguen levantando barreras y se siguen viviendo situaciones tan duras o más de las que vivieron aquellas gentes que cruzaron el Atlántico en barcos llenos de ilusiones y carencias. Toda una oportunidad para conocer el pasado y presente cosmopolita de esta ciudad. Un buen ejemplo son los amigos que nos alojan estos días en la ciudad, hijos de un irlandés y una italiana y de un indio y una bielorusa, llegados cuando eran niños o jóvenes a este país donde han conseguido asentarse y prosperar.

Museo Nacional de la Inmigración: aprendiendo de los movimientos migratorios

Un verero navega alrededor de la isla de Manhattan

Regresamos a la zona sur de Manhattan. Battery Park y Hudson River Greenway permiten pasear y buscar un lugar en el que tomar un café helado y un capecake grande y dulce. Tras la comida nos encontramos con uno de esos parques infantiles cautivadores. Nunca hay que olvidar llevar un bañador para los niños en la mochila y hay que estar dispuesto a detenerse para refrescarse. En esta ciudad hace mucho calor y las autoridades lo saben, es por ello que en los parques nunca falta una zona de juegos acuáticos que nuestros hijos adoran. Nuestro plan era seguir avanzando pero allí nos detuvimos a descansar mientras los niños jugaban olvidando su agotamiento. El entorno era insuperable y por un momentó creí estar en medio de un castillo de torres brillantes y valientes caballeros.

Parques de juegos: una parada obligatoria

Jugando en los cristales del One World Trade Center

Nuevamente la realidad se impone y nuestros hijos pequeños nos consultan curiosos por el sentido de esas enormes piscinas de piedra negra bellamente pulidas y con las inscripciones gravadas de cientos de nombres. El agua cae por las cuatro enormes paredes en una suave cascada a gran profundidad y el agua desaparece por el hueco negro y misterioso del fondo. Alguien ha dejado una rosa junto al nombre de Walter Edward, una de las víctimas de los atentados del 11S. En ese espacio, hoy vacío se elevaba una de las Torres Gemelas. Cerca se abre otro esoacio vacío donde un día cayó su hermana. Ahora, a pocos metros, se eleva el One World Trade Center, majestuoso. Un jardín austero de jóvenes robles americanos ha empezado a crecer, el tiempo seguirá pasando y ellos, y nosotros, creciendo y envejeciendo… Envejecer, un deseo que todas las personas que mueren en injustos conflictos bélicos nunca harán realidad.

En el último piso del ONe World Trade Center

Y seguimos avanzando, haciendo nuestro camino. No es difícil recorrer esta parte de la ciudad gracias a los indicadores que puedes buscar junto a las esquinas y puntos de referencia. Recorrer Wall Street y las calles más antiguas de Nueva York cambia un poco la percepción del orden que uno tiene. La antigua New Amsterdam, como se llamaba originariamente, creció desordenadamente y eso se aprecia en estas calles con nombre propio bautizadas antes de que los números sirviesen para organizar el entramado de Manhattan.

Wall Street y las calles más antiguas de la ciudad

Cruzar a Brooklyn por su famoso puente es otra de las citas ineludibles pero, si ya estamos cansados, una buena opción es tomar un barco de NYWaterway que cruza periódicamente este brazo de mar y que tiene varias paradas en el barrio vecino. Los barcos salen del Pier 11 junto a Wall Street por lo que llegar hasta allí a pie o en metro es sencillo. La primera parada llevará a un mirador ideal para descansar y hacer fotos de esta zona de la ciudad. Las vistas al famoso puente valen mucho la pena y además se puede observar Manhattan Bridge, el edificio de Naciones Unidas y otros muchos elementos destacables.

Intentando la foto perfecta en Brooklyn bridge… somos demasiados!

Subir a alguna de las cimas de la metrópoli es tarea de cualquier visitante a la ciudad. Son varias las opciones y en el Citty Pass hay dos que valen la pena. El Empire State renovó hace poco su acceso y ahora es más agradable si toca esperar un poco haciendo cola. La exposición sobre la construcción y la historia del edificio ha sido mejorada y todo es más atractivo al visitante. Subir en sus rápidos ascensores hasta el piso 86 resulta muy emocionante y las vistas son espectaculares.

Manhattan y el Chrisler Building desde el Empire State

Sin embargo, para nosotros, las mejores vistas son desde el Top of the Rock, el edificio más alto del Rockefeller Center. Si tuviese que recomendaros una os animaría a subir con los niños allí arriba. El acceso está en la calle 50 justo enfrente del Radio City Music Hall. El ticket tiene una hora de ascenso determinada por lo que puedes pasar por allí y comprarla solicitando una hora si así lo deseas. En el ascensor hay incluso una sorpresa luminosa que hace más vertiginosa la subida y, desde lo alto, se puede apreciar la verdadera majestuosidad del Empire State Building y se tiene una visión más próxima de Central Park. Es cierto que no se sube tan alto pero tomarse un helado en las terrazas mientras se observa Manhattan y todo su entorno no tiene precio.

