UN REINO DE CASTILLOS Y MONASTERIOS

UN REINO DE CASTILLOS Y MONASTERIOS

El espacio es una dimensión que se ha ido transformando a lo largo del tiempo. Una territorio como Navarra que, en la actualidad, nos puede parecer reducido, hace unos siglos era sin duda un gran Reino. El viajero lo siente así a poco que empieza a descubrir sus pueblos y ciudades, sus iglesias fortificadas e imponentes castillos. A poco que uno se interese por sus orígenes es fácil aprender muchas historias sobre las idas y venidas de los caballeros que hace siglos habitaron estas tierras. En algunos de sus monumentos históricos reposan los restos de sus reyes y las reliquias de su pasado.
Palacio Real de Olite desde sus torres (Navarra, 2015)

Vista del Palacio desde el norte (Navarra, 2015)

El Palacio Real de Olite (3,50 /adulto) fue sin duda el castillo que más fascinó a Ernest y Ferran: ¡uau, este si que es un castillo chulo de verdad! Y aunque no pudieron evitar recordar que “los castillos de Escocia tenían más cosas: cocina, cuadra, muebles, ropas, armas y todo eso…”. Se sintieron emocionados subiendo y bajando torres y almenas, recorriendo aquellas bellas estancias a las que sólo faltaría engalanar adecuadamente con alguna exposición que explicase los acontecimientos que allí tuvieron lugar y los avatares del Reino de Navarra. Es una pena no aprovechar un enclave así como lugar para la enseñanza y el aprendizaje. Tenemos tan reciente nuestra visita a los castillos de Edimburgo y Stirling que no podemos evitar las comparaciones… Y es que Olite, impacta. Por su castillo, por su plaza, su pueblo, sus murallas… Todo te transporta al medievo.

Corriendo por las almenas del Palacio Real de Olite (Navarra, 2015)
Los jardines interiores lugar de encuentro de príncipes y la “princesa fotógrafa”
El castillo de Marcilla es uno de esos ejemplos de restauraciones que permiten transformar un espacio abandonado en un lugar de uso público que además permite disfrutar a los visitantes y residentes con un maravilloso monumento. Data del siglo XV y fue la mansión palaciega de los marqueses de Falces. Situado en medio de la plaza de este pequeño pueblo cercano al cauce del río Aragón, cualquiera queda cautivado ante la visión de su enorme foso dentro del cual se elevan sus preciosas paredes de color dorado. Fue Ana de Velasco quien en 1516 impidió su demolición ordenada por el Cardenal Cisneros, durante la invasión castellana de Navarra. 
El Castillo de Marcilla, recién restaurado (Navarra, 2015)

Durante cuatro siglos aquí se guardó la armadura y la espada “Tizona” del Cid Campeador, entregada en custodia por el rey Fernando el Católico. En su interior hay en la actualidad una biblioteca, una sala de cine y un centro de música,  así como una oficina de informacion cultural y turística. Utilizar así los recursos y ofrecer además a los habitantes de un pueblo la posibilidad de recuperar su patrimonio, nos parece todo un acierto.

