NIAGARA FALLS: MAMÁ! CUÁNTA AGUA!!

NIAGARA FALLS: MAMÁ! CUÁNTA AGUA!!

En cualquier viaje que realicemos siempre se nos ofrece la posibilidad de visitar algunos lugares emblemáticos. Estos lugares mundialmente conocidos suelen merecer siempre el reconocimiento que los ha hecho célebres. Sin embargo, también pueden estar sometidos a una presión turística que reduce su encanto y que dificulta poder disfrutar de ellos. Las cataratas del Niágara es uno de estos lugares, sin duda. Cualquier viaje organizado a la costa este de Estados Unidos incluye una visita hasta el lugar en el que los grandes lagos Ontario y Eire se comunican a través de estos magníficos saltos de agua que, además, constituyen la frontera entre este país y Canadá. Son muchas las personas que las visitan cada día pero no por ello hay que subestimar su valor porque son las cataratas más grandes de Norteamérica.
La altura de las cataratas alzanza los 40 m
Niagara Falls es una ciudad hecha por y para el turismo. En realidad son dos ciudades homónimas, hay un Niagara Falls en USA y, al otro lado del río, está la Niagara Falls de Canadá.  Ambas coinciden en su diseño al albergar grandes hoteles y casinos para ofrecer a los visitantes algunos “complementos” en su viaje y, sobre todo, lugares en los que gastar dinero. Para llegar hasta allí lo más cómodo es tomar un vuelo de una hora desde New York City o desde Boston. Nosotros preferimos alquilar un coche en  Boston porque queríamos recorrer relajadamente los estados de New York y Massachusetts para conocer un poco más en profundidad la región. Así que, sin prisas, disfrutamos de los extensos bosques y campos de cultivo, de esos inmensos monocultivos de maíz, soja y sorgo que yo detesto. Los detesto porque sé que implican el uso de toneladas de plaguicidas. Sin embargo, el paisaje era bonito. Bellas granjas con enormes silos y graneros de color rojo, gris y anaranjado. Bosques de robles y arces americanos atravesados por ríos y arroyos. El viaje fue delicioso. Dormimos en un par de moteles y recorrimos los más de 700 km que separan Boston de  Buffalo sin prisas.

Panel de indicaciones en los jardines de Niagara Falls
Habíamos acordado nuestro alojamiento con Yasser, un couchsurfer que nos había invitado espontáneamente. Tras nuestro largo viaje llegamos al lugar de la cita: su casa. Sin embargo, después de tocar al timbre y esperar por largo tiempo, comprobamos que allí no había nadie excepto su vecino, quien nos dio la noticia de que Yasser se había ido a pasar el fin de semana a Boston. Nos quedamos perplejos: eran casi las ocho de la tarde y deberíamos buscar un hotel para los cuatro a pesar de que el día anterior él nos había confirmado que nos esperaba. Decidimos intentar ponernos en contacto con él y lo logramos. Amablemente nos explicó la situación: había tenido la oportunidad de tomarse dos días libres en el hospital en el que trabaja como médico residente y, como unos amigos le habían invitado a viajar hasta Boston, no había querido desaprovechar esa oportunidad. Pero no se había olvidado de nosotros, nos dijo que buscásemos las llaves de su apartamento en el interior del buzón de su casa, que entrásemos y pasásemos allí el fin de semana con toda confianza. Si nos habíamos quedado sorprendidos al no encontrarle, esta muestra de generosidad aún nos dejó más boquiabiertos. Así pues, Pau localizó las llaves a oscuras mientras yo permanecía en el coche con los niños. Satisfechos y felices entramos en su apartamento donde pasamos el fin de semana como si estuviésemos en nuestra propia casa. Nuevamente, son estas las experiencias que llenan de luz un viaje. Pueden haber malos momentos, pueden surgir dificultades,  pero la gente amable y generosa nunca te deja en la estacada.
Los turistas bajan a la Cueva de los Vientos para empaparse (11$)
Buffalo es una gran ciudad de unos 280.000 habitantes aunque su área metropolitana incluye a más de un millón de personas. Está considerada como una de las mejores ciudades para vivir en Estados Unidos y es la segunda ciudad más grande del estado de New York, por detrás de New York City. Nosotros no le pudimos dedicar ni un minuto, sólo la utilizamos como punto de partida para nuestros recorridos por la zona. Visitar las cataratas del Niágara es muy sencillo: desde Buffalo una cómoda carretera llega hasta el punto en el que las aguas del río Niágara se precipitan dando lugar a las enormes cataratas de unos 40 metros de altura. El río Niágara comunica los lagos Ontario y Erie. 
Detalle de la zona visitable junto al río Niágara
Los hoteles de Niagara Falls en Canadá ofrecen las mejores vistas

