¿TE GUSTARÍA QUE TUS HIJOS CRECIESEN CON LA PERMANENTE EXPECTATIVA DEL ASOMBRO?

¿TE GUSTARÍA QUE TUS HIJOS CRECIESEN CON LA PERMANENTE EXPECTATIVA DEL ASOMBRO?

Probablemente, para contestar esta pregunta primero es necesario contestar otra cuestión: ¿Te gustaría a ti vivir con la permanente expectativa del asombro? Cuando decidimos emprender nuestro viaje y, posteriormente, escribir el libro sobre esta experiencia en familia fue, sobre todo, porque a lo largo de nuestra vida juntos sentimos que se reforzaba en nosotros esta necesidad y esta capacidad de vivir con conciencia y asombro los momentos sencillos de nuestra vida. Ahora hemos concluido esta etapa, el libro está impreso y ya hemos dicho lo que sabíamos. No sabemos si será un libro vivo o un libro muerto, si ofrecerá algo a sus lectores o no lo hará. En función de esto podrán surgir o no nuevos proyectos.

Cada día como individuos constatamos lo difícil que es vivir con la permanente expectativa del asombro. Lo mismo ocurre en nuestra convivencia como familia acuciados por las múltiples obligaciones que nos obliga nuestra existencia y, aún mucho más, en nuestro trabajo como profesores. Es en nuestra actividad laboral donde más sentimos la necesidad de trabajar en este sentido y también donde más sufrimos nuestra incapacidad para llevar adelante este proyecto.

Uno de los dibujos de Ernest que ilustra el libro

Leer a diversos autores y conocer a ciertas personas nos ayuda y refuerza en esa idea. La sensibilidad y la creatividad de aquellos que creen que hay dentro de nosotros un ser rico e interesante que debemos cuidar y desarrollar sin miedo en todas sus múltiples capacidades, sin presiones y sin objetivos preconcebidos nos alienta a seguir trabajando. Son tantas la iniciativas alrededor del mundo que caminan en esta dirección que no logramos entender por qué no alcanzan a nuestra sociedad, a los profesionales de la educación y, aún menos, a los responsables políticos que deciden el marco educativo que nos regula.
¿Qué tipo de sociedad queremos? ¿Qué tipo de escuela necesitamos y necesitan nuestros niños y adolescentes? Más allá de confrontaciones de carácter ideológico, necesitamos una reflexión en la que se plantee cómo deberían organizarse los centros y cómo debería desarrollarse el proceso de enseñanza y aprendizaje. ¿Cómo deberían organizarse los horarios laborales y su encaje en la vida familiar? Todas estas cuestiones están presentes en nuestro libro e intentamos responderlas de una manera sincera y personal con el deseo de animar a los lectores a reflexionar sobre ellas.

Refugio Tinquilco. Dibujo de Pau para el libro

Del mismo modo que no creemos en un modelo de enseñanza en el que el profesor transmite ideas en un discurso unidireccional, un modelo en el que el profesor es el protagonista del proceso de enseñanza y los alumnos meros espectadores, tampoco creemos que este libro sea el protagonista de este diálogo, el protagonista es el lector y, en la medida que sienta curiosidad, podremos compartir ideas, reflexiones y esperanzas. Si fuera un libro vivo, quizá podría dar pie a organizar una mesa redonda, un encuentro entre lectores, una conversación en la que todos pudiésemos plantear nuestras dudas y sugerencias para aprender juntos y plantearnos nuevos retos.

Emblema del Parque Nacional Galápagos. Dibujo de Pau para el libro

Es quizá por ello que nos sentimos cómodos en la Escuela Waldorf de Alicante porque allí hemos encontrado un lugar en el que aprender y colaborar, en el que opinar y escuchar, en el que trabajar y ayudar, para ofrecer a nuestros hijos otro modelo educativo que se ajuste más a sus necesidades como individuos únicos. Entraña riesgos y dificultades pero es estimulante y despierta en nosotros nuestro sentido del asombro. En la medida en que pudiésemos extender esta manera de hacer a nuestros pueblos y ciudades, en la medida en que podamos aportar un rayo de esperanza con nuestro libro, nos sentimos plenamente recompensados por el esfuerzo realizado.


Presentación1
Disponemos aún de unos 60 ejemplares para la venta. Cuestan 15 euros (como donativo íntegro para el proyecto de Primaria de la Escuela Waldorf de Alicante) más 5 euros por los gastos de envío en la península.
Si estás interesado en recibir nuestro libro ponte en contacto con nosotros a través del correo electrónico (nosaltres4viatgem@gmail.com) enviándonos tus datos personales y detallando el número de ejemplares que te interesan. Nos pondremos en contacto contigo tan pronto como podamos.
Además tenemos disponible el libro en formato digital que podemos enviarte sin cargo alguno aunque también se agradecerán los donativos que irán destinados a la escuela.
VIAJA CON TUS HIJOS, NO LO DUDES

VIAJA CON TUS HIJOS, NO LO DUDES

VIAJA, VIVE, COMPARTE: VIVIRÁS MÁS INTENSAMENTE
Vivir o viajar? Y por qué no ambas cosas… Puede ser la vida cotidiana como nuestra vida cuando viajamos? Seguramente en muchos aspectos no, pero en otros muchos sí. Esta es la reflexión que nosotros planteamos en nuestra charla en el II Encuentro de Familias en Ruta. Hay personas que se sienten atrapadas en su vida cotidiana y que viajan para huir, otras tienen pánico a salir de su hogar -y aún más si es acompañadas de niños pequeños- por eso, cuando viajan, procuran hacerlo con todos los elementos bajo control intentando emular aquello que tienen en casa. Hay otras personas que han hecho del viaje su modo de vida o de su vida todo un viaje. Como alguien decía: ¿vivir para viajar o viajar para vivir? O mejor, ninguna de las dos cosas…
Presentando nuestro proyecto en la Trobada de Familias en Ruta

En nuestro caso, intentamos que nuestra vida sea lo más parecido a aquello que nos gusta hacer cuando viajamos. Al viajar vivimos de un modo más precario, con menos comodidades, con más dificultades logísticas, pero disponemos de más tiempo para nosotros y para nuestras familias. Aprendemos que muchas cosas son prescindibles, por ello, en nuestro día a día, intentamos quitarnos de encima aquello que no consideramos necesario y, a pesar de ello, seguimos disfrutando de un nivel de confort mucho mayor que en los viajes.

