LOS MANGLARES EN LAS ISLAS GALÁPAGOS

LOS MANGLARES EN LAS ISLAS GALÁPAGOS

¿Sabes que en las Islas Galápagos existen 4 de las 55 especies de mangles que se han determinado en el mundo? Los mangles son unos árboles muy especiales que forman un ecosistema llamado manglar. Su mayor particularidad es la estructura de su sistema radicular que se sumerge en las aguas y enraiza en las zonas costeras. Soportan elevadas concentraciones de sal y crean un ecosistema especialísimo adaptado al ir y venir de las mareas. Los manglares tienen un alto valor ecológico y son fuente y cobijo de una elevada biodiversidad, pero también ofrecen un gran valor económico y sociocultural.

Los pelícanos se acercaban a pescar. Isla Isabela (2013)

Los pelícanos se acercaban a pescar. Isla Isabela (2013)

En todas las regiones tropicales cubren grandes extensiones de costa y suponen una importante protección contra maremotos, tsunamis y huracanes. El ser humano ha aprendido a aprovehcar los recursos que le ofrece y, no es hasta hora que, con el cambio climático, estos espacios únicos se están viendo amenazados.

UN lobo marino dormía su siesta del mediodía. Isla Isabela (2013)

Un lobo marino dormía su siesta del mediodía. Isla Isabela (2013)

Cuando viajamos a las Islas Galápagos con nuestros hijos hace ya 3 años, pasamos momentos inolvidables junto a estos árboles que construyen un laberinto mágico ideal para el juego de muchísimas especies y, también, para nosotros. Las crías y alevines de infinidad de especies nadan entre el entramado de ramas y raíces que crecen sumergidas. En estos espacios el agua del océano se encuentra con los manantiales de agua dulce que fluían desde tierra firme facilitando un lugar ideal para la alimentación y la protección de estos animalillos.

Laguna de las Ninfas. Isla Santa Cruz (2013)

Laguna de las Ninfas. Isla Santa Cruz (2013)

Visitamos la Isla de Santa Cruz, la Isla Isabela y la Isla de San Cristóbal y aprendimos muchísimas cosas porque el Parque Nacional de las Islas Galápagos trabaja para informar a todos los ciudadanos y visitantes de estas islas maravillosas.

  • MANGLE ROJO: puede alcanzar hasta 10 metros de alto y tienen muchas propiedades curativas, entre otras, capacidad antibiótica, antiséptica y desinfectante. Su corteza grisácea oculta su interior rojizo.
  • MANGLE BLANCO: es un mangle muy esbelto que puede alcanzar los 20 metros de altura. Esta especie es de aspecto arbóreo.
  • MANGLE NEGRO: su tronco negruzco y sus hojas puntiagudas con incrustaciones de sal son carácterísticas de esta especie.No tiene raíces afianzadas al suelo sino bolsa de aire que ayuda a que respiren cuando están sumergidas.
  • MANGLE BOTÓN: es un arbusto muy ramificado que no supera los 4 metros de altura. Sus ramas son frágiles y en la base de sus hojas aparecen dos glandulitas para eliminar la sal.

    Aprendiendo en el Parque Nacional de las Islas Galápagos (2013)

    Aprendiendo en el Parque Nacional de las Islas Galápagos (2013)

Siempre nos sorprendíamos observando estos árboles. Los pelícanos dormitaban en sus copas, las iguanas aparecían nadando entre sus raíces e infinidad de pececillos y pájaros nadaban y se alimentaban entre sus sombras. En la Laguna de las Ninfas pasamos muchas mañanas avistando aves mientras leíamos o jugábamos tranquilamente. En Tortuga Bay disfrutamos de la playa a la sombra de un enorme mangle mientras los pinzones venían a visitarnos confiados. Y en el Estero de Isabela, de camino al Muro de las Lágrimas, y en la Bahía Concha de Perla, descubrimos a los lobos marinos dormitando mientras la marea baja dejaba espacios de arena tranquilos donde esconderse.

Las crías de las rayas vienen a comer junto a la playa de los Alemanes. Isla Santa Cruz (2013)

Las crías de las rayas vienen a comer junto a la playa de los Alemanes. Isla Santa Cruz (2013)

Isabela es la única isla en la que aparecen las cuatro especies de mangle, seguramente por que es la menos alterada y también la que presenta un mayor número de ecosistemas diversos. Estos increibles bosques intermareales son un tesoro que se ve amenazado por la acción de los humanos: calentamiento global, contaminación, sustancias tóxicas, deforestación… En las Galápagos todavía sobreviven y, además, son protegidos y atendidos. Confiemos que este modelo de gestión se extienda en michos otros lugares del mundo. Bien vale la pena.

Entre manglares en Tortuga Bay, Isla Isabela (2013)

Entre manglares en Tortuga Bay, Isla Isabela (2013)

SI TUVIERAS QUE ELEGIR UN LUGAR ESPECIAL PARA LLEVAR A TUS HIJOS… ¿CUÁL SERÍA?

SI TUVIERAS QUE ELEGIR UN LUGAR ESPECIAL PARA LLEVAR A TUS HIJOS… ¿CUÁL SERÍA?

¿Qué hacemos los viajeros cuándo estamos en casa? La respuesta es fácil: o soñar con nuevos viajes o planearlos. Viajar te engancha y, además, ahora, a través de las redes sociales, puedes seguir a muchos viajeros que están dando vueltas por el mundo. En otra época era más fácil porque “ojos que no ven, corazón que no siente”, sin embargo, ahora, internet hace que nuestro corazón esté siempre disfrutando o padeciendo porque nos pasamos el día leyendo a otros bloggers y alucinando con las imágenes que nos mandan desde decenas de destinos únicos.

Como sabéis, nuestro blog surgió a partir de un viaje de larga duración con nuestros hijos. Habíamos viajado antes pero, sinceramente, pocas veces nos habíamos planteado donde nos gustaría regresar cuando tuviéramos nuestros propios hijos. Ahora que ya somos padres, sí lo pensamos muchas veces y nos imaginamos regresando a lugares que nos fascinaron y sabemos que serán un gran descubrimiento para ellos.

Buscar ayuda en otros viajeros es una opción perfecta para elegir destinos. Habría sido obvio preguntar a mamás y papás que viajan con sus hijos pero nos hemos animado a hacer algo más atrevido y preguntar a aquellos que aún no tienen hijos y que, quizá -como nos ocurría a nosotros- nunca antes se han planteado dónde les gustaría ir acompañados de sus futuros hijos. Por primera vez, nos hemos atrevido a pedir a otros bloggers que participen en una entrada de nuestra web y ha sido una experiencia superdivertida y agradable ¡GRACIAS A TODOS POR VUESTRA GENEROSIDAD!. Debían completar la siguiente frase: SI TUVIERA UN HIJO/A ME GUSTARÍA DESCUBRIRLE… y este ha sido el resultado que ahora queremos compartir con vosotros.

Con Isabel y Xavier del DIARIO DE ABORDO nos vamos a… EGIPTO

El día que salimos de El Cairo de regreso a casa supimos que algún día volveríamos a viajar a Egipto y especialmente cuando tengamos hijos. Nos gustaría descubrirles una cultura tan antigua y enigmática cuyos orígenes se remontan a más de 5000 años en el pasado. Aunque Egipto es mucho más que templos milenarios y tumbas funerarias únicas. Nos encantaría volver al desierto del Sahara y visitar oasis como el de Bahariya e imaginar figuras en las formaciones calizas del Desierto Blanco. O volver a navegar por el Nilo desde Luxor y más tarde perdernos por las callejuelas del barrio antiguo de El Cairo. Egipto es un viaje excepcional que sin duda repetiremos en familia.

Para saber más sobre este viaje pincha aquí.

Con el DIARIO DE ABORDO nos vamos a... EGIPTO

Con el DIARIO DE ABORDO nos vamos a… EGIPTO

 

Con José Miguel de EL RINCÓN DE SELE nos vamos a… JAPÓN

Siempre me ha parecido Japón uno de esos países en los que todo tu mundo te da vueltas y no haces más que preguntarte por qué. Mezcla tradición cultural con un modernismo que roza ya lo que esperamos que sea el futuro. Tecnología punta y templos sintoístas, los rascacielos de Tokyo y el callejón de las geishas en Kioto. Comida venida de una máquina y el mejor sushi… Siempre sujeto a su propia dualidad. Si tuviera un hijo me encantaría ver la cara que pondría ante semejante choque y para meternos en escena aparecer disfrazados en el Parque de Harajuku de su personaje de manga o anime favorito. Y que, como “su padre”, pudiera disftrutar del silencio y la energía de un antiguo templo en el que sólo se escucharan nuestros pies descalzos sobre la madera.

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Con EL RINCÓN DE SELE nos vamos a... JAPÓN

Con EL RINCÓN DE SELE nos vamos a… JAPÓN

 

Con Eduard y Olga de LIVE LOVE VAN nos vamos… DE VIAJE EN FURGONETA.

Sin dudarlo ni un segundo, lo que nos encantaría vivir con un pequeño es VIAJAR EN FURGONETA. Recorrer mundo con la casa a cuestas, sin horarios ni organización, apoderándote del tiempo. Alterando el rumbo sin motivo alguno y adaptándose a los contratiempos que surjan en todo momento. Poder moverte dónde y cuándo quieras, quedarte aquí o ir más allá… Enseñarle que cualquier rincón puede ser único. Llenarse de instantes, sin esperar a que el tiempo vuele y, sobre todo, disfrutar del camino.

Con LIVE LOVE VAN nos vamos... DE VIAJE EN FURGONETA.

Con LIVE LOVE VAN nos vamos… DE VIAJE EN FURGONETA.

 

Con Jéssica de VIAJANDO EXISTO nos vamos a… OPORTO.

Si tuviera un hijo/a me gustaría descubrirle la increíble ciudad de Oporto (Portugal). La decisión ha sido complicada pero indudablemente sería la mejor ciudad para mostrarle. Hace años viví una gran experiencia en Oporto que fue irme de Erasmus para acabar mi Ingeniería Técnica en Informática de Gestión. La ciudad me acogió de manera espectacular y enseguida me adapte a la ciudad y fui descubriendo sus rincones más mágicos como el parque de Cristal, el río Duero, etc. La vida en Oporto es tranquila, sin prisas y es una ciudad con gran encanto. Me gustaría llevar a mi hijo/a para poderle contar in situ mi gran experiencia en la ciudad y que tuviese un gran espíritu viajero y que no tuviese nunca miedo a lo desconocido.

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Con VIAJANDO EXISTO nos vamos a Oporto

Con VIAJANDO EXISTO nos vamos a Oporto

 

Con Pablo y Bea de VERDE POR DENTRO nos vamos a… MARRUECOS.

