NUESTROS RESTAURANTES FAVORITOS DE ROMA

NUESTROS RESTAURANTES FAVORITOS DE ROMA

Comer en Roma es un deleite. Lo difícil es elegir porque las opciones son muchas y buenas. Si algo nos gusta de los restaurantes en Roma -y en toda Italia- es que se puede saborear la genuína cocina, la tradicional, la de los productos locales y cercanos, la típica cocina mediterránea… sin tener que buscar demasiado. Callejeando un poco, Es fácil encontrar lugares auténticos, locales “retro” que parece se quedaron en los años 70 o 80, incluso antes. Son lugares que no necesitan parecer “fashion” ni estar a “la última”. Son ellos mismos. Su esencia está en su cocina y en la manera de atender y relacionarse con el cliente. Estos son los restaurantes de Roma que más nos gustan.

La comida italiana suele ser éxito asegurado ¿verdad?

En este artículo os dejamos unos cuantos sitios que hemos probado personalmente. No fueron elegidos al azar, si no por recomendación expresa de nuestro querido hermano político italiano que vivió en Roma varios años y adora la cocina de su país. Como buen italiano, sabe diferenciar una buena carbonara de una salsa con nata, una burrata de una mozzarella de buffala -o de vaca- y prefiero un verdadero café expreso (CAFÉ: Corto-Amargo-Fuerte-Espeso).

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MATERA: CIUDAD EUROPEA DE LA CULTURA 2019

MATERA: CIUDAD EUROPEA DE LA CULTURA 2019

Matera es una ciudad situada al sur de Italia, en la región de Basilicata. Su historia y su belleza la llevaron a ser nominda hace 4 años ciudad europea de la cultura en este 2019. Se encuentra muy cerca del Golfo de Taranto, en el mar Jónico. Cerca de lo que llamamos el “talón de la bota” de la península italiana.

La ciudad de Matera destaca por su casco antiguo

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PAESTUM: EL ENCANTO DE LA PROPORCIÓN ÁUREA

PAESTUM: EL ENCANTO DE LA PROPORCIÓN ÁUREA

Al sur de Nápoles, a unos 100 km de la capital de la Campania, en Italia, está la antigua ciudad grecorromana de Paestum. Esta ciudad perteneció a la Magna Greca y tiene más de 2.500 años de historia. Sus templos son impresionantes y se han conservado muy bien a lo largo de más de 25 siglos. Paestum fue también colonia romana y, posteriormente, fue olvidada quedando oculta bajo matorrales y ciénagas.

Hay pocos turistas en Paestum por lo que se puede pasear casi en solitario

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ALBEROBELLO: UN PUEBLO DE CUENTO DE DUENDES Y HADAS

ALBEROBELLO: UN PUEBLO DE CUENTO DE DUENDES Y HADAS

Alberobello es un pueblo de cuento. Muy turístico, pero de cuento. Masificado en ciertos momentos del año,  pero de cuento. Un lugar único en el sur de Italia que disfrutamos juntos unos días en Semana Santa. Bienvenidos a Alberobelo: un pueblo de cuento de duendes y hadas.

Alberobello fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1996

Alberobello se sitúa en la Puglia (o Pulla), al sur de Italia, en “el talón de la bota”. La Puglia es una región cautivadora: por su luz, sus cielos brillantes,  su mar y su costa luminosos, sus extensos campos de olivos y cereales, sus paredes de piedra y, en Alberobello y sus pueblos vecinos, por sus “trulli”. Por su singuliaridad y buena conservación fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en 1996. En nuestra ruta por el sur de Italia marcamos este pueblo como una parada asegurada y no nos defraudó. (más…)

CUANDO LOS DIOSES SE ENFURECIERON CON ROMA

CUANDO LOS DIOSES SE ENFURECIERON CON ROMA

Cuando los dioses se enfurecieron con Roma, el Vesubio despertó. El volcán había permanecido dormido durante siglos, pero su magnética presencia advertía silenciosamente de los peligros de su furia. Pero los romanos lo desdeñaron con autosuficiencia, como amos y señores de un mundo que se había rendido a los pies de sus legiones y que admiraba con la boca abierta el esplendor de su civilización. Por primera vez en la historia el mundo estaba interconectado, gracias a sus calzadas, y se regía por unas leyes y un sistema administrativo unificado.