 

En el día a día, intentamos buscar ese tiempo para nosotros, eliminar elementos que nos distraen de nosotros mismos -por ejemplo, la tele- y salir a la naturaleza, donde todos nuestros sentidos se expanden libremente. Evitamos compromisos que no nos aportan nada y realizamos actividades que nos ayudan a crecer: cultivar un huerto, hablar con los amigos, visitar lugares cercanos…
II Encuentro Familias en Ruta, Vinyols Camp (2014)
Escribimos. Escribimos. Hablamos. Hablamos. Leemos. Leemos. Desde que nacieron, cada uno de nuestros hijos tiene un “diario íntimo y personal” donde anotamos nuestros comentarios y les explicamos cómo ha ido creciendo su cuerpecito y cómo van desarrollando su personalidad. No lo hacemos únicamente para que tengan un testimonio de quiénes fueron, lo hacemos, fundamentalmente, porque nos ayuda a tomar conciencia de nuestro papel como padres. Es esta una etapa única que no volverá y, detenernos a indagar en ella, nos ayuda a disfrutarla aún más.
II Encuentro Familias en Ruta, Vinyols Camp (2014)
Viajar es una oportunidad para el crecimiento personal y familiar, pero también social. Viajar te permite hacerte consciente de la verdadera medida de las cosas; viajar te permite apreciar la naturaleza en todas sus dimensiones y te ayuda a ponerte en el sitio real que ocupamos como seres humanos. Viajar es una oportunidad para confiar en la gente que encuentras a tu lado y te hace sentir cuánto nos necesitamos unos a otros. Viajar te permite conocer el verdadero valor de las cosas, que no es lo mismo que el precio que estas pueden tener. Viajar es una oportunidad para la desconexión y, simultáneamente, para conectar con uno mismo. Viajar te hace descubrir el lenguaje universal de la sonrisa.
Ahora, volvamos a leer el párrafo anterior y sustituyamos “viajar” por “vivir”. ¿No es posible vivir de esta manera? Estamos convencidos de que sí. Y así intentamos que sea cada día.

Taller de materiales reciclados, Vinyols Camp (2014)

El encuentro al que hemos asistido este pasado fin de semana estaba pensado para que fuera un lugar de convivencia integral, para adultos y niños. Porque en la vida las personas no deberíamos estar separadas por grupos de edad. Como decían sus organizadores, Max y Susana, era un encuentro de “niños de 0 a 99 años”. Es por ello que todas las actividades estaban pensadas para que adultos y niños las compartieran. En las charlas, en los talleres, en las mesas redondas… nadie estaba excluido. Ha tenido lugar en el Vinyols Camp (Tarragona), un camping muy agradable lleno de árboles, con un huerto ecológico, animales de granja y piscina. Un espacio ideal para correr y jugar, para pasear y compartir experiencias. Charlas sobre educación libre, especialistas en pedagogía Waldorf, talleres de creatividad, música y expresión corporal… No ha faltado de nada.

Actuación musical en el II Encuentro de Familias en Ruta

En la Sala de Experiencias, algunas familias que hemos hecho “viajes especiales” hemos narrado nuestra aventura y compartido sensaciones pero, sobre todo, nos hemos estimulado a seguir con este plan de vida. Sin duda, lo mejor ha sido poder conocer gente maravillosa y llenar el alma de buenas sensaciones, ilusiones y sueños. Y aún más especial: transformar el “conocimiento virtual” en “contacto real”. En nuestro blog del viaje De Tierra de Fuego a las Galápagos hacemos mención de muchas de ellas. Internet nos ha facilitado conocer gente pero el contacto visual, el abrazo y las sonrisas son realmente sobresalientes respecto a la red. Así fue con Karina y Albert de la Volta al Món, con María, Heber y Éire de La Furgoteta y Loli y Mario de Viajando en Furgo.

http://www.mundubicyclette.be

Las experiencias de estas familias fueron tantas y tan especiales todas ellas que describirlas sería eterno. A continuación os facilitamos los enlaces de sus sitios en internet por si os apetece viajar un poquito con ellos desde casa y, si aún tenéis alguna duda, esperamos animaros a poner en marcha vuestros proyectos vitales.

ROAD111: viajaron desde Barcelona a Sidney con sus dos niñas en una autocaravana, una intensa experiencia sobre cuatro ruedas.
This is not Barna: se quedaron sin trabajo pero no perdieron sus ilusiones por lo que se fueron hasta Iran con su bebé en una furgoneta.
Makuteros FamilyRun: casi un modo de vida, vivir para viajar con energía y mucha ilusión por descubrir el mundo.
Alicia y Mu: para mantener su modelo de familia y respetar su filosifía de vida, decidieron viajar hasta Nueva Zelanda para iniciar una nueva etapa vital.
Mundubicyclette: han pedaleado el mundo en bicicleta con sus pequeños hijos. Sin objetivos, sin prisas, sin retos, simplemente para vivir como ellos necesitan hacerlo.
Un gran viaje: dos viajeros enamorados de África que ahora han emprendido nuevos proyectos para ayudar a otras muchas personas a viajar.
La volta al món: energía y mucha ilusión para viajar durante 550 días en familia.
Mas la Llum: una familia que ha hecho realidad su sueños de montar una casa rural ecosostenible.
Viajar con niños: una familia muy viajera surgida de unos papás muy viajantes y cooperantes.

Todas estas experiencias nos impactaron, quizá la de Alicia y Mu, junto a la de Andoni y Alice (mundubicyclette), fueron las más especiales para nosotros. Sin duda, nos vimos reflejados en la mirada de todas estas familias y ha sido un estímulo increible para nosotros.

Dejamos ya el recuerdo de este encuentro, con el video en el que resuminos qué es para nosotros viajar, perdón, vivir….

Unas cosas llevan a otras… El río de la vida, el viaje… Estamos en continuo movimiento.
Ahora nos embarcamos en un proyecto estimulante en el que compartimos nuestra experiencia con otras familias viajeras. Queremos animar a todos aquellos que se lo están pensando a decidirse y lanzarse a vivir una linda experiencia con sus hijos. 
Con la colaboración de la web Familias en Ruta, queremos participar en un proyecto para la creación de un documental. Cada una de las familias participantes vivimos circunstancias diferentes, somos personas distintas, pero todas compartimos la ilusión por viajar con nuestros hijos y hemos hecho realidad el sueño de una larga escapada por el mundo.
¿Cómo nos lo montamos con la vivienda, el trabajo, el presupuesto?. ¿Cómo hicimos con la educación de los niños?. ¿A qué situaciones debimos enfrentarnos, por qué dificultades pasamos y cómo las superamos?. ¿Te cambia la vida un viaje así?. ¿Qué sensaciones nos ha dejado?