Sin duda Marruecos es un lugar al que llevaríamos a un hijo, principalmente por tres motivos. En primer lugar, deshacerse de prejuicios y formar sus propias ideas a partir de experiencias reales. Marruecos no es un país de peligros y desierto, sino de gente hospitalaria y servicial, y de paisajes contrastados que te llevan del desierto a las nevadas montañas pasando por exuberantes bosques. El segundo motivo es valorar lo que cada uno tiene y saber compartirlo. Por supuesto que Marruecos es un país más pobre que Europa, y los niños no tienen ni tanta ropa ni tantos juguetes como los nuestros, y lo que es peor, muchas veces en vez de ir a la escuela, están por la calle pidiendo dinero a turistas o escondiéndose en los bajos de un autobús para pasar la frontera. Que un hijo sea testigo de estas escenas vale más que mil lecciones de ética. El tercer motivo es la conciencia medioambiental y respeto a los animales, ya que nos impactó ver paisajes llenos de plástico, o cómo se utilizan y maltratan animales para ganar dinero. Marruecos es un destino muy asequible donde en muy poca distancia desde España hay un gran contraste cultural y ecológico.

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Con VERDE POR DENTRO nos vamos a... MARRUECOS.

Con VERDE POR DENTRO nos vamos a… MARRUECOS.

 

Con Manel y Maeva de VIAJANDO NUESTRA VIDA nos vamos a cooperar en… LA ONGD DE YAMUNA EN MADAGASCAR.

Creemos que para los niños y niñas, visitar un proyecto social como el de Yamuna ONGD sería una muy buena idea y muy buena experiencia para ell@s. Pero no de simples visitantes que están de vacaciones, si no que ellos también van a clase, juegan o hasta ayudar a los profes, monitores, en la cocina, etc.. Así ellos mismos, podrían ver y sentir las condiciones en las que se encuentran otros niños y niñas, enfrentarlos a esa cruda realidad que por desgracia muchos niños en este mundo sufren y de esta manera conseguir una buena lección para sus conciencias. Nos parecería algo super importante si tuviéramos un hijo o una hija el llevarlo a conocer un proyecto como el de Yamuna que visitamos en Magadascar y además no solo por los más pequeños de la casa, pues es muy recomendable para nosotros los mayores. Eso sí, a todo el mundo se le queda un trozo de corazón.
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Con VIAJANDO NUESTRA VIDA nos vamos a... MADAGASCAR.

Con VIAJANDO NUESTRA VIDA nos vamos a… MADAGASCAR.

 

Con Sandra de EL VIAJE DE MI VIDA nos vamos a… PERÚ.

Si tuviera un hijo/a… me gustaría mostrarle un país tan diverso y multicultural como Perú. Aparte del increíble Machu Picchu, podríamos disfrutar su variada gastronomía (apta para todos los paladares), podríamos disfrutar de su increíble fauna y flora en parajes como las islas Palomino (donde se puede nadar con leones marinos), el desierto de Huacachina (donde practicar sandsurf), la Cruz del Cóndor (donde avistar estas increíbles aves andinas) o incluso navegar por el precioso Lago Titicaca. Además también estaría la parte de la historia. Por un lado, el triste pasado y bonito legado colonial que aún permanece en Lima, Arequipa y Cusco y, por otro, el sinfín de culturas precolombinas, la cultura inca y las actuales comunidades quetchua y aymara (entre muchas otras) que siguen transmitiendo el mensaje de que debemos cuidar de la Tierra, la Pachamama. Perú es un país tranquilo para viajar en familia y que ofrece actividades de lo más variadas y para todas las edades.

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Sandra nos lleva a Perú

Con EL VIAJE DE MI VIDA nos vamos a… Perú.

 

Con Isaac y Paula de VIAJES CHAVETAS nos vamos a… LAS ISLAS GALÁPAGOS.

Galápagos no solo es uno de los lugares más especiales y mágicos que he conocido por el mundo, sino que representa los valores de lo que la naturaleza por si misma ha logrado preservar al margen del hombre. Especies de flora y fauna endémicas que sobreviven a los tiempos como esos leones marinos que juguetean con nosotros sin miedo o las iguanas marinas que permanecen impasibles a nuestro paso. Me encantaría que cualquier niño aprendiese a respetar todo esto desde muy pequeño.

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Con VIAJES CHAVETAS nos vamos a... LAS ISLAS GALÁPAGOS.

Con VIAJES CHAVETAS nos vamos a… LAS ISLAS GALÁPAGOS.

 

Con Julio y SIlvia de EL PIXEL VIAJERO nos vamos a… NAMIBIA Y SUDÁFRICA.

Han pasado ya casi 6 años desde que volvimos de nuestro gran viaje, un año en el que dejamos nuestra vida sedentaria en ‘stand by’ y decidimos ser nómadas. El viaje nos llevó por 4 continentes, pero desde que visitamos Namibia tuvimos claro que allí volveríamos si algún día teníamos hijos. Y ahora que los tenemos, no hemos cambiado de opinión. Ir de safari en Etosha Park es sin duda una aventura inolvidable para cualquier niño, que le acerca a la naturaleza en estado puro. Tener la oportunidad de ser espectador de excepción de la vida de leones, cebras, gacelas, guepardos, cruzarte con elefantes, hipopótamos, rinocerontes… Escuchar en silencio a las hienas por la noche. Perseguir de sol a sol esta belleza salvaje, convenciéndote de que realmente estás allí y no es un documental de la 2, es sin duda una experiencia que queremos que nuestros hijos vivan. Y por supuesto, en tienda de campaña y con visita al desierto del Namib, la Costa de los Esqueletos y las tribus del norte.

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Con EL PIXEL VIAJERO nos vamos a... NAMIBIA Y SUDÁFRICA

Con EL PIXEL VIAJERO nos vamos a… NAMIBIA Y SUDÁFRICA

 

Con Azahara y Ed de EXPLORANDO SIN RUMBO FIJO nos vamos a… LA ISLA DE PASCUA.

La Isla de Pascua es un lugar mágico al que querríamos llevar a nuestros hijos…Es una isla llena de historia, cultura y misterios, que a los niños les encantaría y entusiasmaría descubrir! Tratar todo el tema de la cultura Rapa Nui, con sus tradiciones, leyendas y cultura sería interesante ver cómo lo viven los niños. Además, tiene unos paisajes espectaculares con volcanes y cráteres, adornados por los Moai, esas esculturas que tanto nos fascinaron cuando fuimos! También sería un aprendizaje sobre la sostenibilidad, ya que para el traslado de los Moai a los diferentes puntos de la isla se cree que talaron todos los árboles!! Otro punto a favor de la isla es que tiene un tamaño reducido y se puede recorrer en bicicleta, así que se podría disfrutar de agradables paseos en bici con los peques, visitando los ahu o plataformas con los moai, las playas o el Rano Raraku,  la cantera de piedra donde todavía restan más de 300 moai en diferentes fases de elaboración. Desde luego es un lugar increíble en el que pensamos que los niños disfrutarían muchísimo!

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Con EXPLORANDO SIN RUMBO FIJO nos vamos a la Isla de Pascua

Con EXPLORANDO SIN RUMBO FIJO nos vamos a la Isla de Pascua

 

Con Irene y Víctor de MADRID YA NO NOS QUIERE nos vamos a… LAS ISLAS SURIN EN TAILANDIA.

“Esto es el paraíso”, eso es lo que pensamos la primera vez que estuvimos allí. Afortunadamente el Parque Nacional de Mu Ko Surin no ha sido alterado por el hombre y se mantiene prácticamente virgen. Para los niños es ideal porque se duerme en tiendas de campaña que están instaladas en una playa de agua turquesa. Pero lo mejor está debajo del agua, cualquiera puede hacer snorkel y disfrutar de su maravillosa vida marina. El coral y los peces están tan altos, que a veces hay que tener cuidado de no pisarlos. Lo más importante es llevar una buena cámara de fotos, dinero en efectivo y crema solar. Además de peces y tortugas, los niños alucinarán con los miles de ermitaños, lagartos gigantes, monos y perezosos que trepan por los árboles. Sin duda para nosotros el mejor lugar del mundo.

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Con MADRID YA NO NOS QUIERE nos vamos a... TAILANDIA.

Con MADRID YA NO NOS QUIERE nos vamos a… TAILANDIA.

 

Con GRAN PUMUKI del blog de VIAJES DE PUMUKI nos vamos a… COSTA RICA.

Desde luego creo que una de las mejores recomendaciones que puedo hacer para aquellos padres que quieran que sus hijos descubran mundo es que les lleven a Costa Rica. La naturaleza es siempre atractiva para los mas peques y Costa Rica ofrece una biodiversidad increíble a la que además se puede llegar  de forma muy accesible. Parques naturales como Manuel Antonio, Tortuguero, Cahuita, Volcán Arenal, Marino Ballena o Monteverde ofrecen la posibilidad de observar docenas de especies entre ellas monos, aves como tucanes o colibries, serpientes, cocodrilos o el increíble espectáculo del desove de las tortugas. Además de ver volcanes, bañarse en cascadas o en el caribe. Un viaje completísimos para compartir en familia, para todos niños y adultos que los mas peques no olvidarán.

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Con EL GRAN PUMUKI nos vamos a Costa Rica

Con GRAN PUMUKI nos vamos a Costa Rica

 

Con Cristina y José Alejandro de AHORA TOCA VIAJAR nos vamos a… CHILE.

Si tuviéramos un hijo nos gustaría descubrirle Chile ¿Por qué? Chile tiene la forma de un verso, estrecho y largo. De norte a sur hay unos 4.300 kilómetros (sin contar su territorio antártico) y un ancho promedio de 177 kilómetros. Territorio suficiente para una maravillosa aventura familiar, para jugar con la geografía, con el desierto del norte y las montañas nevadas del sur, con la cultura de Santiago de Chile, con el misterio de Isla de Pascua. Un país y todo un mundo a nuestro alcance, seguro, con gente amable y cariñosa, buena gastronomía, y una naturaleza con la que sorprender los ojos de un niño constantemente. En definitiva, si en un país como Chile si se te aburre tu hijo es que algo hiciste mal.

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Con AHORA TOCA VIAJAR nos vamos a... CHILE.

Con AHORA TOCA VIAJAR nos vamos a… CHILE.

Y con todas estas propuestas…. ¿cómo nos vamos a quedar en casa? ¿Tú cuál eliges? ¿Nos ayudas con tus recomendaciones?

¡Ah! Y una cosa más… se nos ha colado algún Papá/Mamá entre los colaboradores… ¿Sabes quien es?

PARQUES ADORABLES: THE SENSE OF WONDER

PARQUES ADORABLES: THE SENSE OF WONDER

En nuestros viajes por el mundo, uno de los elementos comunes a todas nuestras escapadas, es la búsqueda de entornos dedicados a la enseñanza de las maravillas del mundo natural. Espacios creados por el ser humano que combinen el afán por recuperar y proteger ciertos lugares con el deseo por divulgar los más bellos secretos de la Madre Tierra. Se trata así de desarrollar nuestra empatía hacia ella y nuestro interés por promover su conversación.
Seres humanos que se sumergen en la naturaleza sin molestar (Escocia, 2014)
Hace ya mucho tiempo que Rachel Carson escribió su dulce y delicado libro Sense of wonder al que ya dediqué un post hace tiempo. Su visión poética y su amor por la naturaleza acrecentaron en nosotros el deseo por seguir disfrutando de las pequeñas cosas que nos ofrecen las playas, los bosques, los ríos o cualquier lugar que no haya sido alterado drásticamente por nuestra especie.

