LAS IGLESIAS CHILOTAS

LAS IGLESIAS CHILOTAS

Hoy es nuestro último día en esta isla. Cruzando el Canal de Chacao, llegamos hace más de dos semanas a la isla de Chiloé, verde, de suaves colinas, antaño cubierta por densos e impenetrables bosques que hoy han dado paso a praderas destinadas a la ganadería. Un gran número de ríos, riachuelos, bahías y ensenadas crean un paisaje en el que surgen los pueblos junto al mar. Chiloé era conocido por el nombre de Chilhue (“chille” significa gaviota y “hue”, lugar o región).


Tradicionalmente los chilotas han integrado a su vida cotidiana un mundo mágico relacionado, especialmente con el mar y el entorno donde realizan su quehacer diario. Así ha surgido la riqueza mítica del Archipiélago. Tentenvilú y Caicaivilú, el Caleuche, la Voladora, la Pincoya y el Pincoy, el Trauco, el Cuchivilu, el Camahueto, la Fiura, la Viuda, el Basilisco, el Caballo Marino, el Brujo, el Invunche, el Colocolo, el Raiquen, el Trehuaco, el Millalobo… Son algunos de los extraños seres que vagan por estas islas casi siempre cubiertas de nubes grises que descargan fuertes lluvias y cuando no, crean intensas nieblas.

Con la llegada de los Jesuitas al archipiélago chilota en el siglo XVII se inicia un intenso intercambio de realidades culturales. La construcción en madera de iglesias representa un ejemplo único de fusión entre la cultura y las técnicas constructivas indígenas y europeas, junto con la integración en el paisaje en el que se encuentran. Ésta tradición fue perpetuada por los franciscanos en el siglo XIX y continúa en la actualidad.


Este archipiélago está formado por más de cuarenta islas menores y una principal, la Isla Grande, de 9000 km2. Los españoles llegaron aquí en el siglo XVI pero no fue hasta un siglo después que se inició una profunda evangelización de los pueblos que aquí vivían, huilliches y chonos.



La llamada Misión Circular establecida por los Jesuitas surgió como resultado del aislamiento de las poblaciones indígenas, las características geográficas y la abundancia de ciertos productos naturales como la madera. Desde Castro, los misioneros partían cada verano siguiendo un itinerario preestablecido y buscaban lugares adecuados donde establecer sencillos asentamientos que con el tiempo acabaron convirtiéndose en lugares de residencia para los nativos. Eran sus pobladores los que utilizando materiales y técnicas autóctonos construyeron los edificios que aún hoy destacan por su particular belleza. El campanario de estas iglesias actuaba también como faro, es por ello que presenta ciertas particularidades.

A finales del siglo XIX existían más de cien iglesias que seguían lo que se ha dado en llamar la escuela chilota de arquitectura religiosa en madera. En la construcción solía utilizarse madera de ciprés autóctono por su durabilidad y las características tejuelas eran casi siempre de alerce.

BIBLIOGRAFIA: Grandes Tesoros del Mundo. ESPASA CALPE. 2004.

TIEMPO PARA LA COMUNICACIÓN Y LA REFLEXIÓN

TIEMPO PARA LA COMUNICACIÓN Y LA REFLEXIÓN

Llueve, llueve, llueve… Ya van tres días de lluvia. Esta mañana el Sr. Luis nos ha regalado unas flores rojas a la Sr. Lucía y a mí. Un detalle emocionante y significativo que muestra en casa de quienes estamos.


Tan sólo salimos de casa a la tarde, si cesa de llover, para ver como Luís atiende y alimenta a las ovejas y las llamas, y por ver si ha nacido algún otro corderito. Ernest pinta sin cesar trenes y transbordadores en un continuo de hojas unidas con precinto que alcanza ya los 6 o 7 metros de longitud y Ferran juega con los juguetes que llevamos o se esconde debajo de las mantas. Hace frío.

Nuestro mayor entretenimiento son las charlas interminables con nuestros anfitriones, sobretodo durante el desayuno (empieza a las 8:30 h, pero puede acabar a las 10:00 o las 11:00 h perfectamente). Hasta ahora nos han puesto al día, en líneas generales, sobre la realidad política del país y de la zona. Pero también ha habido tiempo para comparar nuestros respectivos modelos políticos, sanitarios y educativos. En realidad, a pesar de los recortes y de los déficits democráticos que nosotros lamentamos, nuestra situación es francamente envidiable. Cuando les hablamos de nuestras prestaciones ponen ojos como platos. Casi nos avergüenza explicar ante ellos las razones de nuestras protestas. Tanto Luís como Lucía han sido educadores. Ahora están jubilados (ella, de hecho, se jubiló esta misma semana). Ambos forman una linda pareja de santiaguinos que vinieron a Chiloé hace trece años, hastiados de la vida en la ciudad y atraídos por el aura mítica y el encanto rural de esta tierra.