Aquí tenéis el documental!

BALANCE DE NUESTRA EXPERIENCIA

BALANCE DE NUESTRA EXPERIENCIA

Realmente es difícil expresar todo lo que ha supuesto este viaje para nosotros en unas pocas líneas. Cuando tan solo era un proyecto y tratábamos de imaginar lo que nos aportaría esta experiencia apenas vislumbrábamos ligeramente lo que ha llegado a enriquecernos en realidad. Después de viajar miles de kilómetros para recorrer la costa pacífica de Sudamérica, desde su extremo más meridional, en Tierra del Fuego, hasta el apartado e insólito archipiélago de las islas Galápagos, podemos decir que nuestra visión de la vida se ha ampliado significativamente y que nos hemos visto obligados a desechar bastantes ideas y pensamientos que parecía que iban a estar arraigados en nuestra mente de por vida. 


Una experiencia así te cambia, necesariamente. O por lo menos hace que un cambio que tal vez ya estaba en marcha se consolide y se torne definitivamente irreversible. Porque esta experiencia no se reduce a todos aquellos aspectos que pueden ser fácilmente cuantificados. Estuvimos 166 días fuera de casa, recorrimos unos 40.000 kms, estuvimos en 3 países diferentes, volamos a bordo de 9 aviones y 1 avioneta, navegamos a bordo de 2 ferrys, 8 lanchas, 1 bote de remos y 1 kayak, tomamos 18 autobuses de ruta, 20 microbuses y 10 autobuses urbanos, circulamos sobre 1 trolebús, alquilamos 8 coches, subimos a 15 veces en funicular y 1 en telesilla, tomamos 21 taxis, 3 colectivos y 4 servicios de transfer, montamos en 1 tren, 1 tranvía y 6 metros, hicimos 13 desplazamientos con las personas que nos alojaban, montamos 1 vez a caballo e hicimos autostop en 4 ocasiones, cocinamos en 24 cocinas diferentes, dormimos en 27 camas diferentes, hicimos 5330 fotografías y 513 vídeos y nos gastamos más de 28.000 €.
Además hay un sinnúmero de aspectos igualmente reseñables pero que no nos entretuvimos a cuantificar: los centenares de personas con las que hablamos, las docenas de comercios en los que compramos o de restaurantes donde comimos, los kilómetros que caminamos –por calles, carreteras, playas, senderos…-, los miles de árboles bajo cuya sombra estuvimos, las docenas de ríos, lagos y lagunas que contemplamos, los miles de pingüinos que encontramos, las docenas de volcanes de admiramos, los centenares de lobos y leones marinos que nos salieron al paso, las docenas de glaciares que vislumbramos, los centenares de cumbres montañosas que nos retaron, las docenas de delfines que vimos, el puñado de ballenas que nos resoplaron, los miles de iguanas que nos ignoraron, los centenares de tortugas terrestres que se nos acercaron curioseando, el puñado de tortugas marinas que nos huyeron, las docenas de tiburones que nos dejaron boquiabiertos… En fin, podríamos “contar” tantas cosas, puestos a “contar” incluso podríamos “contar” el número exacto de inodoros que utilizamos. Pero esa no es la cuestión, obviamente.




Guayaquil (Ecuador, 2013)
En realidad, podríamos decir que lo más reseñable del viaje se desarrolló en torno a una mesa. Aquel fue, sin duda, un punto de encuentro. De encuentro con nosotros mismos, por supuesto, pero también con otras personas. Justo lo que andábamos buscando. Como dice un amigo, al que conocimos precisamente allí, hay lugares –ya sean trabajos, personas, experiencias o espacios físicos- a los que no llegas tú, sino que son éstos los que te buscan a ti y te encuentran, por mucho que trates de esconderte. 
Durante todo el viaje estuvimos buscando un lugar como aquél, pero al fin fue aquel lugar el que nos llamó a nosotros. Allí no éramos turistas, sino personas y nuestro anfitrión no era un profesional de la hostelería, sino un hombre, sin más. Cada noche nos preparaba la cena y se sentaba a la mesa con nosotros para hablar, con nosotros y con las otras personas que se cobijaban bajo su techo. Como anfitrión, era el mejor, puesto que lo único realmente valioso de todo lo que ofrecía era a sí mismo. Ese es el secreto, al fin. Se trata de vivir y ofrecer a los demás algo de nosotros mismos que está más allá de esa máscara acartonada que mostramos habitualmente y bajo la cual se oculta y se ahoga insufriblemente nuestra sensibilidad. 
 

Refugio Tinquilco, Pucón (Chile, 2013)

En torno a él surgieron amistadesy lazos de los que perduran durante toda una vida. Nuestros mejores pensamientos surgieron allí también, como la semilla que brota espontáneamente en la tierra más propicia. Descubrimos en aquel lugar, con meridiana claridad, que aquello era lo que queríamos –lo que habíamos querido siempre y que en tantas ocasiones hemos estado buscando a tientas sin llegar a alcanzarlo plenamente-: descubrimos en nosotros el deseo de que nuestra casa, de que nuestra aula… de que nuestra vida entera sea un refugio para las otras personas, como lo era para nosotros la casa abierta y acogedora de aquel hombre.



Todo lo que aprendimos en este viaje se resume en esta experiencia sencilla e íntima, aunque son muchos los caminos que nos han llevado hasta ella, como líneas que convergen en un mismo punto, como los radios que se unen en el eje en torno al cual gira toda nuestra existencia. Cada uno de los pensamientos que nos han surgido durante estos meses son, así pues, atisbos, insinuaciones, premoniciones o aproximaciones a esta misma idea: pensamientos que han surgido en contextos muy diversos, pero que confluyen en una misma dirección, aquella que apunta directamente hacia la esencia misma de nuestros desvelos existenciales. Toda esta trama de pensamientos constituye el meollo de nuestra experiencia, una trama que hemos urdido parsimoniosamente, durante todos estos meses, y que exponemos ahora, al final de nuestro periplo, a vuestra mirada crítica, pero receptiva.