En nuestro último viaje a Estados Unidos visitamos el estado de Maine: queríamos conocer los lugares que aquella mujer ayudó a conocer y a proteger con sus investigaciones. Su incansable esfuerzo por divulgar la necesidad de combinar la protección de la naturaleza y la presencia de los seres humanos de una manera equilibrada la convirtieron en unos de los referentes de la lucha conservacionista a nivel mundial. Su objetivo era que fuéramos conscientes de cómo nuestras acciones alteran la vida del resto de seres vivientes, propietarios, como nosotros, del hábitat en el que desarrollan su vida.

Bosques en el Queen Elizabeth Forest Park (Escocia, 2015)
¿Qué tienen en común esos lugares que permiten la presencia de personas sin olvidar un estricto respeto por el entorno natural? Hoy vamos a intentar contestar esta pregunta y os vamos a describir seis lugares maravillosos que sin duda deberían servir de modelo para el diseño de espacios naturales con vocación de ser verdaderas “aulas en la naturaleza”. Si no podéis viajar hasta ellos, no dudéis en visitar sus páginas web y conocer el interesante trabajo que llevan a cabo. Podríamos decir que comparten ciertos rasgos como, por ejemplo, estos:
 
1. Estos lugares piensan en los niños y en los mayores. También facilitan el acceso al entorno a personas con dificultades físicas de manera que todos podamos disfrutar allí.
2. Tienen una extremada sensibilidad ecológica por lo que desarrollan iniciativas y actividades para promover la conservación del entorno.
Talleres para todas las edades (The Wild Center, 2015)
3. Destacan por su sensibilidad artística y combinan aspectos científicos, creativos y humanísticos buscando el crecimiento holístico del ser humano.
4. Utilizan elementos naturales, generalmente sencillos, para crear espacios de juego, descanso y reflexión en medio de la naturaleza.
5. Suelen tener círculos de amigos y voluntarios que dedican una parte de su tiempo a colaborar en su mantenimiento.
Paneles en el P.N. Galápagos (ecuador, 2013)
6. Desarrollan importantes labores de formación y educación en las comunidades locales donde se ubican.
7. Los espacios museísticos no suelen ser demasiado grandes pero sí de extremada calidad y calidez.
8. Tocar está permitido, oler, escuchar, ver, sentir… Siempre buscan desarrollar nuestra sensibilidad y crear vínculos afectivos con el lugar que quieren salvaguardar.

Es fácil tropezarte con los habitantes del lugar
(Rachel Carson Wildlife Refuge, 2015)
9. Te hacen reflexionar sobre otro modelo de crecimiento que también es posible. Cada uno de nosotros somos responsables de llevar adelante un cambio necesario allá donde sea que vivamos.
10. Hacen que te sientas feliz y maravillado. Desarrollan en ti tu sentido del asombro (your sense of wonder).
 
PARQUE OMORA (Región Antártica, Chile)
Cuando viajas a lugares perdidos en el mundo puedes creer que vas a “ninguna parte”, que allá no habrá nada, pero después compruebas que los humanos hemos llegado a casi todos los rincones del mundo y allí siempre hay gente de la que aprender, tradiciones que descubrir y naturaleza con la que maravillarse.
 
El Parque Omora se encuentra en isla Navarino, al sur del Canal Beagle, a pocos kilómetros de Puerto Williams. Muy cerca del lugar donde el Capitán Fitz Roy desembarcó para devolver a su tierra a tres indios fueguimos que había secuestrado un año antes con el fin de “educarlos” en Inglaterra. En ese mismo barco llevaba al joven Charles Darwin en su vuelta al mundo. Ya en su diario podemos leer sus impresiones sobre aquellos magníficos paisajes glaciares y la vegetación austral que los tapizaba.
Arte en los carteles del Parque Omora (Puerto Williams, 2013)
Lo más maravilloso de este lugar que es gestionado por el Centro Universitario de la Universidad de Magallanes en Puerto Williams es que muestra al visitante el fascinante mundo de los vegetales más simples y primitivos de nuestro mundo. Aquellos que pasan casi siempre desapercibidos y que en estas latitudes alcanzan una diversidad asombrosa. Líquenes, musgos y hepáticas crean mágicos bosques de ensueño que harían las delicias de los enanitos y gnomos más resistentes al frío. Los senderos conducen a través de estos bosques húmedos y si ponemos atención pueden descubrirse animales escurridizos que están habituados a vivir sin ser molestados por la presencia de las personas.
La muestra de líquenes, musgos y hepáticas es
sobresaliente (Parque Omora, 2013)
BOSQUE YATANA (Tierra del Fuego, Argentina)
Cuando la familia Alvarado decidió iniciar la limpieza del basurero en que se había convertido el campo abandonado que había junto a su casa, probablemente no podían imaginar que aquel lugar acabaría convirtiéndose en un lugar de referencia para los amantes del arte y de la naturaleza en Ushuaia. Situada en la cara sur del extremo más meridional de los Andes, esta ciudad es el centro neurálgico de las comunicaciones en el Canal Beagle. Ha crecido de un modo poco planificado y por sus laderas se van extendiendo los nuevos barrios de casas humildes. Los tendidos eléctricos cruzan las calles, el viento sopla casi permanentemente y el sol calienta poco, incluso en verano. Las vistas al canal son espectaculares y, al sur, se divisan las bellas montañas de isla Navarino y otros islotes que pertenecen a Chile.
Puerta de acceso al Bosque Yatana (Ushuaia, 2013)

Según nos contaron, aquel lugar abandonado estaba lleno de restos de papeles, plásticos y vidrios rotos. Era lugar de encuentro para borrachos y drogadictos que buscaban donde ocultar su triste existencia. Pero fue pasando el tiempo y fueron sacando basura de aquel lugar y llevando hasta allí la sensibilidad y el amor hacia la naturaleza y el ser humano. Además se inició la recuperación de las señas de identidad de los primeros habitantes del territorio: los onas. Los indios fueguinos habían desarrollado toda una cultura que les permitía sobrevivir en aquellas tierras inhóspitas con una sabiduría ya olvidada.

Espacios para la relajación y la creación (Bosque Yatana, 2013)
El Bosque Yatana es hoy un lugar bello y relajante en el que las lengas (hayas endémicas) y otros árboles aún jóvenes crecen cubriendo el espacio de sombras que, en otoño,  se transforman en un bello tapiz de hojas anaranjadas y amarillentas. Talleres de pintura, de escultura y de danza, rituales de hermanamiento con la Madre Tierra y otras muchas actividades convierten a este lugar en un recuerdo imborrable para nuestra memoria.
La vinculación con la cultura ancestral está
muy presente en el Bosque Yatana (Ushuaia, 2013)
Son pequeñas sus islas pero es ingente el trabajo que se viene realizando aquí para conservar los tesoros naturales que atesoran. Si serán capaces de hacer coexistir el creciente turismo con la protección del mundo natural es algo que aún no sabemos pero, sin duda,  están esforzándose porque así sea. Este es uno de los puntos del planeta que más llaman la atención a los que gustamos del mundo natural porque recorrer este territorio es sin duda un auténtico gozo. Un espectáculo con mayúsculas
Centro de interpretación de la Isla de Santa Cruz (Ecuador, 2013)
Centro de interpretación de la Isla de San Cristóbal (Ecuador, 2013)

En cada una de las islas habitadas y que pueden tener acceso los turistas, se realizan  cursos de formación de monitores y guías naturalistas. Además, son numerosas las campañas informativas para los ciudadanos que han de seguir unas normas bastante estrictas respecto al consumo de agua, el reciclaje de residuos y el uso de diversos recursos. Se explica también de la historia geológica de estas bellas islas, de su diversidad biológica, y otras particularidades. Se desarrollan planes de desarrollo contando con los ciudadanos que las habitan, pero sin olvidar la protección del patrimonio natural. Un modelo que esperamos prospere y crezca, un ejemplo a seguir en múltiples sentidos.