Viven la política intensamente y su afiliación ideológica es inequívoca, como lo ponen de manifiesto los retratos que cuelgan de las paredes de su estudio, en donde comparten espacio Allende, Neruda y el Che. Como es lógico, echan pestes de la derecha chilena (los “momios”, así los llaman), pero también reniegan de la Concertación (el partido de Bachelet) y tienen como modelos a Evo Morales, Castro o Chávez (su muerte les ha afectado bastante, de hecho). Con todo, valoran extraordinariamente el papel que jugó la Iglesia chilena durante el golpe de estado. Ambos fueron activistas de izquierda en aquella época y el padre de Lucía fue uno de los “desaparecidos” durante aquel período. Lucharon por mantener viva la memoria de las víctimas del golpe, y también colaboraron en la fabricación y el contrabando de “miguelitos” (clavos de acero doblados para reventar las ruedas de los carabineros). Todo ello bajo el amparo de la Iglesia. Ahora valoran muy críticamente el actual período democrático (“Ya no nos detienen, no nos torturan, ni nos hacen desaparecer. Pero no ha cambiado nada más.”) y se quejan de la escasa conciencia política de los jóvenes, aunque elogian el papel y las reivindicaciones de las organizaciones estudiantiles.


A nosotros nos resulta inevitable establecer algunos paralelismos con nuestra historia reciente -aunque sólo algunos. Sin embargo constatamos la existencia de un mismo desencanto con la política, tanto aquí como allí, tras una época en la que una generación entera vivió la política como una cuestión trascendental. Parece que en ambos lugares el progreso económico y la entrada de lleno a la cultura del ocio y el consumo han desvanecido por completo los ideales políticos. Por eso nos preguntamos si no hay otra opción entre el desencanto y el activismo político… Porque a pesar de los logros notables en materia social (sobretodo en Europa, aquí no tanto), gracias a la conciencia política progresista de la generación que nos antecede, el hecho es que el ideal del estado del bienestar languidece y la nueva generación (la nuestra) asiste a un nuevo horizonte lleno de incertidumbres.

¿Deberemos retomar la “lucha” política y social, otra vez, o surgirá, quizás, la aspiración de una auténtica virtud cívica que empuje la sociedad en una nueva dirección? Toda “conquista” política o social es transitoria, así como hay avances, también puede haber retrocesos… Y los hay, no cabe duda. Pero mientras que la conciencia política es militante y aspira a cambiar las cosas, la virtud cívica es constante y aspira a mejorarlas. La primera, además, cambia las cosas por medio de la acción política. La otra, en cambio, opta por mejorarlas gracias a la educación y el autoperfeccionamiento. En fin, dado el estado actual de cosas, quizás fuese oportuno preguntarnos si no debiera tener prioridad la virtud frente a la ideología. Es un dilema que viene de lejos: ¿cambiamos el gobierno para que cambie la sociedad o mejoramos a los individuos para que la sociedad mejore? Por vocación, nosotros hemos optado por contribuir a la mejora del mundo a través de la educación. No es una tarea fácil -más bien parece ardua y difícil-, pero nadie dijo que iba a serlo. Todo lo que requiere esfuerzo y tiempo es valioso. Y ésto vale la pena.

EL DINERO LO CAMBIA TODO

EL DINERO LO CAMBIA TODO

Chiloé es un lugar de ensoñación y evocaciones nostálgicas. Leyendas e historias misteriosas envuelven entre brumas su pasado remoto y la geografía incierta y caprichosa la convierten en una tierra atractiva y, a su vez, esquiva. Las lluvias perennes y la ancestral cultura rural configuran un paisaje dominado por bosques, prados, ganados y casitas dispersas por doquier. Ante nuestros ojos se presenta bajo el aspecto de una Galicia isleña. Pero otros pensarían, tal vez, en la Bretaña, en Gales o incluso Irlanda. En cualquier caso, Chiloé hace sentir su genio particular, como también lo hacen cada una de aquellas regiones.