Pompeia, sus viñedos, sus huertos… a la sombra del Vesubio

Ferran en el Foro de Pompeia

Su lengua, el latín, se había convertido en lengua universal y sus redes comerciales se extendían a lo largo y ancho del Mare Nostrum y se expandían aún más allá, hasta los confines de Germania y Britania, por el norte, hasta los desiertos de África, por el sur, y hasta los confines orientales en las tierras que conquistó, en su día, Alejandro Magno. Y, en el apogeo de su imperio, se dedicaron a solazarse y a disfrutar de su buena fortuna, recreándose en bellas, coquetas y ordenadas ciudades vacacionales, como Pompeya y Herculano, alejadas del bullicio y el caos de Roma.

Esculturas de Mitoraj en el foro de Pompeia

Las esculturas de Mitoraj dan al foro un carácter aún más solemne y, al fondo, el Vesubio

Allí, sus gentes –en buena medida acaudalados comerciantes, mercaderes, banqueros o políticos- gozaban del ocio y de las comodidades de una vida retirada, en pequeñas pero suntuosas villas, dedicados a las transacciones comerciales, a los negocios, a la agricultura o a la jardinería, desde la autocomplaciente confianza y seguridad que nunca nadie, con anterioridad, había gozado más de los placeres de la vida que ellos. Y la furia del volcán acabó con todo aquello, trágicamente, en un solo día, parando la historia en el año 79 d.C. y fijándola para siempre en aquel preciso instante de magnificencia y elegancia. Cuando los dioses se enfurecieron con Roma, el Vesubio despertó.

En el pequeño teatro de Pompeia

Las paredes de las villas romanas en Pompeia y Herculano estaban bellamente decoradas

No es fácil describir la sensación de familiaridad y extrañeza que produce al visitante de hoy pasear por las calles de Pompeya y Herculano. Por una parte te das cuenta que aquello pertenece a otra época, pero al mismo tiempo reconoces las profundas semejanzas que existen entre el modo de vida de aquellas gentes y el nuestro. Sus calles empedradas, con sus aceras y pasos de peatones, sus alcantarillas y sus canalizaciones para el agua; sus comercios, lugares de comidas y puestos de oficios artesanales; sus plazas, monumentos y jardines; sus teatros y lugares de espectáculos públicos… Todo ello, en un estado casi óptimo de conservación, te permite sumergirte en el ajetreo de sus calles, en el bullicio de sus baños públicos, en la sobria suntuosidad de sus atrios, en la quietud de sus jardines…

Si los Beatles hubiesen visitado Pompeia: se hubiesen hecho esta foto?

Las termas de Pompeia sorprenden por su preciosa decoración

Viendo todo aquello es inevitable que te preguntes ¿cómo ha podido cambiar tan poco el mundo en los últimos dos mil años? Viendo a nuestros hijos entre aquellas ruinas tan bien conservadas nos damos cuenta de que los niños de hoy en día se moverían con absoluta normalidad por las calles de Pompeya o Herculano, si siguieran vivas hoy, como lo estuvieron hace dos mil años. Y ello por la sencilla razón de que nosotros también somos romanos y les debemos lo fundamental de nuestro estilo de vida.

Detalle de los frescos en Pompeia

En un bar de Herculano es fácil imaginar a la gente conversando y tomando un vino

Que el mundo romano sea la raíz del nuestro se ve, incluso físicamente, en el caso de Herculano. La antigua ciudad fue sepultada por un manto de 16 metros de cenizas volcánicas, desapareciendo literalmente de la superficie de la Tierra. Posteriormente, nuevos pobladores levantaron la actual Ercolano sobre aquellas ruinas. Es por ello que, hoy en día, para encontrar las ruinas de la antigua ciudad ha sido necesario excavar un inmenso hoyo en el corazón de la ciudad actual.