En Isla Isabela convivir con las especies
autóctonas es habitual (Ecuador, 2013)
Hacen falta recursos para montar un parque dedicado a la difusión de las ciencias naturales. Pero además hace falta buen gusto y mucho trabajo para montar actividades interesantes y atractivas. En este parque forestal hay un pequeño museo en el que se hacen talleres dirigidos a niños y adultos. Pero lo más interesante son las rutas accesibles que se han diseñado en el bosque compaginando el arte y la creatividad con la observación de la naturaleza. Siempre utilizando materiales naturales han creado diversos espacios, para el juego y la contemplación, realmente inspiradores.
Jugando en el bosque (Queen Elizabeth Forest Park, 2014)
Museo en el Queen Elizabeth Forest Park (Escocia, 2014)
Decenas de senderos para recorrer a pie o en bicicleta. Cascadas, arroyos y riachuelos que aparecen inesperadamente. Observatorios para aves y mamíferos. Para atraer al público más aventurero y atrevido hay además una ruta aérea para conocer el bosque lanzándose en tirolinas, atravesando el bosque con cuerdas y pasarelas. Dentro de las actividades GoApe se puede conocer el bosque de un modo emocionante y con la adrenalina corriendo por nuestras arterias.
Zona de juegos (Queen Elizabeth Forest Park, 2014)
Zona de alimentación controlada para facilitar la observación
THE WILD CENTER (New York, USA)
Una de las mejores cosas de viajar es descubrir lugares sorprendentes e inesperados que te fascinan. Llegamos a Tupper Lake invitados por Pam a través de “couchsurfing“. Era una tarde lluviosa y fría y las montañas Adirondack aparecían cubiertas de bruma. Estas son las montañas más elevadas del estado de New York y se caracterizan por sus densos bosques, lagos y lagunas bellísimas. Pasamos una jornada memorable invitados en un preciosa casa de madera junto al lago y, por la mañana, siguiendo las indicaciones de la madre de Pam nos dirigimos al Wild Center. Lo que en el pasado fue un campo arrasado por la deforestación es hoy un día un monumento a la conservación.
Caminado como ardillas por el bosque (The Wild Center, 2015)
Lo que pensábamos que sería un sencillo museo era en realidad un proyecto riquísimo y atractivo: una fundación en la que muchas personas y entidades participan.  Este tipo de inicitivas son muy comunes en Estados Unidos: un grupo de personas ponen su dinero y su tiempo, buscan subvenciones y ayudas económicas, trabajan como voluntarios para hacer realidad algo que podría parecer una quimera. Si el tema prospera se contrata personal y se convierte en un negocio. Nos fascinó todo el museo. A mí, especialmente, la sala con los materiales didácticos para el estudio del mundo natural. Armarios llenos de sorpresas, cajones con muestras de todo tipo para jugar y aprender. Eran preciosas las reproducciones de hongos, por ejemplo.  Los modelos de esqueletos de diversos animales, los puzzles y tantas otras cosas para experimentar y descubrir. El sueño de cualquier persona que se dedique a la enseñanza de las maravillas de nuestro planeta.
Materiales para descubrir el mundo natural (The Wild Center, 2015)
Sin duda, el broche de oro a la visita fue el paseo por el bosque. Ascender entre los troncos huecos, creados y diseñados para poder subir a las alturas. Ya sea por tu propio pie, con un carrito de bebé o en silla de ruedas, todo el mundo puede disfrutar de ese paseo entre las copas de los árboles del bosque septentrional americano. Robles, pinos, sauces…. Al final del paseo nos esperaban dos sorpresas increíbles: un enorme nido de águila en el que sentirte como una de esas majestuosas aves y una espectacular tela de araña elevada a una decena de metros sobre el suelo en la que jugar y saltar bajo la supervisión de la araña gigante propietaria de esa obra de arte.
Caímos como moscas en la tela de la araña gigante (The Wild Center, 2015)
Todo el entorno está diseñado con creatividad y
rigurosidad (The Wild Center, 2015)
Y para finalizar, probablemente, el más sencillo y humilde de los parques y reservas que hemos recogido en esta entrada de hoy pero no por ello menos importante. Rachel Carson y sus refugios para la vida salvaje se merecen un centro de interpretación mejor diseñado, con una mejor exposición sobre la vida y obra de esta bióloga-escritora, con mas información sobre las amenazas que destruyen cada día los humedales y zonas costeras de todo el planeta. Con su humildad, este lugar transmite la esencia de lo que Rachel Caron fue: una persona sencilla e inteligente, capaz de escribir con dulzura sobre los ecosistemas que tan bien estudió y conoció. Ella vivió en Maine la mayor parte de su vida pero también recorrió otras zonas de Estados Unidos en sus proyectos de investigación y para documentarse en sus escritos.
Cultivando nuestro “sense of wonder” con Rachel Carson
La visita al centro de interpretación incluye el paseo por un sendero de un kilómetro de longitud en el que se explican los delicados equilibrios que coexisten en este lugar donde las aguas dulces de los ríos se encuentran con el mar en sus grandes desplazamientos mareales que tienen lugar cada día. El bosque que se recorre es joven pues sufrió, hace pocas décadas, una intensa deforestación -como la mayor parte de la costa este de Estados Unidos. Es desde hace poco tiempo que ha comenzado a recuperarse. Después de haber visitado los bosques chilenos, no podíamos evitar hacer comparaciones pues estos árboles parecen poca cosa frente a aquellos majestuosos árboles centenarios. Pero es ilusionante comprobar como la protección de extensas áreas del territorio y una gestión consciente están ayudando a crear bosques que en pocas generaciones serán impresionantes.
Sendero que recorre el bosque en recuperación
(Rachel Carson Wildlife Refuge, 2015)
Como nos recuerda aquel dicho “dejemos a nuestros hijos un mundo mejor del que heredamos”. En estos seis lugares que hoy hemos intentado descubriros están trabajando a conciencia para que así sea. La mayor parte de ellos hacen pagar al visitante: cobran por aparcar, o por acceder a las instalaciones o por participar en algunas de las actividades. Para nosotros puede parecernos extraño porque en nuestro país no estamos habituados a pagar y colaborar en el mantenimiento de estos lugares. Los turistas debemos contribuir en la protección de los espacios natuarles que visitamos, del mismo modo que pagamos por una buena comida, un museo o por ir al cine… Pero además, como habitantes de un  territorio, cualquiera de nosotros puede contribuir de múltiples maneras: recuperar campos abandonados, diseñar aulas para el estudio de la naturaleza, crear rutas eco-culturales, rescatar usos tradicionales… Ojalá que poco a poco, frente a al ansia urbanística,  aprendamos a aprovechar mejor las zonas urbanas que ya hemos asfaltado y dejemos nuestro entorno natural a salvo.
Los humedales son lugares sensibles y únicos (Maine, 2015)
PASEANDO ENTRE VOLCANES

PASEANDO ENTRE VOLCANES

Tras la erupción del volcán Calbuco el pasado 22 de abril he estado pensando en los volcanes que he visitado en mi vida viajera. Haciendo este repaso me he dado cuenta de que los volcanes han sido una de las excusas para visitar muchos lugares. Nunca me había parado a pensarlo pero realmente he pisoteado unos cuantos y he de reconocer que siento una cierta atracción por ellos. El volcán más grande del Sistema Solar está en Marte y se llama Monte Olimpo en recuerdo al Olimpo de nuestros dioses griegos. Es un volcán inalcanzable, por supuesto, que sólo podemos observar gracias a bellas fotografías de nuestros telescopios espaciales. Es tan grande que solo al compararlo con nuestras grandes montañas podemos imaginar cómo debe ser de enorme.

micro.cibermitanios.com.ar
Los volcanes generan magnetismo en los seres humanos. Nos cautivan con su simetría y belleza majestuosas. Cubiertos de nieve o de cenizas dejan ver su forma cónica a través de las nubes que muchas veces se arremolinan en sus laderas. Guardo un recuerdo especial de los últimos volcanes que vimos en nuestro viaje De Tierra del Fuego a las Galápagos. Quizá por ser todos ellos volcanes “jóvenes” y activos, quizá por los lindos recuerdos que conservo en mi mente.
Pero hay algunos otros que me vienen a la mente. Aquí os dejo “mis recuerdos más cenizos”.
1. EL TEIDE EN LA ISLA DE TENERIFE (ESPAÑA)
Fue el primer volcán que visité y lo recuerdo nítidamente. Se alza 7.500 metros desde las profundidades del océano Atlántico y emerge sobre el nivel del mar con  sus 3.718 m. Con esta embergadura desde el lecho marino es el tercer volcán  más grande del mundo y la isla de Tenerife también está entre las de mayor elevación del planeta. En el diario de su vuelta al mundo Charles Darwin explica su llegada a Tenerife: El 6 de enero llegamos a Tenerife, pero se nos prohibió desembarcar, por temor de que lleváramos el cólera; a la mañana siguiente vimos salir el Sol tras el escarpado perfil de la isla de Gran Canaria e iluminar súbitamente el pico de Tenerife, en tanto las regiones más bajas aparecían veladas en nubes aborregadas.

Fotografiando los pinos canarios entre las coladas de lava (en otra “era” de mi vida)

Aunque su intención era ascender el volcán y estudiar su flora y su fauna, no le fue posible. Hoy en día, como ya sabeis, este volcán forma parte de los Parques Nacionales de la Islas Canarias. El visitante descubre en su ascensión unos maravillosos contrastes en la vegetación a consecuencia de las variaciones climáticas provocadas por los vientos marinos que generan un espeso mar de nubes.

2. EL VESUBIO EN LA BAHÍA DE NÁPOLES (ITALIA)
La visión del Golfo de Napoli es magnífica cuando anochece. Mientras la ciudad enciende poco a poco sus luces el Vesubio es iluminado todavía por los últimos rayos del Sol que se esconde al oeste tras el mar. Al sur Sorrento y al norte, Pozzuoli, un buen lugar para conocer más cosas sobre el vulcanismo de la región.

Sulfataras de Pozzuoli

La población se apretuja en esta enorme bahía y es inevitable pensar qué ocurrirá el día que el gran volcán decida despertar. No habrá salida posible. La vida se detendrá, como ocurrió en Pompeya y Herculano. Visitar las ruínas de aquellas bellas villas romanas ayuda a reflexionar sobre nuestra manera de vivir y nuestra inconsciencia. El carácter de los napolitanos está marcado por la presencia de ese coloso: carpe diem!

Cráter del Vesubio (imagen tomada de internet)
Subir al Vesubio es una ascensión cómoda que hace posible asomarse al cráter de un volcán. Desde el aparcamiento son apenas 30 minutos de paseo por la empinada ladera. El olor a azufre y las fumarolas emergen por cada grieta irritando las fosas nasales del curioso. Pero lo mejor está allá abajo. Las vistas del golfo y Capri allá a lo lejos, entre las aguas, te anima a visitarla en una próxima jornada. Tras el ascenso hay que regresar a Nápoles y recuperar fuerzas tomando una auténtica pizza. Aunque ya se cocinaba desde mucho antes, fue allí donde se bautizó la Pizza Margherita en honor a la Reina Margarita de Saboya. Si os habéis fijado esa variedad de pizza incluye los tres colores de la bandera italiana: tomate, mozzarella y albahaca.
3. EL PUY DE DOME EN CLERMONT FERRAND (FRANCIA)
Nunca había imaginado que Francia era tierra de volcanes. Pero sí,  lo es. Volcanes extintos, pero volcanes al fin. Cerca del Macizo Central, en la región de Auvernia, se alzan varios volcanes fácilmente distinguibles y que llaman la atención a cualquiera que se traslade por carretera cerca de Clermont Ferrand. El Puy de Dome con sus 1.464 metros impresiona por los colores verdes que tiñen sus laderas con un cromatismo relajante y bello. Ascender a su cima es posible siguiendo un camino que permanece desde que los romanos trazasen la calzada original. Además existe un tren cremallera llamado Panoramique des Domes que cómodamente te traslada hasta la cúspide del cono.
puy de dome vacances auvergne 10110
www.locatour.com

Pero lo mejor si viajas con niños o con ganas de aprender un poco de geología,  es que allí existe el único parque de atracciones dedicado a los volcanes: Vulcania. Es este un objetivo pendiente para nosotros… Aún no hemos visitado este lugar pero os aseguro que ya estamos proyectando una escapada a Francia que contará con una parada en Vulcania ya que Ernest y Ferran siente una gran atracción por todo lo que tiene que ver con estas chimeneas naturales, emisoras de gases y magma del interior de nuestro planeta.

www.vulcania.com
4. MONT RAINIER EN EL ESTADO DE WASHINGTON (USA)
Me dijeron que era un volcán y me lo creí pero nunca logré ver su cúspide claramente. A pesar de ser agosto, en el Estado de Washington, en la costa oeste de Estados Unidos, las noches eran frescas, acampábamos bien abrigados y la nieve cubría la parte alta de este impresionante volcán.  Realmente no era nieve, eran sus glaciares de hielo grisáceo y azulado acumulado por decenios. Allí vi por primera vez un glaciar alpino entre las nubes que cubrían la cumbre. Con sus 4.392 m.s.n.m. es una de las montaña con la pendiente más pronunciada del país. Se le considera uno de los volcanes más peligrosos del mundo por la enorme cantidad de hielo que acumula en sus 26 glaciares. Vecino del devastador Monte Santa Helena, en la región todos temen que algún día despierte y provoque una catástrofe similar a la que este generó en el año 1980. Sin embargo, el Mont Rainier sería mucho más destructivo debido a que sus alrededores están bastante más poblados.