Sin embargo, el drama de estas islas es reciente y lastimoso. Hace apenas tres décadas, Chiloé vivía aún en una especie de aislamiento autárquico que hacía de sus moradores un pueblo de hábitos modestísimos y talante genuinamente solidario. No tenían mucho, en efecto, pero lo poco que tenían lo compartían solícitamente. No sabían, apenas, qué cosa era el dinero, puesto que toda su economía se basaba en el intercambio. Hombres y mujeres se prestaban ayuda y con ello contraían deudas, cuantificadas en tiempo, de las que nacía el compromiso. De este modo, todos estaban mútuamente comprometidos, en la medida que su precario modo de existencia los hacía depender los unos de los otros.

Todo cambió, no obstante, con la llegada de las grandes empresas salmoneras. Establecidas frente a las costas de estas islas, contrataron a los chilotas y, aunque los sueldos eran míseros, tentaron a los ingénuos chilotas asegurándoles que con la plata podrían comprar autos y electrodomésticos. Y así lo hicieron, pero sin caer en la cuenta de que acà todavía no había llegado la gasolina ni la luz eléctrica… Con todo, lo peor fue que rompió con la cultura económica tradicional, puesto que ya nadie trabajó si no le ofrecían dinero a cambio. La insostenible gestión de las salmoneras provocó, además, una catástrofe ecológica en las aguas que rodean el archipiélago y dejó a los numerosos pescadores del lugar sin su forma habitual de sustento, cortando de raíz un uso tradicional firmemente establecido.

Todo ello transformó drásticamente el modo de vida y el carácter que había caracterizado a los isleños durante siglos. No es nada nuevo, en realidad. De hecho, todo nuestro mundo sufrió una tragedia similar… Pero hace más tiempo, y de una forma mucho más lenta. Por ello resulta tan esclarecedor conocer un poco la historia reciente de este pueblo malogrado: nos sirve, sobretodo, para comprender las razones por las que nuestro modo de vida ha quedado tan profundamente desvirtuado. Habitualmente, desconocemos el valor de las cosas (esto es, el tiempo que alguien ha debido invertir en ello) y no sabemos nada de la deuda que contraemos al adquirirlas: pagamos con nuestro dinero y nos creemos liberados de todo compromiso. ¿Cómo haríamos para vivir, sin nuestro dinero? ¿Qué ofreceríamos para saldar nuestras deudas?


EL PUEBLO DE LA IGLESIA AZUL

EL PUEBLO DE LA IGLESIA AZUL

Hemos pasado 24 horas escasas en Tenaun y nos hemos quedado con ganas de más. Es un lugar que ofrece todo lo necesario para un retiro íntimo y acogedor.

La familia de Mirella es encantadora,  nos ha ofrecido en todo momento todo lo necesario para hacer que nuestra estancia haya resultado estupenda. La habitación perfecta, la comida buenísima, las vistas del mar bien lindas… La guía LonelyPlanet dice que hay dos motivos para visitar este pueblito: su iglesia y la Señora Mirella. Eso es cierto, pero según nuestro criterio hay algunas más: las vistas de los Andes y sus volcanes nevados sobre los que sale el sol, la paz del lugar, las vecinas islas como la Mechuque, el pescadito y las ciruelas, las agradables conversaciones…


Nada más llegar tumbamos a Ferran en un sofá para que continuase durmiendo su siesta. Ernest desapareció porque se fue a jugar con Lucas, el niño pequeño de la familia.  A nosotros, Mirella nos puso un té y una empanada de manzana en la mesa de la cocina. Estuvimos hablando un buen tiempo mientras degustábamos el dulce casero. Después nos fuimos a pasear por la playa de pequeños cantos oscuro mientras ella nos preparaba la cena.



Por la noche dormimos como lirones y hemos desayunado con la familia mientras la luz de la mañana entraba en la cocina. Desde mi silla veía el manzano lleno de fruta en el jardín, el mar y los pequeños barcos de madera balanceandose en el mar sereno. Esta visión nos llevó a evocar nuestra casa de Campello y a pensar en aquellas mañanas de septiembre que desayunamos mirando al mar. Sentimos añoranza, son muchas las cosas que echamos de menos…



Hemos navegado a la isla Mechuque acompañados por Javier, uno de los hijos mayores de Mirella. Casi una hora de navegación atravesando el Canal Quincavi para llegar a un pequeño poblado de pescadores y agricultores. Como la marea estaba baja, desciende unos cuatro metros, todas las ensenadas estaban vacías y los palafitos de las casas podían observarse completamente. Aprovechando las horas de marea baja, algunos hombres se afanaban en colocar estacas y troncos allá donde iban a construir o ampliar una casa – los métodos de construcción en este país merecen un escrito a parte.