Paseando por el foso del Castillo de Marcilla (Navarra, 2015)
Seguiremos nuestro recorrido un poco más al norte, en la Abadía de San Salvador de Leyre o Monasterio de Leyre (3 /adulto y 1,50 /niño). El lugar se encuentra justo en el límite provincial entre Huesca y Navarra, junto al embalse de Yesa, en medio de unos hermosos bosques mixtos de robles y carrascas, bajo las imponentes paredes del macizo calcáreo. Es posible alojarse allí y hacer excursiones por diversas sendas. Junto a la abadía pasa el ramal del Camino de Santiago que viene de Jaca. 
Monasterio de Leyre y su hospederia (Navarra, 2015)
La cripta sorprende por sus majestuosas columnas (Navarra, 2015)
Recorrimos el lugar solos y nos dieron las llaves de la iglesia para visitarla libremente y, al entrar en aquel espacio tan recogido, allí estaban los monjes rezando con sus cantos en gregoriano que nos embelesaron inmediatamente. La iglesia es una maravillosa obra románica de gran valor: vale la pena entretenerse a ver los detalles del pórtico con los niños que divertidos interpretan las imágenes con su imaginación. Excavada bajo la iglesia, hay que descubrir la centenaria cripta que nos recordó a un bosque de robustos troncos de piedra.  
Detalle del pórtico románico del monasterio (Navarra, 2015)
En el interior de la nave de la iglesia descubrimos el viejo baul donde se guardan los restos de los primeros reyes del Navarra. Es sorprendente como en un espacio tan reducido pueden quedar atesoradas las esencias de aquellos que en el pasado dirigieron los destinos de un pueblo. Uno piensa en esas gentes que actualmente deciden en gran medida muchos aspectos de nuestra existencia, que gozan de un poder y privilegios injustificados, que además abusan de ellos sin complejos… Pero acabarán como todos nosotros: polvo somos… Si bien ellos además perdurarán en esas placas -pagadas con dinero público- con las que han engalanado nuestras calles y plazas. 
La cripta es un lugar mágico en el que aprendimos la historia del Abad San Virila. Aquel monje dirigía el monasterio a finales del siglo X pero vivía atormentado por sus dudas sobre la vida eterna en el cielo. Un día salió a pasear por el bosque y allí quedó extasiado mientras escuchaba los cantos de un ruiseñor. Cuando despertó y regresó al monasterio, nadie le reconoció: habían pasado 300 años! De esta manera Dios quiso ayudarle a entender el misterio de la eternidad. Cuentan que un ruiseñor le portó el anillo que le designaba como auténtico abad del lugar y así,  los hermanos, le creyeron… Son historias preciosas, mitos, leyendas, cuentos que nos cautivan y ayudan a interpretar la realidad. Hoy es posible conocer aquí más detalles de la vida monástica que aún perdura.
San Virila en su sueño (Monasterio de Leyre, Navarra 2015)
El Castillo de Javier  (2,75 /adulto) surgió en el siglo X como una simple torre de vigilancia para defender el valle del río Aragón de las huestes de Almanzor. La base de esta torre es la más antigua de su género que se conserva en Navarra. En el siglo XIV se había transformado en un verdadero castillo,  propiedad de la família Azpilicueta. Allí nacería Francisco de Javier, hoy patrón de Navarra junto a San Fermín, el 7 de abril de 1506. San Francisco acabaría convirtiendo este pequeño pueblo en un lugar de peregrinación por ser uno de los más destacados jesuitas de la primera generación y por su labor misionera en el Extremo Oriente. 
Acceso al castillo o santuario de Javier (Navarra)

Lo que hoy se visita es una completa reconstrucción pues el lugar quedó reducido a un simple caserón en el siglo XIX. Pero la orden de los Jesuítas ha hecho un ingente trabajo y una gran inversión: el lugar llama la atención, no solo por el castillo en sí, también por su engalanamiento, las obras expuestas y los dioramas donde se recrea la vida de San Francisco de Javier (obra de López Furió, artista valenciano).