Paseando con amigos por las laderas del Mont Rainier

Los Parques Nacionales de Estados Unidos son un referente para cualquier amante de la naturaleza y para cualquier gestor. Al menos, desde mi punto de vista, ofrecen muy buenos servicios, información muy detallada de las rutas, de las precauciones y limitaciones que tiene el visitante. El acceso no es gratuíto pero es que bien vale la pena hacer valorar de alguna manera el coste que supone la protección y gestión de estos parajes. Desde Seattle -a menos de 100 km- el acceso al Mount Rainier National Park es cómodo y agradable, una vez allí las alternativas son diversas para el excursionista.

Los glaciares fluyen desde la cima invisible

5. EL MONTE ETNA EN SICILIA (ITALIA)

En el año 2007 visité Sicilia. Por su puesto que no falto el ascenso a una parte del Volcán Etna que con sus 3.322 m de altitud es el volcán activo más alto de Eurasia. Llamado Gibellu por los sicilianos permanentemente condiciona la vida de los residentes de las poblaciones cercanas. Sobre todo a la gran ciudad de Catania que ha sido destruida en múltiples ocasiones por la furia imparable de este coloso. Pero sus habitantes resisten y desafían a la gran montaña cada día.

Monte Etna desde Catania (Sicilia, 2007)

La carretera que sube desde Nicolosi hasta Rifugio Sapienza es espectacular. Atraviesa las grandes coladas de lava de las erupciones de 2001 y 2002. Te encuentras en un paisaje lunar, abrupto, de piedras retorcidas donde líquenes y musgos señalan las coladas más antiguas. Algunos pinares dispersos, casas abandonadas y destrozadas por la erupción. Cráteres diseminados aquí y allá. Las vistas son espectaculares y poder esquiar viendo el mar a tus pies, una experiencia única.

Cráteres auxiliares del Monte Etna (Sicilia, 2007)

6. LA CALDERA DE TABURIENTE EN LA PALMA (ESPAÑA)

Allí podemos decir que Ernest echó a andar. Ya caminaba hacia casi 6 meses pero allí se lanzó a descubrir el mundo. Quería seguir aquellas sendas entre esa maravillosa vegetación canaria. Pisando fuerte ese suelo ennegrecido y marrón. Fue fantástico descubrir aquella isla y dejarnos llevar por la brisa del océano, la humedad del aire, los colores de la vegetación y los sonidos del habla de sus habitantes. Nos dejamos llevar por la enorme caldera de ese volcán que hoy reposa. Ferran nos acompañaba en aquella aventura creciendo en mi seno y, aunque dificultaba mis caminatas, no nos impidió recorrer la isla y disfrutar de su bello paisaje agreste. Un destino ideal para visitar en cualquier momento del año.

En la cornisa de la Caldera de Taburiente (La Palma, 2010)

7. EL VOLCÁN OSORNO Y SUS HERMANOS (CHILE)

Sin duda el paisaje volcánico más hermoso que hemos pisado hasta el momento. Los andes desbordan de belleza. Bosques, ríos,  cataratas, lagos, volcanes, desiertos, salares y una vegetación y una fauna que te cautivan. Sin embargo, tienen su cara amarga: la incesante actividad volcánica de esta cordillera pone en jaque a sus habitantes y a prueba la capacidad de supervivencia de todos los seres vivos que allí habitan. Sin ir más lejos, esa playa del lago Llanquihue en Ensenada, cerca de Puerto Varas, está hoy cubierta por más de mediometro de las cenizas que hace unos días lanzó el volcán Calbuco. El de la foto es su vecino, el Osorno (2.852 m). El Calbuco nos vigilaba tranquilo aquella tarde a nuestras espaldas.
Ferrán jugando en el lago Llanquiue, junto al volcán Osorno en Ensenada (Chile, 2013)

Un poco más al norte, cerca de la turística ciudad de Pucón, está el siempre activo volcán Villarrica (2.847 m) que lanza humo y cenizas casi permanentemente. Desde cualquier punto es visible y es posible ascender una gran parte de  su cono acompañado por guías expertos. Nosotros lo disfrutamos más alejados, desde el Parque Nacional Huerqueue cuando nos fuimos a retirarnos a una cabaña junto al lago Tinquilco. Fueron días inolvidables.

El lago Tinquilco y el volcán Villarrica

Los volcanes amenazan y sobrecogen con su presencia pero también ofrecen recompensas que muchas veces son grandes lujos para alguien que viaja sencillamente con sus hijos y un par de mochilas. Las Termas Geométricas supusieron un regalo único. En aquel barranco exhuberante, entre enormes helechos y talcas, los manantiales de aguas muy calientes se habían aprovechado para crear un entorno mágico, como de hadas y elfos. Era necesario mezclar las aguas calientes (80 C) con las frías aguas del arroyo y así crear piscinas de diversas temperaturas para que el bañista pudiese elegir su temperatura ideal… Cómo disfrutamos! Qué bien lo pasamos!

Termas Geométricas: un regalo junto a los volcanes

8. EL VOLCÁN LICANCABUR EN EL DESIERTO DE ATACAMA (CHILE)

Y para finalizar, el volcán más grande junto al que hemos estado: el Licancabur. Con sus 5.920 m.s.n.m. es el rey del desierto de Atacama, la montaña del país o del pueblo. Situado en la frontera entre Bolivia y Chile, su perfil sobre el horizonte atrae nuestra mirada permanentemente. Es posible ascender hasta su cima en una caminata agotadora de 12 horas donde la falta de oxígeno pone en riesgo de apunarse a cualquiera que lo intente.

Vista del volcán desde la carretera a los Géiseres del Tatio

Al atardecer, su hechizo aumenta y si además te bañas relajado en alguna de las lagunas del salar te sientos flotando en el paraíso ya que la densidad de las aguas es tan elevada que puedes relajarte en ellas sin miedo a hundirte.

Atardecer en las lagunas del Salar de Atacama (Chile, 2013)

9. EL VOLCÁN SIERRA NEGRA EN LAS ISLAS GALÁPAGOS (ECUADOR)
Es tan grande este volcán que, mientras paseábamos junto a su cráter, casi no podíamos imaginar que lo fuera. El volcán Sierra Negra se encuentra en la isla Isabela. Mide más de diez kilómetros de diámetro y sólo es superado por el magnífico volcán tanzanés Ngorongoro. Lo destacable de éste es que está activo: la última gran erupción fue en 2005 y liberó una gran cantidad de lava que cubrió la mitad de la caldera con una capa de seis metros de espesor.

Acceso a la senda con la información del Parque Nacional (Ecuador, 2013)

La temperatura es elevada y los vientos húmedos que llegan del Pacífico generan unas condiciones climáticas que permiten una vegetación exhuberante: helechos, líquenes y muchos arbustos como la guayaba, crecen sin parar. Caminar era algo sofocante por la alta humedad. Fue un día especial que recuerdo nítidamente porque además, celebrábamos el cumpleaños de Pau. Fue un gran regalo para todos!

Hay tantos volcanes y la mayoría son inalcanzables… ¿Cuáles son los volcanes que me gustaría visitar? El mundo está plagado de ellos y están muy lejos de casa pero quizá algún día podamos viajar hasta allí. Estos son los tres que yo elegiría ¿cuál elegirías tú?:

1. EL VOLCÁN KILAUEA EN HAWAII (USA)
http://es.layoutsparks.com
2. EL MONTE FUJI EN LA ISLA DE HONSHU (JAPÓN)
También llamado Fujiyama o volcán de la diosa floreciente está situado
http://www.japan-guide.com
3. EL KILIMANJARO (TANZANIA)
Es la montaña más alta de África (su cima es el pico Uhuru y supera los 5.891 m.s.n.m.) y está formada en realidad por tres volcanes inactivos: el Shira, el Mawenzi y el Kibo.
gorilas
www.taringa.net
RECUERDOS DE LAS ISLAS GALÁPAGOS

RECUERDOS DE LAS ISLAS GALÁPAGOS

Hoy hace una año iniciábamos nuestra estancia en las Islas Encantadas. Así aparecen ahora nuestro recuerdos, como encantados, porque la combinación de sensaciones, colores, sonidos, imágenes y emociones nos hacen complicada la descripción de las experiencias que vivimos allí a lo largo de aquellas cuatro semanas. Casi me atrevería a decir que visitar aquellas islas debería ser una visita obligada para los amantes de la naturaleza y, sobre todo, para aquellos cuya sensibilidad hacia el mundo natural está poco desarrollada. 