Hemos paseado sin prisas por este tranquilo lugar y regresado para el almuerzo. En la travesía hemos visto pingüinos y unos delfines han nadado junto a nosotros unos metros. Hemos comido ensalada de centollo, unas increíbles patatas cocidas y unos “pegereyes”, pescaditos limpios y rebozados en huevo y harina riquísimos. Una maravillosas ciruelas del huerto de la casa han servido para culminar la excelente comida.



 Tras un breve descanso hemos ido a esperar el polvoriento autobús a la puerta de la iglesia. Iniciamos así nuestro regreso a Chonchi por la pista de tierra gris salpicada de humildes casas. El viaje ha sido relativamente rápido y, como ya vamos conociendo los vericuetos de la red de buses rurales, evitamos un trasbordo. Lo que sí hemos debido soportar es el viaje hasta el camino de Rucachelín en un bus atestado de pasajeros. Ferran, a pesar de no saber mucho de ésto sentía la incomodidad del viaje y no paraba de decir: “Tanta gente mamá, tanta gente” (léase “tanta” por “cuánta”).

TENAUN: UNA ESCAPADA PARA DEDICARLE UN “POST” A PAU

TENAUN: UNA ESCAPADA PARA DEDICARLE UN “POST” A PAU

Viajar es una experiencia fantástica pero también difícil en muchos momentos. En la vida es importante elegir bien a los amigos, personas que te permiten ser mejor, que te permiten conocerte en profundidad y descubrir otros horizontes. Pero aún es más importante elegir un buen compañero de viaje, sobre todo, si uno ha decidido ser su propio guía, organizar el viaje, los destinos, los alojamientos, las actividades… Cada persona tenemos sensibilidades diferentes y éstas afloran mucho más al viajar. Pero aún puede complicarse más la cosa si la decisión ha sido viajar con niños. 

Como en la vida misma, un buen padre es fundamental. Y ese es Pau, una gran compañero de viaje, con quien es fácil reflexionar y elegir las particularidades de la aventura, pero además un hombre con recursos para atender a los niños en situaciones imprevistas, en momentos de espera demasiados largos, que es capaz de dar de comer o de llevar a los niños a la cama y que aún tiene energía para conversar con su compañera cuando el día ya se termina.

Pues sí, con este compañero de viaje hoy habíamos decidido hacer una escapada a Tenaun, al noreste de la isla de Chiloé. Por recomendación del Sr. Luis íbamos a pasar la noche allí, en casa de la Señora Mirella. Debíamos tomar tres autobuses haciendo parada en Castro y Dalcaue. Aunque teníamos prisa por salir de Rucachelin, la conversación con Luis y Lucía en el desayuno era tan agradable que costaba levantarse de la mesa y por poco perdemos el primer bus.
 En Dalcaue había un mercado de artesanía en la calle y mucho ambiente. Hemos visitado la iglesia, el puerto y preguntado dónde coger el último bus… Pero todas las informaciones eran contradictorias: horarios diferentes y diversos lugares donde esperar. ¿Qué hacer? Hemos decidido no perder tiempo y buscar cuanto antes el bus. Los niños empezaban a estar cansados, era la una de tarde. Hemos comido unas empanadas y nos hemos puesto a buscar.

Pero hemos llegado a Castro sin problemas y enseguida hemos subido al siguiente bus en la agitada terminal de autobuses rurales. Se notaba que era domingo, a diferencia del primer día que estuvimos, hoy estaba bastante tranquilo pero el trasiego de gente era constante.

 En la supuesta parada hemos estado más de una hora pero no ha habido suerte. Al ser domingo, todo era confusión. Menos mal que estábamos junto a la sede de los bomberos y Pau les ha entretenido pacientemente. Después yo me he puesto a dibujar con ellos y, entonces, nos hemos planteado la opción de “hacer dedo”. Y ahí se ha puesto Pau. Debíamos dar pena con los dos niños y no hemos tenido que esperar mucho, aunque sólo nos han llevado hasta las afueras del pueblo, a la carretera de Tenaun, nos han dicho que aquí es habitual hacer autostop, pero que quizá pasase un bus…

Pero nada… Hacía mucho calor, cobijados en la parada íbamos sacando la mano… Ha parado gente pero no viajaban hasta allí… Empezábamos a desesperar… Los niños cansados. Con cariño y paciencia, así hemos esperado y finalmente una familia nos ha traído hasta un camino a dos kilómetros pueblo. Nuevamente en la cuneta, junto a una polvorienta pista de tierra y esta vez con los niños profundamente dormidos al brazo.



