EL CALAFATE: LA CIUDAD QUE VIVE DEL PERITO MORENO

EL CALAFATE: LA CIUDAD QUE VIVE DEL PERITO MORENO

Llaman calafate al fruto de un arbusto espinoso (Berberis heterophylla) que se encuentra en la Patagonia y también en Tierra de Fuego. Llamaron El Calafate a una fonda de carretera que había junto al lago Argentino de camino a algunas de las estancias ovejeras que aquí se fundaron a principios de siglo con el auge del comercio lanar. Como en otros lugares, esto supuso la desaparición de los antiguos moradores de estas tierras esteparias: los Aonikenk. Luego llegó la crisis y poco después aparecieron los turistas. Hoy, El Calafate es un pueblo en medio de la nada que maneja mucho dinero, que le sobra el dinero, que vive -como nos dijo un taxista- de explotar al turista, no el turismo. 

Cuando viajas hasta aquí vienes a ver el glaciar. En tu subconsciente imaginas que llegarás a un lugar montañoso pero a medida que sobrevuelas la Patagonia descubres que era un error. El vuelo desde Ushuaia es una gran lección de geografía y un regalo para los amantes de la geología. Puedes comprobar cómo se extienden los pliegues montañosos andinos de este a oeste dejando pasar entre ellos los tan conocidos canales Beagle y Magallanes. A veces, el hundimiento del valle ha sido insuficiente y entonces observas grandes lagos, como el Fagnano (Khami) que siguen la misma orientación. 


Rápidamente aparece la planicie patagónica, recibe tan escasas lluvias que apenas tiene vegetación frondosa. Miles de kilómetros de gran aridez y mucho frío, con vegetación arbustiva adaptada a estas condiciones extremas y las arterias de agua que recorren el territorio hacia el este debido a la inclinación del continente por efecto del elevamiento que ejerce al oeste el límite entre las placas pacífica y americana. Al ir volando puedes comprobar que todos los ríos presentan un reducido caudal respecto al que tuvieron antaño, en muchos casos están secos o se observan las marcas de los antiguos meandros. Puedes pensar que estás sobrevolando Marte, éstas imágenes son similares a las que nos envían los satélites desde el planeta rojo. 

Aterrizamos a 23 km del casco urbano y disfrutamos con el traslado hasta nuestro hostal a través de los campos que nos recuerdan a nuestro Monnegre o a las montañas almerienses. Si algo me enseñaron en la universidad fue, sin duda, a aprender a valorar este paisaje. Además aquí tienen, en lugar de nuestro mediterráneo, el enorme lago Argentino de color azul turquesa. Por desgracia, no vamos a tener tiempo, pero la región de Santa Cruz merece una visita sin prisas. Yo me quedo con ganas de ver, especialmente, los grandes troncos fósiles de los árboles que hace miles de años creaban aqui inmensos bosques y las preciosas pinturas rupestres de manos y animales. 

 

En esta ciudad, sus 8.000 habitantes “reales” pueden disfrutar de la mejor calidad de vida que hemos visto hasta el momento. Por supuesto que hay gente que sigue teniendo muchas necesidades, pero es evidente que el municipio dispone de más dinero del habitual. Parques para niños de gran calidad, casas unifamiliares construidas con buenos materiales, calles asfaltadas y arboladas, jardines bien cuidados y, para el turista, comercios de última moda y restaurantes de la mejor calidad. Un helado del menor tamaño nos costó 28 pesos, unos 4 euros… El resto, lo podéis imaginar, nosotros nos hemos limitado a mirar. Nos hemos sentido como en Las Vegas de la Patagonia pero en chiquitín. Respecto a nuestra guía de viaje, todos los precios se han triplicado. El viajero debe tenerlo en cuenta. Nos parece que aquí viven de asegurarse un plan de pensiones. Cada temporada los precios aumentan descomunalmente. Pronto vendrá el frío, nevará, muchos cerraran el chiringuito y se irán a otro lugar hasta el verano próximo. Mientras tanto, el glaciar continuará recargando su gran lengua de hielo y, mientras el cambio climático lo permita, los turistas seguirán viniendo. Vendrán y pasarán por caja.



GLACIAR PERITO MORENO: LA CATEDRAL DE HIELO

GLACIAR PERITO MORENO: LA CATEDRAL DE HIELO

¡Cómo describir la escultura de hielo que hemos visto hoy! Hoy es uno de esos días en los que me siento incapaz de escribir para calificar adecuadamente las imágenes que hemos tenido ante nuestros ojos. Debería ser poetisa, artista… para encontrar el modo de hacerlo… Pero, sinceramente, creo que no es posible, la naturaleza supera cualquier descripción en un lugar como éste. Aquí te sientes atrapado por sus brazos, sus brazos de hielo; por su luz, su luz de tonos azulados en toda esa gama del espectro; su aliento, el viento, fresco y limpio; su voz, los golpes del cristal agua cuando violentamente se resquebraja y cae sobre el lago que poco a poco la ha ido debilitado. 