El área donde se ubican las cataratas es de libre acceso y corresponde con un parque estatal (Niagara Falls State Park) en el que se pueden recorrer diversos caminos para observar las cataratas tranquilamente. Junto a la zona hay muchos aparcamientos privados en los que dejar el coche. Pero si llegas allí en domingo, cómo fue nuestro caso, puedes aprovechar los aparcamientos disponibles en las oficinas de bancos y algunos supermercados y así ahorrar unos dólares. Aunque la visita está organizada como si se tratase de un parque de atracciones, es posible pasar un día increíble sin gastar un dolar (eso es lo que hicimos nosotros) pero también puedes acceder a las diversas atracciones pasando por caja en cada una de ellas o comprar el Niagara Falls Discovery Pass con el que ahorrarás bastantes dólares.  Realmente hace falta más de un día para visitar toda la zona y además es posible hacer varias excursiones junto al río, algo que merece mucho la pena.

Es fácil remojarse con las salpicaduras

Un barco se acerca a la gran catarata

Pasamos todo el día caminando sin parar, disfrutando de la magia del agua, de los arcoíris y del vapor que ascendía como si lloviese hacia arriba. Cruzamos a pie la frontera con Canadá paseando sobre el Rainbow Bridge y nos mezclamos con los centenares de turistas que visitaban el famoso lugar. Cruzar desde Estados Unidos a Canadá fue fácil y rápido pero, a nuestro regreso, antes de abandonar Canadá tuvimos que pagar 50 ridículos centavos para poder dejar el país.

Pisar el límite entre países siempre resulta emocionante
¡Antes de salir de Canadá para pasar a USA hay que pagar 50 centavos!

Era divertido observar a los barcos llenos de turistas que se aproximaban a las zonas de caída de las cataratas: alternativamente los barcos “azules”, procedentes de Estados Unidos, y los “rojos” de Canadá iban llevando a los visitantes que subían a los ferrys protegidos por los impermeables con el color representativo de cada país. Nos estasiamos con los arcoíris y las láminas de agua, con las azules aguas del río jugamos a imaginar el lugar por el que debía pasar la línea fronteriza que separa ambos países. Y es que, las fronteras naturales son las únicas que son bellas.

Los barcos con turistas de Canadá llevan impermeables rojos…
… mientras que los de USA visten de azul (17$/adulto y 9.90 los niños)

El nombre «Niágara» es originario de una palabra utilizada por lo nativos que significaba «trueno de agua». Los habitantes originarios de la región eran los ongiara. El origen geológico de este lugar se remonta a la última gran glaciación -hace unos 10.000 años-, cuando enormes masas de hielo descendían por la zona oriental de Norteamérica excavando extensas superficies, triturando grandes masas de roca y perforando el terreno hasta crear los espacios que hoy ocupan los Grandes Lagos.

Las cataratas tienen su origen en la última glaciación
Los lagos y canales artificiales constituyen un entorno increible en la región

Aunque las cataratas del Niágara se llevan toda la fama, realmente toda la región merece una visita mucho más detallada. Son infinidad los lagos alargados y paralelos que dan testimonio de la antigua glaciación.  Estos lagos estrechos y alargados, recorren la zona de norte a sur creando lo que se llaman los “finger lakes”. Junto a uno de esos lagos se sitúa la ciudad de Séneca Falls, un lugar único y especial al que prácticamente no acude ningún turista y que, sin embargo, suposo un hito en nuestro viaje en familia. Pero esta es una historia que ha de esperar a nuestro próximo “post”.

Las mejores vistas se tienen desde Canadá, pero en Estados Unidos
disfrutas más directamente del contacto con las cataratas

Esperamos que os haya gustado esta entrada recuerdo de nuestra visita a las “Cataratas Niágara-fos”, como dice Ferran 😉

Nos encanta recibir vuestros comentarios y aportaciones. Un blog no tiene sentido si no sirve para compartir experiencias!

NEW YORK OUTDOOR:  ALUCINANDO EN LA GRAN MANZANA!!!

NEW YORK OUTDOOR: ALUCINANDO EN LA GRAN MANZANA!!!