Algunas de las escenas sobre la vida de San Francisco de Javier (Navarra, 2015)
La fortaleza del Cerco de Artajona se alzaba entre las suaves colinas amarillas del suroeste de Pamplona. Este pequeño pueblo ha recuperado su fortaleza y sus nueve bestorres (antaño fueron catorce) que junto a la enorme iglesia-fortaleza de San Saturnino (s. XIII) crean un conjunto muy relevante. Visitamos el lugar prácticamente solos. El acceso es libre y gratuito aunque también se organizan visitas guiadas los fines de semana. Algunas de las casas están habitadas y otras ofrecen servicios de turismo rural, aunque la mayor parte de los habitantes viven en el pueblo situado a los pies del cerro, en la cara sur de las murallas. La fortaleza data del siglo XI y llama la atención sobre todo por la estructura de sus torres abiertas por la parte interior.
Vista de la fortaleza desde la carretera (Artajona, Navarra 2015)
Las bestorres del cerco de Artajona (Navarra, 2015)
Y terminamos nuestro recorrido en el Baluarte de la Taconera y el resto de fortificaciones de Pamplona. Un recorrido de 5 km en los que descubrir a pie o en bicicleta el casco histórico de esta agradable  ciudad. Desde el Fortín de San Bartolomé donde se sitúa el centro de interpretación se puede hacer un agradable paseo sobre las murallas, junto al río Arga, bajo la sombra de grandes árboles y visitando emblemáticos lugares como el punto desde el cual arrancan los encierros en las famosas fiestas dedicadas a San Fermín. 
Las murallas de Pamplona sorprenden cuando son vistas desde la Taconera (Navarra, 2015)
Después es inevitable introducirse por el barrio antiguo, visitar la pequeña Plaza del Ayuntamiento y la gran Plaza del Castillo, bajo la cual, en el parking, pueden descubrirse las antiguas murallas de un gran castillo hoy inexistente. Después hay que imaginarse en pleno Encierro corriendo por Estafeta y Mercaderes hasta llegar agotados a la Plaza de Toros lugar junto al cual iniciamos nuestro recorrido.
Monumento a los Encierros cercano a la Plaza de Toros de Pamplona (Navarra, 2015)
Alicante es también tierra de castillos y no nos sorprende recorrer la provincia y vislumbrar en las colinas estas construcciones de otras epocas, pero hay que reconocer que los castillos de Navarra nos han impresionado por su cantidad, sus belleza, su diversidad arquitectónica y su estado de conservación.  Son tantos que el viajero se ve obligado a seleccionar de entre todos unos cuantos. Lo hemos pasado fenomenal y os recomendamos insistentemente una escapada a estas tierras altas del Ebro. Y si os faltan motivos, no os olvidéis de este detalle importante: para reponer fuerzas en el viaje esas tierras ofrecen esquisitos manjares…
¡La gastronomía de Navarra sí merece un monumento!
Para saber más os recomiendo este blog sobre los Castillos, fortalezas y palacios de Navarra y la web del Reino de Navarra con toda la información para organizar el viaje.
LA BELLEZA DE UN PAISAJE: DESDE LAS BARDENAS A LOS PIRINEOS

LA BELLEZA DE UN PAISAJE: DESDE LAS BARDENAS A LOS PIRINEOS

Sea cual sea el paisaje, en cualquiera lugar de la Tierra, puede manifestar su belleza a poco que el ser humano sea capaz de respetar su esencia. Podemos vivir y aprovechar los recursos que nos ofrece pero si logramos hacerlo respetando mínimamente sus ritmos naturales y los elementos que lo conforman, entonces la naturaleza nos devuelve infinidad de imágenes cual regalos efímeros que debemos saborear en el instante que nos los entrega.
Las Berdenas Reales en primavera (Navarra, 2015)

Así ha sido nuestro viaje a través de los paisajes de esta bella región. Desde las planicies del Ebro y sus afluentes, a los cañones calcáreos del prepirineo y los profundos valles de nuestra gran cordillera, en todos los rincones que hemos recorrido en el coche y a pie nos hemos sentido maravillados por todo lo que se nos ofrecía y se nos mostraba a cada paso.