Marcamos esta etapa en nuestro viaje como un desvío en nuestra ruta. Recuerdo cuando le expliqué a mi amiga Alejandra mi plan y este glaciar no estaba incluido en él, me parecía un exceso presupuestario… Pero ella espontáneamente me dijo: “¿irás al Perito, no?”. Y cómo pasar por alto su recomendación, tan natural, tan obvia era esta visita. Y así pasó a formar parte del periplo de “nosaltres4viatgem”.
Ayer alquilamos un coche, un “todoterreno” como dice Ernest. En realidad, un “cuatrolatas”, es decir, lo más barato que pudimos encontrar. Temprano hemos salido en dirección a los helados montes andinos que divisábamos al oeste. Durante 50 km hemos recorrido la estepa patagónica y después de otros 30 km por bosque que ya empezaban a otoñar, hemos divisado el gran río de hielo… 
Para llegar al glaciar hay que pasar el control de acceso del Parque Nacional Perito Moreno y pagar la tasa establecida. La carretera hasta el “balcón natural” desde el cual disfrutar del glaciar bordea la Península Magallanes que está rodeada por uno de los brazos del enorme Lago Argentino. Es curioso porque esta península no forma parte del Parque Nacional Los Glaciares, excepto el estrecho tramo por el que pasa la carretera y es por ello que hay que pagar la elevada tasa, sobre todo si eres extranjero (330 pesos argentinos en efectivo). 

En este país saben sacarle provecho a sus atracciones turísticas. No voy a contaros ahora el montaje que hay aquí con las visitas al glaciar, es realmente impresionante. Agencias, autobuses, guías, excursiones de todo tipo… En fin, todo un negocio del que es imposible salir. Pero el glaciar vale la pena y hay que aprovechar la oportunidad. Porque hay otros glaciares pero éste, además de ser precioso, es tan accesible que cualquiera (con el dinero necesario) puede llegar hasta él fácilmente. Desde la distancia ya se divisaba el gran río de hielo. 

Nos hemos acercado poco a poco y nos emocionábamos por momentos. Los niños miraban alucinados y nosotros sobrecogidos por esa inmensidad. A nuestra llegada casi no había nadie y hemos podido disfrutar del espectáculo con serenidad y calma. Hace falta esa calma para mirar, observar la majestuosidad de la gran lengua de hielo azul. Con todo el respeto a la Señora Antártida y al Señor Ártico sé que no podré volver a ver un mundo de hielo más impresionante que éste. Son 15 km de lengua glaciar sobre la cual se vislumbran los glaciares que la generan. El frente mide 5 km de ancho, 50-60 metros de alto -90 metros más sumergidos- y avanza unos 2 metros al día, es decir, se rompe en bloques de hielo de enormes dimensiones. Estamos a 50º latitud Sur, por ello, sólo a 1000 metros de altitud se pueden conservar estos glaciares. 

Los paseantes conversan pero se crean silencios entre nosotros ante la expectación de escuchar como se agrieta el hielo y como cae bruscamente sobre el agua del lago. ¿Qué edad tendrán estos hielos? ¿Cuánto tiempo hace que se acumularon allá en las montañas? No puedes dejar de mirarle. Cada cambio de luz, cada perspectiva, cada grieta es una obra de arte. Hemos caminado durante casi cuatro horas, almorzado y comido allí, bien abrigados. 

Ferran ha dormido su siesta y Ernest miraba fascinado esperando impaciente una nueva caída de un fragmento. Un fuerte chasquido avisa de que algo está pasando en la pared del helado acantilado azul. Después oyes el sonido violento del agua que ha recibido el témpano de hielo y, si tus oídos te dirigen adecuadamente hacia el lugar, logras ver aún una parte del hielo cayendo. El sonido llega retardado por ello es difícil ver el proceso completo. Pero para los pacientes observadores, siempre hay recompensa. 
Los niños se han portado estupendamente. Hay que subir y bajar infinitas escaleras si quieres disfrutar del lugar en su totalidad. La mayor parte de los visitantes se quedan en los miradores superiores. Ernest y Ferran han caminado como unos campeones con sus 4 y 2 añitos no casi no han parado. 

¿Lo mejor? Los colores y las texturas del glaciar. No, lo mejor haber podido disfrutarlo sin prisa con mi familia, con nuestros niños. Hay muchas otras opciones, cruceros increíbles, trekking en el hielo… Nosotros no nos lo podíamos permitir pero creo que no ha sido necesario nada más. Una vez más nuestro planeta nos regala la oportunidad de quererle y valorarle en toda su magnificencia pero sin olvidar el valor de una pequeña brizna de hierba. SIn duda este glaciar, es una auténtica catedral de hielo

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