Acceso a una villa romana en Pompeia con su característico mosaico: cave canem

Así, el visitante de Herculano debe descender, estrato tras estrato, los dieciséis metros por una rampa a través del túnel de la historia hasta situarse al nivel de la playa que, por aquel entonces, daba acceso a la ciudad, para descubrir en su puerto los esqueletos carbonizados de los aterrorizados pobladores que, el día de la erupción, corrieron a refugiarse hasta los cobertizos donde se guardaban las barcas de pesca, junto al mar. Allí, abrazados y gimiendo de angustia, murieron por asfixia y calor cuando llego la nube ardiente procedente del volcán. Tras la erupción… la línea de costa que estaba en la puerta de la ciudad quedó desplazada a un quilómetro de distancia hacia el oeste.

La antigua ciudad de Herculano quedó completamnte enterrada bajo 16 metros de cenizas y lodos y hoy sólo una parte ha sido excavada, el resto continua bajo la ciudad actual

En uno de sus escritos, Plinio el Joven relata cómo murió su tío, responsable de la flota romana en la zona, al acudir allí para ayudar a las víctimas de la catástrofe. Su descripción de los sucesos nos resulta, a la vez, trágica y terriblemente familiar, ya que nos traslada a muchas otras tragedias de las que hemos tenido noticia, en la actualidad, a través de la televisión o la prensa. En su testimonio reconocemos la misma angustia de las víctimas, la misma vulnerabilidad del ser humano, en el plano físico y psicológico.

Los restos de los muertos en el puerto de Herculano sobrecogen al visitante

No es extraño, pues, que Pompeya o Herculano ejerzan (y hayan ejercido) una seducción intensa sobre sus visitantes. Tanto la vida acomodada y placentera que se percibe en ellas, como la trágica muerte y destrucción que selló su destino conectan naturalmente con la sensibilidad empática de las personas de la actualidad, obviando completamente el lapsus histórico que media entre aquellas gentes de la Antigüedad y los turistas ociosos del siglo XXI.

El 24 de agosto, alrededor de la una de la tarde, mi madre le llamó la atención a PLinio el Viejo sobre una nube que tenía un tamaño y una forma muy inusuales. Acababa de tomar el sol y, tras haberse bañado en agua fría y haber tomado una comida ligera, se había retirado a su estudio a leer. Ante la noticia, se levantó inmediatamente y salió fuera; al ver la nube, se dirigió a un montículo desde donde podría tener una mejor visión de este fenómeno tan poco común. (Plinio el Joven, Carta 16)

Los colores de las paredes lucidas se conservan perfectamente en Herculano

CONSEJOS PRÁCTICOS PARA LA VISITA:

ENTRADAS: si puedes disponer de 3 días para visitar estos lugares sería un opción perfecta porque realmente vale la pena dedicar un día a subir al Vesubio y visitar Herculano, otro día completo para Pompeia y, por último, un día para visitar las bellas villas romanas de Oplontis, Stabia i Boscoreale. Las excavaciones abren a las 8:30 h y se puede entrar hasta las 18 h (de abril a octubre) y hasta las 15:30 h el resto del año.

COMIDA Y BEBIDA: en las ruínas, hay fuentes en las calles -las mismas que usaban los romanos que han sido restauradas- por lo que podéis tener agua sin problemas. Hay sólo un bar-cafetería-restaurante en Pompeia y puede que en temporada baja esté cerrado. A la hora de la comida está abarrotado y, aunque hay previsto abrir pronto una zona de pequeños puestos de comida, hay tanta gente que bien vale la pena ir preparado. En la visita a Pompeia interesa llevar un buen picnic y tentempiés, porque el día se os pasará volando sin daros ni cuenta y necesitaréis recuperar fuerzas para seguir recorriendo la antigua ciudad.