En la reserva se permiten usos tradicionales del territorio (Navarra, 2015)

Al sur del río Aragón, en la margen oriental del río Ebro y lindando con la provincia de Huesca, están las Bardenas Reales. Toda una extensión de terrenos yesíferos que se alternan con capas de sedimentos de areniscas en los que la erosión ha creado paisajes espectaculares. El terreno se manifiesta como arrugado, envejecido, pero muestra la vitalidad del permanente cambio, de la renovación constante. En las planicies, gracias al agua que llega desde los Pirineos (aquí apenas llueven 350 ml/m2 al año), los agricultores cultivan grandes extensiones de cereal que ahora lucen de un verde brillante cegador. En las paredes verticales agujereadas, los buitres leonados crían a su único y frágil polluelo con una sensibilidad que no parece propia de una animal carroñero.  Junto a ellos, los alimoches recién llegados de África han empezado ha construir sus nidos. No podemos acercarnos a más de 400 metros de las zonas de cría pero los gestores de este parque que forma parte de las Reservas de la Biosfera, facilitan un punto de observación con buenos prismáticos para observar los puntos de anidación.

Castiltierra, es el monumento que representa a la reserva (Navarra, 2015)

Hemos recorrido los húmedos cañones arcillosos y nos ha venido el recuerdo de  nuestros largos y tranquilos paseos por el Ayllu de Coyo cerca de San Pedro de Atacama. Los colores rojizos y ocres, los albardines rodeados de arbustos en flor, los milanos cazando en los campos de cereal buscando algún roedor. Esa belleza aparentemente simple pero que constituye un ecosistema complejo y delicado que bien vale la pena preservar. Hay solo una objeción: allí permanece la base militar y allí se siguen realizando pruebas de vuelos supersónicos, toda una contradicción frente a los cuidados que realizan los naturalistas y que se exigen al visitante en sus recorridos por las Bardenas.

Vedado de Eguaras, Bardenas Reales (Navarra, 2015)

En las Bardenas se pueden hacer varios recorridos a pie, en bicicleta y en coche. La pista más concurrida es la que rodea la base militar. Desde ella se pueden hacer diversas excursiones. Tanto al norte, como al sur, más lejos del centro de información al visitante, existen dos zonas arboladas que mantienen los bosques de encinas y pinos acompañados de un matorral muy diverso: el Vedado de Eguaras y las Caídas de la Negra. Se puede llegar hasta ellas por diversas pistas y vale la pena darse un paseo por ellas pues contrastan con la aridez de la zona centro que es la más conocida de esta Reserva de la Biosfera.

Hay que llevar linterna para atravesar los túneles en la ruta de Lumbier (Navarra, 2015)

 Más al norte, en las cercanías de Pamplona, el paisaje yesífero da paso a las montañas calizas que recuerdan a nuestras sierras del Maestrazgo de Castellón y del norte de Alicante. Eso sí,  aquí los cañones los recorren verdaderos ríos, en torrentes de aguas bravas que en abril llevan tal cantidad de agua que asombra a cualquiera que venga de más al sur. La disposicion perpendicular a los cursos fluviales de los pliegues calizos ha creado infinidad de estas hoces o “foces”. Nos desplazamos a la Foz de Lumbier para seguir el cañón del río Irati paseando por la antigua vía del tren, hoy transformada en ruta cicloturista. Navarra ha creado una extensa red de pistas para hacer en bicicleta (rutas BTT) que están muy bien señalizadas y que ofrecen servicios al deportista, albergues y restaurantes que se han asociado, creando un entramado a través del cual conocer esta región de una manera única.

La Foz de Lumbier y el río Irati en primavera (Navarra, 2015)