Mira hacia lo alto y sorpréndete. A cada paso que des en la Gran Manzana te vas a sorprender. El diseño de esta ciudad es único y, aunque creas que no lo es, cuando dejes la ciudad te darás cuenta. La echarás de menos, añorarás esta ciudad. Cada barrio y cada rincón guardan sorpresas para el viajero deseoso de impregnarse con el espíritu dinámico de New York. Aparentemente nada tienen en común el Barrio Chino y Greenwich Village, el Financial District y Upper West Side, el Bronx y Brooklyn, pero todos se conectan entre sí creando un continuo de ambientes interesantes y particulares.

Para el extranjero es fácil moverse por la ciudad. Comunicarse es sencillo y los que hablamos español lo tenemos muy fácil pues nuestro idioma es realmente la segunda lengua de esta ciudad. El castellano le va pisando los talones al inglés y es evidente en todos los carteles informativos que suelen aparecen en ambos idiomas. Mucha gente habla español por la calle y muchos trabajadores te atienden en su lengua materna cuando escuchan tu acento latino.

Con la mochila a la espalda decidimos nuestra ruta para estos días en la ciudad. Es difícil perderse en una ciudad tan cuadriculada y ordenada. Es sencillo utilizar el metro cuya información puedes descargar en la web oficial y utilizar el mapa en tu móvil con toda comodidad.

En la terraza del Top of the Rock es fácil orientarse
Pasear por Central Park puede ser la mejor manera de tomarle el pulso a esta ciudad. Alquilar una barquita o llevar a los niños a las atracciones de feria situadas junto a la calle 59 una buena manera de desconectar del ritmo intenso que Nueva York imprime al visitante y a todos los que en ella viven. Todo está preparado para pasear, circular en bicicleta o en coche de caballos, hacer deporte o dormitar. Este lugar de ambiente verde y refrescante es un oasis que te hace tomar conciencia de la importancia que la vegetación tiene en nuestro planeta.
Central Parck es perfecto para relajarse y refrescarse

Para visitar la estatua más famosa de este país subimos al metro -mejor temprano por la mañana para evitar colas- y nos dirigimos a la estación de South Ferry con la linea 1 que te lleva al extremo sur de Manhattan. Tras la adquisición de los pasajes y un control rutinario de bolsas y mochilas embarcamos a uno de los ferris de Statue Cruises que llevan hasta la isla donde se ubica el monumento y, en una parada posterior, a Ellis Island. Para subir a la corona de la Sra. Libertad hay que pagar un ticket extra que se ha de adquirir previamente y además es necesario medir más de 1,20 m de altura. Nosotros nos quedamos a los pies de la señora y nos prometemos que quizá haya una nueva oportunidad cuando nuestros hijos crezcan, quien sabe si así será.