En una panadería de Pompeia: molino y horno

SOL Y PROTECCIÓN: si podéis elegir, evitad la visita a esta zona de Italia en julio y agosto. Todo el año son muchos los turistas que acuden pero, en verano, puede ser excesivo. Además el calor aprieta mucho así que id bien protegidos con gorra y usad crema solar. Sin duda, nos parece que primavera es el mejor momento del año para visitar la región de Campania, Nápoles y sus alrededores.

Casa del Fauno de Pompeya donde se encuentra el famoso mosaico de la Batalla de Issos

CÓMO LLEGAR: es cómodo y sencillo llegar si vas con tu propio coche -atendiendo al caótico tráfico de la región, claro- pero, en transporte público, también es fácil llegar desde la Estación Central de Nápoles con la línea de tren que hace parada en Pompei-Scavi (línea circumvesuviana Nápoles-Sorrento) a pocos minutos de la Puerta Marina (una de las zonas de acceso). El recorrido tarda unos 35 minutos y, con la misma línea de tren, se accede en 20 minutos a Herculano.

Pompeia y Herculano se sitúan en las laderas del volcán Vesubio

PROCIDA: UNA PERLA EN EL GOLFO DE NAPOLI

PROCIDA: UNA PERLA EN EL GOLFO DE NAPOLI

Como detenida en el siglo pasado, “en los años 60”, me decía  una señora encantadora en la Abadía  de San Michele Arcangelo. Así nos recibe esta pequeña isla. Procida es una perla en el Golfo de Nápoles. Es la más pequeña y la menos visitada pues sus hermanas mayores, Capri e Ischia, le roban todo el protagonismo. Sin embargo, es precisamente  esto, lo que le permite conservar el encanto de quien aún  no se ha vendido a los circuitos turísticos internacionales.

En el puerto de Procida (Italia, 2017)

Son bastantes los italianos que vienen a la isla y también hemos detectado algunos turistas franceses pero, realmente, quienes van y vienen en los ferries que conectan la península con la isla son sus residentes. Gracias a los frecuentes barcos que parten de Napoli y de Pozzuoli es fácil llegar hasta Procida en una agradable navegación. Tomamos un ferri de Caremar en el puerto de Pozzuoli y, en menos de 30 minutos, desembarcamos en el puerto situado en la costa norte de esta isla.

Tomar un café y una lengua de crema al limón es una buena manera de empezar la visita a Procida

Antes de iniciar nuestro paseo nos detenemos en el bar-pasteleria Roma a tomar un café macchiato (un cortado) y una deliciosa lingua di crema al limone. Este dulce típico de la isla es un delicado hojaldre horneado con bastante azúcar. Nunca habíamos oído hablar de él, pero al observar a la gente del bar saboreando a bocados uno de estos dulces, hemos decidido seguir el famoso dicho “donde fueres, haz lo que vieres”. ¡Qué café!

Iglesia de Santa Maria delle Grazie (Italia, 2017)

Detalle de la típica cerámica del sur de Italia (Italia, 2017)

Hay que caminar por el pueblo y recorrer el barrio de Terra Murata para ir subiendo hasta la Abadía de San Michele Arcangelo. Calles estrechas por las que suben veloces los motorinos y los estrechos vehículos  que recorren la isla. Todo nos evoca a “Il Postino“, el delicioso film que fue rodado aquí  en los años noventa. Y es que Procida, es una isla de película.

Procida, una isla en la que se han rodado muchas películas (Italia, 2017)

En nuestro ascenso llegamos al mirador de  Belvedere dei Canoni con espectaculares vistas sobre la Marina de Corricella. Con sus casas cúbicas de bellos y alegres colores, este pequeño puerto de aguas tranquilas y turquesas está coronado por la Iglesia de Santa María delle Grazie.