Allí uno puede tomar plena conciencia de la existencia de ecosistemas en los que la naturaleza se expresa con todo su esplendor y donde el hombre no es un intruso, pero tampoco interfiere y dificulta la vida de todos aquellos organismos que llegaron mucho antes que nosotros. En contraposición, podríamos pensar que sería mejor limitar el acceso con el fin de preservar las islas de la amenaza del ser humano. Creo que los habitantes y gestores del Parque Nacional Islas Galápagos están haciendo un gran esfuerzo por lograr el equilibrio entre ambas opciones y han convertido el hecho de vivir y viajar allí en una experiencia plena de aprendizajes.
En este momento de la historia de nuestro planeta nos enfrentamos a un verdadero reto en la gestión de los recursos naturales y en el planeamiento del modo de sociedad que queremos para los miles de millones de personas que invadimos la Tierra. Creo sinceramente que este asunto es el problema más importante al que nos enfrentamos -aunque raramente tome el protagonismo en los medios de comunicación- y determina aspectos tan importantes como el uso del agua, la producción y distribución de alimentos, la gestión de los residuos o la producción de energía. No hay duda que una manera adecuada de enfrentarnos a estas cuestiones ayudaría, no sólo a la conservación de los ecosistemas terrestres, también al de los millones de seres humanos que viven en condiciones que impiden su pleno desarrollo como personas debido a la falta de alimentos, de agua o de un lugar agradable en el que vivir. En las islas Galápagos se puede encontrar la receta para solucionar el problema: necesitar poco, sólo lo suficiente para vivir digna y respetuosamente con el medio ambiente.
Viajar a Guayaquil desde Madrid es sencillo y no demasiado caro. Hay vuelos directos todos los días. Se puede tomar un vuelo nocturno y, por la mañana, enlazar con uno de los vuelos que conecta la capital económica del Ecuador con Baltra (Isla Santa Cruz) o Puerto Baquerizo Moreno (Isla San Cristóbal). A los trámites habituales de aduana hay que añadir el tiempo necesario para hacer las gestiones exigidas por las autoridades del Parque Nacional. En el aeropuerto de Guayaquil hay que hacer un primer control de equipaje y, en el de llegada a las islas, un segundo control aún más exhaustivo. Hay que pagar 10$ antes del embarque y 100$ más (50$ los niños) para conseguir el permiso de visita. Además, en el avión, el personal de abordo dedica una parte de sus explicaciones a detallar las particularidades ambientales de las islas y de cuáles son las normas generales de comportamiento en ellas. Por último, y para sorpresa de los turistas, proceden a fumigar la cabina del avión y todo el equipaje de mano con el fin de eliminar cualquier invertebrado viviente… Realmente te sientes como un chinche atrapado en su guarida y, aunque lo asumes, no dejas de pensar en que el procedimiento es un poco invasivo. Si bien, es lo que hacemos los humanos habitualmente con los “animaluchos” y “malas hierbas” que no nos interesan….
Moverse entre las islas es fácil, sobre todo entre las más habitadas. Hay lanchas motoras de diversas capacidades que comunican unas islas con otras. Eso sí, los trayectos son largos y sobre un océano Pacífico a menudo con mar de fondo que provoca que el desplazamiento sea exigente para los que no estamos habituados al mar. Hay una opción alternativa que también implica asumir ciertos riesgos pero que es una experiencia única y placentera si es que controlas los miedos a volar en una “mosca de acero”. Se trata de reservar un asiento en una de las avionetas que comunica los aeródromos de las islas. Las de mayor capacidad tienen 8 asientos más el piloto y el copiloto. Transportan el correo y hay vuelos diarios. El viaje más largo es el que une Isla Isabela con la Isla de San Cristóbal. Nosotros decidimos hacer uso de esta opción con nuestros hijos pequeños y os aseguro que fue una experiencia inolvidable. El vuelo a poco más de 100 km/h sobre las islas a 1.500 metros de altura constituye todavía hoy uno de los mejores recuerdos que tenemos de nuestro viaje De Tierra de Fuego a las Galápagos.
Entre los tópicos sobre el viaje allí es que resulta muy caro. Sin embargo, puede no ser así en absoluto. Resulta caro si se reserva un crucero en un pequeño yate o velero que te lleva de isla en isla aunque también es cierto que es esta la única manera de visitar ciertos lugares que no son en absoluto accesibles caminando en las islas. Por otra parte, hay muchas actividades que sólo pueden realizarse en pequeños grupos y acompañados por un experto guía, para reducir el impacto sobre el entorno, las cuales también implican el desembolso de elevadas cantidades de dinero. Pero, sobre todo, en todas las islas hay pequeñas rutas, senderos y playas de acceso totalmente libre, con muy buenas indicaciones y totalmente gratuitas, en las que se puede disfrutar de la naturaleza en estado puro. Esta fue nuestra opción y os aseguro que no quedamos en absoluto defraudados.
Todos estos datos prácticos han venido a mi memoria, quizá porque no sé qué vivencias seleccionar de los 30 días que estuvimos allí. Nadar con lobos marinos, entre iguanas y grandes tortugas marinas. Divisar las bandadas de piqueros de patas azules mientras pescan en la costa. Disfrutar con los rápidos “vuelos” de los pingüinos y admirar el lento caminar de las enormes tortugas galápagos. Ascender a los volcanes entre brumas tropicales, curiosear por los túneles dejados por las coladas volcánicas, recorrer en bicicleta las largas playas de arena blanca. 
Deslizarse en kayak acompañado de mantas-raya y tiburones. Almorzar acompañado por los curiosos y confiados pinzones. Tomar el sol junto a las extrañas iguanas marinas y tomar un coco helado en una tumbona mientras un cachorro de lobo marino duerme su siesta junto a tí. Enormes cangrejos rojos descansan sobre las rocas negras creando un atractivo traje de “faralaes” y los colibríes vienen a libar en las matas cercanas a la playa. Los grandes pelícanos pescan en la orilla mientras nuestros hijos juegan felices. Las grandes grullas pasean entre las palmeras mientras nosotros nos sentimos adormecidos disfrutando de un sueño del que no queremos despertar.
Pero lo más extraordinario del lugar es descubrir que en pocos días tus ritmos vitales se acompasan con los de la naturaleza. Que tu sensibilidad despierta a muchas sensaciones que habitualmente pasan desapercibidas. Te sientes en armonía con el mundo, respetando, dejando que la vida fluya sin obstáculos en toda su belleza.

Son tantos los recuerdos que esta mañana, mientras escribo desde mi cama y observo el trocito de mar divisable entre los altos edificios de El Campello, no puedo evitar trasladarme a aquellas frescas mañanas en Puerto Villamil. Termino esta entrada, la cuelgo en el blog, cierro los ojos y me parece sentir el jugo de maracuyá, la macedonia de papaya, los dulces caseros… Me relajo como aquella enorme iguana en la Playa del Amor. La humedad del ambiente se va disipando, luce el sol y ante nosotros tenemos un gran día. Hoy es un gran día, lo va a ser, pero aún es mejor porque tenemos nuestros recuerdos de las Islas Encantadas.

BALANCE DE NUESTRA EXPERIENCIA

BALANCE DE NUESTRA EXPERIENCIA

Realmente es difícil expresar todo lo que ha supuesto este viaje para nosotros en unas pocas líneas. Cuando tan solo era un proyecto y tratábamos de imaginar lo que nos aportaría esta experiencia apenas vislumbrábamos ligeramente lo que ha llegado a enriquecernos en realidad. Después de viajar miles de kilómetros para recorrer la costa pacífica de Sudamérica, desde su extremo más meridional, en Tierra del Fuego, hasta el apartado e insólito archipiélago de las islas Galápagos, podemos decir que nuestra visión de la vida se ha ampliado significativamente y que nos hemos visto obligados a desechar bastantes ideas y pensamientos que parecía que iban a estar arraigados en nuestra mente de por vida. 


Una experiencia así te cambia, necesariamente. O por lo menos hace que un cambio que tal vez ya estaba en marcha se consolide y se torne definitivamente irreversible. Porque esta experiencia no se reduce a todos aquellos aspectos que pueden ser fácilmente cuantificados. Estuvimos 166 días fuera de casa, recorrimos unos 40.000 kms, estuvimos en 3 países diferentes, volamos a bordo de 9 aviones y 1 avioneta, navegamos a bordo de 2 ferrys, 8 lanchas, 1 bote de remos y 1 kayak, tomamos 18 autobuses de ruta, 20 microbuses y 10 autobuses urbanos, circulamos sobre 1 trolebús, alquilamos 8 coches, subimos a 15 veces en funicular y 1 en telesilla, tomamos 21 taxis, 3 colectivos y 4 servicios de transfer, montamos en 1 tren, 1 tranvía y 6 metros, hicimos 13 desplazamientos con las personas que nos alojaban, montamos 1 vez a caballo e hicimos autostop en 4 ocasiones, cocinamos en 24 cocinas diferentes, dormimos en 27 camas diferentes, hicimos 5330 fotografías y 513 vídeos y nos gastamos más de 28.000 €.
Además hay un sinnúmero de aspectos igualmente reseñables pero que no nos entretuvimos a cuantificar: los centenares de personas con las que hablamos, las docenas de comercios en los que compramos o de restaurantes donde comimos, los kilómetros que caminamos –por calles, carreteras, playas, senderos…-, los miles de árboles bajo cuya sombra estuvimos, las docenas de ríos, lagos y lagunas que contemplamos, los miles de pingüinos que encontramos, las docenas de volcanes de admiramos, los centenares de lobos y leones marinos que nos salieron al paso, las docenas de glaciares que vislumbramos, los centenares de cumbres montañosas que nos retaron, las docenas de delfines que vimos, el puñado de ballenas que nos resoplaron, los miles de iguanas que nos ignoraron, los centenares de tortugas terrestres que se nos acercaron curioseando, el puñado de tortugas marinas que nos huyeron, las docenas de tiburones que nos dejaron boquiabiertos… En fin, podríamos “contar” tantas cosas, puestos a “contar” incluso podríamos “contar” el número exacto de inodoros que utilizamos. Pero esa no es la cuestión, obviamente.




Guayaquil (Ecuador, 2013)
En realidad, podríamos decir que lo más reseñable del viaje se desarrolló en torno a una mesa. Aquel fue, sin duda, un punto de encuentro. De encuentro con nosotros mismos, por supuesto, pero también con otras personas. Justo lo que andábamos buscando. Como dice un amigo, al que conocimos precisamente allí, hay lugares –ya sean trabajos, personas, experiencias o espacios físicos- a los que no llegas tú, sino que son éstos los que te buscan a ti y te encuentran, por mucho que trates de esconderte. 
Durante todo el viaje estuvimos buscando un lugar como aquél, pero al fin fue aquel lugar el que nos llamó a nosotros. Allí no éramos turistas, sino personas y nuestro anfitrión no era un profesional de la hostelería, sino un hombre, sin más. Cada noche nos preparaba la cena y se sentaba a la mesa con nosotros para hablar, con nosotros y con las otras personas que se cobijaban bajo su techo. Como anfitrión, era el mejor, puesto que lo único realmente valioso de todo lo que ofrecía era a sí mismo. Ese es el secreto, al fin. Se trata de vivir y ofrecer a los demás algo de nosotros mismos que está más allá de esa máscara acartonada que mostramos habitualmente y bajo la cual se oculta y se ahoga insufriblemente nuestra sensibilidad. 
 

Refugio Tinquilco, Pucón (Chile, 2013)

En torno a él surgieron amistadesy lazos de los que perduran durante toda una vida. Nuestros mejores pensamientos surgieron allí también, como la semilla que brota espontáneamente en la tierra más propicia. Descubrimos en aquel lugar, con meridiana claridad, que aquello era lo que queríamos –lo que habíamos querido siempre y que en tantas ocasiones hemos estado buscando a tientas sin llegar a alcanzarlo plenamente-: descubrimos en nosotros el deseo de que nuestra casa, de que nuestra aula… de que nuestra vida entera sea un refugio para las otras personas, como lo era para nosotros la casa abierta y acogedora de aquel hombre.



Todo lo que aprendimos en este viaje se resume en esta experiencia sencilla e íntima, aunque son muchos los caminos que nos han llevado hasta ella, como líneas que convergen en un mismo punto, como los radios que se unen en el eje en torno al cual gira toda nuestra existencia. Cada uno de los pensamientos que nos han surgido durante estos meses son, así pues, atisbos, insinuaciones, premoniciones o aproximaciones a esta misma idea: pensamientos que han surgido en contextos muy diversos, pero que confluyen en una misma dirección, aquella que apunta directamente hacia la esencia misma de nuestros desvelos existenciales. Toda esta trama de pensamientos constituye el meollo de nuestra experiencia, una trama que hemos urdido parsimoniosamente, durante todos estos meses, y que exponemos ahora, al final de nuestro periplo, a vuestra mirada crítica, pero receptiva.