Llegar a Lumbier es sencillo pues la A-21 y la N-240 pasan a pocos kilómetros de este municipio. Ningún viajero que pase por estas carreteras puede imaginar la belleza que discurre tan cerca de esas carreteras y que queda oculta tras las paredes del macizo montañoso. Cerca de aquí, la Foz de Arbaiun, de Ugarrón, Benasa, Aspurz, Santa Colomba y Burgui,  más inaccesibles guardan sus secretos más íntimamente. Hay que pagar 2€ por el aparcamiento y se informa de que la visita ha de ser respetuosa con el entorno. El paseo de 2,6 km es cómodo y agradable, puede hacerse incluso con un carrito de bebé (nosotros hicimos el recorrido completo de 5,7 km pero no os lo recomendamos pues transcurre por una pista forestal algo pesada para los niños pues en realidad es el acceso a una cantera). En esta epoca del año los árboles caducifolios aun no han  brotado y se puede observar fácilmente el río que viene cargado con las aguas del deshielo. Más adelante el verde de sus hojas cubrirá el cañón espectacularmente y, en otoño,  la paleta de colores ofrecerá una mezcla de matices que nos hemos prometido a nosotros mismos como regalo en un próximo viaje. Sobre nuestras cabezas,  aquí también,  los buitres sobrevuelan el cielo, majestuosos, recordándonos la necesidad de preservar estos lugares.

Las pequeñas hierbas florecen antes de que se cubran los hayedos (Navarra, 2015)

Para concluir nuestras visitas a entornos naturales navarros decidimos escaparnos hasta la famosa Selva o Bosque de Irati que se extiende entre los valles de Zuberoa y Salazar. Desde Pamplona, por la N-135 que lleva a Francia por Roncesvalles, hay que tomar la NA-140 para perderse por estos preciosos lugares tranquilos. Visitamos el Santuario de San Salvador de Roncesvalles y nos sorprendió encontrar el claustro lleno de nieve, como si fuese un nevero. Varios peregrinos se cruzaron en nuestro camino y aprovechamos para explicar a Ernest y Ferran el maravilloso viaje que un día soñamos hacer con ellos caminando hasta Santiago de Compostela. Quién sabe si seremos capaces de hacerlo juntos. Finalizamos esta corta visita subiendo al Alto de Azpegi donde el viento soplaba tan fuerte como si quisiera arrastrarnos hasta Francia en un rápido vuelo.

Con la audioguía en el interior del santuario en Roncesvalles (Navarra, 2015)
Inicio del camino de Santiago en el Alto de Azpegi y Roncesvalles (Navarra, 2015)

Llegamos hasta Aribe, un pequeño pueblo a orillas del río Irati, y allí decidimos quedarnos a pasar la tarde paseando junto al río y comprobando los destrozos que hace pocas semanas produjo la crecida de sus aguas. Apenas 40 habitantes mantienen vivo este lugar con sus casas cuidadas y engalanadas con la eguzki-lore o “flor del sol” un símbolo de la tradicional cultura vasca. Esta flor corresponde al cardo silvestre de la especie Carlina acaulis y representa al sol. Se pone en las puertas con la intención de ahuyentar a los malos espíritus,  la entrada de brujas, los rayos de la tempestad y las enfermedades. La leyenda es una historia bien bonita que puedes conocer aquí:  Hirupedia.

La flor del sol (eguzki-lore) en una puerta de Aribe (Navarra, 2015)

Nos alojamos en el Hotel Aribe atendidos amablemente por sus propietarios y disfrutamos de una cena riquísima a base de productos de la zona. Me sorprendió la tiernísima carne de ternera ecológica -es la primera vez que la encuentro en una carta- y la suave textura de la cuajada de leche de las ovejas. ¡Una delicia que Ferran y yo hubiesemos deseado que no se acabase nunca!

Aribe, en el valle del río Irati (Navarra, 2015)
Puente sobre el río Irati en Aribe (Navarra, 2015)

Por la mañana,  en dirección a Orbaizeta, subimos hasta el Pantano de Irabia. Toda la zona cuenta con más de 16 rutas en bicicleta que comprenden más de 400 km. Es un paraíso para el caminante aunque quizá, en otoño esté algo saturado por la afluencia de gente deseosa de sentir el otoño en estos hayedos. Esa mañana no había nadie.  Caminamos sobre la presa del embalse e iniciamos el sendero gozosos. Las pequeñas plantas herbáceas aprovechaban para florecer antes de que las hayas echasen sus hojas e impidiesen a los rayos solares llegar hasta el suelo. Así que, aunque podría parecer que el bosque no estaba en su mejor momento, lo cierto es que nos pareció que era uno de esos bosques en donde los árboles no te impiden verlo. Además, daba oportunidad para disfrutar de muchas plantas que pasan desapercibidas al excursionista estival. 