Escribir este blog nos ha servido para hacernos más conscientes de nuestra experiencia. Buscar un momento para volver sobre nuestros pasos y contemplar serenamente el camino andado es un quehacer estimulante y saludable. Desde hace años lo ejercemos, plasmando nuestras impresiones en nuestros respectivos diarios personales. También llevamos con nosotros un diario que recoge nuestra singladura como pareja. Y el día en que nuestros hijos vieron la luz nació con ellos un sencillo diario –uno para cada uno de ellos- en los que registramos sus progresos y “retrocesos” desde nuestra óptica amorosa y necesariamente sesgada. Estos son cuadernos privados, que nunca han trascendido. Los leemos y releemos nosotros. Pero nadie más. Ahora, con el blog, se trataba de hacer “otra cosa”. Al inicio nos asaltaba la duda de si estábamos violando nuestra propia privacidad, pero algo nos impulsaba a escribir y a compartir lo que escribíamos. Con el tiempo hemos comprendido que no ansiábamos convertir nuestro viaje en una especie de “reality show”, puesto que no ofrecíamos nuestra vida a miradas indiscretas movidas por una curiosidad morbosa. A través de nuestra forma de contar nuestras peripecias aspirábamos a estimular, ciertamente, el deseo de saber. Pero no sobre nosotros, sino que deseábamos que, a partir de nuestra experiencia, nuestros lectores pudiesen descubrir algo de ellos mismos, algo de sus deseos, temores o inquietudes. Esto hace que hayamos dado a nuestro blog un carácter testimonial. Lo hemos escrito para informar sobre los lugares que hemos visitado y para transmitir nuestra experiencia del viaje. La información es útil por sí misma, pero nuestra experiencia tan solo es útil como inspiración.
Isla Magdalena, cerca de Punta Arenas (Chile, 2013)
De hecho, es posible que haya en nosotros una inclinación a hacer que nuestra vida entera –y no solo nuestro viaje- resulte inspiradora para alguien. En nuestro trabajo como docentes invertimos todos nuestros esfuerzos en ejercer una influencia enriquecedora sobre nuestros alumnos. En ello consiste nuestro trabajo, en el fondo. Y el blog tal vez ha sido otra vía en donde desplegar esta misma inquietud. Para nosotros la experiencia de escribirlo ha sido estimulante y enriquecedora. Y confiamos que los que lo habéis leído hayáis disfrutado tanto como nosotros al escribirlo. No descartamos la posibilidad de repetir la experiencia. Quizás para transmitir otra experiencia más compleja y apasionante: la de la vida misma, en su trascurso ordinario y aparentemente trivial.
Cuando viajamos somos capaces de descubrir lo excepcional de los lugares que visitamos. Sin embargo, metidos en nuestra vida rutinaria y cotidiana, es como si quedásemos anestesiados y perdiésemos nuestra capacidad de asombro. Sería fantástico poder hacer un ejercicio consciente por descubrir todo aquello que tiene de excepcional nuestra propia vida bajo su apariencia de insípida normalidad. Además, está la ventaja de la escritura. Cuando hablamos, pocas veces conversamos, en un sentido profundo. Nuestras palabras se las lleva el viento y todo son “dimes y diretes”. Todo es ruido y hay muy poco silencio. Cuando escribimos, nos tomamos nuestro tiempo para pensar lo que queremos decir. Y cuando leemos hacemos un esfuerzo inusual por comprender aquello que nos quieren transmitir. Necesariamente, la comunicación mejora. Tras este tipo de comunicación es inevitable que surja el deseo de una conversación genuina.
Escribir juntos nos ha ayudado a pensar juntos y a saborear más nuestra experiencia. Confrontar puntos de vista, descubrir sensibilidades diversas, hallar complicidades inesperadas y, en fin, viajar juntos, interiormente, nos ha acercado más. Éste es otro de los frutos de este viaje. Siempre hemos creído que formamos un buen equipo. Nuestro primer viaje juntos, también como pareja, lo hicimos como docentes a cargo de una veintena de adolescentes. Con ellos disfrutamos de los encantos de Italia y del despertar de su mirada en su salida al mundo. Pero lo mejor fue nuestra convivencia. Porque eso es lo más importante de un viaje. Entonces salimos reforzados como pareja. Ahora mucho más, no cabe duda. Nos conocemos mejor, nos toleramos mejor, nos aceptamos mejor… nos amamos mejor. Y para ello, los niños no han sido un problema, sino todo lo contrario.
Recuerdos
Durante el viaje la pregunta más recurrente ha sido: “¿es difícil viajar con niños?” Y nuestra respuesta era siempre la misma: “¡Tan difícil o tan fácil como vivir con ellos!”. Como cualquier otro compañero de viaje, los niños tienen sus necesidades y la clave está en respetarlas, como hacemos cuando viajamos con un amigo. Hacer compatibles tus necesidades con las suyas es un ejercicio mayor o menor en función de tu flexibilidad y tu capacidad de empatía. Renuncias a muchas cosas, pero al mismo tiempo te ofrece otras muchas que no podrías vivir con otros compañeros. Nosotros hemos intentado dejar que participasen en la elaboración de nuestra agenda. Hemos tratado de incluir actividades que les resultasen atractivas. Y, sobre todo, hemos tratado de respetar sus tiempos. Ellos, a cambio, nos han regalado su alegría y su asombro ante tantos descubrimientos. Nos han ayudado a percatarnos de detalles que nos habrían pasado inadvertidos. Nos han obligado a relacionarnos con los demás de un modo más directo y cercano, como no lo habríamos hecho por nosotros mismos. Y, desde un punto de vista práctico, nos han ahorrado multitud de colas y de gastos que, de estar solos, habríamos tenido la tentación de realizar (restaurantes, copas, excursiones exclusivas, etc.)
Como padres, el hecho de cómo criar a tus hijos es una preocupación permanente. Después de pasar tanto tiempo con ellos es inevitable cuestionarnos la manera que tenemos de enseñarles habitualmente. Por norma, tendemos a pensar que si pasáramos suficiente tiempo con nuestros hijos nos resultará más fácil, pero no tiene porqué ser siempre así. De hecho, nuestra experiencia, como experimento pedagógico, nos demuestra que no es así. Sin duda es bueno pasar tiempo con los hijos. La relación mejora, los vínculos afectivos se refuerzan y ganamos autoridad sobre ellos, una autoridad basada en la confianza y el diálogo. Pero eso no es suficiente. Hay muchos momentos en los que nada parece funcionar y el conflicto se hace patente. Por tanto, nos toca pensar en lo que hacemos, como padres, y en la manera como lo hacemos. Probablemente, la clave está en hallar el modo de respetar la integridad personal de nuestros hijos. Nuestro propósito tras este viaje es explorar decididamente otras formas de relación con ellos que les permitan ser ellos mismos al tiempo que aprenden a asumir todo aquello que les hará desenvolverse en la vida sin tropiezos.
Ferry Evangelistas, de Puerto Natales a Puerto Montt (Chile, 2013)
Muchas personas nos han insistido que es una lástima que los niños no se acordarán de la mayor parte de lo que han vivido durante el viaje. Pero a nosotros éste nos parece un enfoque equivocado. Aunque olviden muchas cosas del viaje, éste formará parte de su experiencia vital. Ellos, como nosotros, no recuerdan los cuidados que les fueron dispensados cuando eran bebés, ni cómo aprendieron a hablar o caminar, por ejemplo. Pero saben perfectamente que les cuidamos amorosamente y saben, así mismo, hablar y caminar con soltura. Algo semejante ocurre con el viaje. Una experiencia tan intensa como ésta es seguro que ha forjado su carácter en algún aspecto. Ahora tal vez sean más abiertos, más flexibles, más resueltos, más comunicativos, más fantasiosos, más creativos… Y ello se debe no solo a su normal desarrollo, sino también a la experiencia que han vivido durante estos meses. Su vínculo como hermanos se ha fortalecido, sin duda, al igual que el de todos nosotros, como familia.
En general, viajar por libre supone un esfuerzo. Pero en un viaje como éste, con niños y durante tanto tiempo, quizá más. De entrada supone salir del espacio en el que todo está bajo control y adentrarse en otro nuevo lleno de incertidumbres. Por mucho que intentes organizarlo todo, hay una infinidad de cuestiones que son imprevisibles y que nunca podrás tener atadas. Éste, sin embargo, es uno de los estímulos que nos impulsan a viajar. Si hubiésemos querido tenerlo todo controlado nos hubiéramos quedado en casa. Pero deseábamos que nuestra vida estuviese expuesta a la incertidumbre de lo nuevo. Nada despierta tanto el espíritu como hallar un nuevo horizonte cada día al levantarse. Ello implicaba una experiencia de desarraigo y distanciamiento. Porque es casi imposible ver la propia vida desde otra perspectiva si uno no se mueve. Nosotros decidimos tomar distancia respecto de nuestros referentes espaciales y temporales. Queríamos vivir en un lugar extraño, sin horarios ni agenda, dejarnos llevar por lo que necesitábamos y para ello queríamos disponer de todo el espacio y de todo el tiempo.    
 