Disfrutando del Empire State desde el mirador del Top of the Rock

Para subir a alguno de estos observatorios espera a que el día esté despejado, si hay brisa no habrá brumas y podrás tener una visión más nítida de la ciudad. Si puedes elegir, espera al atardecer, no tengas prisa, y espera la llegada de la noche mientras New York se ilumina. Será un recuerdo único e inolvidable para toda la familia. Ahora además puedes subir al observatorio del nuevo One World Trade Center que fue inaugurado en junio. Nosotros hemos reservado esta posibilidad para poner el broche final al viaje antes de regresar a casa si es que el presupuesto nos lo permite. Sea como sea, con esta experiencia nos damos por satisfechos!

Vistas de la ciudad desde el observatorio del One World Trade Center

Una buena manera de despedirse de la ciudad es paseando junto al río Hudson mientras el sol se pone al oeste. Los viejos muelles de carga para los antiguos trenes conviven con los nuevos espigones y los modernos rascacielos que miran a New Jersey. Los jardines son perfectos para pasear y jugar a pesar del ruido de la autopista elevada. Junto al acceso de la calle 70 está el Pier i Café, una cafetería-restaurante (sin camareros) donde cenar acompañados por los residentes de la zona y sin ver a un turista por los alrededores. Por un momento puedes sentirte como si fueses una afortunada familia newyorquina que disfruta del fresco atardecer que se refleja en las paredes de cristal de los edificios colindantes. En bicicleta se puede recorrer el River Side Green Way y todo esta acondicionado para un agradable paseo a pie.

Paseando por River Side Green Way al atardecer

Los antiguos muelles de cargan han dado paso a nuevos rascacielos

Otro paseo muy recomendable es recorrer el High Line Park, diseñado sobre las antiguas vías de los trenes de mercancías. Una iniciativa popular animó a recuperar esta zona de Manhattan abandonada que se ha convertido en unos de los puntos de encuentro para sus habitantes y turistas. No os lo podéis perder!

Vistas de la ciudad desde el High Line Park

Paseando por High Line Park

DATOS PRÁCTICOS Y ALGUNOS CONSEJOS:

1. Alojamiento: 
No es barato alojarse en New York. Si viajan una o dos personas es interesante el couchsurfing porque hay muchas propuestas. Para un mayor número de viajeros es interesante alquilar un apartamento a través de airbnb.
Nuestro presupuesto: nos alojamos en casa de unos amigos (0 $), si no hubiese sido así habríamos invertido unos 150$/noche para los cuatro

2. Comer en la ciudad: 
Puede parecer que NYC no es barato para comer pero cuando ves las raciones y aprendes a compartir con tus compañeros un plato, no resulta tan caro. La ciudad está llena de restaurantes y las opciones son infinitas. Los restaurantes a los que acuden los trabajadores de la Gran Manzana suelen tener buenos precios y siempre te ofrecen agua fresca que es muy buena en la ciudad. Evita pedir bebidas alcohólicas que encarecen el precio de las comidas de manera desorbitada.
Es interesante comer de picnic, llevar unos sandwiches y fruta, frutos secos y galletas.
Ofrecer uno de los enormes helados que se venden en las calles de la ciudad es una buen regalo para los niños en cualquier momento del día.
Nuestro presupuesto: 40$/día

En los mercados orgánicos nos aprovisionamos de frutas y verduras frescas

3. Actividades: 
Algunos museos de la ciudad son gratuitos, te piden un donativo voluntario, algo a lo que los americanos están muy habituados. Infórmate porque en NYC puedes hacer muchas actividades sin gastar un $.
Pero si además quieres vivir alguna de las experiencias “top” de la ciudad, vale la pena comprar el City PassSin duda vas a disfrutar con tus hijos si subes al Empire State, al Top of the Rock o váis a la Estatua de la Libertad. Los niños pagan a partir de los 6 años.
Nuestro presupuesto: 314$ (114$/adulto y 86$/niño)

Para saber más sobre nuestro viaje a Estados Unidos puedes consultar este enlace en la web de Familias en Ruta y nuestro Road Trip.

4. Desplazamiento: 
Sin duda moverse en metro (subway) es cómodo y práctico. El metro de NYC es muy sencillo de utilizar porque es fácil orientarse por la ciudad. Interesa comprar la Metro Card y poner el dinero que te interese sabiendo que a partir de 10 $ te van a aplicar un descuento del 10%. Un billete cuesta 2,75$ por lo que no conviene comprar billetes sueltos y siempre vas a ahorrar con las opciones anteriores.
Usar el taxi es cómodo (excepto de 3 a 6 de la tarde porque hay mucho tráfico) y económico para 3 o 4 personas, pero siempre es más lento que el metro.

Jugando con Lego a contruir un Manhattan imaginario

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