En metro puedes llegar a la estación South Ferry para
coger el ferry hacia la Estatua de la Libertad
Hay que buscar momentos para el descanso, para almorzar y jugar, para comentar las experiencias que estamos viviendo juntos. Junto a la Estatua de la Libertad hay un jardín fresco y agradable en el que tomar un picnic para almorzar. Comprar recuerdos puede ser una alternativa pero si decides no hacerlo, entretenerse un rato a observar los souvenirs puede ser divertido y una manera de ayudar a gestionar las ansias de comprar trastos en cada lugar visitado.
Desde la Estatua de la Libertad el recorrido te lleva a Ellis Island, el lugar de recepción de emigrantes que llegaron aquí en las primeras décadas del siglo XX. Todos los lugares tienen una historia muchas veces seria y transcendente, dura, llena de tristeza y también de esperanzas. Ahora los turistas los recorremos pisando el mismo suelo sin conciencia de lo que realmente aquí ocurría entonces. Este lugar se ha convertido en un museo para la memoria y la reflexión sobre el hecho de la emigración y, simultaneamente, en las fronteras de este país y del nuestro, en muchos lugares del mundo, se siguen levantando barreras y se siguen viviendo situaciones tan duras o más de las que vivieron aquellas gentes que cruzaron el Atlántico en barcos llenos de ilusiones y carencias. Toda una oportunidad para conocer el pasado y presente cosmopolita de esta ciudad. Un buen ejemplo son los amigos que nos alojan estos días en la ciudad, hijos de un irlandés y una italiana y de un indio y una bielorusa, llegados cuando eran niños o jóvenes a este país donde han conseguido asentarse y prosperar.
Regresamos a la zona sur de Manhattan. Battery Park y Hudson River Greenway permiten pasear y buscar un lugar en el que tomar un café helado y un capecake grande y dulce. Tras la comida nos encontramos con uno de esos parques infantiles cautivadores. Nunca hay que olvidar llevar un bañador para los niños en la mochila y hay que estar dispuesto a detenerse para refrescarse. En esta ciudad hace mucho calor y las autoridades lo saben, es por ello que en los parques nunca falta una zona de juegos acuáticos que nuestros hijos adoran. Nuestro plan era seguir avanzando pero allí nos detuvimos a descansar mientras los niños jugaban olvidando su agotamiento. El entorno era insuperable y por un momentó creí estar en medio de un castillo de torres brillantes y valientes caballeros.
Nuevamente la realidad se impone y nuestros hijos pequeños nos consultan curiosos por el sentido de esas enormes piscinas de piedra negra bellamente pulidas y con las inscripciones gravadas de cientos de nombres. El agua cae por las cuatro enormes paredes en una suave cascada a gran profundidad y el agua desaparece por el hueco negro y misterioso del fondo. Alguien ha dejado una rosa junto al nombre de Walter Edward, una de las víctimas de los atentados del 11S. En ese espacio, hoy vacío se elevaba una de las Torres Gemelas. Cerca se abre otro esoacio vacío donde un día cayó su hermana. Ahora, a pocos metros, se eleva el One World Trade Center, majestuoso. Un jardín austero de jóvenes robles americanos ha empezado a crecer, el tiempo seguirá pasando y ellos, y nosotros, creciendo y envejeciendo… Envejecer, un deseo que todas las personas que mueren en injustos conflictos bélicos nunca harán realidad.
Y seguimos avanzando, haciendo nuestro camino. No es difícil recorrer esta parte de la ciudad gracias a los indicadores que puedes buscar junto a las esquinas y puntos de referencia. Recorrer Wall Street y las calles más antiguas de Nueva York cambia un poco la percepción del orden que uno tiene. La antigua New Amsterdam, como se llamaba originariamente, creció desordenadamente y eso se aprecia en estas calles con nombre propio bautizadas antes de que los números sirviesen para organizar el entramado de Manhattan.
Cruzar a Brooklyn por su famoso puente es otra de las citas ineludibles pero, si ya estamos cansados, una buena opción es tomar un barco de NYWaterway que cruza periódicamente este brazo de mar y que tiene varias paradas en el barrio vecino. Los barcos salen del Pier 11 junto a Wall Street por lo que llegar hasta allí a pie o en metro es sencillo. La primera parada llevará a un mirador ideal para descansar y hacer fotos de esta zona de la ciudad. Las vistas al famoso puente valen mucho la pena y además se puede observar Manhattan Bridge, el edificio de Naciones Unidas y otros muchos elementos destacables.
Subir a alguna de las cimas de la metrópoli es tarea de cualquier visitante a la ciudad. Son varias las opciones y en el Citty Pass hay dos que valen la pena. El Empire State renovó hace poco su acceso y ahora es más agradable si toca esperar un poco haciendo cola. La exposición sobre la construcción y la historia del edificio ha sido mejorada y todo es más atractivo al visitante. Subir en sus rápidos ascensores hasta el piso 86 resulta muy emocionante y las vistas son espectaculares.
Sin embargo, para nosotros, las mejores vistas son desde el Top of the Rock, el edificio más alto del Rockefeller Center. Si tuviese que recomendaros una os animaría a subir con los niños allí arriba. El acceso está en la calle 50 justo enfrente del Radio City Music Hall. El ticket tiene una hora de ascenso determinada por lo que puedes pasar por allí y comprarla solicitando una hora si así lo deseas. En el ascensor hay incluso una sorpresa luminosa que hace más vertiginosa la subida y, desde lo alto, se puede apreciar la verdadera majestuosidad del Empire State Building y se tiene una visión más próxima de Central Park. Es cierto que no se sube tan alto pero tomarse un helado en las terrazas mientras se observa Manhattan y todo su entorno no tiene precio.
Para subir a alguno de estos observatorios espera a que el día esté despejado, si hay brisa no habrá brumas y podrás tener una visión más nítida de la ciudad. Si puedes elegir, espera al atardecer, no tengas prisa, y espera la llegada de la noche mientras New York se ilumina. Será un recuerdo único e inolvidable para toda la familia. Ahora además puedes subir al observatorio del nuevo One World Trade Center que fue inaugurado en junio. Nosotros hemos reservado esta posibilidad para poner el broche final al viaje antes de regresar a casa si es que el presupuesto nos lo permite. Sea como sea, con esta experiencia nos damos por satisfechos!
Una inyección de vitalidad des del Top of the Rock
Sur de Manhattan desde el Empire State
Una buena manera de despedirse de la ciudad es paseando junto al río Hudson mientras el sol se pone al oeste. Los viejos muelles de carga para los antiguos trenes conviven con los nuevos espigones y los modernos rascacielos que miran a New Jersey. Los jardines son perfectos para pasear y jugar a pesar del ruido de la autopista elevada. Junto al acceso de la calle 70 está el Pier i Café, una cafetería-restaurante (sin camareros) donde cenar acompañados por los residentes de la zona y sin ver a un turista por los alrededores. Por un momento puedes sentirte como si fueses una afortunada familia newyorquina que disfruta del fresco atardecer que se refleja en las paredes de cristal de los edificios colindantes. En bicicleta se puede recorrer el River Side Green Way y todo esta acondicionado para un agradable paseo a pie.
Pasear junto al río Hudson es una gran opción para ver como anochece