Murales en las paredes de Valparaíso (Chile, 2013)

Esta es la razón por la que no íbamos “a trabajar”. A lo sumo podría decirse que íbamos a hacer un “trabajo que teníamos pendiente”. Inicialmente estábamos dispuestos a “trabajar duro” y nos ofrecimos a nuestros anfitriones para realizar cualquier tipo de tarea. Era un ofrecimiento sincero, por nuestra parte. Pero lo cierto es que no halló eco. Ésta ha sido una de nuestras decepciones. En realidad, casi nadie entendió lo que pretendíamos. Estamos tan acostumbrados a relacionarnos de acuerdo a un guión preestablecido que resulta anómalo salirse del mismo y pretender una relación sin mediaciones. En nuestro mundo, el dinero es el lenguaje universal. Toda relación se halla mediatizada por éste. El dinero es útil. Pero también puede ser devastador, puesto que hace que progresivamente no se conciba la relación entre extraños –o incluso entre los más próximos- si no entra en juego esta moneda de cambio. 

El dinero es como el sexo: todo el mundo piensa en él, pero una mayoría siente pudor al hablar de él. Incluso entre viajeros es un tema que se aborda con no pocas cautelas. Evidentemente, nadie duda de que el dinero es valioso. Nosotros tampoco, aunque pueda parecer que lo gastamos “a la ligera”. Pero pensamos que no tiene ningún sentido guardarlo o cambiarlo por cosas –es decir, por cosas tangibles, como una vivienda, un coche nuevo o cualquier otro artilugio. Porque entonces pierde buena parte de su valor ante nuestros ojos. A nuestro juicio, lo más importante del dinero es que nos permite vivir o, mejor aún, que nos ofrece la posibilidad de vivir intensamente. Y no nos referimos con esto a la dolce vita, por supuesto. Un ejemplo puede resultar clarificador, al respecto: es gracias al dinero que nosotros hemos podido vivir el gozo de estar con nuestros hijos desde el mismo momento en que nacieron hasta el mismo día de hoy. Nuestra posición económica y profesional nos ha permitido que al menos uno de nosotros estuviese en casa con ellos de continuo, sin que hubiese la necesidad de que ambos trabajásemos para ganarnos la vida. Tampoco concebíamos que en una etapa de nuestras vidas como ésta debiéramos invertir nuestro tiempo en ganar más dinero. Al contrario, preferíamos invertirlo en nuestros hijos. Porque nosotros entendemos que hay cosas –intangibles, la mayoría de ellas- que valen mucho más que el dinero y no nos duele gastarnos todo lo que tenemos, si a cambio nos volvemos ricos en este tipo de cosas que tanto apreciamos. La educación de nuestros hijos y la relación afectiva que mantenemos con ellos son algunas de estas cosas. Pero también lo son ampliar nuestra experiencia vital o profundizar en nuestra relación como pareja. Esta es la razón por la que nos parecía que este viaje era una inversión estupenda.
Pukara de Quitor, San Pedro de Atacama (Chile, 2013)
Por eso queríamos vivirlo a consciencia. Porque no era un mero capricho ni una ocurrencia que hubiésemos pensado precipitadamente. Era, más bien, una idea que habíamos madurado durante años, lenta y concienzudamente. Y para sacarle todo el jugo queríamos que transcurriese con la misma calma y parsimonia. De ahí que nos organizásemos para vivir un viaje lento y pausado, un slow trip. Queríamos saborear cada una de sus etapas, es decir, no solo vivir el momento, sino tener tiempo, además, para pensar en todo ello. Y hacer, con ello, que nuestros hijos tuviesen también tiempo para asimilarlo a su manera. Afortunadamente, nos parece haberlo logrado. Puesto que en las diferentes etapas ellos han podido establecer relaciones con las personas que hemos conocido e incluso han llegado a tener una noción relativamente buena del espacio en el que nos movíamos. También han tenido sus momentos de descanso y sus tiempos de juegos y aprendizajes. Al igual que nosotros, ellos “echaban raíces” fácilmente y el lugar se les volvía tan familiar que era una experiencia diaria el “volver a casa” independientemente del lugar en el que nos encontrásemos. En muchos de nuestros destinos, incluso, fue difícil el momento del adiós, de tan aferrados como estábamos al lugar. Para nosotros, porque sabíamos de lo improbable que es que algún día volvamos sobre nuestros pasos. Para ellos, porque viven unidos al momento presente y a veces les cuesta desprenderse de él para empezar a vivir el futuro. Por suerte, Ernest ideó un modo de hacer más fácil el liberarse de este doloroso sentimiento: imaginó un viaje futuro en el que volveríamos a todos estos lugares con un inmenso camión de bomberos-casa en el que cabrían todos aquellos que estuviesen deseosos de acompañarnos en un viaje alrededor del mundo.
Isla Isabela, Galápagos (Ecuador, 2013)