Senda junto al lago Irabi, bosque de Irati (Navarra, 2015)

Finalmente llegamos a la preciosa casa del guarda forestal que ahora está abandonada y sola. Nos pareció tan triste. Un lugar tan maravilloso, podría ser un alojamiento para excursionistas perfecto, pero allí estaba cerrado a cal y canto. En el pasado fue posada de cazadores, hoy espera que alguien le de una segunda oportunidad. Realmente desearíamos tener esa posibilidad para rehabilitar ese espacio y crear un Refugio como el Refugio Tinquilco junto a su lago allá en la Región de los Lagos de Chile. ¡Ójala aquí hubiese un Patricio! ¡Ójala nosotros tuviésemos tan claro nuestro destino y fuésemos capaces de crear aquí un lugar para la reflexión, el aprendizaje, el intercambio de ideas y de experiencias!
La casa del guarda junto al embalse de Irabia (Navarra, 2015)
Entrada a la casa del guarda

GENEROSIDAD EN NAVARRA

GENEROSIDAD EN NAVARRA

Cómo sería el mundo si además de relacionarnos mediante transacciones económicas intercambiasemos otro tipo de bienes? Las personas necesitamos intercambiar cosas los unos con los otros para sentirnos humanos: intercambiamos miradas, intercambiamos abrazos, intercambiamos opiniones, deseos y sentimientos… En la medida de cuan estrechas son nuestras relaciones variará el tipo de intercambio y la intensidad del mismo. En general,  es entre familiares y amigos con los que tenemos una mayor confianza y una mayor generosidad -no puedo evitar pensar en el tiempo que los abuelos dedican a cuidar de  sus nietos o la atención que muchos hijos dan a sus padres cuando se convierten en ancianos dependientes-,  sin embargo, entre desconocidos es bastante ocasional cualquier tipo de intercambio en el que no medie el dinero como moneda de cambio. Para adquirir bienes o cederlos habitualmente utilizamos el dinero como moneda de cambio.
Hay más caminos de los que imaginamos…

En la antigüedad,  eso no era así,  sobre todo en el mundo rural. En el campo, muchas veces se necesitaba la ayuda de otras personas para realizar una tarea pero las personas no disponían del dinero para pagar a la gente que les ayudaba. Para construir la casa donde viviría una pareja para formar su propia familia, para abrir un camino en medio de un bosque, para reconstruir el vallado de un terreno destinado a un rebaño…. Los vecinos, amigos y familia colaboraban sabedores de que en un futuro no muy lejano surgirían ocasiones para “cobrarse la faena”. Este sistema de intercambio hace mucho que desapareció en nuestra sociedad aunque en algunos lugares como  en la isla de Chiloé (Chile) estuvo presente hasta hace pocas décadas,  sin embargo, cuando el dinero llegó todo cambió definitivamente.