Escribir este blog nos ha servido para hacernos más conscientes de nuestra experiencia. Buscar un momento para volver sobre nuestros pasos y contemplar serenamente el camino andado es un quehacer estimulante y saludable. Desde hace años lo ejercemos, plasmando nuestras impresiones en nuestros respectivos diarios personales. También llevamos con nosotros un diario que recoge nuestra singladura como pareja. Y el día en que nuestros hijos vieron la luz nació con ellos un sencillo diario –uno para cada uno de ellos- en los que registramos sus progresos y “retrocesos” desde nuestra óptica amorosa y necesariamente sesgada. Estos son cuadernos privados, que nunca han trascendido. Los leemos y releemos nosotros. Pero nadie más. Ahora, con el blog, se trataba de hacer “otra cosa”. Al inicio nos asaltaba la duda de si estábamos violando nuestra propia privacidad, pero algo nos impulsaba a escribir y a compartir lo que escribíamos. Con el tiempo hemos comprendido que no ansiábamos convertir nuestro viaje en una especie de “reality show”, puesto que no ofrecíamos nuestra vida a miradas indiscretas movidas por una curiosidad morbosa. A través de nuestra forma de contar nuestras peripecias aspirábamos a estimular, ciertamente, el deseo de saber. Pero no sobre nosotros, sino que deseábamos que, a partir de nuestra experiencia, nuestros lectores pudiesen descubrir algo de ellos mismos, algo de sus deseos, temores o inquietudes. Esto hace que hayamos dado a nuestro blog un carácter testimonial. Lo hemos escrito para informar sobre los lugares que hemos visitado y para transmitir nuestra experiencia del viaje. La información es útil por sí misma, pero nuestra experiencia tan solo es útil como inspiración.
Isla Magdalena, cerca de Punta Arenas (Chile, 2013)
De hecho, es posible que haya en nosotros una inclinación a hacer que nuestra vida entera –y no solo nuestro viaje- resulte inspiradora para alguien. En nuestro trabajo como docentes invertimos todos nuestros esfuerzos en ejercer una influencia enriquecedora sobre nuestros alumnos. En ello consiste nuestro trabajo, en el fondo. Y el blog tal vez ha sido otra vía en donde desplegar esta misma inquietud. Para nosotros la experiencia de escribirlo ha sido estimulante y enriquecedora. Y confiamos que los que lo habéis leído hayáis disfrutado tanto como nosotros al escribirlo. No descartamos la posibilidad de repetir la experiencia. Quizás para transmitir otra experiencia más compleja y apasionante: la de la vida misma, en su trascurso ordinario y aparentemente trivial.
Cuando viajamos somos capaces de descubrir lo excepcional de los lugares que visitamos. Sin embargo, metidos en nuestra vida rutinaria y cotidiana, es como si quedásemos anestesiados y perdiésemos nuestra capacidad de asombro. Sería fantástico poder hacer un ejercicio consciente por descubrir todo aquello que tiene de excepcional nuestra propia vida bajo su apariencia de insípida normalidad. Además, está la ventaja de la escritura. Cuando hablamos, pocas veces conversamos, en un sentido profundo. Nuestras palabras se las lleva el viento y todo son “dimes y diretes”. Todo es ruido y hay muy poco silencio. Cuando escribimos, nos tomamos nuestro tiempo para pensar lo que queremos decir. Y cuando leemos hacemos un esfuerzo inusual por comprender aquello que nos quieren transmitir. Necesariamente, la comunicación mejora. Tras este tipo de comunicación es inevitable que surja el deseo de una conversación genuina.
Escribir juntos nos ha ayudado a pensar juntos y a saborear más nuestra experiencia. Confrontar puntos de vista, descubrir sensibilidades diversas, hallar complicidades inesperadas y, en fin, viajar juntos, interiormente, nos ha acercado más. Éste es otro de los frutos de este viaje. Siempre hemos creído que formamos un buen equipo. Nuestro primer viaje juntos, también como pareja, lo hicimos como docentes a cargo de una veintena de adolescentes. Con ellos disfrutamos de los encantos de Italia y del despertar de su mirada en su salida al mundo. Pero lo mejor fue nuestra convivencia. Porque eso es lo más importante de un viaje. Entonces salimos reforzados como pareja. Ahora mucho más, no cabe duda. Nos conocemos mejor, nos toleramos mejor, nos aceptamos mejor… nos amamos mejor. Y para ello, los niños no han sido un problema, sino todo lo contrario.
Recuerdos
Durante el viaje la pregunta más recurrente ha sido: “¿es difícil viajar con niños?” Y nuestra respuesta era siempre la misma: “¡Tan difícil o tan fácil como vivir con ellos!”. Como cualquier otro compañero de viaje, los niños tienen sus necesidades y la clave está en respetarlas, como hacemos cuando viajamos con un amigo. Hacer compatibles tus necesidades con las suyas es un ejercicio mayor o menor en función de tu flexibilidad y tu capacidad de empatía. Renuncias a muchas cosas, pero al mismo tiempo te ofrece otras muchas que no podrías vivir con otros compañeros. Nosotros hemos intentado dejar que participasen en la elaboración de nuestra agenda. Hemos tratado de incluir actividades que les resultasen atractivas. Y, sobre todo, hemos tratado de respetar sus tiempos. Ellos, a cambio, nos han regalado su alegría y su asombro ante tantos descubrimientos. Nos han ayudado a percatarnos de detalles que nos habrían pasado inadvertidos. Nos han obligado a relacionarnos con los demás de un modo más directo y cercano, como no lo habríamos hecho por nosotros mismos. Y, desde un punto de vista práctico, nos han ahorrado multitud de colas y de gastos que, de estar solos, habríamos tenido la tentación de realizar (restaurantes, copas, excursiones exclusivas, etc.)
Como padres, el hecho de cómo criar a tus hijos es una preocupación permanente. Después de pasar tanto tiempo con ellos es inevitable cuestionarnos la manera que tenemos de enseñarles habitualmente. Por norma, tendemos a pensar que si pasáramos suficiente tiempo con nuestros hijos nos resultará más fácil, pero no tiene porqué ser siempre así. De hecho, nuestra experiencia, como experimento pedagógico, nos demuestra que no es así. Sin duda es bueno pasar tiempo con los hijos. La relación mejora, los vínculos afectivos se refuerzan y ganamos autoridad sobre ellos, una autoridad basada en la confianza y el diálogo. Pero eso no es suficiente. Hay muchos momentos en los que nada parece funcionar y el conflicto se hace patente. Por tanto, nos toca pensar en lo que hacemos, como padres, y en la manera como lo hacemos. Probablemente, la clave está en hallar el modo de respetar la integridad personal de nuestros hijos. Nuestro propósito tras este viaje es explorar decididamente otras formas de relación con ellos que les permitan ser ellos mismos al tiempo que aprenden a asumir todo aquello que les hará desenvolverse en la vida sin tropiezos.
Ferry Evangelistas, de Puerto Natales a Puerto Montt (Chile, 2013)
Muchas personas nos han insistido que es una lástima que los niños no se acordarán de la mayor parte de lo que han vivido durante el viaje. Pero a nosotros éste nos parece un enfoque equivocado. Aunque olviden muchas cosas del viaje, éste formará parte de su experiencia vital. Ellos, como nosotros, no recuerdan los cuidados que les fueron dispensados cuando eran bebés, ni cómo aprendieron a hablar o caminar, por ejemplo. Pero saben perfectamente que les cuidamos amorosamente y saben, así mismo, hablar y caminar con soltura. Algo semejante ocurre con el viaje. Una experiencia tan intensa como ésta es seguro que ha forjado su carácter en algún aspecto. Ahora tal vez sean más abiertos, más flexibles, más resueltos, más comunicativos, más fantasiosos, más creativos… Y ello se debe no solo a su normal desarrollo, sino también a la experiencia que han vivido durante estos meses. Su vínculo como hermanos se ha fortalecido, sin duda, al igual que el de todos nosotros, como familia.
En general, viajar por libre supone un esfuerzo. Pero en un viaje como éste, con niños y durante tanto tiempo, quizá más. De entrada supone salir del espacio en el que todo está bajo control y adentrarse en otro nuevo lleno de incertidumbres. Por mucho que intentes organizarlo todo, hay una infinidad de cuestiones que son imprevisibles y que nunca podrás tener atadas. Éste, sin embargo, es uno de los estímulos que nos impulsan a viajar. Si hubiésemos querido tenerlo todo controlado nos hubiéramos quedado en casa. Pero deseábamos que nuestra vida estuviese expuesta a la incertidumbre de lo nuevo. Nada despierta tanto el espíritu como hallar un nuevo horizonte cada día al levantarse. Ello implicaba una experiencia de desarraigo y distanciamiento. Porque es casi imposible ver la propia vida desde otra perspectiva si uno no se mueve. Nosotros decidimos tomar distancia respecto de nuestros referentes espaciales y temporales. Queríamos vivir en un lugar extraño, sin horarios ni agenda, dejarnos llevar por lo que necesitábamos y para ello queríamos disponer de todo el espacio y de todo el tiempo.    
 

Murales en las paredes de Valparaíso (Chile, 2013)

Esta es la razón por la que no íbamos “a trabajar”. A lo sumo podría decirse que íbamos a hacer un “trabajo que teníamos pendiente”. Inicialmente estábamos dispuestos a “trabajar duro” y nos ofrecimos a nuestros anfitriones para realizar cualquier tipo de tarea. Era un ofrecimiento sincero, por nuestra parte. Pero lo cierto es que no halló eco. Ésta ha sido una de nuestras decepciones. En realidad, casi nadie entendió lo que pretendíamos. Estamos tan acostumbrados a relacionarnos de acuerdo a un guión preestablecido que resulta anómalo salirse del mismo y pretender una relación sin mediaciones. En nuestro mundo, el dinero es el lenguaje universal. Toda relación se halla mediatizada por éste. El dinero es útil. Pero también puede ser devastador, puesto que hace que progresivamente no se conciba la relación entre extraños –o incluso entre los más próximos- si no entra en juego esta moneda de cambio. 