En este sentido, podríamos decir que la imaginación ha sido nuestra gran aliada. Nuestra mente ha llenado las horas muertas y ha suplido la escasez de medios con un sinnúmero de recursos. Nosotros hemos convertido la escritura en nuestro principal divertimento. Y los niños, con sus dibujos y sus historias, han arrinconado al aburrimiento hasta no dejar ni rastro de él, a pesar de contar con muy pocos juguetes. Pero no es solo eso. La fantasía es una fuerza primigenia en nosotros y cura nuestra alma de sus dolencias más profundas. Es así como sana al espíritu cuando se ve afligido por la nostalgia, la frustración o el desasosiego. También sirve para expresar deseos o satisfacerlos de algún modo y nos permite poseer aquello que amamos o desprendernos de aquello que tememos. Todo esto lo hemos conocido gracias a nuestras propias palabras, a los dibujos o a las narraciones de Ernest. Y lo hemos incorporado como uno de los aspectos más valiosos de nuestra experiencia a lo largo del viaje.

Viajando sin prisas hay tiempo para la creatividad
En efecto, el arte es nuestro lenguaje interior y el medio en donde mejor se expresa es en contacto con la naturaleza. Esto lo hemos experimentado en vivo en diversas ocasiones. Pero guardamos un especial recuerdo de aquella hora sublime de nuestra vida en el oasis del Bosque Yatana de Ushuaia. Resulta increíble descubrir lo que puede llegar hacerse con un basurero: recuperar un bosque nativo y convertirlo en un espacio donde el latido de la naturaleza se expresa como arte y resuena en el corazón de los hombres y mujeres que acuden allí esperando hallar un lugar de encuentro y comunión consigo mismos, entre ellos y con la misma naturaleza. Allí fue, precisamente, donde Ernest dibujó su primer bosque y, aunque después lo hemos visto dibujar infinidad de “artilugios” con pasión y entusiasmo, pocas veces lo hemos visto contemplar a su alrededor de una forma tan serena y relajada, ni tratando de plasmarlo sobre el papel con tanta sutileza y sencillez. Porque con los niños a veces sucede esto. Por una parte está lo que ellos dicen disfrutar, lo que les excita y les gusta con locura, y por otra parte lo que les hace vivir realmente esponjados y felices. De este viaje, Ernest ha disfrutado de los camiones de bomberos y los aviones, sobretodo. Pero él y Ferran nunca han sido más felices ni han gozado más dentro de su piel que cuando correteaban y saltaban por los senderos, a través de los bosques, junto al mar o en la cima de las montañas.
Bosque Yatana, Ushuaia (Argentina, 2013)
Volviendo ahora sobre nuestra experiencia, tan próxima a la naturaleza, llega a nosotros el eco de algunas palabras que, sin ser del todo conscientes, nos han acompañado y han estado presentes en cada uno de los mejores momentos de nuestros días: “Las estrellas inspiran reverencia, porque aunque siempre presentes, no dejan de ser inaccesibles; pero todos los objetos de la naturaleza crean una impresión semejante cuando la mente se abre a su influencia. La naturaleza nunca muestra una apariencia mezquina. El hombre más sabio no le arranca su secreto, ni sacia su curiosidad descubriendo su perfección. La naturaleza nunca se convirtió en juguete para un espíritu sabio. Las flores, los animales, las montañas, reflejaron la sabiduría de sus mejores momentos, como habían deleitado la sencillez de su infancia.” Estas palabras fueron escritas por Emerson, hace casi doscientos años, en un prodigioso ensayo titulado Naturaleza. Hoy, tal vez, podrían expresar la esencia misma de nuestra experiencia, el meollo de nuestra visión de la vida.
San Pedro de Atacama (Chile)
Ahora bien, quien desarrolla esta sensibilidad ante la naturaleza ya no puede vivir indiferente ante el despropósito que supone la tragedia medioambiental que ocasiona nuestro modo de vida presuntamente civilizado. Hay tantos aspectos implicados en este desmadre (la superpoblación, el uso indiscriminado de recursos naturales, la destrucción de espacios naturales, la extinción de especies, la precaria gestión de los residuos, el consumismo desaforado, la inconsciencia ecológica, etc.) que nos es imposible abordarlos ahora con detalle y sosiego. Pero, sin duda, cuando uno hace un viaje como éste, confirma sus peores temores al tiempo que se siente impelido a reclamar la necesidad de un cambio urgente y drástico. Hay atisbos de esperanza, sin embargo. Durante estos meses hemos conocido personas e instituciones que trabajan con ahínco por revertir este drama. Pero aún son una minoría y, en gran medida, son como enanos luchando contra gigantes. Para nosotros, no obstante, su luz, aunque pueda parecer tenue y lejana a primera vista, brilla como las estrellas en la oscuridad de la noche y nos sirven de guía en la travesía que nos disponemos a realizar de ahora en adelante. De hecho ya hay revoluciones en marcha, como la de la permacultura, que desde hace unos años ha revitalizado la sensibilidad y el discurso del ecologismo, más allá de ciertos postulados grandilocuentes y maximalistas que han alejado el ecologismo de las personas y de su relación inmediata con su entrono. Se trata de una vuelta a aquel sencillo lema: cambia tu vida para cambiar el mundo. Y en un contexto como el nuestro, de crisis intensa, esto parece tener más sentido que nunca.
Cuando uno contempla con algo de perspectiva la crisis actual –y nuestro viaje nos ha permitido hacer esto, hasta cierto punto- de inmediato se ve forzado a reconocer que ésta no es una crisis económica, meramente. La crisis económica es tan solo el síntoma de una crisis más aguda y profunda: lo que está en crisis –queramos reconocerlo o no- es nuestro modelo de sociedad. Desde la estructura económica de la misma hasta su organización sociopolítica por medio de los Estados-nación debe ponerse en cuestión, de ahora en adelante. De un sistema que se basa, fundamentalmente, en la competencia y el equilibrio de poder entre grupos y organizaciones económicas, sociales o políticas, deberíamos, tal vez, empezar a plantearnos la necesidad de reestructurar la actual red de relaciones para dar cabida, de forma preeminente, al individuo, como persona activa y consciente, y a la misma naturaleza, en la medida que constituye un patrimonio ecológico de todos que debe ser conservado a toda costa. 
Un ejemplo fabuloso de la revolución a la que apuntamos es la del cambio en nuestro enfoque respecto a la alimentación. El modelo alimentario actual pretende, a través de leyes y normativas, garantizar que lo que comemos cumpla estrictamente con unos criterios sanitarios mínimos. Pero también pretende asegurar la rentabilidad económica y la expansión de las grandes empresas del sector. Por el contrario, el pequeño productor agrícola se encuentra totalmente desprotegido y la preocupación por el medio ambiente es algo que no pasa de la pura anécdota. Otro modelo, sin embargo, está ya en marcha. Pero no desde los parlamentos o las grandes corporaciones económicas. Es fruto de la iniciativa de personas que ven el hecho de comer con otros ojos. A estos les importa que la comida sea saludable, por supuesto. Pero también quieren que el producto que llega a su mesa diariamente haya sido producido de un modo sostenible para el medio ambiente. Igualmente pretenden que la transacción económica que les permite acceder a estos productos alimentarios sea justa y que permita a los pequeños productores locales que cultivan sus tierras de acuerdo a criterios ecológicos mantenerse y prosperar adecuadamente. 
Valparaíso (Chile, 2013)
Nuestro retorno a casa viene marcado por todas estas reflexiones. Muchos de estos pensamientos nos vienen de lejos y han ido tomando forma, poco a poco, hasta cristalizar durante este tiempo que hemos estado alejados de casa y retirados del mundo. De ellos se desprenden propósitos grandes y pequeños que modificarán nuestra vida en diferentes ámbitos, desde nuestro trabajo hasta “nuestro pan de cada día”. Nuestras esperanzas e ilusiones han ido cambiando. Y aunque parte del cambio estaba ya en marcha antes de irnos –la experiencia de ver nacer a nuestros hijos y atenderlos durante sus primeros años de vida nos movió, por ejemplo,  a multitud de reflexiones sobre la educación y el modo cómo se organiza nuestro mundo-, lo cierto es que este viaje ha dado un impulso y ha consolidado nuestras ansias de cambio, hasta hacer que éste sea ya un proceso del todo irreversible.
Así es, a nuestra llegada veníamos con la ilusión y la alegría de ver a las personas que queremos. Pero también con la certeza de que empezamos una nueva etapa de nuestras vidas y de que tenemos por delante un trabajo ingente por realizar. Éste es otro viaje, tan apasionante o más, si cabe, que el que acabamos de concluir. Esperemos que los vientos nos sean favorables y que la suerte nos acompañe en este otro periplo que es la vida. 