Río Aragón en primavera (Villafranca, Navarra 2015)
Siempre hay caminos aunque parezca que todo está lleno de obstáculos
Es una satisfacción comprobar que existen muchas experiencias en el mundo que mantienen o recuperan esta costumbre ancestral. En la escuela a la que llevamos a nuestros hijos la colaboración de las familias se hace imprescindible: no sólo para reducir los costes de la matrícula,  también para profundizar y fortalecer la comunidad que todos formamos. El tiempo que destinamos a limpiar las aulas, a arreglar desperfectos, a cuidar del jardín,  a la gestión de la escuela, a la divulgación del sistema pedagógico que en ella se desarrolla, a la participación en los talleres y otras muchas actividades nos ayuda a conocernos mejor y a que el aprendizaje de niños y adultos trascienda al tiempo que ellos están en las aulas. Pero, además,  no lo dudéis,  reduce los gastos que de no ser así serían mucho más elevados y haría que para muchas familias fuese inviable llevar a sus hijos a la escuela. De todos modos, lo más importante es la experiencia que se lleva el que se implica, como siempre es una recompensa inmaterial que te llena de satisfacción.
El Cerco de Artajona (Navarra, 2015)
Quizá fuese por esa experiencia que nos animamos a experimentar en otras actividades comunitarias. Es así que nos unimos al proyecto de la cooperativa Som Energia, y abrimos un perfil en la web de Home for home. Así, en estas vacacionesde Semana Santa, hemos empezado a disfrutar de una agradable experiencia que me reconforta íntimamente: viajar hospedándonos en casa de alguien que te deja su casa para pasar unos días. Yo tengo algo que tu puedes necesitar y yo no lo estoy utilizando: tómalo. Sólo te pido que los uses con cariño y con  respeto. Tu tienes algo que no estás utilizando y yo lo necesito: déjamelo. Hagamos pues un intercambio, simultáneo o no.
Tiempo para la familia en el bosque de Irati en primavera (Navarra, 2015)
Cuando abrí mi cuenta en la pagina web de trueque de casas entre particulares no puedo negar que tenía algunas reticencias pues se trataba de prestar nuestra propia casa, no una segunda residencia que a priori podría resultar más fácil. La primera vez que alguien “llamó a mi puerta” tuve cierto pudor a dar el paso… Sin embargo, cuando aquella donostiarra me telefoneó en seguida supe que resultaría un nuevo aprendizaje. Así fue que les dejamos nuestra casa para pasar unos dias el pasado verano y que ellos disfrutaron de nuestra tierra gracias a la confortabilidad de nuestro hogar, a nuestras recomendaciones y a disponer de la playa y de otros lugares cercanos en los que bañarse,  pescar y descansar.
Aprender historia en familia (Olite, Navarra 2015)
Ahora nos “hemos cobrado el favor” y hemos descubierto una parte de Navarra desde su casa en un pueblo de la ribera del Ebro situado junto a uno de sus afluentes, el precioso río Aragón. Desde allí descubrimos una parte de la compleja historia del Reino de Navarra a través de sus castillos y monasterios, paseamos por agradables ciudades como Pamplona y Tudela o paseamos entre campos de cultivos, el desierto de las Bardenas o los increíbles paisajes pirenaicos. Regresamos a casa agotados y satisfechos tras un nuevo viaje, pero esta vez además volvemos reconfortados y agradecidos a una familia que nos ha prestado su casa demostrando que la generosidad es la mejor moneda de cambio. Una semana en familia en la que hemos desconectado y hemos esbozado en muchos momentos nuestras mejores sonrisas.
Las Bardenas, felicidad en el desierto (Navarra, 2015)
Lugares visitados:
Día 1: traslado desde Alicante (unas 6 horas)
Día 2: río Aragón, Marcilla y zona norte de las Bardenas Reales
Día 3: Foz de Lumbier, castillo de Javier y Olite
Día 4: Pamplona y traslado al valle de Irati (noche en Aribe)
Día 5: bosque de Irati y regreso pasando por el Cerco de Artajona
Día 6: zona central de las Bardenas Reales y Tudela
Día 7: regreso a casa parando en Fuendetodos, Zaragoza (8 horas)
Presupuesto del viaje de 7 días a Navarra (2 adultos y dos niños):
1. Gasolina: 120 €
2. Alojamiento (habitación triple con desayuno): 85 € en el Hostal Aribe (1 noche en el Valle de Irati)
3. Restaurantes (5 comidas): 185 €
4. Compra de comida: 50 € (trajimos algunas cosas más desde nuestra casa)
5. Entradas a museos y castillos: 25 €
Total: 465 €
Pamplona y sus historia de miedo… (Navarra, 2015)

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