DATOS PRÁCTICOS Y ALGUNOS CONSEJOS:

1. Alojamiento: 
No es barato alojarse en New York. Si viajan una o dos personas es interesante el couchsurfing porque hay muchas propuestas. Para un mayor número de viajeros es interesante alquilar un apartamento a través de airbnb.
Nuestro presupuesto: nos alojamos en casa de unos amigos (0 $), si no hubiese sido así habríamos invertido unos 150$/noche para los cuatro

2. Comer en la ciudad: 
Puede parecer que NYC no es barato para comer pero cuando ves las raciones y aprendes a compartir con tus compañeros un plato, no resulta tan caro. La ciudad está llena de restaurantes y las opciones son infinitas. Los restaurantes a los que acuden los trabajadores de la Gran Manzana suelen tener buenos precios y siempre te ofrecen agua fresca que es muy buena en la ciudad. Evita pedir bebidas alcohólicas que encarecen el precio de las comidas de manera desorbitada.
Es interesante comer de picnic, llevar unos sandwiches y fruta, frutos secos y galletas.
Ofrecer uno de los enormes helados que se venden en las calles de la ciudad es una buen regalo para los niños en cualquier momento del día.
Nuestro presupuesto: 40$/día

3. Actividades: 
Algunos museos de la ciudad son gratuitos, te piden un donativo voluntario, algo a lo que los americanos están muy habituados. Infórmate porque en NYC puedes hacer muchas actividades sin gastar un $.
Pero si además quieres vivir alguna de las experiencias “top” de la ciudad, vale la pena comprar el City PassSin duda vas a disfrutar con tus hijos si subes al Empire State, al Top of the Rock o váis a la Estatua de la Libertad. Los niños pagan a partir de los 6 años.
Nuestro presupuesto: 314$ (114$/adulto y 86$/niño)

4. Desplazamiento: 
Sin duda moverse en metro (subway) es cómodo y práctico. El metro de NYC es muy sencillo de utilizar porque es fácil orientarse por la ciudad. Interesa comprar la Metro Card y poner el dinero que te interese sabiendo que a partir de 10 $ te van a aplicar un descuento del 10%. Un billete cuesta 2,75$ por lo que no conviene comprar billetes sueltos y siempre vas a ahorrar con las opciones anteriores.
Usar el taxi es cómodo (excepto de 3 a 6 de la tarde porque hay mucho tráfico) y económico para 3 o 4 personas, pero siempre es más lento que el metro.

NEW YORK INDOOR: DISFRUTANDO DE LA CIUDAD SIN PASAR CALOR

NEW YORK INDOOR: DISFRUTANDO DE LA CIUDAD SIN PASAR CALOR

Nada más llegar a esta ciudad una se siente desbordada por toda la energía que aquí fluye incesantemente. Son tantas las personas, hay tanto tráfico, son tantos los turistas… Taxis, autobuses, camiones enormes y, desde hace un tiempo, cada vez más bicicletas y algunas zonas peatonales. Central Park consigue canalizar toda esa actividad a través de los caminos y senderos que actúan como un filtro purificante para todos los que se pasean entre las sombras de sus hermosos árboles o descansan sobre las extensas zonas de fresca hierba. Los sonidos de la ciudad se amortiguan y los rascacielos desaparecen.