DE NUEVO EN CASA

DE NUEVO EN CASA

Ya hace media hora que pasó la medianoche. Los niños duermen, la casa está en silencio. Nosotros no podemos dormir. La emoción de la llegada y el “jetlag” nos tienen aún un poco desorientados. Hoy hemos amanecido pasado el mediodía y el día ha pasado volando… Los niños están excitados. Ernest está emocionado por el reencuentro con la familia y sus juguetes. Ferran parece estar haciendo como ha hecho a lo largo del viaje, una nueva adaptación a una nueva casa. Aunque sabe que estamos en Campello y muchas cosas le son familiares, él casi no tiene recuerdos… 


El vuelo de once horas fue cómodo. Pau casi no durmió. En Barajas tuvimos un pequeño pero entrañable recibimiento que nos hizo sentir como en casa. Desde allí salimos hacia Alicante ansiosos por llegar. Los niños soportaron pacientemente las cuatro horas de viaje atados en las sillitas del coche -un hábito al que se habían desacostumbrado. Nosotros observábamos la ciudad asombrados. Hemos cambiado de continente, es evidente. 

Llega el verano, atravesamos los campos de cereal amarilleando en Cuenca y Albacete. Los castillos de Almansa, Villena y Sax. La Foia de Castalla: “som a casa”. La Sierra del Maigmó y el mar allá a lo lejos. Nuestro mar. Y cantamos, como lo hacemos siempre que llegamos a casa… 

“Ja estem arribant a Campello, 
ja es veu el Puig Campana, 
baixem el carrer, 
tot ple de palmeres, 
creuem el trenet 
i ja som a casa…” 

Es tarde pero sabemos que nos esperan y efectivamente allí está una parte de nuestra familia, orgullosos y sonrientes, nos aplauden y abrazan y, probablemente, respiran tranquilos porque todo ha salido bien. Hemos vuelto. Nos han preparado con cariño y dedicación una pequeña fiesta. Los niños se reencuentran y juegan como lo hacían “ayer”. 

Y regresamos a la comodidad de nuestra cotidianeidad, a lo previsible. Porque no podemos engañarnos: viajar estos seis meses ha supuesto un gran esfuerzo para los cuatro. Un esfuerzo que estábamos dispuestos a afrontar porque, en la vida, todo lo que vale la pena suele requerir un esfuerzo. Y hemos vivido seis meses entrañables en los que hemos disfrutado de lugares increíbles y experiencias irrepetibles. Hemos hecho realidad un sueño. 

Estar en nuestra casa es un placer. Tenemos nuestro pequeño espacio, tenemos nuestras cosas, los alimentos que nos gustan, nuestros libros, nuestras sábanas, nuestras rutinas. Estamos dispuestos a adaptarnos a nuestro día a día y a mejorar nuestra existencia en la riqueza de las pequeñas cosas. Sin duda, todo esto es importante, pero no lo puedo negar: echaremos de menos esa manera de vivir que se experimenta, únicamente, cuando uno viaja libremente, sin guías ni planes estrictos; recordaremos las grandes montañas, los glaciares y los volcanes, los bosques de la Patagonia, el cielo atacameño y las insólitas islas Galápagos. 



Estamos cerrando esta etapa, y con ella este blog. Pero en la vida, los inicios y los finales no son nítidos, sino más bien difusos. La urgencia y los condicionantes del momento presente tienden a entorpecer la tarea de cerrar reflexivamente esta experiencia que hemos vivido. Sin embargo, no estamos dispuestos a permitir que esto ocurra y nos obligaremos, en los próximos días, a sentarnos y a recopilar todo aquello que nos parezca relevante de lo vivido y que valoremos como irrenunciable en lo que respecta a nuestro aprendizaje personal sobre la vida. Será un placer compartirlo con aquellos que deseéis leerlo, como lo ha sido compartir la narración de nuestra pequeña aventura durante estos meses. A pesar de que esa será la última entrada de nuestro blog, sentimos la necesidad y creemos que es ahora el momento adecuado para despedirnos.  