Hemos esperado unos cinco minutos y nos han vuelto a parar. ¡Ésta era la definitiva, iban a Tenaun! Un viaje corto en medio de los montes más agrestes de la isla y hemos llegado. Cuando me han preguntado  dónde queríamos parar, les he dicho que íbamos a casa de Mirella y ha resultado, entre risas, que ellos también. Hemos atravesado la única calle del pueblo y pasado por la preciosa iglesia. Cuando hemos aparcado frente al jardín, resulta que la señora que iba sentada a mi lado y reía jobialmente era la misma Mirella!!!

En fin, un día agotador, cansado y en ciertos momentos desalentador pero finalmente, ha valido la pena: el lugar era fantástico. Como siempre, estos días aparentemente perdidos, ofrecen experiencias que te ayudan a valorar mucho más lo que significa la convivencia con tu compañero de viaje y a confirmar que hiciste una buena elección.

CHONCHI Y PARQUE NACIONAL CHILOÉ

CHONCHI Y PARQUE NACIONAL CHILOÉ

Terminamos el mes siguiendo nuestro viaje hacia el sur de esta isla tan particular. Mitos y leyendas, nieblas y lluvias y, por el momento, un sol estupendo. Hoy hemso viajado en bus y minibus hasta esta pequeña ciudad de la costa este de Chiloé. Parece que estemos en la campiña inglesa… pero con ciertos detalles chilotas bien particulares. Por el momento los medios no ayudan a la conexión a través de internet.Estamos felices y tranquilos. Dispuestos a seguir sacando el jugo a este viaje que está resultando excelente.

Nos hemos instalado en el Hospedaje Rucachelín, en Chonchi y una vez acomodados hemos empezado a hacer planes. Visitar el pueblo cuando Luís -el dueño de la casa va a comprar- nos permite hacer alguna escapada pues su casa está en las montañas.

En Rucachelín disfrutamos de una casa muy agradable, en pleno campo y podemos asistir al cuidado de los animales que viven felizmente y bien cuidados.
Nuestra primera escapada ha sido al Parque Nacional de Chiloé. Habíamos navegado el Océano Pacífico pero hasta hoy no nos hemos mojado los pies en él. Que fuerza!!! Qué olas! Y como la costa tiene una pendiente tan poco pronunciada, debíamos correr como locos para no mojarnos. Los niños han disfrutado muchísimo.

Hemos ido al Parque Nacional, en la costa oeste de la isla. Un viaje en un bus incómodo y viejísimo pero agradablemente. Disfrutando del paisaje. Por menos de 2 euros hemos recorrido los 30 kilómetros que dista de Chonchi.

Estamos desconectados. Ya veo que de vez en cuando cambio las fechas de los días. No puedo escribiros largamente porque la conexión no es muy buena. Sólo deciros que todo sigue genial. Relajados. Avanzando poco a poco en este viaje, sin prisas y siempre haciendo planes.
En Rucachelín, el alojamiento actual, disfrutamos de dar de comer a los borregos y a las llamas. El paisaje es sensacional. Además nos hemos encontrado con los primeros socialistas chilenos, surge el tema de la política, del pasado, del presente… es interesante. Nos apetecía también. Un matrimonio que decidió cambiar de vida, dejar la capital por este lugar tranquilo y, realmente, han cumplido su sueño. Nosotros seguimos con el nuestro.

Este Parque permite disfrutar del ecosistema costero y húmedo de la zona occidental de la isla de Chiloé. Sus densos bosques, el lago tranquilo y la extensa playa donde el Pacífico lanza sus fuertes olas que se extienden rápidamente sobre la arena gracias a la suave pendiente de la costa.
Las sendas están bien señalizadas, se puede disfrutar de un entorno diverso y bien agradable. Hay alojamientos de muchos tipos por lo que es fácil pernoctar en el parque y, excepto en pleno verano, suele haber sitio disponible. 

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