El calor y la humedad suelen ser implacables, es por ello que pasear por New York en verano puede ser una tarea complicada. Para los niños aún es más duro pues el calor del asfalto les afecta más fácilmente.  No hay que olvidar hidratarse bien y planear actividades dentro de edificios. Sin embargo, el aire acondicionado también puede ser una amenaza por ser demasiado frío por lo que merece la pena llevar un sweater en la mochila. Nosotros estamos teniendo suerte: las mañanas son frescas y las noches también, a mediodía hace calor pero no es insoportable.

Pasear por Central Parck es delicioso
Desde el primer día, nos hemos metido en el roll de auténticos turistas: con nuestro City Pass y la MetroCard en la mochila salimos a disfrutar de esta ciudad maravillosa. Los niños menores de 6 años no necesitan adquirir el City Pass y pueden acceder a las atracciones acompañados por sus padres. Con la Metro Card, no hay una norma clara, pero nuestros anfitriones nos han dicho que podemos utilizar el “subway” y que los niños pueden pasar por debajo de las barreras sin pagar. Es recomendable comprar un pase para 7 días si vas a estar más de 3 dias en la ciudad y piensas utilizar bastante el metro; si prefieres caminar más también tienes la opción de comprar la Metro Card y poner el dinero que te interese sabiendo que a partir de 10 $ te van a aplicar un descuento del 10%. Un billete cuesta 2,75$ por lo que no conviene comprar billetes sueltos y siempre vas a ahorrar con las opciones anteriores. Si vais a hacer distancias medias, por ejemplo, entre 15 y 20 “cuadras”, también puede ser interesante utilizar el taxi cuando no es hora punta o por la noche si viajan 4 adultos. Con los niños y 2 adultos, puede ser algo más caro que el metro pero es una buena opción si están cansados y quieres llegar pronto a “casa”.
Juntos en New York y dispuestos a disfrutar

El jet lag hace que nos despertemos tempranísimo, así que el primer día salimos a pasear por Central Park y rendimos homenaje a John Lennon en Strawberry Fields. Tenemos la suerte de alojarnos en casa de unos amigos en la zona Oeste de la ciudad (Upper West Side), cerca del Edificio Dakota donde el venerado Beatle vivía cuando fue asesinado. Es una zona perfecta para visitar la Gran Manzana porque está muy bien comunicada por metro y, además,  caminando puedes visitar algunos de los lugares más emblemáticos. La tentación es pisar el acelerador pero con dos niños de la mano es mejor medir nuestras fuerzas. Así lo hemos intentado pero esta ciudad tiene tanta energía que te contagia y es difícil parar.

Acceso al Museo de Historia Natural en la Quinta Avenida
Disfrutamos de las increíbles colecciones del Museo de Historia Natural y, aunque es imposible detenerse en todos los detalles de este museo increíble, compartimos con nuestros hijos conversaciones y detalles de todo lo que vamos observando. Una enorme ballena domina la sección de los océanos donde diversos dioramas recrean múltiples ambientes marinos. Los ecosistemas de Norteamérica están bellamente representados y ya nos imaginamos recorriendo en pocos días los bosques de los estados del norte del país.

El museo está lleno de niños que participan en las escuelas de verano mientras sus padres trabajan y es divertido cruzarse con ellos. Acompañados de sus monitores llegan al museo montados en los típicos autobuses escolares de color amarillo y entran en el museo llenando el hall de risas y bullicio. Es divertido observar la recreación del sistema solar y los diferentes astros, acudimos a una proyección sobre las galaxias y nos pesamos en diversas básculas para conocer cual sería nuestro peso en la Luna o en la estrella Gran Gigante Roja.

Acceso al Museo por la zona de las taquillas
Uno de los infinitos detalles de las exposiciones sobre el mundo natural

Por supuesto que las estrellas de la colección son los dinosaurios. Seguramente para todos los niños son animales fascinantes y, nuevamente, comprobamos que saben mucho más que nosotros sobre estos animales extintos cuyos nombres recuerdan y cuyas características anatómicas conocen como si fuesen expertos. Algo que caracteriza a este museo es que sus exposiciones están organizadas respetando las relaciones evolutivas entre las especies y, por este motivo, en la sala de los dinosaurios, junto a los enormes fósiles encontramos muchas aves que sobrevuelan nuestras cabezas para recordarnos que, realmente, los dinosaurios no han desaparecido: las aves son dinosaurios que se han diversificado en infinidad de especies que nos acompañan y maravillan a lo largo de todo el planeta.