El dinero es como el sexo: todo el mundo piensa en él, pero una mayoría siente pudor al hablar de él. Incluso entre viajeros es un tema que se aborda con no pocas cautelas. Evidentemente, nadie duda de que el dinero es valioso. Nosotros tampoco, aunque pueda parecer que lo gastamos “a la ligera”. Pero pensamos que no tiene ningún sentido guardarlo o cambiarlo por cosas –es decir, por cosas tangibles, como una vivienda, un coche nuevo o cualquier otro artilugio. Porque entonces pierde buena parte de su valor ante nuestros ojos. A nuestro juicio, lo más importante del dinero es que nos permite vivir o, mejor aún, que nos ofrece la posibilidad de vivir intensamente. Y no nos referimos con esto a la dolce vita, por supuesto. Un ejemplo puede resultar clarificador, al respecto: es gracias al dinero que nosotros hemos podido vivir el gozo de estar con nuestros hijos desde el mismo momento en que nacieron hasta el mismo día de hoy. Nuestra posición económica y profesional nos ha permitido que al menos uno de nosotros estuviese en casa con ellos de continuo, sin que hubiese la necesidad de que ambos trabajásemos para ganarnos la vida. Tampoco concebíamos que en una etapa de nuestras vidas como ésta debiéramos invertir nuestro tiempo en ganar más dinero. Al contrario, preferíamos invertirlo en nuestros hijos. Porque nosotros entendemos que hay cosas –intangibles, la mayoría de ellas- que valen mucho más que el dinero y no nos duele gastarnos todo lo que tenemos, si a cambio nos volvemos ricos en este tipo de cosas que tanto apreciamos. La educación de nuestros hijos y la relación afectiva que mantenemos con ellos son algunas de estas cosas. Pero también lo son ampliar nuestra experiencia vital o profundizar en nuestra relación como pareja. Esta es la razón por la que nos parecía que este viaje era una inversión estupenda.
Pukara de Quitor, San Pedro de Atacama (Chile, 2013)
Por eso queríamos vivirlo a consciencia. Porque no era un mero capricho ni una ocurrencia que hubiésemos pensado precipitadamente. Era, más bien, una idea que habíamos madurado durante años, lenta y concienzudamente. Y para sacarle todo el jugo queríamos que transcurriese con la misma calma y parsimonia. De ahí que nos organizásemos para vivir un viaje lento y pausado, un slow trip. Queríamos saborear cada una de sus etapas, es decir, no solo vivir el momento, sino tener tiempo, además, para pensar en todo ello. Y hacer, con ello, que nuestros hijos tuviesen también tiempo para asimilarlo a su manera. Afortunadamente, nos parece haberlo logrado. Puesto que en las diferentes etapas ellos han podido establecer relaciones con las personas que hemos conocido e incluso han llegado a tener una noción relativamente buena del espacio en el que nos movíamos. También han tenido sus momentos de descanso y sus tiempos de juegos y aprendizajes. Al igual que nosotros, ellos “echaban raíces” fácilmente y el lugar se les volvía tan familiar que era una experiencia diaria el “volver a casa” independientemente del lugar en el que nos encontrásemos. En muchos de nuestros destinos, incluso, fue difícil el momento del adiós, de tan aferrados como estábamos al lugar. Para nosotros, porque sabíamos de lo improbable que es que algún día volvamos sobre nuestros pasos. Para ellos, porque viven unidos al momento presente y a veces les cuesta desprenderse de él para empezar a vivir el futuro. Por suerte, Ernest ideó un modo de hacer más fácil el liberarse de este doloroso sentimiento: imaginó un viaje futuro en el que volveríamos a todos estos lugares con un inmenso camión de bomberos-casa en el que cabrían todos aquellos que estuviesen deseosos de acompañarnos en un viaje alrededor del mundo.
Isla Isabela, Galápagos (Ecuador, 2013)

En este sentido, podríamos decir que la imaginación ha sido nuestra gran aliada. Nuestra mente ha llenado las horas muertas y ha suplido la escasez de medios con un sinnúmero de recursos. Nosotros hemos convertido la escritura en nuestro principal divertimento. Y los niños, con sus dibujos y sus historias, han arrinconado al aburrimiento hasta no dejar ni rastro de él, a pesar de contar con muy pocos juguetes. Pero no es solo eso. La fantasía es una fuerza primigenia en nosotros y cura nuestra alma de sus dolencias más profundas. Es así como sana al espíritu cuando se ve afligido por la nostalgia, la frustración o el desasosiego. También sirve para expresar deseos o satisfacerlos de algún modo y nos permite poseer aquello que amamos o desprendernos de aquello que tememos. Todo esto lo hemos conocido gracias a nuestras propias palabras, a los dibujos o a las narraciones de Ernest. Y lo hemos incorporado como uno de los aspectos más valiosos de nuestra experiencia a lo largo del viaje.

Viajando sin prisas hay tiempo para la creatividad
En efecto, el arte es nuestro lenguaje interior y el medio en donde mejor se expresa es en contacto con la naturaleza. Esto lo hemos experimentado en vivo en diversas ocasiones. Pero guardamos un especial recuerdo de aquella hora sublime de nuestra vida en el oasis del Bosque Yatana de Ushuaia. Resulta increíble descubrir lo que puede llegar hacerse con un basurero: recuperar un bosque nativo y convertirlo en un espacio donde el latido de la naturaleza se expresa como arte y resuena en el corazón de los hombres y mujeres que acuden allí esperando hallar un lugar de encuentro y comunión consigo mismos, entre ellos y con la misma naturaleza. Allí fue, precisamente, donde Ernest dibujó su primer bosque y, aunque después lo hemos visto dibujar infinidad de “artilugios” con pasión y entusiasmo, pocas veces lo hemos visto contemplar a su alrededor de una forma tan serena y relajada, ni tratando de plasmarlo sobre el papel con tanta sutileza y sencillez. Porque con los niños a veces sucede esto. Por una parte está lo que ellos dicen disfrutar, lo que les excita y les gusta con locura, y por otra parte lo que les hace vivir realmente esponjados y felices. De este viaje, Ernest ha disfrutado de los camiones de bomberos y los aviones, sobretodo. Pero él y Ferran nunca han sido más felices ni han gozado más dentro de su piel que cuando correteaban y saltaban por los senderos, a través de los bosques, junto al mar o en la cima de las montañas.
Bosque Yatana, Ushuaia (Argentina, 2013)
Volviendo ahora sobre nuestra experiencia, tan próxima a la naturaleza, llega a nosotros el eco de algunas palabras que, sin ser del todo conscientes, nos han acompañado y han estado presentes en cada uno de los mejores momentos de nuestros días: “Las estrellas inspiran reverencia, porque aunque siempre presentes, no dejan de ser inaccesibles; pero todos los objetos de la naturaleza crean una impresión semejante cuando la mente se abre a su influencia. La naturaleza nunca muestra una apariencia mezquina. El hombre más sabio no le arranca su secreto, ni sacia su curiosidad descubriendo su perfección. La naturaleza nunca se convirtió en juguete para un espíritu sabio. Las flores, los animales, las montañas, reflejaron la sabiduría de sus mejores momentos, como habían deleitado la sencillez de su infancia.” Estas palabras fueron escritas por Emerson, hace casi doscientos años, en un prodigioso ensayo titulado Naturaleza. Hoy, tal vez, podrían expresar la esencia misma de nuestra experiencia, el meollo de nuestra visión de la vida.
San Pedro de Atacama (Chile)
Ahora bien, quien desarrolla esta sensibilidad ante la naturaleza ya no puede vivir indiferente ante el despropósito que supone la tragedia medioambiental que ocasiona nuestro modo de vida presuntamente civilizado. Hay tantos aspectos implicados en este desmadre (la superpoblación, el uso indiscriminado de recursos naturales, la destrucción de espacios naturales, la extinción de especies, la precaria gestión de los residuos, el consumismo desaforado, la inconsciencia ecológica, etc.) que nos es imposible abordarlos ahora con detalle y sosiego. Pero, sin duda, cuando uno hace un viaje como éste, confirma sus peores temores al tiempo que se siente impelido a reclamar la necesidad de un cambio urgente y drástico. Hay atisbos de esperanza, sin embargo. Durante estos meses hemos conocido personas e instituciones que trabajan con ahínco por revertir este drama. Pero aún son una minoría y, en gran medida, son como enanos luchando contra gigantes. Para nosotros, no obstante, su luz, aunque pueda parecer tenue y lejana a primera vista, brilla como las estrellas en la oscuridad de la noche y nos sirven de guía en la travesía que nos disponemos a realizar de ahora en adelante. De hecho ya hay revoluciones en marcha, como la de la permacultura, que desde hace unos años ha revitalizado la sensibilidad y el discurso del ecologismo, más allá de ciertos postulados grandilocuentes y maximalistas que han alejado el ecologismo de las personas y de su relación inmediata con su entrono. Se trata de una vuelta a aquel sencillo lema: cambia tu vida para cambiar el mundo. Y en un contexto como el nuestro, de crisis intensa, esto parece tener más sentido que nunca.
Cuando uno contempla con algo de perspectiva la crisis actual –y nuestro viaje nos ha permitido hacer esto, hasta cierto punto- de inmediato se ve forzado a reconocer que ésta no es una crisis económica, meramente. La crisis económica es tan solo el síntoma de una crisis más aguda y profunda: lo que está en crisis –queramos reconocerlo o no- es nuestro modelo de sociedad. Desde la estructura económica de la misma hasta su organización sociopolítica por medio de los Estados-nación debe ponerse en cuestión, de ahora en adelante. De un sistema que se basa, fundamentalmente, en la competencia y el equilibrio de poder entre grupos y organizaciones económicas, sociales o políticas, deberíamos, tal vez, empezar a plantearnos la necesidad de reestructurar la actual red de relaciones para dar cabida, de forma preeminente, al individuo, como persona activa y consciente, y a la misma naturaleza, en la medida que constituye un patrimonio ecológico de todos que debe ser conservado a toda costa. 
Un ejemplo fabuloso de la revolución a la que apuntamos es la del cambio en nuestro enfoque respecto a la alimentación. El modelo alimentario actual pretende, a través de leyes y normativas, garantizar que lo que comemos cumpla estrictamente con unos criterios sanitarios mínimos. Pero también pretende asegurar la rentabilidad económica y la expansión de las grandes empresas del sector. Por el contrario, el pequeño productor agrícola se encuentra totalmente desprotegido y la preocupación por el medio ambiente es algo que no pasa de la pura anécdota. Otro modelo, sin embargo, está ya en marcha. Pero no desde los parlamentos o las grandes corporaciones económicas. Es fruto de la iniciativa de personas que ven el hecho de comer con otros ojos. A estos les importa que la comida sea saludable, por supuesto. Pero también quieren que el producto que llega a su mesa diariamente haya sido producido de un modo sostenible para el medio ambiente. Igualmente pretenden que la transacción económica que les permite acceder a estos productos alimentarios sea justa y que permita a los pequeños productores locales que cultivan sus tierras de acuerdo a criterios ecológicos mantenerse y prosperar adecuadamente. 
Valparaíso (Chile, 2013)
Nuestro retorno a casa viene marcado por todas estas reflexiones. Muchos de estos pensamientos nos vienen de lejos y han ido tomando forma, poco a poco, hasta cristalizar durante este tiempo que hemos estado alejados de casa y retirados del mundo. De ellos se desprenden propósitos grandes y pequeños que modificarán nuestra vida en diferentes ámbitos, desde nuestro trabajo hasta “nuestro pan de cada día”. Nuestras esperanzas e ilusiones han ido cambiando. Y aunque parte del cambio estaba ya en marcha antes de irnos –la experiencia de ver nacer a nuestros hijos y atenderlos durante sus primeros años de vida nos movió, por ejemplo,  a multitud de reflexiones sobre la educación y el modo cómo se organiza nuestro mundo-, lo cierto es que este viaje ha dado un impulso y ha consolidado nuestras ansias de cambio, hasta hacer que éste sea ya un proceso del todo irreversible.
Así es, a nuestra llegada veníamos con la ilusión y la alegría de ver a las personas que queremos. Pero también con la certeza de que empezamos una nueva etapa de nuestras vidas y de que tenemos por delante un trabajo ingente por realizar. Éste es otro viaje, tan apasionante o más, si cabe, que el que acabamos de concluir. Esperemos que los vientos nos sean favorables y que la suerte nos acompañe en este otro periplo que es la vida. 

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