Es extraño. Normalmente nos despedimos de los que no vamos a ver, pero en este caso lo hacemos con la ilusión de veros pronto. Hemos compartido una parte de nuestra vida con vosotros y vuestra mirada de complicidad nos lo pondrá de manifiesto. Durante este tiempo hemos tejido, con hilos invisibles, una densa trama de afectos, creando un manto de amistad que arropa nuestros corazones y bajo cuyo calor han llegado a latir, por momentos, al unísono. Nos damos por satisfechos si esta labor cotidiana de contaros nuestras andanzas os ha permitido gozar de esta experiencia de simpatía genuina y sincera. 

PASEANDO LA CIUDAD PERO ANHELANDO LA NATURALEZA

PASEANDO LA CIUDAD PERO ANHELANDO LA NATURALEZA

La verdad es que estos días en Mendoza están resultando poco atractivos debido al asunto de los bancos y las compras. Esta limitación nos ha tenido ocupados sin apenas poder disfrutar de la ciudad. Eso sí, hemos callejeado mucho por el centro y tenemos una idea básica de su ritmo interno. Es esta una ciudad planificada tras el gran terremoto de 1861. Por ello, sus calles son amplias, con mucho espacio para los peatones y también para los ruidosos coches y autobuses que corren como locos llenando la ciudad de humo. Menos mal que los grandes árboles cubren cada calle de una densa sombra que filtra la luz del sol y quizá reduzcan parcialmente la contaminación.   



Es muy limitante para nosotros y los niños movernos por aquí pues los automóviles son dueños y señores del espacio. Infinidad de aparcamientos se han emplazado en aquellos solares en los cuales aún no han edificado, por ello las aceras se convierten en una trampa para los paseantes que no van atentos. Los niños quieren correr libremente y no les dejamos, todo el tiempo de la mano o en el carrito, se sienten atrapados.  


Menos mal que en el planeamiento de la ciudad se diseñó una gran plaza, la de la Independencia, y cuatro plazas satélites de menor tamaño: España, Chile, Italia y San Martín. Todas ellas con fuentes, árboles enormes y espacios de juegos donde hemos podido relajarnos entre gestión y gestión. 




En este tiempo dedicado a hacer colas en las sucursales bancarias, hemos corroborado lo que ya intuimos en el sur de Argentina: el dinero escasea y los bancos lo atan en corto.  Cada día decenas de personas hacen colas para pequeñas gestiones o para sacar dinero. Los cajeros no permiten extraer grandes cantidades de dinero, la mayoría unos 1000 pesos (menos de 150 euros). Desde el corralito, la gente tiene el dinero en casa porque hay desconfianza. Hay un gravamen si quieres usar la tarjeta de crédito pues te cobran el impuesto del que estás libre si pagas en efectivo, o sea, en negro… Los bancos están muy controlados para hacer transacciones internacionales porque éstas se hacen con dólares y el gobierno fiscaliza cualquier movimiento con esta moneda. Por ello ha proliferado un mercado negro de dólares y euros en el que se ofrece hasta un 20% más de pesos que el cambio en la cotización oficial…

Finalmente hemos podido resolver nuestro problema para tener dinero “en los bolsillos” gracias a la amabilidad de Celeste y Mike, propietarios del hostal donde nos alojamos, y a las bondades de internet…

Frente a todo esto, nos sorprenden los precios en tiendas de alimentación y supermercados pues son mucho más baratos que en Chile. Realmente, la situación económica general es muy diferente en ambos países. Basta con darse un vuelta por las ciudades para comprobarlo. Y así vamos pasando los días… Y nosotros sentimos que nos es extraño este ruido, éste lío, esta necesidad del dinero para todo, esta pérdida de nuestro tiempo en carreras y paseos inútiles, esta falta de espacio vital. Nos vienen con añoranza los recuerdos de las montañas, los lagos y el mar, los árboles y las nubes, los sonidos de la naturaleza… Éstas experiencias nos sirven, nos ayudan a confirmar, lo que ya sabemos: dónde están los lugares en los que realmente queremos estar….

Y todas estas reflexiones, qué casualidad… hoy que nos dejó Sampedro…



MENDOZA: UNA ESCAPADA A ARGENTINA

MENDOZA: UNA ESCAPADA A ARGENTINA

Nos hemos venido a la Argentina a pasar una semana con el fin de poder renovar nuestro permiso de estancia en Chile. Sin embargo, en el momento de preparar esta escapada hemos descubierto que esta ciudad ofrece muchas cosas interesantes. Son destacables sus valles vinícolas y el ascenso a los Andes.



Llegamos anoche tras un viaje agotador. Habíamos programado 7 horas de traslado (incluyendo 2 de parada en la aduana) pero todo se alargó bastante más porque los chilenos están renovando su tramo hasta el Paso de los Libertadores y debimos esperar un par de horas más… Menos mal que Ernest y Ferran dormían. Se hizo de noche y no pudimos disfrutar de las espectaculares vistas así que debemos esperar a nuestro regreso que será el viernes que viene. A pesar de ello fue increible “escalar” por aquella carretera en medio de una serpiente de luces que zigzagueaban curva tras curva hasta alcanzar la cumbre a más de 3150 metros. Sólo hay un carril disponible y yo no podía evitar en el descenso que nos espera a la vuelta. El cielo estaba increible, maravillosamente lleno de estrellas.

Ahora estamos en Mendoza, todos durmiendo y yo dándole vueltas a la cabeza para decidir cómo aprovechar estos días. Pau y yo estamos un poco en “stand-by”. Como de “vacaciones de Semana Santa” tras el agotador segundo trimestre en el instituto. Hemos pasado unos días caseros en Santiago y queremos arrancar de nuevo pero nos está resultado complicado. Además, se nos amontonan los problemas económicos ante la dificultad de disponer de nuestro dinero y eso hace que tampoco podamos actuar libremente. Realmente, este asunto está siendo el que más dificultades nos plantea en este viaje. ¡Menudo desastre de tarjetas de crédito! Estamos realmente bloqueados. Hoy iremos a cambiar nuestros últimos 100 euros en efectivo pues no hay manera de disponer de maá “plata”… Son los pequeños contratiempos del viaje… 

 Hemos encontrado un agradable lugar donde alojarnos en esta ciudad. Hace mucho calor aún y aquí tenemos un jardín maravilloso lleno de flores y de hamacas, así pues… qué más puedo pedir cuando sé que allá se terminan las vacaciones…???



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