Para recargar las pilas, a la salidad del museo hay un buen sitio de comida para llevar o tomar allí que vale la pena. Se trata de un Shake&Shack. En la esquina de la calle 77 con Columbus Av. Por recomendación de nuestros anfitriones que son vecinos del barrio allá que nos fuimos disparados a ponernos las botas con patatas fritas y hamburguesas de buena calidad tras la agotadora mañana en el museo.

Es habitual hacer cola en los restaurantes de NYC
En la calle 46 de West Side, junto al Pier 86 está el enorme portaaviones Intrepid que alberga el Intrepid Sea, Air & Space Museum. He de reconocer que a primera vista no tiene un interés especial para nosotros pero la colección de aviones militares capta el interés de Ernest desde el primer  momento. Vale la pena conocer cómo era la vida de la tripulación cuando esta nave surcaba los océanos a mediados del siglo XX.

Alucinando con las dimensiones de un portaviones

Sin duda, la estrella del museo, es la nave Enterprise que la NASA donó hace un par de años. Este transbordador nunca salió al espacio pero igualmente vale la pena detenerse en la exposición que le acompaña sobre la historia de los viajes espaciales. Los niños pueden experimentar en un simulador de vuelo, imaginarse pilotando diversos helicópteros o introducirse en una cápsula Mercury en la que los astronautas regresaban a la Tierra de sus vuelos espaciales. Es admirable imaginar que pensaban esas personas cuando se atrevían a atravezar la atmósfera en esos pequeños habitáculos con forma de bala a velocidades supersónicas.

El último museo en el que nos hemos refugiado en las horas centrales del día de esta semana en Nueva York ha sido el Metropolitan. Por supuesto que es inabarcable y que a penas nos limitamos a recorrer algunas de sus salas mientras contábamos alguna historia a nuestros hijos para entretenerlos. Se soprendieron especialmente con los sarcófagos del antiguo Egipcio. Esos enormes féretros de bellos granitos albergaban ataúdes delicadamente tallados y decorados con dibujos que despertaron su interés y su curiosidad inmediatamente. La belleza de los jardines orientales y las salas de griegos y romanos fueron también nos gustaron mucho, sobre todo a Ferran que le encantan las historias de la mitología griega y le encantaba descubrir en las esculturas a los dioses que tanto conoce. Hércules es uno de sus favoritos y verlo esculpido, majestuoso, con su capa de piel de león, le ha impactado.
Las salas dedicadas a las diversas culturas del mundo y la pinacoteca es tan extensa que nos hemos limitado a echar una mirada mientras paseábamos relajadamente por las diversas salas. Y, desde allí, nos hemos ido al jardín de juegos infantiles que hay junto al museo donde hemos tomado un sencillo “lunch” y los niños han podido jugar y remojarse alegremente en las fuentes refrescantes.
Son muchas las actividades que se pueden hacer en la ciudad y no quiero olvidarme de la visita a Times Square y la tienda de Toys’R Us. Allá que fuimos una tarde para disfrutar de las enormes esculturas de LEGO y de las diversas secciones de juguetes y otras atracciones que se convierten en una tortura para los niños deseosos de comprar muchos juguetes. Nosotros finalmente accedimos a un regalo de unos 15$ para cada uno que se llevaron felizmente al apartamento para jugar con sus amigas. También junto al Rockefeller Center hay otra tienda de LEGO en la que no pudimos dejar de sorprendernos con el enorme dragón de pequeñas piezas que recorría el techo del establecimiento.
Así hemos pasado las horas más calurosas durante esta semana. Ya os iremos contando más cosas porque son tantas que necesitaría no salir de la habitación para escribirlo todo. Pero no me lo puedo permitir, la ciudad nos espera radiante en estos días de verano agradable y queremos salir a pasearla. Nuestro viaje acaba de comenzar.