Nuestro guía recorriendo el barrio de Terra Murata en Procida (Italia, 2017)

La Bahía de Nápoles y el Vesubio desde la Abadía (Italia, 2017)

Entramos en la abadía que es casi un laberinto enganchado sobre los altos acantilados que miran a Nápoles y el volcán Vesubio. Ernest y Ferran se quedan admirados con el pesebre elaborado completamente con conchas de animales marinos. Después nos piden que bajemos al puerto para jugar con las barcas y darse un remojón. Aunque la playita junto al puerto merece un poco de mantenimiento -hay plásticos y algunos cristales en algún rincón…- ellos juegan felices entre los escollos.

Jugando en los escullos de Marina de Corricella (Italia, 2017)

Comemos allí mismo, en Il Maestrale, una sabrosa comida a base de antipasti (aperitivos), pasta y pescado con vistas al mar de color azul turquesa. Nos preguntamos cómo será el caluroso verano en esta isla si, ahora, en abril, el sol ya calienta con fuerza. La brisa es fresca y agradable, nos relajamos haciendo nuestro el “dolce fare niente“.

Las redes de los pescadores se acumulan en Marina de Corricella (Italia, 2017)

Para recorrer el resto de la isla una buena opción es alquilar una bicicleta o un motorino. Nosotros nos subimos a uno de los pequeños y viejos autobuses que te llevan de un lado a otro en pocos minutos. Esta isla tiene unos 4 km de longitud por lo que se puede recorrer a pie perfectamente. Los campos de limoneros llenos de frutos iluminan cada rincón.  Los jardines de las casas con higueras y jazmines  completan el decorado. Los olores son deliciosos y creemos estar en el paraíso ¡qué dulzura!

Jugando en las playas del Puerto de Chiaiolella (Italia,2017)

Llegamos hasta el Puerto de Chiaiolella y decidimos aprovechar la tarde para relajarnos en la larga playa de arenas negras bajo las imponentes paredes de lo que deben ser cenizas volcánicas petrificadas. Jugar con la arena y con las olas, dormitar bajo el suave sol y dejarnos llevar por esta “luna de miel” que queremos saborear eternamente.

Algunos barcos pasan a lo lejos en dirección a Ischia que se eleva imponente a poca distancia. La tarde cae y debemos regresar al puerto para tomar nuestro barco de regreso a Pozzuoli. Compramos unos helados y Myriam carga en la mochila algunas lenguas de crema para el desayuno de mañana, no ha podido resistirse…

Esperando el ferri que nos lleva de regreso a Pozzuoli (Italia, 2017)

Mientras que esperamos a que llegue el barco, escuchamos las conversaciones en “napoletano“. Nos encanta su dialecto brusco que casi no logramos comprender. Son sonidos consonánticos que acompañan con sus amplias y contundentes gesticulaciones de manos y brazos. Aprovechamos para montar este sencillo vídeo sobre la jornada.

El sol cae. La bandera de Italia se mece en la popa del barco. Nos alejamos de la isla y, en silencio, la observamos. Sin duda, es un buen lugar para perderse. Bella Procida! Bella giornata!

Nos alejamos de la isla tras un intenso día (Italia, 2017)

CONSEJOS:

Alojamiento: en la isla hay varios lugares para alojarse. Nosotros dormimos en Pozzuoli, en el Camping Vulcano Solfatara.

Desplazamiento a la isla: con Caremar nos costó 7,40 €/persona (precio reducido para niños). Hay varias empresas con horarios diversos. Se puede comprar pasaje en el mismo puerto.

Autobuses en Procida: el precio es diferente si se compra en el bus (1,8 €) o en los bares y tabacchi del pueblo (1,2 €). Los niños no pagan.

Para saber más sobre Procida, mira este enlace.

Desplazarse por la pequeña isla es fácil con estos pequeños autobuses (Italia, 2017)

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