DATOS PRÁCTICOS Y ALGUNOS CONSEJOS:

1. Alojamiento: 
No es barato alojarse en New York. Si viajan una o dos personas es interesante el couchsurfing porque hay muchas propuestas. Para un mayor número de viajeros es interesante alquilar un apartamento a través de airbnb.
Nuestro presupuesto: nos alojamos en casa de unos amigos (0 $), si no hubiese sido así habríamos invertido unos 150$/noche para los cuatro

2. Comer en la ciudad: 
Puede parecer que NYC no es barato para comer pero cuando ves las raciones y aprendes a compartir con tus compañeros un plato, no resulta tan caro. La ciudad está llena de restaurantes y las opciones son infinitas. Los restaurantes a los que acuden los trabajadores de la Gran Manzana suelen tener buenos precios y siempre te ofrecen agua fresca que es muy buena en la ciudad. Evita pedir bebidas alcohólicas que encarecen el precio de las comidas de manera desorbitada.
Es interesante comer de picnic, llevar unos sandwiches y fruta, frutos secos y galletas.
Ofrecer uno de los enormes helados que se venden en las calles de la ciudad es una buen regalo para los niños en cualquier momento del día.
Nuestro presupuesto: 40$/día

3. Actividades: 
Algunos museos de la ciudad son gratuitos, te piden un donativo voluntario, algo a lo que los americanos están muy habituados. Infórmate porque en NYC puedes hacer muchas actividades sin gastar un $.
Pero si además quieres vivir alguna de las experiencias “top” de la ciudad, vale la pena comprar el City Pass. Sin duda vas a disfrutar con tus hijos si subes al Empire State, al Top of the Rock o váis a la Estatua de la Libertad. Los niños pagan a partir de los 6 años.
Nuestro presupuesto: 314$ (114$/adulto y 86$/niño)

4. Desplazamiento: 
Sin duda moverse en metro (subway) es cómodo y práctico. El metro de NYC es muy sencillo de utilizar porque es fácil orientarse por la ciudad. Interesa comprar la Metro Card y poner el dinero que te interese sabiendo que a partir de 10 $ te van a aplicar un descuento del 10%. Un billete cuesta 2,75$ por lo que no conviene comprar billetes sueltos y siempre vas a ahorrar con las opciones anteriores.
Usar el taxi es cómodo (excepto de 3 a 6 de la tarde porque hay mucho tráfico) y económico para 3 o 4 personas, pero siempre es más lento que el metro.

 

NYC: SENSACIONS

NYC: SENSACIONS

Ciutat de tòpics, però alhora impossible d’exhaurir amb paraules: això és Nova York.
La seqüència d’impressions visuals i sonores impacten el visitant d’una manera que no és fàcil de transmetre. Veure la imatge inoblidable de Manhattam des de qualsevol de les seues talaies, caminar entre la multitud frenètica i els sorollosos vehicles als peus dels immensos blocs dels gratacels, gaudir de l’agitada pau que transmet Central Park, visitar qualsevol dels concurrits museus sense el temps ni la calma per assaborir les seues vastíssimes col.leccions, menjar abundantment a alguns dels seus alegres i variats restaurants, observar la diversitat de la seua població amuntegada als carrers i avingudes, movent-se atrafegada, amb ocupacions incertes i destinacions inimaginables, etc.
Mirant al sup des del Top of the Rock

Central Parck és el pulmó e la ciutat

La ciutat sencera es presenta, així, com un organisme viu, dinàmic, incombustible, on res no s’està quiet i on tot fa soroll.
L’univers d’Heràclit: això és Nova York, és a dir, un caos aparent, convuls, que es remou incansablement però que obeeix a un ritme íntim, regular, intens, freturós, vital… com el batec d’un cor jove i ple d’entusiasme. Un foc que es belluga, crepitant, amb tot d’espurnes i fum enlairant-se cap a l’univers: el foc de Prometeu. Un riu cabalós, que salta i juga entre les roques fent remolins i turbulències, com a una zona de ràpids, un riu que es mou constantment i que, malgrat això, continua sent ell mateix.

Reflectits al One World Trade Center
Vistes dels edificis des del Empire State Building
Els antics grecs deien que Atles sostenia el món sobre els seus muscles. Aquesta ciutat, amb tota la seua força i energia, sembla mostrar-se al món disposada a assumir el pes del món. Amb una torxa a la mà, sembla encara disposada a guiar la humanitat. Des de l’alçada de les seues talaies sembla disposada a continuar albirant el rumb que ha de seguir la humanitat, caminant -i imaginant-, dia rere dia un nou món, inspirat per una nova esperança.
Times Square és el cor de la ciutat
La senyora Llibertat mira l’horitzó com esperant l’arribada dels visitants

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